domingo, marzo 31, 2013

Surrexit Dominus vere,alelluia!!!!!








Ayer fue el  sábado más largo de la historia, más vacío, más triste, más lluvioso. Sólo una Mujer, cree, espera, ama; va recorriendo las catorce estaciones y encuentra cada gota de sangre, sin mirar, acierta porque esa es sangre suya también; cada huella. Y muy de madrugada del primer día de la semana ( qué claro lo tuvieron los primeros cristianos, que fueron conscientes de que aquel era el primer domingo de la historia, que no necesitaron esperar a Bultman para que les explicase el antiguo y el nuevo testamento), Jesús ansiaba resucitar, sólo por abrazar a su Madre, sin palabras, acompasando sus corazones, uno humano y otro glorioso, que latía junto a  María y en todo el cosmos hasta el principio del bing-bang. Su hijo siempre había sido bello, pero ahora era más bello, sus cabellos eran rubios, lisos, con rizos, morenos, azabache, no por el reflejo de la luz, sino porque eran luz. Ella quería irse con El, pero el Hijo le pidió que se quedara, para que la Iglesia tuviese Madre. Y en un instante la Madre se vio abrazando su propio corazón.


Luego vinieron aquellas santas mujeres, Pedro y Juan, los discípulos de Emaús, el tozudo de Tomás que quería tocar y meter su mano en las heridas que su cuerpo cósmico y glorioso quiso conservar. "Dinos María de Magdala que viste en el camino?" Cuéntanos Simón, que volviste a ser Pedro en la orilla de una playa, tus tres afirmaciones: Señor Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo, y tomando el testigo nos ha llegado la única verdad que merece ser creída y proclamada.

Nuestra Fe no es etérea, llena de buenos sentimientos. Es concreta y real como aquellas vendas y el sudario. Cristo ha resucitado, el mundo está en paz y los niños aterrados en noches de insomnio, saben como sus madres les dicen, que no pasa nada, que no hay miedos y una madre no miente.

Feliz Pascua de Resurrección!!!!!!!!!.


lunes, marzo 25, 2013

Semana Santa.








La semana más importante de la historia, que se reproduce litúgicamente. Hasta la Pascua!!!!!
http://www.escrivaobras.org/book/via_crucis-capitulo-12.htm ; de San Josemaría Escrivá, estación 12 del via crucisy puntos de meditación.


12 En la parte alta de la Cruz está escrita la causa de la condena: Jesús Nazareno Rey de los judíos (Ioh XIX,19). Y todos los que pasan por allí, le injurian y se mofan de El.



—Si es el rey de Israel, baje ahora de la cruz (Mt XXVII, 42).



Uno de los ladrones sale en su defensa:



—Este ningún mal ha hecho... (Lc XXIII,41).



Luego dirige a Jesús una petición humilde, llena de fe:



—Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino (Lc XXIII,42).



—En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso (Lc XXIII,43).



Junto a la Cruz está su Madre, María, con otras santas mujeres. Jesús la mira, y mira después al discípulo que Él ama, y dice a su Madre:



—Mujer, ahí tienes a tu hijo.



Luego dice al discípulo:



—Ahí tienes a tu madre (Ioh XIX, 26-27).



Se apaga la luminaria del cielo, y la tierra queda sumida en tinieblas. Son cerca de las tres, cuando Jesús exclama:



—Elí, Elí, lamma sabachtani?! Esto es: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt XXVII,46).



Después, sabiendo que todas las cosas están a punto de ser consumadas, para que se cumpla la Escritura, dice:



—Tengo sed (Ioh XIX,28).



Los soldados empapan en vinagre una esponja, y poniéndola en una caña de hisopo se la acercan a la boca. Jesús sorbe el vinagre, y exclama:



—Todo está cumplido (Ioh XIX,30).



El velo del templo se rasga, y tiembla la tierra, cuando clama el Señor con una gran voz:



—Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc XXIII,46).



Y expira.



Ama el sacrificio, que es fuente de vida interior. Ama la Cruz, que es altar del sacrificio. Ama el dolor, hasta beber, como Cristo, las heces del cáliz.








1. Et inclinato capite, tradidit spiritum (Ioh XIX,30).



Ha exhalado el Señor su último aliento. Los discípulos le habían oído decir muchas veces: meus cibus est..., mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y dar cumplimiento a su obra (Ioh IV,34). Lo ha hecho hasta el fin, con paciencia, con humildad, sin reservarse nada... Oboediens usque ad mortem (Phil II,8): obedeció hasta la muerte, ¡y muerte de Cruz!



2. Una Cruz. Un cuerpo cosido con clavos al madero. El costado abierto... Con Jesús quedan sólo su Madre, unas mujeres y un adolescente. Los apóstoles, ¿dónde están? ¿Y los que fueron curados de sus enfermedades: los cojos, los ciegos, los leprosos?... ¿Y los que le aclamaron?... ¡Nadie responde! Cristo, rodeado de silencio.



También tú puedes sentir algún día la soledad del Señor en la Cruz. Busca entonces el apoyo del que ha muerto y resucitado. Procúrate cobijo en las llagas de sus manos, de sus pies, de su costado. Y se renovará tu voluntad de recomenzar, y reemprenderás el camino con mayor decisión y eficacia.



3. Hay una falsa ascética que presenta al Señor en la Cruz rabioso, rebelde. Un cuerpo retorcido que parece amenazar a los hombres: me habéis quebrantado, pero yo arrojaré sobre vosotros mis clavos, mi cruz y mis espinas.



Esos no conocen el espíritu de Cristo. Sufrió todo lo que pudo —¡y por ser Dios, podía tanto!—; pero amaba más de lo que padecía... Y después de muerto, consintió que una lanza abriera otra llaga, para que tú y yo encontrásemos refugio junto a su Corazón amabilísimo.



4. He repetido muchas veces aquel verso del himno eucarístico: peto quod petivit latro poenitens, y siempre me conmuevo: ¡pedir como el ladrón arrepentido!



Reconoció que él sí merecía aquel castigo atroz... Y con una palabra robó el corazón a Cristo y se abrió las puertas del Cielo.



5. De la Cruz pende el cuerpo —ya sin vida— del Señor. La gente, considerando lo que había pasado, se vuelve dándose golpes de pecho (Lc XXIII,48).



Ahora que estás arrepentido, promete a Jesús que —con su ayuda— no vas a crucificarle más. Dilo con fe. Repite una y otra vez: te amaré, Dios mío, porque desde que naciste, desde que eras niño, te abandonaste en mis brazos, inerme, fiado de mi lealtad.





Abogados......




"Oye, viejo, ya sácame de aquí, quieres?... Yo también soy abogado, pero de algo tenía que vivir, no? Bastante me costó este disfraz. Pero ya sácame!!"





domingo, marzo 24, 2013

Entrevista al Prelado del Opus Dei, sobre el Papa Francisco.


 Tomado de la Razón.


–¿Cómo recibió la noticia del anuncio de que teníamos un nuevo Papa? ¿Qué sensaciones le pasaron por el corazón en ese momento?


–Fue una gran alegría. Los católicos necesitamos tener al padre común en la tierra, vicario de Cristo en la Iglesia universal. Al advertir la fumata blanca, me puse de rodillas para rezar por él, aún sin saber quién era. Renové interiormente mi deseo de ser un buen hijo del Romano Pontífice.

Cuando el nuevo Papa Francisco habló por primera vez desde el balcón de las bendiciones, mencionó a todas las personas de buena voluntad. Y pensé que, además de los católicos, el Papa lleva el peso, las alegrías y los dolores de toda la humanidad. Por esto, junto a la alegría, sentí también el deseo intenso de que todos recemos por el sucesor de Pedro, y experimenté un afán filial de invitar a la gente a amar al Romano Pontífice.

–De las palabras en estos primeros días de su Pontificado, ¿con qué se queda?, ¿qué le ha llamado la atención?, ¿qué le interpela?

–«Cristo es el centro», dijo a los periodistas en la audiencia del 16 de marzo. Me recordó a lo que nos repetía san Josemaría: «Es de Cristo de quien hemos de hablar, y no de nosotros mismos». Esto nos remite verdaderamente a lo esencial. El Papa Francisco nos habló también de la acción del Espíritu Santo. Resulta necesario leer en esta clave el último cónclave y toda la historia de la Iglesia: desde la fe.

–Estamos ante el primer Papa latinoamericano de la historia. Por su experiencia como prelado del Opus Dei, ¿qué aportan los cristianos de América Latina a la vieja Europa?

–En América Latina se toca el buen espíritu de manifestar la caridad con cariño, con un afecto palpable. Ese calor humano ayuda tantas veces a evitar los prejuicios hacia los demás, a evitar cierta complejidad intelectual que enturbia las relaciones de unos con otros, a forjar relaciones interpersonales verdaderamente humanas. Una manifestación de esta capacidad de amar se traduce en la piedad popular que se mantiene muy viva en tantos países de América, con una devoción a la Madre de Dios que es a la vez tierna y recia, y que entraña una actitud muy enriquecedora para la humanidad entera. Todo esto es un don para la Iglesia.

