viernes, marzo 20, 2026

Jesús.

 

Opinión

El libro de Benedicto XVI sobre Jesús

 

 

Daniel Tirapu


Benedicto XVI el día de su elección como Papa.

 

 

 

 

Benedicto XVI, nos regaló un libro sobre Jesús para sacarnos la leyenda del show. Cuántos invocan el nombre de Jesús para lo que les interesa. Jesús hombre y Dios, castísimo, amable, humano, 30 años de trabajo normal y oscuro. El sencillo, sin pecado, tomador de todas nuestras culpas para salvarnos y enseñarnos el camino.

El es el camino, la verdad y la vida. Para los que buscan, para los que encuentran pero dudan, para los que no le buscan se hace el encontradizo. Me conmueve un Jesús resucitado que les dice a los apóstoles "muchachos tenéis algo que comer" y les había preparado un besuguito a la brasa. Llora, sufre, escondido, señorial, "este no es como los otros profetas", come, se cansa, duerme, sonríe, con los niños, con los pecadores, con los ricos, con los pobres, con amigos, también romanos y cananeos.

Que busques a Cristo, que encuentres a Cristo, que ames a Cristo, decía Escrivá. El libro del Papa te dice quien es Jesús. No tengas miedo.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

viernes, marzo 13, 2026

Y, ¿donde está Dios?.

 

Opinión

Y, ¿dónde está Dios?

 

 

Daniel Tirapu


Atentado 11M en Madrid.
Foto: Europa Press.

 

 

 

 

Eso le preguntaron a una mujer americana, después de la tragedia de Virginia. Lo mismo nos preguntamos después del 11 M, el Tsunami, etc. La mujer contestó, hemos echado a Dios de la vida pública y privada. Nos dijeron que no se debía rezar en la escuela e hicimos caso. Nos dijeron que la religión era un asunto estrictamente privado.

Que había que bautizar a los niños cuando ellos lo pidieran. Que no podíamos prohibir casi nada a los niños, que en la escuela no se debía castigar ni dar una bofetada. Lo echamos de la Constitución europea, de las calles. Que no se confesaran de sus pequeños pecadillos, se traumarían , mejor el sicólogo. Incluso algunos echaron a Dios de las Iglesias quitando los sagrarios.

Dios es tan caballero y nos toma tan en serio que no le gusta estar donde no se le quiere. Dejamos de jurar, que es poner a Dios por testigo (Scarlett Ohara), y lo hicimos por nuestro honor. No hay culpa de nadie, la culpa es del sistema, de la sociedad, de las estructuras de poder. Nos dijeron que los chicos podían disfrutar lo que quisieran del sexo y si había embarazo inventamos la píldora del día después y el aborto sin consentimiento de los padres. Les dimos juegos violentos, el sexo no era para tanto, ellos distinguen, la música satánica está bien, ellos saben distinguir. El divorcio era necesario y ahora más fácil que darse de baja de una línea de ADSL.

Y ahora cuando truena, nos preguntamos y ¿dónde estás? Veo chicos drogados con 18 años que empezaron a los doce y dicen que han perdido su juventud. Si queremos a Dios en nuestras vidas hay que llamarle de nuevo. Pero tranquilos, Dios dice "aunque tu madre se olvidara de ti, yo no". En cualquier caso da que pensar.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

viernes, marzo 06, 2026

Sabiduría oriental.

 

Opinión

Sabiduría oriental

 

 

Daniel Tirapu


Bebé en el vientre materno.

 

 

 

 

Una indita muy pobre va a su médico de origen chino y le dice que está esperando un hijo y que no puede más, que quiere abortar. No se excusa en que ha sido violada, ni piensa que cometió un error, lo único que le mueve es no saber qué hacer con esa criatura.

El médico chino le propone que traiga a su hijo mayor, que come más, que gasta más, que ocupa más, para mediante un cóctel de pastillas dejar de sufrir y economizar. La indita se echa las manos a la cabeza y dice "eso no", no lo puedo hacer y con el que llevo dentro tampoco.

Esa criatura que vino al mundo por la sabiduría oriental es ahora sacerdote y es la mejor ayuda de su madre que lo cuida y de sus hermanos que viven dignamente. Eso es cultura de la vida. Así, sencillo. Los animales no abortan voluntariamente, ecología lo llaman.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

 

viernes, febrero 27, 2026

Creyentes.

 

Creyentes

 

 

Daniel Tirapu


Santa misa en el encuentro de los españoles
participantes en el Jubileo de los Jóvenes.
(@Vatican Media)

 

 

 

 

Está de moda hablar o dividir a las personas entre creyentes y no creyentes.

Evidentemente todos creen en algo, porque si no sería muy difícil vivir. Desde un punto de vista cristiano, ciertamente la Fe es un don, algo gratuito, pero a Jesús quien le busca le encuentra. Razones para creer hay muchas, para no también, pero no olvidemos que el acto de fe es libre. Es decir, al final creo porque me da la gana o no creo, porque no me da la gana. Dios no hace las cosas con coacción. Bien es verdad que tenemos todos una tendencia a hacernos una religión a la carta o a la medida. En que Dios es bueno creen todos, en el cielo también, en el infierno casi nadie.

La religión cristiana no es igual a las demás, no es una religión del hombre hacia Dios, sino de Dios a los hombres, porque se revela y se manifiesta. Me hace mucha gracia cuando te dicen, "que suerte tienes por creer", es verdad es una suerte pero el que cree también duda, sufre, se rebela, lo pasa mal. La religión no es sólo un consuelo, que lo es, sino un motor que da sentido a toda la existencia. Un diario alemán hizo una encuesta sobre quienes creían y salía como un 55 por ciento de creyentes.

Había después una pregunta trampa sobre quienes rezaban y salían un 90 por ciento de rezadores, un 35 por cierto de no creyentes declaraban rezar. Hay algo natural en la búsqueda de Dios, de algo permanente, estable, perfecto, que colme todos los anhelos de la inteligencia y del corazón. Si además ese Dios se hizo hombre, niño, trabajó, tuvo amigos, se durmió, tuvo hambre y angustias y tentaciones, lloró y murió por nosotros, para salvarnos y resucitar, ese Dios te comprende y te quiere más que todas las madres del mundo. Creer no es cuestión de matemáticas, sino de humildad. Lee el evangelio 3 minutos al día y cambiará tu vida. No soy mejor que tú, reza por mí.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

viernes, febrero 20, 2026

Historia de cuaresma-

 

Opinión

Historia de cuaresma

 

 

Daniel Tirapu


Cuaresma.

