miércoles, febrero 13, 2019

Mujeres en el Opus Dei y del Opus Dei.








Extracto del capítulo "La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia", escrito por Fernando Ocáriz e incluido en el libro "El Opus Dei en la Iglesia", editado por Rialp.

Que la vocación al Opus Dei sea la misma para las mujeres que para los hombres es evidente, a la luz de las ya consideradas características peculiares de esta vocación. También son idénticas las tres modalidades generales en que la vocación peculiar es personalizada: en efecto, todo lo señalado antes sobre la diversificación entre Numerarios, Agregados y Supernumerarios se refiere igualmente a las Numerarias, Agregadas y Supernumerarias. Es por eso igualmente idéntica la amplitud de acción apostólica; al Opus Dei pueden pertenecer, en efecto, y pertenecen de hecho, mujeres, solteras o casadas, de las más variadas condiciones sociales y de las más variadas profesiones: profesoras de universidad, campesinas, obreras, farmacéuticas, médicos, ingenieros, etc., llamadas cada una de ellas a santificar su propio estado y profesión.
Dicho esto, el presente apartado sobre la distinción entre mujeres y hombres en el contexto de la unidad de vocación y diversidad de miembros en el Opus Dei podría terminar aquí. Sin embargo, es interesante añadir algunas reflexiones más, que prolonguen en algún aspecto lo ya dicho en el capítulo 1 al hablar del Opus Dei como familia. Porque la presencia de la mujer en el Opus Dei no sólo comporta el hecho obvio de que la espiritualidad y la misión de la Prelatura alcanza no sólo a hombres, sino, con idénticas intensidad y extensión, también a mujeres; sino que constituye además un presupuesto necesario para que en el Opus Dei exista de hecho un espíritu de familia ‑de familia de vínculos sobrenaturales‑, que, como ya se dijo, no es otra cosa que un modo peculiar de realizarse una dimensión de la eclesialidad, es decir, del ser la Iglesia una verdadera familia Dei.
Es éste el contexto eclesiológico preciso en el que se encuadra el trabajo de administración doméstica de los apostolados del Opus Dei (tanto de hombres como de mujeres), que corre a cargo de las mujeres de la Prelatura, especialmente algunas Numerarias, que tienen en esta tarea uno de sus cometidos propios, aunque no exclusivo, pues ‑como ya se dijo‑ ejercen, al igual que los Numerarios, cualquier tipo de trabajo profesional. Algunas de las Numerarias ‑denominadas Numerarias Auxiliares‑ se dedican profesionalmente a ese trabajo doméstico; los rasgos que definen su figura son los mismos que en las otras Numerarias y Numerarios (celibato con la correspondiente especial disponibilidad para las labores apostólicas, etc.), con la peculiaridad de su dedicación profesional a la administración doméstica de los apostolados del Opus Dei, tarea en la que, por otra parte, trabajan también otras Numerarias. Las Numerarias Auxiliares colaboran en todas las actividades de la Prelatura, pero su dedicación a las labores domésticas es la expresión de la conjunción de la disponibilidad propia de todas las Numerarias con una efectiva dedicación principal (no exclusiva) y ordinaria (no necesariamente siempre) a las tareas domésticas, necesaria para que toda la labor apostólica tenga el ambiente de familia cristiana que le corresponde según el espíritu del Opus Dei.
No es el caso de detenernos aquí en la importancia y dignidad de este trabajo. Baste señalar que el Fundador expresaba la importancia objetiva de esta labor afirmando que es el apostolado de apostoladospues «al trabajar en la Administración ‑escribía el Fundador a sus hijas‑, participáis en todos los apostolados, colaboráis en toda la labor. Su buena marcha es una condición necesaria, el mayor de los impulsos para toda la Obra, si lo hacéis con amor de Dios. Sin ese apostolado vuestro, no se podrían poner en marcha los demás según nuestro espíritu».
Es oportuno observar que las Numerarias Auxiliares, igual que las otras Numerarias que se ocupan de la administración doméstica de las sedes de los Centros del Opus Dei, no realizan ese trabajo como empleadas en casa ajena, sino como madres o hermanas de familia en su propia casa, aunque en atención a la profesionalidad con que lo desempeñan puedan designarse con nombres diversos, según las costumbres de cada lugar y tiempo (empleadas del hogar, administradoras, etc.).