–Poco a poco vamos conociendo detalles del Santo Padre: viaja en autobús, vivía en un pequeño apartamento en Buenos Aires... ¿Cree que estos pequeños gestos del día a día son los que pueden interpelar aquellos que tienen estereotipada la imagen de los sacerdotes, de los cardenales, de la Iglesia en general?

–Esta austeridad es una nota común de los últimos papas –con algunas manifestaciones externas diferentes–, y también de una gran mayoría de sacerdotes, que tienen lo justo para vivir, y muchos ni siquiera esto. Como usted dice, se trata de un estereotipo. Le contaré de un cardenal que vino una vez a la Pontificia Universidad de la Santa Cruz; entre una actividad y otra, a las 5 de la tarde, hubo un «coffee break». Mientras tomaba algo, comentó: «Sabe usted, es que esta noche no ceno, no tengo a nadie que me ayude a preparar una cena». No se repite este caso en todos, pero los ejemplos podrían multiplicarse.

La falta de bienes materiales, como decía san Bernardo, no supone en sí una virtud, sino que esa virtud consiste en amar la pobreza, que también se percibe por esos gestos de renuncia. Esta disposición resulta más hacedora cuando la persona sabe prescindir de bienes superfluos, y está desprendida de lo que tiene. Ciertamente, como decía san Josemaría, la pobreza trae para el hombre un tesoro en la tierra y, a este propósito, ponía como modelo a esos padres de familia numerosa que, en su esfuerzo por sacar adelante a los suyos con amor, renuncian con gusto a tantas cosas personales. Se nos presenta, por tanto, como una virtud para amar –así nos lo ha enseñado Jesús–, y está incluida en la caridad. A la vez, hemos de hacer todo lo posible para aliviar el sufrimiento causado por las injusticias personales y sociales, y veo muy natural que en ocasiones nos invada incluso la impaciencia ante tantas injusticias que desearíamos resolver.

–La reforma de la Curia, la nueva evangelización... Son muchos los asuntos que han abordado los cardenales a lo largo de las congregaciones generales. De todos esos asuntos que han estado sobre la mesa, ¿cuál considera de mayor urgencia para la Iglesia?

–Ciertamente, la curia –por una lógica sobrenatural y también humana– se adapta a cada Papa y a las necesidades de la Iglesia, según los tiempos. Pero no me compete señalar lo prioritario; está en las manos del Santo Padre, que no tiene otro afán que el de servir a todos. Al hablar de una reforma, que puede ser necesaria, sabemos que en Roma trabajan muchas personas con abnegación, con gran espíritu de servicio, alguna vez lejos de su patria y de su familia, y con una retribución modesta.

Obviamente, yo no estaba en la congregaciones generales, donde los cardenales hablaron entre sí, pero no cabe duda de que la nueva evangelización sigue siendo una prioridad para la Iglesia. Me parece que el estilo sencillo y directo del Papa aporta una ayuda de gran peso en este sentido.

–En el comunicado que usted emitió hace unos días, destacó el llamamiento del Papa Francisco a evangelizar. ¿Cómo se traduce esta invitación del Santo Padre al carisma concreto del Opus Dei? ¿Cuáles son los retos en este sentido?

–El lema del cardenal Bergoglio ha sido «miserando et eligendo». Viene de un texto de san Beda el Venerable, que leemos cada año en la Liturgia de las horas. Se trata de un comentario a la llamada de Mateo. Jesús tenía piedad, misericordia, y a la vez llamaba a sus discípulos a seguirle. La vocación contiene una prueba de amor: nace del corazón divino lleno de misericordia. San Beda comenta que Jesús vio «más con la mirada interna de su corazón que con sus ojos corporales».

San Josemaría, con el mensaje recibido de Dios, vino a recordar que todos estamos llamados a la santidad, y solía comentar: «Que yo vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma». Pienso que la urgencia de evangelizar –siempre actual en la Iglesia– se manifiesta en una invitación para mirar a las gentes, a todos, con visión apostólica, con misericordia y con cariño, con el deseo de ayudarlos a recibir el gran don del conocimiento de Cristo y de su amor.

El espíritu del Opus Dei impulsa a los fieles de la Prelatura –sacerdotes y laicos– a tomar conciencia de que en la vida ordinaria, en el mundo de las profesiones, en la familia, en las relaciones sociales, hemos de afanarnos para descubrir que los demás nos necesitan, no porque seamos mejores, sino porque somos hermanos. Como dijo san Josemaría, precisamente durante una catequesis en Buenos Aires, «cuando trabajáis y ayudáis a vuestro amigo, a vuestro colega, a vuestro vecino de modo que no lo note, le estáis curando; sois Cristo que sana, sois Cristo que convive sin hacer ascos con quienes necesitan la salud, como nos puede suceder a nosotros un día cualquiera».

Todo esto significa también llevar y amar la cruz, de la que habló también el Papa Francisco en su primera homilía. Y, como predicaba el cardenal Bergoglio en su homilía en la última Misa crismal, hay que tener «paciencia con la gente» al enseñar, explicar, escuchar, contando siempre con la gracia del Espíritu Santo.

–¿Cómo le puede ayudar al Papa Francisco el hecho de saber que cerca de él estará el Papa emérito Benedicto XVI?

–Pienso que el Papa sentirá sobre todo la fuerza y la compañía espiritual de su predecesor. Y que podrá apoyarse con frecuencia en el rico y actual magisterio de Benedicto XVI. El cariño que le tenemos todos en la Iglesia se hace más grande, pues sabemos que reza por nosotros en su misa y en su oración, y que sostiene nuestra unión incondicional al Papa Francisco. En este sentido, considero importante respetar la voluntad de Benedicto XVI de desaparecer a los ojos del mundo, para que quede patente que hay un solo Papa, y no se confunda a la gente que dispone quizá de menos formación cristiana o de poca cultura teológica. Ahora el Romano Pontífice es el Papa Francisco, a quien el anterior Pontífice prometió gustosa y total veneración y obediencia.

Bergoglio, ante la tumba de San Josemaría

¿Conoce Javier Echevarría al actual Papa? «Lo encontré en distintas ocasiones, aquí en Roma (por ejemplo, en varias asambleas del Sínodo de obispos) y en Buenos Aires. Es una persona afectuosa, un sacerdote a la vez austero y sonriente. Cercano a los enfermos y a los necesitados tanto material como espiritualmente. Posee una fuerte personalidad. Sabe con claridad de hijo de Dios lo que quiere y lo que no quiere. De todos es conocido que siempre pide oraciones por sí mismo, y que reza mucho por los demás», asegura el prelado del Opus Dei, que revela un detalle: «En una ocasión vino a esta casa, hace ya unos años, para visitar la tumba de san Josemaría, que se encuentra en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz. El cardenal Bergoglio permaneció de rodillas unos 45 minutos. Su capacidad de rezar –sin prisa– es un ejemplo para todos, porque en la oración el cristiano encuentra también la luz y el consuelo del Señor».

Al frente de la Obra

Buscar a Diosen lo cotidiano

Fundado en 1928 por san Josemaría Escrivá (Barbastro, 1902-Roma, 1975), actualmente el Opus Dei cuenta con más de 90.000 miembros. El 98% son laicos, y la mayoría, casados. En torno a 2.000 son sacerdotes. Con un carisma centrado en la ayuda a encontrar a Cristo en el trabajo, la vida familiar y el resto de actividades ordinarias, esta realidad eclesial lleva a cabo labores educativas, asistenciales, culturales, que poseen una marcada finalidad de servicio y formación: escuelas, hospitales, universidades, centros de formación profesional, etc. El prelado del Opus Dei está al frente de la Obra en su misión de difundir la llamada universal a la santidad y de promover el apostolado de los fieles de la Prelatura. En la vida del Opus Dei, que tiene desde su origen un marcado carácter de familia, al prelado se le llama sencillamente padre. Pues bien, este padre en la actualidad es monseñor Javier Echevarría (Madrid, 1932), que sucedió en 1994 a mons. Álvaro del Portillo, quien llevó las riendas el Opus Dei tras la muerte del fundador.

sábado, marzo 23, 2013

Hacen falta pastores con olor a oveja.






Declaraciones del cardenal Bergoglio pocos días antes de ir a Roma para el Cónclave

Gentileza del old chap.








CIUDAD DEL VATICANO, 22 de marzo de 2013 - El padre Ángel Strada, en el programa Alianza de amorde la radio del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, habla sobre el encuentro que tuvieron con el cardenal Bergoglio en la reunión anual de sacerdotes de este movimiento de Argentina y Paraguay, días antes de dar comienzo el cónclave.



El padre Strada reconoce la gran sorpresa con la que recibieron la noticia de que el cardenal Bergoglio había sido elegido papa, ya que los medios de comunicación no le daban como "candidato" por la edad que tiene, aunque el padre Strada admite que los que le conocen sabían que era un gran candidato por sus cualidades. "El nombre que él ha elegido ya es un programa, Francisco fue un Evangelio vivido", dice en la entrevista.