 

 

 

 

Aquel monje mayor que vivía en desierto salía a pedir en las horas de más calor. Su cuerpo enjuto aguantaba bien el calor, pero en ocasiones debía meterse una pequeña chinita en su boca para que no se le pegara la lengua. Al atardecer pasaba por una fuente cristalina y fresca y ofrecía a Dios el sacrificio de no beber hasta que llegaba al convento; como una respuesta de Dios salía un lucero que le llenaba de gozo.

Aquel día un monje recién llegado le acompañaba. El nuevo monje sudaba y sudaba y su cara se iluminó cuando vio la fuente. El viejo monje pensaba qué haría. Podía darle ejemplo, explicarle lo del lucero, pero no había tiempo para grandes reflexiones. El joven monje le miraba con ansiedad. El viejo se inclinó y bebió. El joven, gozoso, se bebía la fuente. Poco después el viejo monje alzó la mirada, esperando no ver el lucero, pero ante su sorpresa vio que habían salido dos.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

viernes, febrero 13, 2026

Salve.

 

Opinión

Salve

 

 

Daniel Tirapu


León XIV y la Virgen María.

 

 

 

 

Ciertamente hay que aprender a vivir, no podemos ser eternamente niños, hay que aceptarse y aceptar, buen humor, desdramatizar, ver el lado bueno, leer mucho libro de inteligencia emocional y de autoayuda, respirar bien, comer sano, dormir en un buen colchón, fomentar un diálogo positivo con los demás y con uno mismo.

Pero la vida es muy gozosa y muy cruel. Sí, hoy me quejo como Scarlet O'Hara, como todos los profetas, como David, como todas las Magdalenas del mundo, porque no se ve la solución, porque cuanto más te conoces peor te ves, porque los que quieres se van, porque si a partir de los cuarenta si no te duele algo es porque estás muerto, por la desigualdad, por los niños maltratados, por los que no nacen, por tanto dolor físico, moral, por tanto egoísmo, por todos los Auswitch de cada día.

Por eso recurro a la Salve y le digo a la Virgen, ea! abogada nuestra vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de ESTE VALLE DE LAGRIMAS, muéstranos a Jesús. Amén.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

 

viernes, febrero 06, 2026

Dudas.

 

Opinión

Dudas

 

 

Daniel Tirapu


Biblia.

 

 

 

 

Como profesor suelo decir a mis estudiantes: si alguien tiene alguna duda, que la pregunte... que yo se la ampliaré. Cuando eres más joven te parece que todo tiene una respuesta clara, contundente, exacta. Cuando pasa el tiempo, hay más dudas, más matices, más color gris.

Ojo esto no es una renuncia a la verdad, si hay una sociedad ligada a la verdad es la de los creyentes, es lo que podemos compartir, no las meras opiniones, no todas las respuestas son iguales. Solo sé que no sé casi nada.

Jesús dijo qué es la verdad, que la verdad nos hará libres. Pilatos dijo y ¿qué es la verdad?. La tenía físicamente delante. Muy ingenuamente, los agnósticos piensan que tenemos mucha suerte, como si el creyente no tuviese dudas, no sufriese, no dudara. Señor creo pero aumenta mi fe.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

sic.

 

6 de febrero de 2026
“La Misa es acción divina”
¿No es raro que muchos cristianos, pausados y hasta solemnes para la vida de relación (no tienen prisa), para sus poco activas actuaciones profesionales, para la mesa y para el descanso (tampoco tienen prisa), se sientan urgidos y urjan al Sacerdote, en su afán de recortar, de apresurar el tiempo dedicado al Sacrificio Santísimo del Altar? (Camino, 530)

Toda la Trinidad está presente en el sacrificio del Altar. Por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, el Hijo se ofrece en oblación redentora. Aprendamos a tratar a la Trinidad Beatísima, Dios Uno y Trino: tres Personas divinas en la unidad de su substancia, de su amor, de su acción eficazmente santificadora.

Inmediatamente después del lavabo, el sacerdote invoca: Recibe, Santa Trinidad, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la Pasión, de la Resurrección y de la Ascensión de Jesucristo, Señor Nuestro. Y, al final de la Misa, hay otra oración de encendido acatamiento al Dios Uno y Trino: Placeat tibi, Sancta Trinitas, obsequium servitutis meæ... que te sea agradable, oh Trinidad Santísima, el tributo de mi servidumbre; dispón que el sacrificio que yo, aunque indigno, he ofrecido a la Majestad tuya, merezca aceptación; y te pido que, por tu misericordia, sea éste un sacrificio de perdón para mí y para todos por los que lo he ofrecido.

La Misa —insisto— es acción divina, trinitaria, no humana. El sacerdote que celebra sirve al designio del Señor, prestando su cuerpo y su voz; pero no obra en nombre propio, sino in persona et in nomine Christi, en la Persona de Cristo, y en nombre de Cristo.

El amor de la Trinidad a los hombres hace que, de la presencia de Cristo en la Eucaristía, nazcan para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias. Este es el sacrificio que profetizó Malaquías: desde la salida del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio humeante y una oblación pura. Es el Sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre con la cooperación del Espíritu Santo: oblación de valor infinito, que eterniza en nosotros la Redención, que no podían alcanzar los sacrificios de la Antigua Ley.

(Es Cristo que pasa, 86)

jueves, febrero 05, 2026

sic.

 

5 de febrero de 2026
“Ven, Santificador Omnipotente”
¡Sé alma de Eucaristía! -Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado! (Forja, 835)

Hablaba de corriente trinitaria de amor por los hombres. Y ¿dónde advertirla mejor que en la Misa? La Trinidad entera actúa en el santo sacrificio del altar. Por eso me gusta tanto repetir en la colecta, en la secreta y en la postcomunión aquellas palabras finales: Por Jesucristo, Señor Nuestro, Hijo tuyo ‑nos dirigimos al Padre‑, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

En la Misa, la plegaria al Padre se hace constante. El sacerdote es un representante del Sacerdote eterno, Jesucristo, que al mismo tiempo es la Víctima. Y la acción del Espíritu Santo en la Misa no es menos inefable ni menos cierta. Por la virtud del Espíritu Santo, escribe San Juan Damasceno, se efectúa la conversión del pan en el Cuerpo de Cristo.

Esta acción del Espíritu Santo queda expresada claramente cuando el sacerdote invoca la bendición divina sobre la ofrenda: Ven, santificador omnipotente, eterno Dios, y bendice este sacrificio preparado a tu santo nombre, el holocausto que dará al Nombre santísimo de Dios la gloria que le es debida. La santificación, que imploramos, es atribuida al Paráclito, que el Padre y el Hijo nos envían. Reconocemos también esa presencia activa del Espíritu Santo en el sacrificio cuando decimos, poco antes de la comunión: Señor, Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, vivificaste el mundo con tu muerte... (Es Cristo que pasa, 85)

miércoles, febrero 04, 2026

sic.