martes, febrero 12, 2019

25 pelis de amor, de verdad.

https://alfonsomendiz.blogspot.com/2017/02/las-25-mejores-peliculas-romanticas.html?fbclid=IwAR1U8l7QweiDRuPFeQLviGpbZLLRlX_gHYRNesl8vG8IAL3MFlHzifVhudU, del gran Alfonso Méndiz.


lunes, 11 de febrero de 2019

Las 25 mejores películas románticas

A nadie se le escapa que dentro de tres días, el 14 de febrero, es San Valentín. En todos los medios de comunicación hay artículos y propuestas para esta fecha.

Ciertamente, no hay que esperar al Patrón de los enamorados para tener un detalle con la mujer o el marido, con la novia o el novio. El amor es algo que hay que regar todos los días, como la rosa de El Principito. Nosotros necesitamos ser también ese pequeño Príncipe que riega cada día su flor delicada; con cuidados pequeños pero constantes: una sonrisa, un beso, un abrazo, un piropo...

Y evitar la rutina, y decir “te quiero” con la ilusión de la primera vez. Volver a ser novios, aunque se cuenten por decenios los años de matrimonio.

Todo eso es cierto. Pero también lo es que las fechas tienen su significado. Por eso he querido sumarme a esta celebración con una lista de 25 películas románticas que han superado la barrera del tiempo. Este fin de semana es una ocasión espléndida para sorprender a nuestra pareja con un filme que vimos hace años, o que vemos ahora por primera vez. El cine siempre ha sido “una fábrica de sueños”; y en ocasiones, una forma de demostrar el cariño.

Que paséis un gran día de San Valentín. Y, por favor, ¡decidme cuáles de ellas son vuestras preferidas! Me encantará saberlo:

1. Casablanca (1942), de Michael Curtiz
2. Vacaciones en Roma (1953), de William Wyler
3. Lo que el viento se llevó (1939), de Victor Fleming
4. Tú y yo (1957), de Leo McCarey
5. Ninotchka (1939), de Ernst Lubitch

6. Sonrisas y lágrimas (1965), de Robert Wise
7. Matrimonio de conveniencia (1990), de Peter Weir
8. Cumbres borrascosas (1939), de William Wyler
9. Luces de la ciudad (1931), de Charles Chaplin
10. Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau

11. El hombre tranquilo (1952), de John Ford
12. Bodas y prejuicios (2005), de Gurinder Chadha
13. Mejor... imposible (1997), de James L. Brooks
14. Breve encuentro (1945), de David Lean
15. Sabrina (1954), de Billy Wilder

16. West Side Story (1961), de Robert Wise
17. Algo para recordar (1993), de Nora Ephron
18. Mientras dormías (1995), de Jon Turteltaub
19. Ghost (1990), de Jerry Zucker
20. La princesa prometida (1987), de Rob Reiner

21. La Bella y la Bestia (1991), de Gary Trouslade y Kirk Wise
22. Lo que queda del día (1993), de James Ivory
23. Sentido y sensibilidad (1995), de Ang Lee
24. El camino a casa (1999), de Zhang Yimou
25. La vida secreta de las palabras (2005), de Isabel Coixet

De muy difícil comer...





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sábado, febrero 09, 2019

En qué creemos los cristianos???

http://magister.blogautore.espresso.repubblica.it/2019/02/09/del-cardenal-muller-una-%E2%80%9Cdeclaracion-de-fe%E2%80%9D-para-la-iglesia-de-hoy-italiano-english-espanol-francais-todos-los-articulos-de-settimo-cielo-en-espanol-httpmag/?fbclid=IwAR3kMcdQcU5XhKDONjrWtz2_tZutl7AnxVUZZLaZZOmpNk50917lxHELTAc&refresh_ce