A continuación, cuenta cómo los padres que trabajan en Argentina, Paraguay y Uruguay se reúnen anualmente, y siempre tienen la inquietud de invitar a ese encuentro, que dura varios días, a alguna personalidad para enriquecer, intercambiar y dar a conocer la comunidad de Schoenstatt. Seis meses antes ya pensaron en el cardenal Bergoglio por el aprecio que le tienen y porque pensaban que por la edad ya iba a presentar su renuncia. El mismo cardenal llamó a la comunidad para avisarles que él viajaba al cónclave pero que el encuentro no se suspendía y que les esperaba el sábado 23 de febrero por la mañana en la curia de Buenos Aires. "Nos dijo que no iba a dar ninguna conferencia, que le hiciéramos preguntas y que quería que intercambiáramos", cuenta.



Una de las preguntas que le hicieron fue qué perfil debería tener el nuevo papa. El cardenal Bergoglio les respondió: "Les voy a decir cosas evidentes pero son las cosas en las que yo creo. Primero, tiene que ser un hombre de oración, un hombre profundamente vinculado a Dios. Segundo, tiene que ser una persona que cree profundamente que el dueño de la Iglesia es Jesucristo y no él y que Jesucristo es el Señor de la historia. Tercero, un buen obispo. Debe ser un hombre que sabe cuidar, acoger, tierno con las personas, que sabe crear comunión. Y cuarto, debe ser un hombre ahora que ayude a reformar la Curia". Sin quererlo, continua el padre Ángel, hizo una descripción de sí mismo. Es "un gran don del cielo que el cónclave le haya elegido", añade.



Hablando a nivel más personal, Strada cuenta lo que sintió cuando se despidió de él. "Me preguntó cómo iba la causa de la canonización del padre Kentenich (fundador del movimiento) y cuando nos despedimos pensé qué lástima que este hombre no vaya a ser elegido papa, pensando en el impedimento de la edad, pero ojalá sea alguien como él". Cuenta además cómo el cardenal Bergoglio bromeó sobre la posibilidad que lo eligieran, "nosotros le preguntamos como estaba la salud de él por el pequeño problema que había tenido en las piernas y nos respondió que ya estaba muy bien, un padre le dijo que tuviera cuidado porque, ya con buena salud, los cardenales le podían elegir papa, y nos respondió que no nos hiciéramos a esa idea y que ya lo tenía pensado, que iba a entrar al cónclave con un bastón, y los cardenales pensarán que a ese viejito no le vamos a elegir nunca".



"Una idea fija que tiene él --continúa narrando el padre Strada- la expresa con estas palabras: hay que buscar una Iglesia que esté en la calle. Él piensa que la Iglesia no debe cerrarse sobre sí misma porque se enferma. Tiene que ir a buscar a los hombre. Dice que nos equivocamos al pensar que en el rebaño tenemos 99 ovejas y hay una oveja descarriada que está afuera. Y es exactamente al revés, en el rebaño tenemos una oveja y hay 99 que están afuera, y el error nuestro es dedicarnos a la única ovejita que tenemos dentro". Cuenta el padre que a ellos les dijo "hoy no hacen falta clérigos, no hacen falta funcionarios clericales, hacen falta pastores que tengan olor a oveja, pastores que estén con las ovejas, que nunca las apaleen sino que las cuiden con mucho amor".



Finaliza la entrevista hablando del aspecto mariano del santo padre, que demostró con su primer gesto como pontífice de acudir a Santa María la Mayor, para hacer una ofrenda con flores a la Virgen, como un niño que le va a regalar flores a su madre. Y destaca también su labor pastoral y de cercanía a los hombres cuando dice que la Iglesia tiene que ser tierna y salir a buscar a los hombres.

La Iglesia de los pobres.





Mi experiencia  dice que donde hay adoración a Dios, devoción a la Virgen, vida espiritual, doctrina clara; siempre hay caridad, afán de promocionar a los hombres, iniciativas de solidaridad, cuidado de los más débiles.





Texto muy bueno de Juan Manuel de Prada.


«¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!», ha confesado el Papa Francisco. El desiderátum papal nos invita a reflexionar sobre la vigencia de la doctrina social de la Iglesia, un corpus de enseñanzas que suelen ser consideradas a beneficio de inventario, incluso por los propios católicos. Para justificar esta preterición, se suele aducir que la doctrina social de la Iglesia no propone soluciones «técnicas» para combatir la injusticia social; excusa con la que en realidad se pretende negar su competencia para definir los principios sobre los que debe asentarse un orden político, social y económico justo. La misión de la Iglesia es, desde luego, la salvación de las almas; pero la salvación de las almas exige que los hombres vivan cristianamente, lo cual se torna cada vez más difícil cuando las instituciones políticas y las estructuras económicas no se guían por un fin de justicia social. Si repasamos los dos últimos siglos de la historia descubriremos que cuando la Iglesia más cerca estuvo de los pobres fue bajo el mandato de papas que nuestra época juzga «reaccionarios». En efecto, fue en tiempos de San Pío X, León XIII o Pío XI cuando desde el seno de la Iglesia se promovieron iniciativas sociales más eficaces, cuando el servicio a los pobres fue más fecundo e irradiador: fundación de congregaciones religiosas dedicadas al auxilio, formación y atención espiritual de las clases populares, creación de asociaciones obreras, montepíos y un largo rosario de instituciones que combatían con denuedo los fundamentos y la praxis de un orden social injusto. Y los Papas que impulsaron tales iniciativas fueron campeones de la ortodoxia, atentos siempre a la salvación de las almas. Es precisamente cuando se difumina esta misión primordial cuando la Iglesia corre el riesgo de desnaturalizarse, convirtiéndose en una «ONG piadosa».

Tras la Segunda Guerra Mundial, la doctrina social de la Iglesia no hizo sino decaer. La expansión del comunismo, por un lado, y la consolidación —bajo disfraz democrático— del «imperialismo internacional del dinero», por otro, condenaron la misión de la Iglesia al ostracismo: en el ámbito comunista, la Iglesia sobrevivió en la clandestinidad, en medio incluso de persecuciones martiriales; en el ámbito capitalista, se le ha permitido vivir en la legalidad, convenientemente castradita y progresivamente irrelevante, con la condición de que no denuncie proféticamente un orden inicuo (lo que tal vez sea peor que el martirio de la sangre). Así, inevitablemente, surgieron iniciativas como la llamada «teología de la liberación», nacidas de un impulso noble de rebelión ante la injusticia social, pero heridas en su naturaleza, que trataron de acercar la Iglesia a los pobres... mientras los pobres se marchaban a las sectas evangélicas, que era donde les seguían hablando de la salvación de su alma.



El desiderátum papal será inevitablemente interpretado de forma banal. Se dirá que si la Iglesia desea ser «pobre y para los pobres» deberá empezar por deshacerse de sus tesoros artísticos para dárselos a los pobres, que es exactamente lo mismo que reclama Judas en el pasaje evangélico de la Unción de Betania. En nombre de los pobres, la Iglesia ha sido muchas veces despojada (la historia española, con su rosario de desamortizaciones e incautaciones de bienes eclesiásticos, es un ejemplo palmario) por aquellos mismos que, a la vez que se lucraban con estos despojos, deseaban desactivar las iniciativas sociales católicas. Una auténtica «Iglesia pobre y para los pobres» es otra cosa muy distinta; aquellos papas tan «reaccionarios» que impulsaron la doctrina social de la Iglesia, lo sabían perfectamente



viernes, marzo 22, 2013

La crucifixión blanca de Chagall, la obra preferida del Papa Francisco.










Lo he sacado de una entrevista al entonces cardenal Bergoglio. Debe tener una explicación compleja, de la que he extraido sólo un parrafo. No conocía el cuadro hasta hoy......investiguen; es lo que yo procuro hacer. Y por supuesto la infalibilidad no se extiende a gustos artísticos o simbólicos...



Preguntado por una pintura, señala ésta ( cuando era cardenal).


La pintura de Chagall siempre la encontramos repleta de imágenes oníricas, que vinculan a este autor con el surrealismo. No obstante, se puede decir que la obra de Chagall siempre ha sido independiente y que presenta un estilo propio. La condición de este original artista se ve plasmada en la presenta obra. Chagall era ruso, de origen judío. El tema principal de este cuadro es el sufrimiento de Europa durante los años inmediatamente anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial. En el centro de la composición vemos a Cristo crucificado, envuelto por un fuerte rayo que emana luz sobre una Europa envuelta en tinieblas. Cristo, por tanto, es presentado por Chagall como la única salvación posible.






El dolor aparece representado en esta pintura de diferentes modos. En el lado izquierdo, vemos soldados con banderas rojas irrumpiendo en una aldea. Al otro lado, vemos una sinagoga ardiendo y a un soldado nazi profanándola y arrojando los objetos sagrados al suelo. En la esquina inferior izquierda vemos a Ahasvero, el judío errante, que huye de la Cruz. A sus pies, un rollo de la Torah ardiendo. En la parte superior aparecen un grupo de ancianos con aspecto rabínico, figura del Antiguo Testamento, que discuten entre sí y se lamentan, pero ninguno de ellos se vuelve hacia Cristo, figura del Nuevo Testamento.