4 de febrero de 2026
“Orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?”
Me has escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" -¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!" (Camino, 91)

Una oración al Dios de mi vida (Ps XLI, 9.). Si Dios es para nosotros vida, no debe extrañarnos que nuestra existencia de cristianos haya de estar entretejida en oración. Pero no penséis que la oración es un acto que se cumple y luego se abandona. El justo encuentra en la ley de Yavé su complacencia y a acomodarse a esa ley tiende, durante el día y durante la noche (Ps I, 2.). Por la mañana pienso en ti (Cfr. Ps LXII, 7.); y, por la tarde, se dirige hacia ti mi oración como el incienso (Cfr. Ps CXL, 2.). Toda la jornada puede ser tiempo de oración: de la noche a la mañana y de la mañana a la noche. Más aún: como nos recuerda la Escritura Santa, también el sueño debe ser oración (Cfr. Dt VI, 6 y 7.).

(...) La vida de oración ha de fundamentarse además en algunos ratos diarios, dedicados exclusivamente al trato con Dios; momentos de coloquio sin ruido de palabras, junto al Sagrario siempre que sea posible, para agradecer al Señor esa espera –¡tan solo!– desde hace veinte siglos. Oración mental es ese diálogo con Dios, de corazón a corazón, en el que interviene toda el alma: la inteligencia y la imaginación, la memoria y la voluntad. Una meditación que contribuye a dar valor sobrenatural a nuestra pobre vida humana, nuestra vida diaria corriente.

Gracias a esos ratos de meditación, a las oraciones vocales, a las jaculatorias, sabremos convertir nuestra jornada, con naturalidad y sin espectáculo, en una alabanza continua a Dios. Nos mantendremos en su presencia, como los enamorados dirigen continuamente su pensamiento a la persona que aman, y todas nuestras acciones –aun las más pequeñas– se llenarán de eficacia espiritual.

Por eso, cuando un cristiano se mete por este camino del trato ininterrumpido con el Señor –y es un camino para todos, no una senda para privilegiados–, la vida interior crece, segura y firme; y se afianza en el hombre esa lucha, amable y exigente a la vez, por realizar hasta el fondo la voluntad de Dios. (Es Cristo que pasa, 119)

 

martes, febrero 03, 2026

sic.

 

3 de febrero de 2026
“Dios no acepta las chapuzas”
Es difícil gritar al oído de cada uno con un trabajo silencioso, a través del buen cumplimiento de nuestras obligaciones de ciudadanos, para luego exigir nuestros derechos y ponerlos al servicio de la Iglesia y de la sociedad. Es difícil..., pero es muy eficaz. (Surco, 300)

Comenzar es de muchos; acabar, de pocos, y entre estos pocos hemos de estar los que procuramos comportarnos como hijos de Dios. No lo olvidéis: sólo las tareas terminadas con amor, bien acabadas, merecen aquel aplauso del Señor, que se lee en la Sagrada Escritura: mejor es el fin de la obra que su principio. (…)

Muchos cristianos han perdido el convencimiento de que la integridad de Vida, reclamada por el Señor a sus hijos, exige un auténtico cuidado en realizar sus propias tareas, que han de santificar, descendiendo hasta los pormenores más pequeños.

No podemos ofrecer al Señor algo que, dentro de las pobres limitaciones humanas, no sea perfecto, sin tacha, efectuado atentamente también en los mínimos detalles: Dios no acepta las chapuzas. No presentaréis nada defectuoso, nos amonesta la Escritura Santa, pues no sería digno de Él. Por eso, el trabajo de cada uno, esa labor que ocupa nuestras jornadas y energías, ha de ser una ofrenda digna para el Creador, operatio Dei, trabajo de Dios y para Dios: en una palabra, un quehacer cumplido, impecable.

Si os fijáis, entre las muchas alabanzas que dijeron de Jesús los que contemplaron su vida, hay una que en cierto modo comprende todas. Me refiero a aquella exclamación, cuajada de acentos de asombro y de entusiasmo, que espontáneamente repetía la multitud al presenciar atónita sus milagros: bene omnia fecit, todo lo ha hecho admirablemente bien: los grandes prodigios, y las cosas menudas, cotidianas, que a nadie deslumbraron, pero que Cristo realizó con la plenitud de quien es perfectus Deus, perfectus homo, perfecto Dios y hombre perfecto. (Amigos de Dios, 55-56)

lunes, febrero 02, 2026

sic.

 

2 de febrero de 2026
“¡Tú y yo sí que necesitamos purificación!”
«Cor Mariae perdolentis, miserere nobis!» –invoca al Corazón de Santa María, con ánimo y decisión de unirte a su dolor, en reparación por tus pecados y por los de los hombres de todos los tiempos. –Y pídele –para cada alma– que ese dolor suyo aumente en nosotros la aversión al pecado, y que sepamos amar, como expiación, las contrariedades físicas o morales de cada jornada. (Surco, 258)

Cumplido el tiempo de la purificación de la Madre, según la Ley de Moisés, es preciso ir con el Niño a Jerusalén para presentarle al Señor. (Luc., II, 22.)

Y esta vez serás tú, amigo mío, quien lleve la jaula de las tórtolas. –¿Te fijas? Ella –¡la Inmaculada!– se somete a la Ley como si estuviera inmunda.

¿Aprenderás con este ejemplo, niño tonto, a cumplir, a pesar de todos los sacrificios personales, la Santa Ley de Dios?

¡Purificarse! ¡Tú y yo sí que necesitamos purificación! –Expiar, y, por encima de la expiación, el Amor. –Un amor que sea cauterio, que abrase la roña de nuestra alma, y fuego, que encienda con llamas divinas la miseria de nuestro corazón.

Un hombre justo y temeroso de Dios, que movido por el Espíritu Santo ha venido al templo –le había sido revelado que no moriría antes de ver al Cristo–, toma en sus brazos al Mesías y le dice: Ahora, Señor, ahora sí que sacas en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa... porque mis ojos han visto al Salvador. (Santo Rosario, IV misterio gozoso).

viernes, enero 30, 2026

Superioridad.

 

Superioridad del cristianismo

 

 

Daniel Tirapu


Procesión en Astorga.

 

 

 

 

El otro día en un foro de juristas sobre laicidad y relaciones Iglesia-Estado, un catedrático muy pomposo manifestó que no estaba dispuesto a reconocer la superioridad moral del cristianismo, sobre otras opciones.