Del cardenal Müller una “Declaración de fe” para la Iglesia de hoy



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Si hay un antecedente a esta “Declaración de fe” del cardenal Gerhard Müller, difundida hoy en todo el mundo, es el “Credo del Pueblo de Dios” proclamado en 1968 por Pablo VI.
Entonces como ahora, la Iglesia estaba atravesando una tormenta y su fe vacilaba. Pablo VI se sintió en la obligación de reafirmar los cimientos de la doctrina de la Iglesia. Hoy, quien da testimonio público de fe, es el cardenal que fue prefecto de la congregación para la doctrina de la fe de 2012 a 2017.
Müller ha decidido realizar este paso en respuesta a la petición de “muchos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de la Iglesia católica”,  preocupados por la "cada vez más difundida confusión en la enseñanza de la fe”.
Como base para el “Credo del Pueblo de Dios” Pablo VI adoptó el “Credo” del concilio de Nicea. El cardenal Müller ha adoptado, en cambio, como hilo conductor para esta “Declaración de fe” el Catecismo de la Iglesia católica, al que hacen referencia los números entre paréntesis en el texto.
Desde los orígenes, los fundamentos de fe de la Iglesia ha sido puestos a prueba, como el apóstol Pablo escribía a Timoteo (2 Tm 4, 3-5):
“Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio”.
En la “Declaración” que sigue el cardenal  Müller ha querido cumplir, hoy, este mandato del apóstol a su discípulo.
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DECLARACIÓN DE FE
"¡No se turbe vuestro corazón!" (Juan 14,1)
Ante la creciente confusión en la enseñanza de la doctrina de la fe, muchos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de la Iglesia Católica, me han pedido dar testimonio público de la verdad de la Revelación. Es tarea de los pastores guiar a los que se les ha confiado por el camino de la salvación. Esto sólo puede tener éxito si se conoce este camino y ellos mismos siguen adelante. Acerca de esto la palabra del apóstol nos indica: "Porque sobretodo os he entregado lo que yo también recibí" (1 Co 15,3). Hoy en día muchos cristianos ya no son conscientes ni siquiera de las enseñanzas básicas de la fe, por lo que existe un peligro creciente de apartarse del camino que lleva a la vida eterna. Pero sigue siendo tarea propia de la Iglesia conducir a las personas a Jesucristo, luz de las naciones (cf. LG 1). En esta situación se plantea la cuestión de la orientación. Según Juan Pablo II, el Catecismo de la Iglesia Católica es una "norma segura para la doctrina de la fe" (Fidei Depositum IV). Fue escrito con el objetivo de fortalecer a los hermanos y hermanas en la fe, cuya fe es ampliamente cuestionada por la "dictadura del relativismo".
1. El Dios uno y trino, revelado en Jesucristo
La personificación de la fe de todos los cristianos se encuentra en la confesión de la Santísima Trinidad. Nos hemos convertido en discípulos de Jesús, hijos y amigos de Dios por el bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La diferencia de las tres personas en la unidad divina (254) marca una diferencia fundamental con respecto a otras religiones en la creencia en Dios y en la imagen del hombre. En la confesión a Jesucristo los espíritus se dividen. Él es verdadero Dios y verdadero hombre, engendrado según su naturaleza humana por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María. El Verbo hecho carne, el Hijo de Dios, es el único redentor del mundo (679) y el único mediador entre Dios y los hombres (846). En consecuencia, la Primera Carta de san Juan describe como Anticristo al que niega su divinidad (1 Juan 2,22), ya que Jesucristo, el Hijo de Dios, es desde la eternidad un ser con Dios, su Padre (663). La recaída en antiguas herejías, que veían en Jesucristo sólo a un buen hombre, a un hermano y amigo, a un profeta y a un moralista, debe ser combatida con clara determinación. Él es ante todo el Verbo que estaba con Dios y es Dios, el Hijo del Padre, que asumió nuestra naturaleza humana para redimirnos y que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Lo adoramos sólo a Él como el único y verdadero Dios en unidad con el Padre y el Espíritu Santo (691).
2. La Iglesia