Este cuadro es muy enigmático, pues muestra a Cristo como la salvación y, a la vez, está impregnado de un marcado judaísmo. Incluso el propio Cristo el paño que se ciñen los judíos para hacer oración. También vemos en la parte inferior la Menorah encendida. Ciertamente, no nos encontramos frente a un cuadro devocional, sino más bien ante una pintura de denuncia social. En algún sentido, se parece al Guernica de Picasso, aunque, si bien Picasso reflejó en este cuadro su desesperación, Chagall refleja en la Crucifixión blanca su esperanza. “En nuestra vida sólo hay un color, como en la paleta del artista, que nos da el significado de la vida y del arte. Es el color del amor”, decía Chagall.




Francisco no quería ser Papa.











http://blogs.aceprensa.com/elsonar/el-papa-que-no-queria-serlo/. Del gran comunicador Ignacio Aréchaga.

“Que Dios os perdone lo que habéis hecho”, les dijo el Papa Francisco a los cardenales poco después de su elección. Una exclamación que, con su punta de humor, pone de relieve que la búsqueda de un líder en la Iglesia tiene muy poco que ver con los procesos de selección del mundo político o económico.


Antes del Cónclave, que iba a dejar malparados los pronósticos de tantos expertos, los clichés informativos nos hablaban de las “luchas de poder” en el Vaticano, casi como si estuviéramos ante la convención de un partido político. Sin duda, entre los cardenales habría diversas opiniones sobre el tipo de líder que ahora necesita la Iglesia. Pero, a diferencia de otro tipo de elecciones, en un Cónclave no se trata de que un candidato se imponga a otros, sino de encontrar entre todos la persona más adecuada para gobernar la Barca de Pedro.



La mayoría exigida de dos tercios no indica un triunfo personal de uno sobre otros, sino que se ha alcanzado entre todos un consenso suficiente de que esa persona es la que la Iglesia necesita ahora. En la Iglesia, tanto en la elección del Papa como en otras cuestiones de decisión colectiva, siempre se busca un consenso lo más amplio posible, y no una simple mayoría como puede bastar en un parlamento.



La peculiaridad de la elección se revela también en que nadie se postula candidato, y en que el elegido habría preferido que saliera otro. El puesto de Papa no es un puesto ambicionado, sino temido por el que puede resultar elegido, ante la responsabilidad que supone tomar las riendas de la Iglesia. Por no remontarnos más, basta pensar que tanto Ratzinger como Bergoglio resultaron elegidos en un momento de su vida en que ya solo aspiraban a un jubilación tranquila.



Sin duda, a la hora de la elección cuentan las características personales de los posibles candidatos. Pero, a la vez, nada es menos personal que este puesto. Como ha escrito Joaquín Navarro-Valls, “llegar a ser Papa es morir al instante a uno mismo. Es aceptar que uno ya no es portador de proyectos personales propios, sino que se ha convertido en el que sostiene a toda la Iglesia para siempre y debe encarnar definitivamente la voluntad de Dios”. De ahí que las propias ideas, los gustos o proyectos personales del nuevo Papa, no sean decisivos a la hora de pronosticar por dónde va a ir el gobierno de la Iglesia.



A diferencia de un político, un Papa no viene con su programa, sino con el deseo de poner sus cualidades personales al servicio de la difusión del Evangelio. Es este un programa que la Iglesia ha recibido para siempre, aunque en cada momento tenga que reinventar los modos más adecuados para hacerlo llegar a la humanidad.



También en estos días ha habido muchas sugerencias sobre lo que tiene que hacer el Papa Francisco para “reformar la Iglesia”. Algunos piensan que es la Iglesia la que debe convertirse a lo que está dispuesto a aceptar el espíritu de la época, en vez de pretender que el hombre de hoy se convierta al espíritu del Evangelio. No hay que hacer muchas cábalas para pronosticar que se van a equivocar tanto como con las quinielas de papables. Por eso, tras la luna de miel con el Papa Francisco, sencillo y directo, es inevitable que lleguen los desencuentros. Pero también eso va incluido en el empleo de Papa.

jueves, marzo 21, 2013

miércoles, marzo 20, 2013

Personas perfectas....

Aunque hay que pelear por mejorar siempre........


Un mes increíble.






Tengo algo de experiencia. Hay momentos en la historia, personal y de la humanidad, en que la historia se acelera, no sólo en acontecimientos , también en su intensidad. El 11 de febrero, Nuestra Señora de Lourdes, iba tranquilo en mi tren con encanto hacia Jaén. Un mensaje de un amigo me decía " ha dimitido el Papa Benedicto", me sorprendió. Los últimos días del Papado de Benedicto, darme cuenta del inmenso cariño que le había tomado. Los preparativos del nuevo cónclave, la elección inesperada del Papa Francisco, sus gestos, su sonrisa, su acento porteño, buscar quién era. Cuando frisaba los veinte me pasó algo parecido con Juan Pablo I y Juan Pablo II, el año 89 y la caída del comunismo en fichas de dominó. épocas providenciales, que me han llevado a rezar más, a redescubrir la propia vocación, a discernir qué es lo importante y qué lo accesorio y un empujón para vivir en lo importante y no en la espuma de lo accesorio. Asistí tambiéna los 25 años de sacerdocio de mi buen amigo bloguero Javier Vicens. Y me parece también que el mundo está sacudido. Dar gracias a Dios, alabarle...saber que por la gracia de la Fe, al Opus Dei  que me ha enseñado casi todo lo que soy, por mis padres, por tantos familiares, profesores, colegas, amigos que son mejores que yo, que uno es un pigmeo en un aventura maravillosa, que es la vida en el claroscuro de la Fe, la esperanza y el amor, con la seguridad de estar en una barca que navega a pesar de mí mismo y de tantas tormentas.

Y como dice Isaías, no quiero vivir del pasado, de melancolías; lo mejor está siempre por llegar. Como nos pide el Papa Francisco, hay que rezar por El y estar dispusto a seguirle, con obras, con ternura, con lo más débiles, para como decía San Josemaría, darle la vuelta al mundo como a un calcetín. Gracias, gracias.

martes, marzo 19, 2013

Homilía del Papa Francisco., en el comienzo del ministerio petrino.





Queridos hermanos y hermanas




Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.



Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas. Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.



Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).



¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús



¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.

Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.

Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.

Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.

Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.



Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.



En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza. También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.



Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.



Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.


San José y San Josemaría.







http://www.escrivaobras.org/  Texto de San Josemaría Escriva.

José amó a Jesús como un padre ama a su hijo, le trató dándole todo lo mejor que tenía. José, cuidando de aquel Niño, como le había sido ordenado, hizo de Jesús un artesano: le transmitió su oficio. Por eso los vecinos de Nazaret hablarán de Jesús, llamándole indistintamente faber y fabri filius: artesano e hijo del artesano. Jesús trabajó en el taller de José y junto a José. ¿Cómo sería José, cómo habría obrado en él la gracia, para ser capaz de llevar a cabo la tarea de sacar adelante en lo humano al Hijo de Dios?




Porque Jesús debía parecerse a José: en el modo de trabajar, en rasgos de su carácter, en la manera de hablar. En el realismo de Jesús, en su espíritu de observación, en su modo de sentarse a la mesa y de partir el pan, en su gusto por exponer la doctrina de una manera concreta, tomando ejemplo de las cosas de la vida ordinaria, se refleja lo que ha sido la infancia y la juventud de Jesús y, por tanto, su trato con José.



No es posible desconocer la sublimidad del misterio. Ese Jesús que es hombre, que habla con el acento de una región determinada de Israel, que se parece a un artesano llamado José, ése es el Hijo de Dios. Y ¿quién puede enseñar algo a Dios? Pero es realmente hombre, y vive normalmente: primero como niño, luego como muchacho, que ayuda en el taller de José; finalmente como un hombre maduro, en la plenitud de su edad. Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres.



lunes, marzo 18, 2013

San José, maestro de fe, esperanza y amor.







Texto de San Josemaría  Escrivá.




Fe, amor, esperanza: estos son los ejes de la vida de San José y los de toda vida cristiana. La entrega de San José aparece tejida de ese entrecruzarse de amor fiel, de fe amorosa, de esperanza confiada. Su fiesta es, por eso, un buen momento para que todos renovemos nuestra entrega a la vocación de cristianos, que a cada uno de nosotros ha concedido el Señor.




Cuando se desea sinceramente vivir de fe, de amor y de esperanza, la renovación de la entrega no es volver a tomar algo que estaba en desuso. Cuando hay fe, amor y esperanza, renovarse es —a pesar de los errores personales, de las caídas, de las debilidades— mantenerse en las manos de Dios: confirmar un camino de fidelidad. Renovar la entrega es renovar, repito, la fidelidad a lo que el Señor quiere de nosotros: amar con obras.



El amor tiene necesariamente sus características manifestaciones. Algunas veces se habla del amor como si fuera un impulso hacia la propia satisfacción, o un mero recurso para completar egoístamente la propia personalidad. Y no es así: amor verdadero es salir de sí mismo, entregarse. El amor trae consigo la alegría, pero es una alegría que tiene sus raíces en forma de cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos llegado a la plenitud de la vida futura, no puede haber amor verdadero sin experiencia del sacrificio, del dolor. Un dolor que se paladea, que es amable, que es fuente de íntimo gozo, pero dolor real, porque supone vencer el propio egoísmo, y tomar el Amor como regla de todas y de cada una de nuestras acciones.