Sólo diré: los países de tradición cristiana son los únicos que han incorporado sistemas de control al poder, derechos humanos y democracia. Ni el Islam, ni el hinduismo, ni el zoroastrismo. Por otra parte una religión que predica el amor a los enemigos, el perdón, la aceptación de los débiles, pobres y desamparados, que predica no sólo el buen comportamiento externo sino la pureza y limpieza de corazón es superior, sin duda.

En cualquier caso negar no prueba, me gustaría escuchar las propuestas concretas de las morales cívicas, agnósticas o ateas hasta donde llegan. Cierto que somos pecadores y estamos lejos del ideal cristiano, pero no renunciamos a eso. La carga de la prueba es de ellos.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

sic.

 

30 de enero de 2026
“No pongas el corazón en nada caduco”
No pongas el corazón en nada caduco: imita a Cristo, que se hizo pobre por nosotros, y no tenía dónde reclinar su cabeza. –Pídele que te conceda, en medio del mundo, un efectivo desasimiento, sin atenuantes. (Forja, 523)

Somos nosotros hombres de la calle, cristianos corrientes, metidos en el torrente circulatorio de la sociedad, y el Señor nos quiere santos, apostólicos, precisamente en medio de nuestro trabajo profesional, es decir, santificándonos en esa tarea, santificando esa tarea y ayudando a que los demás se santifiquen con esa tarea. Convenceos de que en ese ambiente os espera Dios, con solicitud de Padre, de Amigo; y pensad que con vuestro quehacer profesional realizado con responsabilidad, además de sosteneros económicamente, prestáis un servicio directísimo al desarrollo de la sociedad, aliviáis también las cargas de los demás y mantenéis tantas obras asistenciales -a nivel local y universal- en pro de los individuos y de los pueblos menos favorecidos.

Al comportarnos con normalidad -como nuestros iguales- y con sentido sobrenatural, no hacemos más que seguir el ejemplo de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Fijaos en que toda su vida está llena de naturalidad. Pasa seis lustros oculto, sin llamar la atención, como un trabajador más, y le conocen en su aldea como el hijo del carpintero. A lo largo de su vida pública, tampoco se advierte nada que desentone, por raro o por excéntrico. Se rodeaba de amigos, como cualquiera de sus conciudadanos, y en su porte no se diferenciaba de ellos. Tanto, que Judas, para señalarlo, necesita concertar un signo: aquel a quien yo besare, ése es. No había en Jesús ningún indicio extravagante. A mí, me emociona esta norma de conducta de nuestro Maestro, que pasa como uno más entre los hombres. (Amigos de Dios, nn. 120-121)

jueves, enero 29, 2026

sic.

 

29 de enero de 2026
“Para servir, servir”
Tú también tienes una vocación profesional, que te "aguijonea". –Pues, ese "aguijón" es el anzuelo para pescar hombres. Rectifica, por tanto, la intención, y no dejes de adquirir todo el prestigio profesional posible, en servicio de Dios y de las almas. El Señor cuenta también con "esto". (Surco, 491)

Por eso, como lema para vuestro trabajo, os puedo indicar éste: para servir, servir. Porque, en primer lugar, para realizar las cosas, hay que saber terminarlas. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese deseo se traducirá en el empeño por poner los medios adecuados para dejar las cosas acabadas, con humana perfección.

Pero también ese servir humano, esa capacidad que podríamos llamar técnica, ese saber realizar el propio oficio, ha de estar informado por un rasgo que fue fundamental en el trabajo de San José y debería ser fundamental en todo cristiano: el espíritu de servicio, el deseo de trabajar para contribuir al bien de los demás hombres. El trabajo de José no fue una labor que mirase hacia la autoafirmación, aunque la dedicación a una vida operativa haya forjado en él una personalidad madura, bien dibujada. El Patriarca trabajaba con la conciencia de cumplir la voluntad de Dios, pensando en el bien de los suyos, Jesús y María, y teniendo presente el bien de todos los habitantes de la pequeña Nazaret. (Es Cristo que pasa, 50-51)

miércoles, enero 28, 2026

sic.

 

28 de enero de 2026
“Servir al Señor y a los hombres”
Cualquier actividad –sea o no humanamente muy importante– ha de convertirse para ti en un medio de servir al Señor y a los hombres: ahí está la verdadera dimensión de su importancia. (Forja, 684)

No me aparto de la verdad más rigurosa, si os digo que Jesús sigue buscando ahora posada en nuestro corazón. Hemos de pedirle perdón por nuestra ceguera personal, por nuestra ingratitud. Hemos de pedirle la gracia de no cerrarle nunca más la puerta de nuestras almas.

No nos oculta el Señor que esa obediencia rendida a la voluntad de Dios exige renuncia y entrega, porque el Amor no pide derechos: quiere servir. Él ha recorrido primero el camino. Jesús, ¿cómo obedeciste tú? Usque ad mortem, mortem autem crucis, hasta la muerte y muerte de la cruz. Hay que salir de uno mismo, complicarse la vida, perderla por amor de Dios y de las almas. He aquí que tú querías vivir, y no querías que nada te sucediera; pero Dios quiso otra cosa. Existen dos voluntades: tu voluntad debe ser corregida, para identificarse con la voluntad de Dios; y no la de Dios torcida, para acomodarse a la tuya.

Yo he visto con gozo a muchas almas que se han jugado la vida ‑como tú, Señor, usque ad mortem‑, al cumplir lo que la voluntad de Dios les pedía: han dedicado sus afanes y su trabajo profesional al servicio de la Iglesia, por el bien de todos los hombres.

Aprendamos a obedecer, aprendamos a servir: no hay mejor señorío que querer entregarse voluntariamente a ser útil a los demás. Cuando sentimos el orgullo que barbota dentro de nosotros, la soberbia que nos hace pensar que somos superhombres, es el momento de decir que no, de decir que nuestro único triunfo ha de ser el de la humildad. Así nos identificaremos con Cristo en la Cruz, no molestos o inquietos o con mala gracia, sino alegres: porque esa alegría, en el olvido de sí mismo, es la mejor prueba de amor. (Es Cristo que pasa, 19)

martes, enero 27, 2026

sic.

 

27 de enero de 2026
“Acude perseverantemente ante el Sagrario”
Acude perseverantemente ante el Sagrario, de modo físico o con el corazón, para sentirte seguro, para sentirte sereno: pero también para sentirte amado..., ¡y para amar! (Forja, 837)

Copio unas palabras de un sacerdote, dirigidas a quienes le seguían en su empresa apostólica: "cuando contempléis la Sagrada Hostia expuesta en la custodia sobre el altar, mirad qué amor, qué ternura la de Cristo. Yo me lo explico, por el amor que os tengo; si pudiera estar lejos trabajando, y a la vez junto a cada uno de vosotros, ¡con qué gusto lo haría!