Jesucristo fundó la Iglesia como signo visible e instrumento de salvación, que subsiste en la Iglesia Católica (816). Dio una constitución sacramental a su Iglesia, que surgió "del costado de Cristo dormido en la Cruz" (766), y que permanece hasta su consumación (765). Cristo Cabeza y los fieles como miembros del Cuerpo son una persona mística (795), por eso la Iglesia es santa, porque el único mediador la ha establecido y mantiene su estructura visible (771). A través de ellos, la obra de la redención de Cristo se hace presente en el tiempo y en el espacio en la celebración de los santos sacramentos, especialmente en el sacrificio eucarístico, la Santa Misa (1330). La Iglesia transmite en Cristo la revelación divina que se extiende a todos los elementos de la doctrina, "incluida la doctrina moral, sin la cual las verdades de la salvación de la fe no pueden ser salvaguardas, expuestas u observadas" (2035).
3. El orden sacramental
La Iglesia en Jesucristo es el sacramento universal de salvación (776). Ella no se refleja a sí misma, sino a la luz de Cristo que brilla en su rostro. Esto sucede sólo cuando no la mayoría ni el espíritu de los tiempos sino la verdad revelada en Jesucristo se convierte en el punto de referencia, porque Cristo ha confiado a la Iglesia católica la plenitud de la gracia y de la verdad (819): Él mismo está presente en los sacramentos de la Iglesia.
La Iglesia no es una asociación fundada por el hombre cuya estructura es votada por sus miembros a voluntad. Es de origen divino. "El mismo Cristo es la fuente del ministerio en la Iglesia. Él lo ha instituido, le ha dado autoridad y misión, orientación y finalidad" (874). La amonestación del apóstol sigue siendo válida hoy en día para que cualquiera que predique otro evangelio sea maldecido, "aunque seamos nosotros mismos o un ángel del cielo" (Gal 1,8). La mediación de la fe está indisolublemente ligada a la credibilidad humana de sus mensajeros, que en algunos casos han abandonado a los que les fueron confiados, los han perturbado y han dañado gravemente su fe. Aquí la palabra de la Escritura va dirigida a aquellos que no escuchan la verdad y siguen sus propios deseos, que adulan a los oídos porque no pueden soportar la sana enseñanza (cf. 2 Tim 4,3-4).
La tarea del Magisterio de la Iglesia es "proteger al pueblo de las desviaciones y de las fallas y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica" (890). Esto es especialmente cierto con respecto a los siete sacramentos. La Eucaristía es "fuente y cumbre de toda la vida cristiana" (1324). El sacrificio eucarístico, en el que Cristo nos implica en su sacrificio de la cruz, apunta a la unión más íntima con Cristo (1382). Por eso, las Sagradas Escrituras, con respecto a la recepción de la Sagrada Comunión, advierten: "’El que come del pan y bebe de la copa del Señor indignamente, es reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor’ (1 Co 11,27). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar" (1385). De la lógica interna del sacramento se desprende que los fieles divorciados por lo civil, cuyo matrimonio sacramental existe ante Dios, los otros Cristianos, que no están en plena comunión con la fe católica como todos aquellos que no están propiamente dispuestos, no reciben la Sagrada Eucaristía de manera fructífera (1457) porque no les trae la salvación. Señalar esto corresponde a las obras espirituales de misericordia.
La confesión de los pecados en la confesión por lo menos una vez al año pertenece a los mandamientos de la iglesia (2042). Cuando los creyentes ya no confiesan sus pecados ni reciben la absolución, entonces la redención cae en el vacío, ya que ante todo Jesucristo se hizo hombre para redimirnos de nuestros pecados. El poder del perdón que el Señor Resucitado ha conferido a los apóstoles y a sus sucesores en el ministerio de los obispos y sacerdotes se aplica también a los pecados graves y veniales que cometemos después del bautismo. La práctica actual de la confesión deja claro que la conciencia de los fieles no está suficientemente formada. La misericordia de Dios nos es dada para cumplir sus mandamientos a fin de convertirnos en uno con su santa voluntad y no para evitar la llamada al arrepentimiento (1458).