Del Papa Francisco.





Ortografía parda....





domingo, marzo 17, 2013

Entrevista reciente, al hoy Papa Francisco.





http://www.youtube.com/watch?v=NZ1ZczyyKwM&feature=youtu.be



Lo mejor es verla y oirla.

Algunas ideas:

1. Quitando los gastos de alimentación, medicina, vivienda ( necesarios  en el mundo), las dos grandes partidas siguientes son  las mascotas y los cosméticos; dos sustitutivos del amor ( la mascota te da un aprecio incondicional), la cosmética o cirugías de belleza, sustitutivo de la verdadera belleza.

2. No pongas nunca a las cosas por encima de las personas.

3. La devoción a la Madre de Dios y de la Iglesia, y al Cristo paciente, atribulado y redentor en la cruz, son muy fuertes en los pueblos de América. Eso hace que estos pueblos sean un faro de esperanza para la Iglesia y para el mundo. Las devociones populares son enriquecedoras.

4. Cómo oras,o rezas? Se pedigüeño y agradecido, pero hay más: alabas por su grandeza a tu Dios, tu creador, tu Padre? ; le adoras con tu cuerpo, tu alma y tu actitud vital?.

Pero mejor vean y oigan el vídeo ( que no sé cómo colgar, lo siento); parece que el Papa, no tiene celular ni computer ( menos mal, y es el Papa!!!!).

El escudo papal del Papa Francisco.








EXPLICACIÓN COMPLETA DEL ESCUDO PAPAL




Les dejo esta explicación que he logrado juntar estudiando varias fuentes. Todo un simbolismo. Bendiciones. P. Guillermo ...Serra, LC



El escudo del Papa Francisco, refleja su humildad y devoción a la Virgen María. Todos los símbolos están tomados de su escudo episcopal.



El escudo cuenta con tres símbolos situados en triángulo, sobre fondo azul. Lo más destacado, en la parte superior, es el sol con las letras IHS en el centro. El símbolo de la Compañía de Jesús, a la que pertenece.



El símbolo IHS y su explicación: "IHS" es monograma del nombre de Jesucristo. Desde el principio de la cristiandad, la nomina sacra (nombre sagrado) de Iesous Christos (Jesucristo) se abrevia de varias formas. Las tres primeras letras de la palabra "Jesús" en griego son: IHC. Estas se transliteraron al latín como IHS. "I": Iesus (Jesús), "H": Hominum (de los hombres), "S": Salvator" (Salvador) = Jesús, Salvador de los hombres. Aunque esta no representa el significado original griego, felizmente se refiere y honra al mismo Jesucristo.



En la parte inferior izquierda hay una estrella de cinco puntas, que junto con el fondo azul simboliza a la Virgen María y en el lado inferior derecho hay un racimo de uvas que simboliza a Jesús como fuente de la Fe.



Bajo el escudo se distingue su lema en latín “Miserando atque eliegendo” San Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia del siglo VIII, en su homilía 21 sobre el Evangelio de san Mateo 9, comenta este momento “Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. “Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano, y lo vio con misericordia y eligiéndolo, (miserando atque eligendo), y le dijo "Sígueme", que quiere decir: "Imítame". Le dijo "Sígueme", más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él anduvo”.



Así han sido también las palabras del Papa en su primera audiencia. La vida cristiana es un movimiento: caminar, edificar y confesar.



Pidamos por este nuevo Pontificado, para que el Espíritu Santo lo ilumine y le fortalezca en este ministerio.

sábado, marzo 16, 2013

El hermano Papa.







http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/bajo-llave/2013/03/16/el-hermano-papa-espeluznante.html   de Rubén Amón.


Entiendo mejor ahora al cardenal Amigo cuando aludía en la plaza de San Pedro al esfuerzo que hubo de hacer para contener las lágrimas en la Capilla Sixtina.




Se refería al trance en que Jorge Mario Bergoglio decidió adoptar el nombre de Francesco. Hubiera llorado Amigo, que es franciscano. No lo hizo por el sentido del pudor o de la vergüenza.



Entiendo mejor ahora al cardenal Amigo. Reconozco haber hecho un esfuerzo para contener unas lágrimas delante de mis colegas en la audiencia de esta mañana. Y no soy franciscano, ni cardenal. Ni me sugestionaba el "Juicio final" de Miguel Ángel. Ni tengo fe en Dios.



Sí tengo fe en Francisco, incluso comprendo al cardenal canadiense Thomas Christopher Collins cuando atribuía la elección de Bergoglio a la santidad. Me parecía una abstracción, una obviedad, pero la "homilía" de esta mañana me ha sacudido las entrañas.



Me ha conmovido escuchar al Papa cuando se desentendía del discurso escrito. Y cuando evocaba el momento en que el cardenal brasileño Hummes le susurraba al oído que se acordara de los pobres. Resolvió entonces llamarse Francisco, de forma que el abrazo a un periodista invidente que subía al escenerio del aula Pablo VI con la tozudez del perro que lo guiaba simbolizaba la fraternidad franciscana hacia las critaturas de Dios.



El hermano perro, el hermano creyente, el hermano sol, la hermana gaviota que custodiaba la chimenea, la hermana lluvia, el hermano descreído, el católico y el no católico, el hermano hermano, como diría Walt Whitman.



Trascendía así el espeluznante respeto que comportaba la despedida de la ceremonia. Nos dijo Francisco que nos bendecía. Pero que nos bendecía en silencio, para respetar al agnóstico y al ateo. Y al protestante y al musulmán. Y al laico y al nihilista, aun "consciente de que todos somos hijos de Dios". Así es que el Papa rezó cabizbajo y hacia dentro.



Hacia fuera había demostrado un inteligente sentido del humor -no se puede tomar en serio a la gente que no sabe reírse- y había cuestionado los rigores del protocolo. Siempre que pudo se deshizo de los papeles.



Y cuando leía se equivocaba o abusaba del acento porteño, ejemplos ambos de su "falibilidad" y hasta demostrativos del titular que hace unos días publicaba un diario gratuito colombiano en el contexto de la proclamación papal: 'Argentino pero modesto'.



Modesto, espontáneo y cálido. Tan cálido y entrañable que las personalidades y subalternos premiados con el privilegio del besamanos se atrevían a abrazarlo. O era el Papa quien lo hacía, malogrando la distancia del rey y los súbditos, incluso a riesgo de indignar a los liturgistas y de inquietar a los funcionarios curiales que interpretan al hermano Papa como una amenaza.



Me decía un taxista romano que este Pontífice no iba a durar mucho. Dejaba en el aire los detalles o los sugería con una inquietante gestualidad al estilo de Alberto Sordi. "Una Iglesia pobre para los pobres". He aquí el mensaje y la revolución. Y el gran titular de la audiencia, ya que periodistas éramos -y familiares y amigos- los que esta mañana hemos identificado esta mañana en Roma el milagro de la comunicación.

Una oración para cada dedo, del Papa Francisco.






El Papa Francisco con los periodistas.



Es rompedor!!!!!!!!!!!


Libertad Digital 2013-03-16


El papa Francisco ha mantenido este sábado una audiencia con los informadores de todo el mundo destacados en la Ciudad del Vaticano con motivo de la elección del nuevo Sumo Pontífice. En un tono cercano y cordial, Jorge Mario Borgoglio ha querido explicar a los periodistas uno de los asuntos que más interés ha despertado tras su nombramiento: la elección de "Francisco" como nombre para su pontificado.



"Algunos hablaron de Francisco Javier, Francisco de Sales, o Francisco de Asís", decía el Papa. "Les contaré la historia", continuó. Según su relato, "durante la elección, yo tenía junto a mí, al arzobispo de San Paulo y prefecto emérito de la congregación, al cardenal Claudio Hommes". En los momentos en los que las votaciones comenzaban a hacer evidente que él era un claro favorito, y que Francisco describía como "cuando la situación se hacía peligrosa, él –Claudio Hummes- me confortaba". Entonces, cuando los votos subieron y se produjo el aplauso "él me abrazó, me besó y me dijo "no te olvides de los pobres". Entonces, pensé inmediatamente en Francisco de Asis. Después, mientras seguía el escrutinio hasta completar el resto de votos, pensé en las Guerras y Francisco es el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia todo lo creado en este momento. Así surgió el nombre en mi corazón: Francisco de Asis".



Repitió que Francisco de Asis "es el hombre que nos da la paz, el hombre pobre" y exclamó: "Cómo me gustaría tener una Iglesia pobre y para los pobres".



Luego, en tono jocoso, explicó cómo algunos cardenales bromearon diciéndole que debería llamarse Adriano, porque fue un reformador "y hace falta reformar". Y otros le dijeron "debes llamarte clemente XV, y así podrás vengarte de Clemente XIV que suprimió la Compañía de Jesús", explicaba entre risas.



Finalmente, dijo a los periodistas que "os quiero mucho, os doy las gracias por todo lo que habéis hecho. Pienso en vuestro trabajo y os deseo que trabajéis con serenidad y conozcáis mejor la imagen de Jesucristo y la labor de la Iglesia". Para terminar, impartió su bendición y les deseó lo mejor "a vosotros y vuestras familias".