Cristo, en cambio, ¡sí puede! Y Él, que nos ama con un amor infinitamente superior al que puedan albergar todos los corazones de la tierra, se ha quedado para que podamos unirnos siempre a su Humanidad Santísima, y para ayudarnos, para consolarnos, para fortalecernos, para que seamos fieles". (Forja, 838)

Las manifestaciones externas de amor deben nacer del corazón, y prolongarse con testimonio de conducta cristiana. Si hemos sido renovados con la recepción del Cuerpo del Señor, hemos de manifestarlo con obras. Que nuestros pensamientos sean sinceros: de paz, de entrega, de servicio. Que nuestras palabras sean verdaderas, claras, oportunas; que sepan consolar y ayudar, que sepan, sobre todo, llevar a otros la luz de Dios. Que nuestras acciones sean coherentes, eficaces, acertadas: que tengan ese bonus odor Christi, el buen olor de Cristo, porque recuerden su modo de comportarse y de vivir. (Es Cristo que pasa, 156)

viernes, enero 23, 2026

Angeles.

 

Ángeles

 

 

Daniel Tirapu


Santos Arcángeles: San Rafael, San Gabriel y San Miguel.

 

 

 

 

Seres espirituales, sin materia, creados por Dios para darle gloria y para ayudar a los hombres y las mujeres. Millones, miríadas, adorando a Dios en todos los sagrarios. Conviene pedirle favores espirituales y también materiales. Creo que cualquiera de nosotros ha tenido alguna experiencia especial en este sentido.

Rezar al ángel para encontrar aparcamiento (ojo, no siempre funciona). Yo me acuerdo de un episodio muy concreto: estábamos cuatro con 18 años en Londres, debíamos tomar un tren y luego el avión. No teníamos mucha idea de por dónde ir, ni dinero para taxi. Un ford cortina conducido por un paquistaní se paró, le faltaban tres dedos y nos habló en español. Montamos en el coche y nos dejó en la estación tres minutos antes de tomar el tren. No nos llamó la atención, pero aquello no tenía mucha explicación. ¿Por qué paró, en español?. Podíamos haber sido secuestrados.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

 

sic.

 

23 de enero de 2026
“Consummati in unum”
A quienes aspiran a la unidad, hemos de colocarles frente a Cristo que ruega para que estemos consummati in unum, consumados en la unidad. El hambre de justicia debe conducirnos a la fuente originaria de la concordia entre los hombres: el ser y saberse hijos del Padre, hermanos. (Es Cristo que pasa, 157)

¡Triste ecumenismo el que está en boca de católicos que maltratan a otros católicos! (Surco, 643)

Una vez comenté al Santo Padre Juan XXIII, movido por el encanto afable y paterno de su trato: "Padre Santo, en nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad". Él se rió emocionado, porque sabía que, ya desde 1950, la Santa Sede había autorizado al Opus Dei a recibir como asociados Cooperadores a los no católicos y aun a los no cristianos.

Son muchos, efectivamente –y no faltan entre ellos pastores y aun obispos de sus respectivas confesiones–, los hermanos separados que se sienten atraídos por el espíritu del Opus Dei y colaboran en nuestros apostolados. Y son cada vez más frecuentes –a medida que los contactos se intensifican– las manifestaciones de simpatía y de cordial entendimiento a que da lugar el hecho de que los socios del Opus Dei centren su espiritualidad en el sencillo propósito de vivir responsablemente los compromisos y exigencias bautismales del cristiano. El deseo de buscar la perfección cristiana y de hacer apostolado, procurando la santificación del propio trabajo profesional; el vivir inmersos en las realidades seculares, respetando su propia autonomía, pero tratándolas con espíritu y amor de almas contemplativas; la primacía que en la organización de nuestras labores concedemos a la persona, a la acción del Espíritu en las almas, al respeto de la dignidad y de la libertad que provienen de la filiación divina del cristiano. (Conversaciones, 22)

jueves, enero 22, 2026

sic.

 

22 de enero de 2026
“Estad alegres, siempre alegres”
El dolor entra en los planes de Dios. Es la realidad, aunque nos cueste entenderla. Nadie es feliz, en la tierra, hasta que se decide a no serlo. Así discurre el camino: dolor, ¡en cristiano!, Cruz; Voluntad de Dios, Amor; felicidad aquí y, después, eternamente. (Surco, 52)

«Servite Domino in laetitia!» –¡Serviré a Dios con alegría! Una alegría que será consecuencia de mi Fe, de mi Esperanza y de mi Amor..., que ha de durar siempre, porque, como nos asegura el Apóstol, «Dominus prope est!»... –el Señor me sigue de cerca. Caminaré con Él, por tanto, bien seguro, ya que el Señor es mi Padre..., y con su ayuda cumpliré su amable Voluntad, aunque me cueste. (Surco, 53)

Un consejo, que os he repetido machaconamente: estad alegres, siempre alegres. –Que estén tristes los que no se consideren hijos de Dios. (Surco, 54)

miércoles, enero 21, 2026

sic.

 

21 de enero de 2026
“¿Estás triste, hijo mío?”
Nunca te desanimes si eres apóstol. -No hay contradicción que no puedas superar. -¿Por qué estás triste? (Camino, 660)

La verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente alegre. (Camino, 657)

Si salen las cosas bien, alegrémonos, bendiciendo a Dios que pone el incremento. -¿Salen mal? -Alegrémonos, bendiciendo a Dios que nos hace participar de su dulce Cruz. (Camino, 658)

Para poner remedio a tu tristeza me pides un consejo. -Voy a darte una receta que viene de buena mano: del apóstol Santiago. -"Tristatur aliquis vestrum?" -¿Estás triste, hijo mío? -"Oret!" -¡Haz oración! -Prueba a ver. (Camino, 663)

No estés triste. -Ten una visión más... "nuestra" -más cristiana- de las cosas. (Camino, 664) "Laetetur cor quaerentium Dominum" -Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.

-Luz, para que investigues en los motivos de tu tristeza. (Camino, 666)

martes, enero 20, 2026

sic.

 

20 de enero de 2026
“No te cause pena ser nada”
No te duela que vean tus faltas; la ofensa de Dios y la desedificación que puedas ocasionar, eso te ha de doler. –Por lo demás, que sepan cómo eres y te desprecien. –No te cause pena ser nada, porque así Jesús tiene que ponerlo todo en ti. (Camino, 596)

A Dios, escribe el Evangelista San Juan, nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, existente en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer, compareciendo ante la mirada atónita de los hombres: primero, como un recién nacido, en Belén; después, como un niño igual a los otros; más adelante, en el Templo, como un adolescente juicioso y despierto; y, al fin, con aquella figura amable y atractiva del Maestro, que removía los corazones de las muchedumbres que le acompañaban entusiasmadas.