"El sacerdote continúa la obra de redención en la tierra" (1589). La ordenación sacerdotal "le da un poder sagrado" (1592), que es insustituible, porque a través de él Jesucristo se hace sacramentalmente presente en su acción salvífica. Por lo tanto, los sacerdotes eligen voluntariamente el celibato como "signo de vida nueva" (1579). Se trata de la entrega en el servicio de Cristo y de su reino venidero. En cuanto a la recepción de la consagración en las tres etapas de este ministerio, la Iglesia se reconoce a sí misma "vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación" (1577). Asumir esto como una discriminación contra la mujer sólo muestra la falta de comprensión de este sacramento, que no se trata de un poder terrenal, sino de la representación de Cristo, el Esposo de la Iglesia.
4. La ley moral
La fe y la vida están inseparablemente unidas, porque la fe sin obras está muerta (1815). La ley moral es obra de la sabiduría divina y conduce al hombre a la bienaventuranza prometida (1950). En consecuencia, "el conocimiento de la ley moral divina y natural es necesario para hacer el bien y alcanzar su fin" (1955). Su observancia es necesaria para la salvación de todos los hombres de buena voluntad. Porque los que mueren en pecado mortal sin haberse arrepentido serán separados de Dios para siempre (1033). Esto lleva a consecuencias prácticas en la vida de los cristianos, entre las cuales deben mencionarse las que hoy se oscurecen con frecuencia: (cf. 2270-2283; 2350-2381). La ley moral no es una carga, sino parte de esa verdad liberadora (cf. Jn 8,32) por la que el cristiano recorre el camino de la salvación, que no debe ser relativizada.
5. La vida eterna
Muchos se preguntan hoy por qué la Iglesia está todavía allí, aunque los obispos prefieren desempeñar el papel de políticos en lugar de proclamar el Evangelio como maestros de la fe. La visión no debe ser diluida por trivialidades, pero el proprium de la Iglesia debe ser tematizado. Cada persona tiene un alma inmortal, que es separada del cuerpo en la muerte, esperando la resurrección de los muertos (366). La muerte hace definitiva la decisión del hombre a favor o en contra de Dios. Todo el mundo debe comparecer ante el tribunal inmediatamente después de su muerte (1021). O es necesaria una purificación o el hombre llega directamente a la bienaventuranza celestial y puede ver a Dios cara a cara. Existe también la terrible posibilidad de que un ser humano permanezca en contradicción con Dios hasta el final y, al rechazar definitivamente su amor, "condenarse inmediatamente para siempre" (1022). "Dios que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti" (1847). El castigo de la eternidad del infierno es una realidad terrible, que -según el testimonio de la Sagrada Escritura- atrae hacia sí a todos aquellos que "mueren en estado de pecado mortal" (1035). El cristiano pasa por la puerta estrecha, porque "ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella" (Mt 7,13).
Ocultar estas y otras verdades de fe y enseñar a la gente en consecuencia, es el peor engaño del que el Catecismo advierte enfáticamente. Representa la prueba final de la Iglesia y lleva a la gente a un engaño religioso de mentiras, al "precio de su apostasía de la verdad" (675); es el engaño del Anticristo. "Él engañará a los que se pierden por toda clase de injusticia, porque se han cerrado al amor de la verdad por la cual debían ser salvados" (2 Tesalonicenses 2,10).
Invocación
Como obreros de la viña del Señor, tenemos todos la responsabilidad de recordar estas verdades fundamentales adhiriéndonos a lo que nosotros mismos hemos recibido. Queremos animar a la gente a caminar por el camino de Jesucristo con decisión para alcanzar la vida eterna obedeciendo sus mandamientos (2075).
Pidamos al Señor que nos haga saber cuán grande es el don de la fe católica, que abre la puerta a la vida eterna. "Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles" (Mc 8, 38). Por lo tanto, estamos comprometidos a fortalecer la fe, en la que confesamos la verdad, que es el mismo Jesucristo.
Estas palabras también se dirigen en particular a nosotros, obispos y sacerdotes, cuando Pablo, el apóstol de Jesucristo, da esta amonestación a su compañero de armas y sucesor Timoteo: "Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos, por su Manifestación y por su Reino: "Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio." (2 Tim 4,1-5).
Que María, la Madre de Dios, nos implore la gracia de aferrarnos a la verdad de Jesucristo sin vacilar.
Unido en la fe y en la oración
Gerhard Cardinal Müller
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, desde 2012-2017