El Papa Francisco a los Cardenales...y a los jóvenes





Hermanos Cardenales,




Este periodo dedicado al Cónclave ha estado cargado de significado, no sólo para el Colegio Cardenalicio, sino también para todos los fieles. En estos días hemos sentido casi de manera tangible el afecto y la solidaridad de la Iglesia universal, así como la atención de tantas personas que, aun sin compartir nuestra fe, miran con respeto y admiración a la Iglesia y a la Santa Sede. Desde todos los rincones de la tierra se ha elevado la oración ferviente y unísona del pueblo cristiano por el nuevo Papa; y también ha sido muy emotivo mi primer encuentro con la multitud apiñada en la Plaza de San Pedro. Con la sugestiva imagen del pueblo alegre y en oración todavía grabada en mi mente, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a los obispos, sacerdotes y personas consagradas, a los jóvenes, las familias y los ancianos por su cercanía espiritual, tan efusiva y conmovedora.



Siento la necesidad de expresaros a todos mi más viva y profunda gratitud, venerados y queridos hermanos Cardenales, por la solícita colaboración en la guía de la Iglesia durante la Sede Vacante. Dirijo un cordial saludo a cada uno, empezando por el Decano del Colegio Cardenalicio, el Señor Cardenal Angelo Sodano, a quien agradezco las expresiones de devoción y felicitación que me ha dirigido en nombre de todos. Y, junto a él, agradezco al Señor Cardenal Tarcisio Bertone, Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, su trabajo diligente en esta delicada fase de transición; y también al querido Cardenal Giovanni Battista Re, que nos ha hecho de jefe en el Cónclave. Y pienso con particular afecto en los venerados Cardenales que, por razones de edad o enfermedad, han asegurado su participación y su amor a la Iglesia a través del ofrecimiento de las dolencias y la oración. Y quisiera deciros que el Cardenal Mejía ha sufrido anteayer un infarto cardiaco: está hospitalizado en la clínica Pio XI. Pero se cree que su salud es estable, y nos ha enviado sus saludos.



No puede faltar mi agradecimiento a quienes, en sus respectivos cometidos, han trabajado activamente en la preparación y desarrollo del Cónclave, favoreciendo la seguridad y tranquilidad de los Cardenales en estos momentos tan importantes de la vida de la Iglesia.



Y pienso con gran afecto y profunda gratitud en mi venerado Predecesor, el Papa Benedicto XVI, que durante estos años de pontificado ha enriquecido y fortalecido a la Iglesia con su magisterio, su bondad, su dirección, su fe, su humildad y su mansedumbre. Seguirán siendo un patrimonio espiritual para todos. El ministerio petrino, vivido con total dedicación, ha tenido en él un intérprete sabio y humilde, con los ojos siempre fijos en Cristo, Cristo resucitado, presente y vivo en la Eucaristía. Le acompañarán siempre nuestras ferviente plegarias, nuestro recuerdo incesante, nuestro imperecedero y afectuoso reconocimiento. Sentimos que Benedicto XVI ha encendido una llama en el fondo de nuestros corazones: ella continuará ardiendo, porque estará alimentada por su oración, que sustentará todavía a la Iglesia en su camino espiritual y misionero.



Queridos hermanos Cardenales, este encuentro nuestro quiere ser casi una prolongación de la intensa comunión eclesial experimentada en estos días. Animados por un profundo sentido de responsabilidad, y apoyados por un gran amor por Cristo y por la Iglesia, hemos rezado juntos, compartiendo fraternalmente nuestros sentimientos, nuestras experiencias y reflexiones. Así, en este clima de gran cordialidad, ha crecido el conocimiento recíproco y la mutua apertura; y esto es bueno, porque somos hermanos. Alguno me decía: los Cardenales son los presbíteros del Santo Padre. Esta comunidad, esta amistad y esta cercanía nos harán bien a todos. Y este conocimiento y esta apertura nos han facilitado la docilidad a la acción del Espíritu Santo. Él, el Paráclito, es el protagonista supremo de toda iniciativa y manifestación de fe. Es curioso. A mí me hace pensar esto: el Paráclito crea todas las diferencias en la Iglesia, y parece que fuera un apóstol de Babel. Pero, por otro lado, es quien mantiene la unidad de estas diferencias, no en la «igualdad», sino en la armonía. Recuerdo aquel Padre de la Iglesia que lo definía así: «Ipse harmonia est». El Paráclito, que da a cada uno carismas diferentes, nos une en esta comunidad de Iglesia, que adora al Padre, al Hijo y a él, el Espíritu Santo.



A partir precisamente del auténtico afecto colegial que une el Colegio Cardenalicio, expreso mi voluntad de servir al Evangelio con renovado amor, ayudando a la Iglesia a ser cada vez más, en Cristo y con Cristo, la vid fecunda del Señor. Impulsados también por la celebración del Año de la fe, todos juntos, pastores y fieles, nos esforzaremos por responder fielmente a la misión de siempre: llevar a Jesucristo al hombre, y conducir al hombre al encuentro con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, realmente presente en la Iglesia y contemporáneo en cada hombre. Este encuentro lleva a convertirse en hombres nuevos en el misterio de la gracia, suscitando en el alma esa alegría cristiana es aquél céntuplo que Cristo da a quienes le acogen en su vida.



Como nos ha recordado tantas veces el Papa Benedicto XVI en sus enseñanzas, y al final con ese gesto valeroso y humilde, es Cristo quien guía a la Iglesia por medio de su Espíritu. El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, con su fuerza vivificadora y unificadora: de muchos, hace un solo cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo. Nunca nos dejemos vencer por el pesimismo, por esa amargura que el diablo nos ofrece cada día; no caigamos en el pesimismo y el desánimo: tengamos la firme convicción de que, con su aliento poderoso, el Espíritu Santo da a la Iglesia el valor de perseverar y también de buscar nuevos métodos de evangelización, para llevar el Evangelio hasta los extremos confines de la tierra (cf. Hch 1,8). La verdad cristiana es atrayente y persuasiva porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, al anunciar de manera convincente que Cristo es el único Salvador de todo el hombre y de todos los hombres. Este anuncio sigue siendo válido hoy, como lo fue en los comienzos del cristianismo, cuando se produjo la primera gran expansión misionera del Evangelio.



Queridos Hermanos: ¡Ánimo! La mitad de nosotros tenemos una edad avanzada: la vejez es –me gusta decirlo así– la sede de la sabiduría de la vida. Los viejos tienen la sabiduría de haber caminado en la vida, como el anciano Simeón, la anciana Ana en el Templo. Y justamente esta sabiduría les ha hecho reconocer a Jesús. Ofrezcamos esta sabiduría a los jóvenes: como el vino bueno, que mejora con los años, ofrezcamos esta sabiduría de la vida. Me viene a la mente aquello que decía un poeta alemán sobre la vejez: «Es ist ruhig, das Alter, und fromm»; es el tiempo de la tranquilidad y de la plegaria. Y también de brindar esta sabiduría a los jóvenes. Ahora volveréis a las respectivas sedes para continuar vuestro ministerio, enriquecidos por la experiencia de estos días, tan llenos de fe y de comunión eclesial. Esta experiencia única e incomparable nos ha permitido comprender en profundidad la belleza de la realidad eclesial, que es un reflejo del fulgor de Cristo resucitado. Un día contemplaremos ese rostro bellísimo de Cristo resucitado.



A la poderosa intercesión de María, nuestra Madre, Madre de la Iglesia, encomiendo mi ministerio y el vuestro. Que cada uno de vosotros, bajo su amparo maternal, camine alegre y con docilidad a la voz de su divino Hijo, fortaleciendo la unidad, perseverando concordemente en la oración y dando testimonio de la fe genuina en la continua presencia del Señor. Con estos sentimientos –que son auténticos–, con estos sentimientos, os imparto de corazón la Bendición Apostólica, que hago extensiva a vuestros colaboradores y cuantos están confiados a vuestro cuidado pastoral.

viernes, marzo 15, 2013

Papa Francisco no se anda por las ramas.






www.lainformación.com


.“Con mucha vergüenza hace años hemos asistido a lujosas cenas de cáritas en las que se rifaban joyas y cosas fastuosas. Te equivocaste: eso no es Cáritas”. Esta frase se puede escuchar en el video que hay al final de este artículo. En los últimos años, cuando el Papa Francisco era el cardenal Bergoglio, obispo de Buenos Aires, no ahorró duras críticas contra un sistema económico y social injusto. Destacamos estas diez frases que abarcan diversas temáticas sociales.




1. Contra la trata de seres humanos“Buenos Aires es una fábrica de esclavos y una picadora de carne (...) ¡Por favor, no nos lavemos las manos, porque si no somos cómplices de esta esclavitud! (...) Hay esclavos que fabrican estos señores que están a cargo de la trata. Buenos Aires es una picadora de carne que destroza la vida de estas personas y les quiebra su dignidad”.

13 de julio de 2010. Homilía pronunciada durante una misa en el barrio de Constitución (Buenos Aires).