Bastan unos rasgos del Amor de Dios que se encarna, y su generosidad nos toca el alma, nos enciende, nos empuja con suavidad a un dolor contrito por nuestro comportamiento, mezquino y egoísta en tantas ocasiones. Jesucristo no tiene inconveniente en rebajarse, para elevarnos de la miseria a la dignidad de hijos de Dios, de hermanos suyos. Tú y yo, por el contrario, con frecuencia nos enorgullecemos neciamente de los dones y talentos recibidos, hasta convertirlos en pedestal para imponernos a los demás, como si el mérito de unas acciones, acabadas con una perfección relativa, dependiera exclusivamente de nosotros: ¿qué posees tú que no hayas alcanzado de Dios? Y si lo que tienes, lo has recibido, ¿de qué te glorías como si no lo hubieses recibido?

Al considerar la entrega de Dios y su anonadamiento -hablo para que lo meditemos, pensando cada uno en sí mismo-, la vanagloria, la presunción del soberbio se revela como un pecado horrendo, precisamente porque coloca a la persona en el extremo opuesto al modelo que Jesucristo nos ha señalado con su conducta. Pensadlo despacio: Él se humilló, siendo Dios. El hombre, engreído por su propio yo, pretende enaltecerse a toda costa, sin reconocer que está hecho de mal barro de botijo. (Amigos de Dios, nn. 111-112)

viernes, enero 16, 2026

Alma e incredulidad.

 

Alma e incredulidad

 

 

Daniel Tirapu


Enfermo.

 

 

 

 

Un famoso médico en el siglo XIX dijo que había hecho más de mil autopsias y que nunca había visto el alma. Estamos en una época de certeza científica, sólo se cree en aquello que se puede demostrar o comprobar empíricamente. Pero no es verdad, vivimos de certezas morales, de fe humana.

Cómo sabes "científicamente" que tu madre te quiere, o que tu marido no te va a fallar, que ella te quiere. Te fías, te comprometes, dices sí ahora aunque no sepas lo que viene después. ¿Qué es un coche? un conjunto de piezas que conforman el coche?, sí, pero más bien es al revés, primero es la idea, el alma, del coche y luego el conjunto de piezas que lo conforman.

Primacía del espíritu sobre lo material. Dicen que otra prueba del alma humana es el dedo gordo de nuestras manos, que ningún animal lo tiene así. Otra idea que te puede ayudar, el ser humano es el único que aunque esté muerto de sed o de hambre si no quiere no bebe o come (ningún animal puede superar ese instinto), libremente. Pues eso, que cuidemos el alma.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

jueves, enero 15, 2026

sic.

 

15 de enero de 2026
“La corrección fraterna”
La práctica de la corrección fraterna –que tiene entraña evangélica– es una prueba de sobrenatural cariño y de confianza. Agradécela cuando la recibas, y no dejes de practicarla con quienes convives. (Forja, 566)

Sed prudentes y obrad siempre con sencillez, virtud tan propia del buen hijo de Dios. Mostraos naturales en vuestro lenguaje y en vuestra actuación. Llegad al fondo de los problemas; no os quedéis en la superficie. Mirad que hay que contar por anticipado con el disgusto ajeno y con el propio, si deseamos de veras cumplir santamente y con hombría de bien nuestras obligaciones de cristianos.

No os oculto que, cuando he de corregir o de adoptar una decisión que causará pena, padezco antes, mientras y después: y no soy un sentimental. Me consuela pensar que sólo las bestias no lloran: lloramos los hombres, los hijos de Dios. Entiendo que en determinados momentos también vosotros tendréis que pasarlo mal, si os esforzáis en llevar a cabo fielmente vuestro deber. No me olvidéis que resulta más cómodo -pero es un descamino- evitar a toda costa el sufrimiento, con la excusa de no disgustar al prójimo: frecuentemente, en esa inhibición se esconde una vergonzosa huida del propio dolor, ya que de ordinario no es agradable hacer una advertencia seria. Hijos míos, acordaos de que el infierno está lleno de bocas cerradas.

(…) Para curar una herida, primero se limpia bien, también alrededor, desde bastante distancia. De sobra sabe el cirujano que duele; pero, si omite esa operación, más dolerá después. Además, se pone enseguida el desinfectante: escuece -pica, decimos en mi tierra-, mortifica, y no cabe otro remedio que usarlo, para que la llaga no se infecte.

Si para la salud corporal es obvio que se han de adoptar estas medidas, aunque se trate de escoriaciones de poca categoría, en las cosas grandes de la salud del alma -en los puntos neurálgicos de la vida de un hombre-, ¡fijaos si habrá que lavar, si habrá que sajar, si habrá que pulir, si habrá que desinfectar, si habrá que sufrir! La prudencia nos exige intervenir de este modo y no rehuir el deber, porque soslayarlo demostraría una falta de consideración, e incluso un atentado grave contra la justicia y contra la fortaleza. (Amigos de Dios, nn. 160-161)

miércoles, enero 14, 2026

sic.

 

14 de enero de 2026
“No deis nunca paso al miedo o a la rutina”
Pasas por una etapa crítica: un cierto temor vago; dificultad en adaptar el plan de vida; un trabajo agobiador, porque no te alcanzan las veinticuatro horas del día, para cumplir con todas tus obligaciones... ¿Has probado a seguir el consejo del Apóstol: “hágase todo con decoro y con orden”?, es decir, en la presencia de Dios, con Él, por Él y sólo para Él. (Surco 512)

¿Y cómo conseguiré -parece que me preguntas- actuar siempre con ese espíritu, que me lleve a concluir con perfección mi labor profesional? La respuesta no es mía, viene de San Pablo: trabajad varonilmente y alentaos más y más: todas vuestras cosas háganse con caridad. Hacedlo todo por Amor y libremente; no deis nunca paso al miedo o a la rutina: servid a Nuestro Padre Dios.

Me gusta mucho repetir -porque lo tengo bien experimentado- aquellos versos de escaso arte, pero muy gráficos: mi vida es toda de amor / y, si en amor estoy ducho, / es por fuerza del dolor, / que no hay amante mejor / que aquel que ha sufrido mucho. Ocúpate de tus deberes profesionales por Amor: lleva a cabo todo por Amor, insisto, y comprobarás -precisamente porque amas, aunque saborees la amargura de la incomprensión, de la injusticia, del desagradecimiento y aun del mismo fracaso humano- las maravillas que produce tu trabajo. ¡Frutos sabrosos, semilla de eternidad!