jueves, febrero 07, 2019

Antigones, feminismo inteligente.



Por los derechos de la mujer, bien documentadas y sin estridencias

Cuando años atrás las activistas de Femen comenzaron a copar titulares por su cuestionable manera de protestar contra el “patriarcado” –con el torso desnudo y pintarrajeado–, un grupo de jóvenes francesas les salió al paso con un mensaje bien distinto: el de una feminidad concebida en positivo, con mucho que aportar. “No permitiremos que se entierre la decencia, el sentido común y la dignidad que deben regir las leyes y el desarrollo de nuestra sociedad”.
Y claro, a diferencia de las alborotadoras de Femen, van vestidas, y sin aspavientos.
Son las Antígonas, que toman su nombre de la hija de Edipo, el personaje de la tragedia clásica. Ayer más abocadas a plantar cara al extremismo en la calle –alguna llegó incluso ainfiltrarse en las Femen–, las circunstancias de la vida, como el haber tenido hijos, haber emprendido negocios, o haberse mudado a otras ciudades, han llevado a sus fundadoras a reinventar la manera de trabajar en común.
Así lo cuenta a Aceprensa Anne Trewby, su presidenta: “Las Antígonas son ahora una red que comparte información, libros, etc., sobre cualquier asunto relacionado con las mujeres. Por norma trabajamos desde casa, escribimos y publicamos artículos y, muy pronto, libros. Cualquiera puede contactar con nosotros por email, compartir sus opiniones y su información, e incluso enviarnos artículos para publicar”.
“Nuestro principal objetivo es ofrecer una visión renovada de la mujer y de los asuntos femeninos actuales”
– Comenzaron en 2013…
– Sí. Entonces éramos cinco mujeres jóvenes que compartíamos la opinión de que nuestra sociedad tiene un problema con la feminidad, y que los movimientos feministas contemporáneos no atendían esta cuestión. La prensa se interesó por nosotros porque organizamos una marcha hacia Lavoir Moderne, donde radican las Femen francesas. En esa época, Femen era un gran tema para la prensa.
Así, organizamos conferencias regulares en París, Marsella y Lyon, para tratar de abrir el debate sobre las cuestiones que atañen a las mujeres en general y sobre la situación de las francesas en la actualidad. Nuestro principal objetivo es, de hecho, ofrecer una visión renovada de la mujer y de los asuntos femeninos actuales. El primer paso tenía que ser abrir el debate y formarnos en estos temas. Hoy tenemos un sólido background para enfocar mejor este asunto.
– ¿En qué sitios están presentes?
–Como expliqué, hemos organizado conferencias durante cinco años en varias ciudades francesas. La mayoría de estos eventos están abiertos a hombres y a mujeres, aunque nuestras publicaciones son de autoría únicamente femenina. Recibimos así miles y miles de mensajes de apoyo, y de mujeres que quieren unirse al grupo, pero en realidad no tenemos un sistema de membresía propiamente dicho. Cualquiera puede venir y participar en el debate, sea quien sea.