2. Sobre la justicia social"El que duerme en la calle no se ve como persona sino como parte de la suciedad y abandono del paisaje urbano, de la cultura del descarte, del ‘volquete’".

26 de agosto de 2011, ante 400 delegados –laicos, sacerdotes, religiosas y religiosos- de las diócesis de la Región Pastoral de Buenos Aires, que participaban en el Primer Congreso Regional de Pastoral Urbana.

3. Contra los sacerdotes que no bautizan bebés de madres solteras"Estos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen".

4 de septiembre de 2012, en la misa de clausura del encuentro de Pastoral Urbana de la región pastoral de Buenos Aires.

4. Sobre la cultura de la vida; contra el aborto y la eutanasia"Hay que poner la cara y decir: esto es cultura de la vida, esto es vida, todo lo contrario a la cultura de la muerte; si alguien ve que alguna de estas cosas falta, díganle que no, que por ese camino no se va a ninguna parte, que por ese camino se fracasa siempre".

1 de septiembre de 2009, en el santuario de San Ramón Nonato a quien tradicionalmente las madres gestantes le agradecen el don de la vida y las mujeres le piden su intercesión para quedar embarazadas.

5. Sobre la ley de matrimonio homosexual en Argentina“No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una movida del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”.

8 de julio de 2010, en una carta dirigida a las religiosas carmelitas de Buenos Aires.

6. Sobre la explotación laboral"He dicho que los que lo que nos enseñaban en el colegio, que la Asamblea del año XIII abolió la esclavitud, son cuentos chinos. En Buenos Aires tan vanidosa, tan orgullosa, sigue habiendo esclavos, sigue habiendo esclavitud".

29 de marzo de 2011. Misa en el lugar donde funcionaba un taller clandestino en el que murieron seis personas calcinadas por un incendio en 2006.

7. Sobre el episcopado argentino"Descuidamos fácilmente el ministerio de la predicación y, para vergüenza nuestra, nos continuamos llamando obispos; nos place el prestigio que da este nombre, pero en cambio no poseemos la virtud que este nombre exige".

11 de noviembre de 2009. Ante el plenario de la conferencia episcopal argentina.

8. Sobre los peligros del laicismo"Al hacer como si Jesucristo no existiera, al relegarlo a la sacristía y no querer que se meta en la vida pública, negamos tantas cosas buenas que el cristianismo aportó a nuestra cultura, haciéndola más sabia y justa; a nuestras costumbres, haciéndolas más alegres y dignas".

8 de agosto de 2010, homilía en la celebración religiosa dedicada a San Cayetano en el barrio porteño de Liniers

9. Sobre la educación de los niños"Nunca podremos enseñarle a un chico el horizonte de grandeza de la patria (…) si usamos nuestra diligencia como escalón de nuestras ambiciones personales, para nuestro trepar cotidiano, para nuestros mezquinos intereses, para abultar la caja o para promover los amigos que nos sostienen".

15 de abril de 2010, en la homilía de la Misa por la Educación, oficiada en la Catedral frente a 5000 alumnos y docentes.

10. Sobre el peligro del "clericalismo""Los curas tendemos a clericalizar a los laicos. Y los laicos -no todos pero muchos- nos piden de rodillas que los clericalicemos porque es más cómodo ser monaguillo que protagonista de un camino laical. No tenemos que entrar en esa trampa, es una complicidad pecadora. (...) El laico es laico y tiene que vivir como laico con la fuerza del bautismo, (...) llevando su cruz cotidiana como la llevamos todos. Y la cruz del laico, no la del cura. La del cura que la lleve el cura que bastante hombro le dio Dios para eso".

Noviembre de 2011, en una entrevista hecha por la agencia argentina AICA.

Tres Papas. Es un error.


Ha circulado la foto como que el Cardenal del fondo es el actual Papa, no es así, es el Cardenal Gagnon. Menos mal que tengo buenos lectores que saben, gracias Misael.







Ha fallecido D. Félix Alvarez de la Vega.








Tuve la suerte de conocerle : delgadísimo, cuando soplaba el viento en Pamplona una vez le sujeté para que no volara. Inteligente, trabajador, discreto y con mucho sentido del humor. Sacerdote y catedrático, lleno de bondad. Descanse en Paz.






El profesor Félix Álvarez de la Vega, primer decano de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra y uno de los pioneros españoles en la investigación y el desarrollo de la Biofarmacia y Farmacocinética y la Farmacia Clínica, ha fallecido hoy a los 91 años de edad.




Nacido en Cebolla (Toledo) en 1921, era licenciado y doctor por la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. En 1950 obtuvo la cátedra de Farmacia Galénica en la Universidad de Santiago de Compostela y cuatro años después se incorporó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra como profesor de Química. Fue ordenado sacerdote en 1951.



En 1964, al crearse la Facultad de Farmacia -por entonces, la quinta de España en ponerse en marcha-, fue nombrado su primer decano. Entre las líneas de investigación impulsadas en el centro académico destacó su interés por las plantas medicinales, los componentes de la Urginea maritima Baker -como cardiotónicos, flavonoides- y la disponibilidad de formas farmacéuticas.



Asimismo, el Dr. Álvarez de la Vega -académico de la Real Academia de Farmacia desde 1975- dirigió el departamento de Farmacia Galénica de su Facultad durante 22 años y promovió la creación del Servicio de Farmacia de la Clínica Universidad de Navarra.



26 tesis doctorales y más de 100 artículos científicos

En su labor docente, el profesor Álvarez de la Vega dirigió 26 tesis doctorales, 45 tesis de licenciatura y participó en más de 100 artículos científicos para revistas como Österreichische Apotheker-Zeitung, Annales pharmaceutiques françaises y la revista Nature, donde fue uno de los primeros profesores de la Universidad en publicar un artículo en 1963.



Por otro lado, el iniciador de la docencia farmacéutica en Navarra fue colaborador de investigación del Chelsea College (Londres) y del School of Pharmacy (Londres), así como integrante de numerosos proyectos transnacionales.



La Universidad de Navarra reconoció su carrera con la Medalla de Oro en 1995. Al igual que el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos y el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Toledo -su tierra natal-, quienes le entregaron las medallas de Plata y Honor, respectivamente. En 2010 recibió un premio del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Navarra por su trayectoria profesional

La Iglesia confiesa a Cristo, no es una ONG.




Primera homilía del Papa Francisco.


El Papa Francisco presidió esta tarde la celebración de la Santa Misa por la Iglesia con los cardenales en la Capilla Sixtina.



En su homilía el Papa Francisco, comentando las lecturas de esta misa invitó a caminar siempre ante la presencia del Señor. Y dijo "Caminar siempre ante la presencia del Señor y a la luz del Señor, tratando de vivir con ese carácter irreprensible que Dios pide a Abraham en su promesa".



Y prosiguió: "Edificar. Edificar la Iglesia, Se habla de piedras: las piedras tienen consistencia; pero las piedras vivas, piedras ungidas por el Espíritu Santo. Edificar la Iglesia, la esposa de Cristo, sobre esa piedra angular que es el mismo Señor, y con otro movimiento de nuestra vida, edificar".



En tercer lugar el Papa dijo: "Nosotros podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar tantas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no funciona. Nos convertiríamos en una ONG piadosa, pero no en la Iglesia, esposa del Señor. Cuando no se camina, nos detenemos".



Y concluyó con este deseo: "Yo deseo a todos nosotros que el Espíritu Santo, y la oración de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo crucificado. Así sea".



Texto completo de la homilía del Papa Francisco



En estas tres Lecturas veo algo en común: el movimiento. En la Primera Lectura el movimiento es el camino; en la segunda Lectura, el movimiento está en la edificación de la Iglesia; en la tercera, en el Evangelio, el movimiento está en la confesión. Caminar, edificar, confesar.



Caminar. Casa de Jacob: "Vengan, caminemos en la luz del Señor". Esta es la primera cosa que Dios dijo a Abraham : "Camina en mi presencia y sé irreprensible". Caminar: nuestra vida es un camino. Cuando nos detenemos, la cosa no funciona. Caminar siempre, en presencia al Señor, a la luz del Señor, tratando de vivir con aquel carácter irreprensible que Dios pide a Abraham, en su promesa.



Edificar. Edificar la Iglesia, se habla de piedras: las piedras tienen consistencia; las piedras vivas, piedras ungidas por el Espíritu Santo. Edificar la Iglesia, la esposa de Cristo, sobre aquella piedra angular que el mismo Señor, y con otro movimiento de nuestra vida, edificar.



Tercero, confesar. Podemos caminar todo lo que queramos, podemos edificar tantas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no funciona. Nos convertiríamos en una ONG (Organización No Gubernamental) de piedad, pero no en la Iglesia, esposa del Señor. Cuando no caminamos, nos detenemos. Cuando no se construye sobre la piedra ¿qué cosa sucede? Pasa aquello que sucede a los niños en la playa cuando construyen castillos de arena, todo se desmorona, no tiene consistencia. Cuando no se confesa a Jesucristo, me viene la frase de León Bloy "Quien no reza al Señor, reza al diablo". Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio.