Sucede, sin embargo, que algunos -son buenos, bondadosos- aseguran de palabra que aspiran a difundir el ideal hermoso de nuestra fe, pero en la práctica se contentan con una conducta profesional ligera, descuidada: parecen cabezas de chorlito. Si tropezamos con estos cristianos de boquilla, hemos de ayudarles con cariño y con claridad; y recurrir, cuando fuere necesario, a ese remedio evangélico de la corrección fraterna: si alguno, como hombre que es, cayere desgraciadamente en alguna falta, al tal instruidle con espíritu de mansedumbre, estando atento con uno mismo, para no caer en la misma tentación. Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo. (Amigos de Dios, nn. 68-69)

martes, enero 13, 2026

sic.

 

13 de enero de 2026
“Que os sepáis perdonar”
¡Con cuánta insistencia el Apóstol San Juan predicaba el “mandatum novum”! –“¡Que os améis los unos a los otros!” –Me pondría de rodillas, sin hacer comedia –me lo grita el corazón–, para pediros por amor de Dios que os queráis, que os ayudéis, que os deis la mano, que os sepáis perdonar. –Por lo tanto, a rechazar la soberbia, a ser compasivos, a tener caridad; a prestaros mutuamente el auxilio de la oración y de la amistad sincera. (Forja, 454)

Jesucristo, Señor Nuestro, se encarnó y tomó nuestra naturaleza, para mostrarse a la humanidad como el modelo de todas las virtudes. Aprended de mí, invita, que soy manso y humilde de corazón.

Más tarde, cuando explica a los Apóstoles la señal por la que les reconocerán como cristianos, no dice: porque sois humildes. Él es la pureza más sublime, el Cordero inmaculado. Nada podía manchar su santidad perfecta, sin mancilla. Pero tampoco indica: se darán cuenta de que están ante mis discípulos porque sois castos y limpios.

Pasó por este mundo con el más completo desprendimiento de los bienes de la tierra. Siendo Creador y Señor de todo el universo, le faltaba incluso el lugar donde reclinar la cabeza. Sin embargo, no comenta: sabrán que sois de los míos, porque no os habéis apegado a las riquezas. Permanece cuarenta días con sus noches en el desierto, en ayuno riguroso, antes de dedicarse a la predicación del Evangelio. Y, del mismo modo, no asegura a los suyos: comprenderán que servís a Dios, porque no sois comilones ni bebedores.

La característica que distinguirá a los apóstoles, a los cristianos auténticos de todos los tiempos, la hemos oído: en esto -precisamente en esto- conocerán todos que sois mis discípulos, en que os tenéis amor unos a otros(Amigos de Dios, 224)

lunes, enero 12, 2026

sic.

 

12 de enero de 2026
“Nunca querrás bastante”
Por mucho que ames, nunca querrás bastante. El corazón humano tiene un coeficiente de dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que supera todas las barreras. Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón. (Via Crucis, 8ª Estación, n. 5)

Fijaos ahora en el Maestro reunido con sus discípulos, en la intimidad del Cenáculo. Al acercarse el momento de su Pasión, el Corazón de Cristo, rodeado por los que Él ama, estalla en llamaradas inefables: un nuevo mandamiento os doy, les confía: que os améis unos a otros, como yo os he amado a vosotros, y que del modo que yo os he amado así también os améis recíprocamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros (Ioh XIII, 34–35.) (...).

Señor, ¿por qué llamas nuevo a este mandamiento? Como acabamos de escuchar, el amor al prójimo estaba prescrito en el Antiguo Testamento, y recordaréis también que Jesús, apenas comienza su vida pública, amplía esa exigencia, con divina generosidad: habéis oído que fue dicho: amarás a tu prójimo y tendrás odio a tu enemigo. Yo os pido más: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian.

Señor, permítenos insistir: ¿por qué continúas llamando nuevo a este precepto? Aquella noche, pocas horas antes de inmolarte en la Cruz, durante esa conversación entrañable con los que -a pesar de sus personales flaquezas y miserias, como las nuestras- te han acompañado hasta Jerusalén, Tú nos revelaste la medida insospechada de la caridad: como yo os he amado. ¡Cómo no habían de entenderte los Apóstoles, si habían sido testigos de tu amor insondable!

Si profesamos esa misma fe, si de verdad ambicionamos pisar en las nítidas huellas que han dejado en la tierra las pisadas de Cristo, no hemos de conformarnos con evitar a los demás los males que no deseamos para nosotros mismos. Esto es mucho, pero es muy poco, cuando comprendemos que la medida de nuestro amor viene definida por el comportamiento de Jesús. Además, Él no nos propone esa norma de conducta como una meta lejana, como la coronación de toda una vida de lucha. Es -debe ser, insisto, para que lo traduzcas en propósitos concretos- el punto de partida, porque Nuestro Señor lo antepone como signo previo: en esto conocerán que sois mis discípulos(Amigos de Dios, nn. 222-223)

viernes, enero 09, 2026

Oración.

 

Opinión

Oración

 

 

Daniel Tirapu


Oración delante del Sagrario.

 

 

 

 

Jesús habló con mucha gente: su Madre, los apóstoles, con multitudes, con judíos, no judíos, con militares, con ladrones, con bebedores, con niños, con mujeres, con Pilatos, con endemoniados. El mismo nos dio ejemplo, pasaba mucho tiempo en oración, noches enteras. Un cristiano debe orar por imitar a Jesús. Nos dijo que donde hubiera dos o más en su nombre, ahí estaría, nos dejó su cuerpo como alimento y en el sagrario para hacerle compañía.

La oración puede ser mental, sin palabras, ni discursos, de mente a mente, de corazón a corazón o vocal, oraciones de la Iglesia especialmente el Padre nuestro, en ambas hay que procurar poner la cabeza en lo que decimos. Es apasionante, Jesús hombre como tú conoce tu corazón, tus cabellos, tus dificultades, tus problemas y circunstancias mejor que tú mismo. Pero te ofrece siempre la posibilidad de que le cuentes, como a un amigo que no falla, lo que preocupa, el sentido de las cosas, tus debilidades, lo que no entiendes, lo que te gusta, lo que no, la muerte, la vida, lo que no puedes y notarás su consuelo, su ánimo, su alegría, su respuesta, porque es Dios.