Un feminismo diferente

– Entiendo que la organización promueve un feminismo de sentido común, y se opone a cierto tipo de feminismo. ¿A cuál?
– Ha habido un debate entre nosotras ¡para dilucidar si nos podemos llamar realmente feministas! La palabra, de hecho, tiene significados muy diferentes según quien esté hablando. La mayoría de las personas solo la asocian con cualquier lucha en favor de las mujeres, sin importar el tipo de lucha de que se trate.
En este sentido, por supuesto, podemos ser definidas como feministas. Reconocemos la igualdad entre los sexos y pedimos medidas políticas a favor de las mujeres víctimas de injusticias; de quienes son vulnerables por ser mujeres. Creemos que tienen un importante papel político, social y económico que desempeñar.
La palabra “feminismo” es realmente bastante reciente. El feminismo es una escuela de pensamiento muy diversa, pero la mayoría de los movimientos comparten un análisis de las causas subyacentes de las cuestiones femeninas que nosotras no compartimos.
El concepto de patriarcado, por ejemplo, implica un análisis marxista de la sociedad con el que no concordamos. Es obvio que en ciertos momentos de la historia y en determinados países, las mujeres han sido oprimidas legal, física y moralmente, pero esa historia de la condición femenina es mucho menos lineal que lo que la mayoría de los movimientos feministas esgrimen. También tenemos cosas en nuestro pasado de las que podemos aprender para ayudar a las mujeres de hoy.
“Hay muchísimas maneras de ser una mujer libre y realizada. La historia, la literatura, la mitología…, nuestra cultura está llena de ejemplos de mujeres admirables”
El feminismo francés, por ejemplo, está profundamente enraizado en el trabajo de Simone de Beauvoir, lo que explica el éxito de los estudios de género en Francia (y en EE.UU., donde los movimientos feministas descansan ampliamente en Beauvoir y en los estructuralistas franceses, como Foucault yDerrida). Los seres humanos, como apuntaba Aristóteles, son “criaturas sociales”. Por supuesto, eso significa que la sociedad influye en nuestra manera de ser hombre o mujer. Somos seres de carne y hueso, y ser hombre y ser mujer no es lo mismo. Este hecho fundamental perfila nuestra relación con el mundo.
¡Me gusta la idea de un feminismo “con sentido común”! Nosotras representamos a una cierta escuela de pensamiento no muy difundida en el feminismo, que considera la condición sexuada como algo que nos define como seres humanos, incluso aunque ello no nos determina, ni determina nuestro lugar y posición en la sociedad.
– ¿Habría solo un modo de ser una mujer revindicada y libre? En caso negativo, ¿cuál sería el vuestro?
– Hay muchísimas maneras de ser una mujer libre y realizada. La historia, la literatura, la mitología…, nuestra cultura está llena de ejemplos de mujeres admirables, que dieron maravillosos aportes en muy variados campos.
Es cierto que algunos momentos de la historia fueron injustos para las mujeres. Los movimientos feministas nacieron en un contexto en el que las mujeres eran fuertemente discriminadas. La Revolución francesa, por ejemplo, retrocedió en términos de derechos femeninos. Todo el sistema legal puesto en vigor durante la Revolución y completado por Napoleón con su Código Civil, estaba basado en el sistema legal romano, que como todos sabemos, era terrible para las mujeres.
Durante el siglo XIX, hubo muy pocos ejemplos de participación de las mujeres en la política o las ciencias. Eso no significa que no los hubiera. En otros tiempos y sociedades, quienes curaban eran, por ejemplo, las mujeres. Hay también interesantes figuras de reinas en la historia francesa, que las niñas pueden investigar y tomar como modelos femeninos.