Caminar, edificar-construir, confesar. Pero la cosa no es así de fácil, porque en el caminar, en el construir, en el confesar a veces hay sacudidas, hay movimiento que no es justamente del camino: es movimiento que nos echa para atrás.



Este Evangelio continua con una situación especial. El mismo Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: "Tú eres Cristo, el Hijo del Dios vivo. Yo te sigo, pero no hablemos de Cruz. Esto no cuenta". "Te sigo con otras posibilidades, sin la Cruz". Cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y cuando confesamos un Cristo sin Cruz, no somos Discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor.



Quisiera que todos, luego de estos días de gracia, tengamos el coraje - precisamente el coraje - de caminar en presencia del Señor, con la Cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, que ha sido derramada sobre la Cruz; y de confesar la única gloria, Cristo Crucificado. Y así la Iglesia irá adelante.



Deseo que el Espíritu Santo, la oración de la Virgen, nuestra Madre, conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar Jesucristo. Así sea

jueves, marzo 14, 2013

Para conocer más al Papa Francisco.






Gentileza del old chap.

Entrevista al Card. Jorge M. Bergoglio año 2011




Pilar (Buenos Aires), 9 Nov. 11 (AICA)





Card. Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires



Aunque prefirió no hacer un balance de su gestión al frente de la CEA en los períodos 2005/2008 -2008/2011 —"que lo hagan otros, no yo"— y asumió con nostálgica alegría que lo que más añora de su infancia es "el chocolate con churros que hacía mi mamá", respondió de muy buen ánimo las preguntas del Equipo de Prensa y Comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).



¿Qué ha vivido como muy bueno en estos seis años?

Lo que viví desde que soy obispo: la unidad y la fraternidad que hay entre nosotros. Y eso lo vivo desde el año 92 que entré al episcopado.



¿Cambiaría algo de ese tiempo?

Siempre hay cosas que cambiar. Pensar en que podemos ser un poco más santos todos. Ante la santidad siempre hay que meterle, no hay que parar. Eso sí: estar más cerca de Jesús. Todos tenemos que hacer un esfuerzo para acercarnos a Jesús.



¿Se va con alguna deuda con esos seis años?

Sí, se me ocurren muchas cosas, con los curas, acá en la arquidiócesis [de Buenos Aires]. Pero hay que seguir caminando e ir haciéndolas de a poco. Ésta es una ciudad que de noche tiene 3 millones de habitantes y de día 8. Cuántas cosas hay que hacer ahí…



Como apasionado de la ciudad de Buenos Aires…

Es la más linda del mundo.



¿…quisiera comentar algo sobre la pastoral urbana?

Creo que el Congreso de Pastoral Urbana [se refiere al llevado a cabo hacia fines de agosto de este año a nivel región Buenos Aires] nos hizo mucho bien. Nos hizo caer en la cuenta de que lo monocultural no corre. Decían en el Congreso que hay 6 o 7 ciudades imaginarias en Buenos Aires. El gran esfuerzo no solamente es inculturarnos —que siempre hay que hacerlo— sino de comprender los lenguajes que van llegando que son totalmente distintos. Aparecida tiene unas consideraciones muy fuertes sobre la pastoral urbana.



¿Qué le gusta mucho de Buenos Aires?

Callejear. Cualquier rincón de Buenos Aires tiene algo que decirnos. Buenos Aires tiene lugares, barrios y pueblos. Lugano es algo más que un barrio: es un pueblo con una idiosincrasia que lo diferencia de un barrio común. Hay lugares, como grandes avenidas, que son sólo lugares; algunos barrios mantienen sierre su encanto.



¿Cómo ve a los laicos en la Argentina?

Sería generalizar, cosa que a mí no me gusta. Hay laicos que realmente viven en serio su fe, se juegan, que creen que Jesús está vivo y esperan en la resurrección pero mientras tanto no se rascan la guata [la panza], como dicen los chilenos, sino que trabajan esperando que venga el Señor y preparando el camino. Hay un problema, lo dije otras veces: la tentación de la clericalización. Los curas tendemos a clericalizar a los laicos. No nos damos cuenta pero es como contagiar lo nuestro. Y los laicos —no todos pero muchos— nos piden de rodillas que los clericalicemos porque es más cómodo ser monaguillo que protagonista de un camino laical. No tenemos que entrar en esa trampa, es una complicidad pecadora. Ni clericalizar ni pedir ser clericalizado. El laico es laico y tiene que vivir como laico con la fuerza del bautismo, lo cual lo habilita para ser fermento del amor de Dios en la misma sociedad, para crear y sembrar esperanza, para proclamar la fe, no desde un púlpito sino desde su vida cotidiana. Y llevando su cruz cotidiana como la llevamos todos. Y la cruz del laico, no la del cura. La del cura que la lleve el cura que bastante hombro le dio Dios para eso.



¿Cómo se lleva con la tecnología?

Celular no tengo. Computadora no sé manejar. De cuando estudiaba en Alemania (1986) tengo una Olivetti [máquina de escribir] que compré en una liquidación por 60 DM (marcos alemanes), y tiene memoria de un renglón nada más. Y con eso me arreglo para contestar las cartas. Generalmente escribo todo a mano, si tengo que dar una conferencia la escribo a mano y la canciller, que me conoce la letra, me las pasa. Esto no es un desprecio a la tecnología simplemente que no he tenido tiempo de abocarme a eso. Probablemente voy a hacer como el cardenal Aramburu que, cuando se jubiló, aprendió computación.



Iglesia y comunicación. ¿Qué opina del concepto del papa Benedicto XVI que habla de la "belleza tecnológica"?

Sí, las instituciones eclesiásticas siempre se han entendido más con la categoría "verdad" y no con la de "bondad" y la de "belleza". La comunicación supone las tres. Comunicarse supone decir una cosa que uno entiende que es verdad, decirla con bondad y con belleza. Las tres juntas. Las instituciones eclesiásticas todavía no desarrollaron sobre todo la dimensión de la belleza. Creo que hay que trabajar mucho en eso. La belleza en el mensaje, en la transmisión, la vida misma, la captación de las cosas, las cosas son verdaderas, buenas y bellas. Y si le falta algo le falta algo de las tres. Una verdad que no es buena termina siendo una bondad no verdadera. Van juntas. Lo mismo con la belleza. O sea, que la relación tiene que ir por esos carriles. Y tenemos que hacer un esfuerzo por que eso madure y progrese. [Recomienda la lectura del documento conciliar Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social.]



¿Cuál es su mirada sobre el CELAM?

Que ha crecido, va madurando. De algo meramente funcional, porque tenía que ser así cuando empezó, se ha transformado en algo inspirativo. La última Conferencia del Episcopado en Aparecida es levadura de inspiración más que bajada de línea funcional. Es un llamado a la creatividad, marca líneas de misionalidad, no termina con un documento como las anteriores conferencias sino que termina con una misión. Eso es muy importante.



¿Cómo se informa de las noticias del país y del mundo?

Por el diario papel a la mañana. No me lleva más de 20 minutos. Y no sé qué es, pero tengo una habilidad o capacidad de leer en diagonal, de pescar justo los puntos clave, desarrollarlos y entender qué hay detrás y, si no, preguntar. En general a la mañana ya estoy informado.



¿Qué lo decidió a ser sacerdote?

Fue una… [se golpea la nuca con el borde de su mano]. Fue un día de la primavera que iba de paseo, estaba en la Acción Católica de Flores, estudiaba y al pasar por ahí [Basílica de San José de Flores] entré y vi un cura que no conocía sentado en un confesionario. Dije: "Me voy a confesar. Hace tiempo que no me confieso". No sé lo que me pasó pero me volví a casa totalmente conmovido, distinto. Me había dado cuenta de que quería ser cura pero no lo quería decir. Después terminé los estudios de química y trabajé en un laboratorio.



¿Hay algún pasaje del Evangelio que le resuene más fuerte?

El Evangelio es una sorpresa continua. Suelo abrirlo al azar dos veces: a la mañana cuando me levanto y a media tarde, y cada vez me encuentro con una cosa que me toca. Las Bienaventuranzas me llegan hondo.



Hablemos de Aparecida. Sus luces, sus sombras.

La inspiración del Espíritu es la gran luz que hubo ahí. Sombras son las mil y una cositas que trababan y tuvimos que superar. Pero no me atrevería a decir que la mayor luz fue ésta. Creo que todo fue un complejo de luces y sombras y que ganó la luz. Es la primera conferencia general del episcopado que se hace en un santuario mariano que tiene capacidad para 35.000 personas. Todos los días concelebrábamos los 200 y pico de obispos con gente. Los días de semana había poquita gente: 200, 300 personas, poquitas… Sábado y domingo, 30.000. Y las sesiones se hacían debajo del santuario, en instalaciones que hay ahí para los peregrinos. De manera que nuestra música de fondo eran los cantos del santuario. La voz del pueblo de Dios. Ésa fue una de las grandes luces de Aparecida: el pueblo de Dios metido en la conferencia, en un santuario mariano, la casa de la Madre.



¿Quisiera dejar algún mensaje como Presidente saliente de la Conferencia Episcopal Argentina?

Hablé como un obispo cualunque. Como presidente, no. Me sentí siempre como los demás