Podemos hablar con Dios, de tú a tú. Pedirle, adorarle, quejarte, contarle un chiste. Maria guardaba en su corazón los sucesos de su vida con Jesús, que a veces no entendía, guarda en tu corazón y saca un poco de tiempo para hablar con El. Puede que a veces, Dios no es una máquina de cocacola que si le hecho un euro sale, no entiendas, no te sientas escuchado, pero te habla siempre a través de los sucesos, de luces, del ejemplo de los demás. Escrivá decía en CAMINO, que no sabes orar, díselo así y ya estás hablando con El. Rezo por todos los que me leéis y os pido que lo hagáis por mí. Orad los unos por los otros nos aconseja San Pablo.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

sic.

 

9 de enero de 2026
“Bendita perseverancia la del borrico”
Si no es para construir una obra muy grande, muy de Dios –la santidad–, no vale la pena entregarse. Por eso, la Iglesia –al canonizar a los santos– proclama la heroicidad de su vida. (Surco, 611)

Si la vida no tuviera por fin dar gloria a Dios, sería despreciable, más aún: aborrecible. (Camino, 783)

Bendita perseverancia la del borrico de noria! -Siempre al mismo paso. Siempre las mismas vueltas. -Un día y otro: todos iguales.

Sin eso, no habría madurez en los frutos, ni lozanía en el huerto, ni tendría aromas el jardín.

Lleva este pensamiento a tu vida interior. (Camino, 998)

¿Que cuál es el secreto de la perseverancia?

El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás. (Camino, 999)

La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. –Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor. (Surco, 2)

¿Que cuál es el fundamento de nuestra fidelidad?

–Te diría, a grandes rasgos, que se basa en el amor de Dios, que hace vencer todos los obstáculos: el egoísmo, la soberbia, el cansancio, la impaciencia...

–Un hombre que ama se pisotea a sí mismo; le consta que, aun amando con toda su alma, todavía no sabe amar bastante. (Forja, 532)

jueves, enero 08, 2026

sic.

 

8 de enero de 2026
“Cristo también vive ahora”
¡Vive junto a Cristo!: debes ser, en el Evangelio, un personaje más, conviviendo con Pedro, con Juan, con Andrés..., porque Cristo también vive ahora: "Iesus Christus, heri et hodie, ipse et in saecula!" –¡Jesucristo vive!, hoy como ayer: es el mismo, por los siglos de los siglos. (Forja, 8)

Es ese amor de Cristo el que cada uno de nosotros debe esforzarse por realizar, en la propia vida. Pero para ser ipse Christus hay que mirarse en Él. No basta con tener una idea general del espíritu de Jesús, sino que hay que aprender de Él detalles y actitudes. Y, sobre todo, hay que contemplar su paso por la tierra, sus huellas, para sacar de ahí fuerza, luz, serenidad, paz.

Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección. En los primeros años de mi labor sacerdotal, solía regalar ejemplares del Evangelio o libros donde se narraba la vida de Jesús. Porque hace falta que la conozcamos bien, que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ningún libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una película; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Señor.

Así nos sentiremos metidos en su vida. Porque no se trata sólo de pensar en Jesús, de representarnos aquellas escenas. Hemos de meternos de lleno en ellas, ser actores. (Es Cristo que pasa, 107)

miércoles, enero 07, 2026

sic.

 

7 de enero de 2026
“La riqueza de la fe”
No seas pesimista. -¿No sabes que todo cuanto sucede o puede suceder es para bien? -Tu optimismo será necesaria consecuencia de tu Fe. (Camino, 378)

En medio de las limitaciones inseparables de nuestra situación presente, porque el pecado habita todavía de algún modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiación divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegría se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza.

Es en esa hora, además y al mismo tiempo, cuando es capaz de admirar todas las bellezas y maravillas de la tierra, de apreciar toda la riqueza y toda la bondad, de amar con toda la entereza y toda la pureza para las que está hecho el corazón humano. Cuando el dolor ante el pecado no degenera nunca en un gesto amargo, desesperado o altanero, porque la compunción y el conocimiento de la humana flaqueza le encaminan a identificarse de nuevo con las ansias redentoras de Cristo, y a sentir más hondamente la solidaridad con todos los hombres.

Cuando, en fin, el cristiano experimenta en sí con seguridad la fuerza del Espíritu Santo, de manera que las propias caídas no le abaten: porque son una invitación a recomenzar, y a continuar siendo testigo fiel de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, a pesar de las miserias personales, que en estos casos suelen ser faltas leves, que enturbian apenas el alma; y, aunque fuesen graves, acudiendo al Sacramento de la Penitencia con compunción, se vuelve a la paz de Dios y a ser de nuevo un buen testigo de sus misericordias.

Tal es, en un resumen breve, que apenas consigue traducir en pobres palabras humanas, la riqueza de la fe, la vida del cristiano, si se deja guiar por el Espíritu Santo. (Es Cristo que pasa, 138)

martes, enero 06, 2026

sic.

 

6 de enero de 2026
“¿Dónde está el nacido rey?”
La humildad es otro buen camino para llegar a la paz interior. -"Él" lo ha dicho: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón... y encontraréis paz para vuestras almas". (Camino, 607)

¿Dónde está el nacido rey de los judíos? Yo también, urgido por esa pregunta, contemplo ahora a Jesús, reclinado en un pesebre, en un lugar que es sitio adecuado sólo para las bestias. ¿Dónde está, Señor, tu realeza: la diadema, la espada, el cetro? Le pertenecen, y no los quiere; reina envuelto en pañales. Es un Rey inerme, que se nos muestra indefenso: es un niño pequeño. ¿Cómo no recordar aquellas palabras del Apóstol: se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo?

Nuestro Señor se encarnó para manifestarnos la voluntad del Padre. Y he aquí que, ya en la cuna, nos instruye. Jesucristo nos busca ‑con una vocación, que es vocación a la santidad‑ para consumar, con Él, la Redención. Considerad su primera enseñanza: hemos de corredimir no persiguiendo el triunfo sobre nuestros prójimos, sino sobre nosotros mismos. Como Cristo, necesitamos anonadarnos, sentirnos servidores de los demás, para llevarlos a Dios.

¿Dónde está el Rey? ¿No será que Jesús desea reinar, antes que nada en el corazón, en tu corazón? Por eso se hace Niño, porque ¿quién no ama a una criatura pequeña? ¿Dónde está el Rey? ¿Dónde está el Cristo, que el Espíritu Santo procura formar en nuestra alma? No puede estar en la soberbia que nos separa de Dios, no puede estar en la falta de caridad que nos aísla. Ahí no puede estar Cristo; ahí el hombre se queda solo.

A los pies de Jesús Niño, en el día de la Epifanía, ante un Rey sin señales exteriores de realeza, podéis decirle: Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo. (Es Cristo que pasa, 31)