Las diferencias sexuales, una bendición

– El movimiento Me Too ha movilizado a millones de mujeres alrededor del mundo. ¿Qué opinión tiene de esa iniciativa?
– Recordemos que el #MeToo es solo un hashtag. Atrajo la atención sobre el acoso sexual y la violencia contra las mujeres, pero no hay nada nuevo en él. Su problema principal es que no nos lleva a ningún análisis sincero: nadie se ha parado a analizar en detalle todas las historias que aparecen en Internet, y el resultado es una enorme mezcla de cosas que son muy diferentes.
Insultar a una mujer es malo, pero no es lo mismo que una violación. Algunos de los comportamientos recriminados deben ser abordados con la ley; otros, a pesar de lo desagradables que puedan ser, son asuntos morales, no políticos. Además, no todas violaciones ocurren en la misma situación. No trabajas para evitar las violaciones por parte de un familiar de la misma manera que lo haces para evitarlo en la calle. El resultado ha sido que no se ha tomado una sola medida seria para combatir la violencia sexual contra las mujeres; [en Francia], apenas una ridícula ley contra el acoso callejero que nunca será puesta en práctica. Eso fue todo.
– ¿Son ustedes un movimiento propositivo?
– Hemos efectuado muchas propuestas, y en áreas muy diferentes. Por supuesto, tenemos un análisis político y filosófico que compartir sobre las mujeres y su papel en la sociedad. Hemos publicado muchos artículos sobre esto, que se pueden consultar en nuestra web.
“Necesitamos dejar de intentar tener el mismo número de mujeres y de hombres en cada área política o económica, y dejar de querer probar desesperadamente cuán parecidos podemos ser”
Queremos que las mujeres sean libres de expresarse completamente como mujeres. La cultura humana está enraizada en la naturaleza. Creemos que las diferencias sexuales deben ser apreciadas como una bendición y respetadas. La feminidad y la masculinidad se relacionan con cosas muy diferentes según los tiempos y los momentos: lo importante es el equilibrio de ambas, sea cual sea la forma en que se expresen.
Los debates y conferencias que organizamos y que he mencionado, nos han llevado a trabajar en numerosas proposiciones de ley. Hemos hecho un análisis de ellas y aportado contrapropuestas. Ahora hemos decidido enfocarnos en publicar nuestras investigaciones y, con regularidad, analizamos asuntos sociales en los medios franceses, como Valeurs Actuelles.
– ¿Cuál es la idea de Las Antígonas acerca de una efectiva igualdad entre mujeres y hombres?
– Una igualdad basada en nuestra humanidad compartida. Como humanos, ambos sexos son iguales en dignidad. Para aquellas que son católicas, como yo, ello significa que somos iguales ante Dios. Como creemos que la justicia y las leyes no son inventadas por el hombre, sino normas no escritas que están en la base de la experiencia humana, y que el objetivo de la ley es descubrirlas y probarlas, la primera creencia significa que para nosotras la igualdad entre hombres y mujeres es la igualdad de derechos.
Pero la igualdad no implica que ambos sexos sean lo mismo. Para preservar la inmensa riqueza de ser dos sexos diferentes, necesitamos dejar de intentar tener el mismo número de mujeres y de hombres en cada área política o económica, y dejar de querer probar desesperadamente cuán parecidos podemos ser.
Reconocer que mujeres y hombres son diferentes también tendría un efecto positivo en la organización social de esas diferencias. Por ejemplo, la brecha salarial entre mujeres y hombres no es cuestión de opresión y patriarcado. La mayoría de los jefes que les pagan menos a las mujeres no lo hacen porque crean que son menos eficientes o inteligentes que los hombres, sino porque ellas quedan embarazadas, no ellos.
La violencia sexual es otro ejemplo de una cuestión más específica de las mujeres. Como es evidente que el hecho de ser mujer crea una vulnerabilidad específica, por su menor fuerza física, por las gestaciones, etc., las leyes deben tener en cuenta estas diferencias para protegerlas mejor.

domingo, febrero 03, 2019

Siete domingos de San José.

https://www.primeroscristianos.com/los-siete-domingos-de-san-jose/?fbclid=IwAR3SV6Hs9rT4By3zv2tZzRROTkHwJKXY8yCyy2FCtZaXQrCqPBbmdGsU9uE

Los siete domingos de San  joséLOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ



Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.
También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.
Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

Antífona (para todos los días):


¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Rogad por nosotros bienaventurado San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.

PRIMER DOMINGO

Oh castísimo esposo de María, glorioso San
José: qué aflicción y angustia la de vuestro corazón
en la perplejidad en que estabais, sin saber si debíais
abandonar o no a vuestra esposa sin mancilla.
Pero cuál no fue también vuestra alegría, cuando
el ángel reveló el gran misterio de la Encarnación.
Por ese dolor y gozo, os pido consoléis nuestro
corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con
la alegría de una vida justa y de una santa muerte,
semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y de María.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SEGUNDO DOMINGO

Oh bienaventurado patriarca glorioso San José,
escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios
hecho hombre: el dolor que sentisteis, viendo nacer al
Niño Jesús en tan gran pobreza, se cambio de pronto
en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los
ángeles, y al contemplar las maravillas de aquella noche
tan resplandeciente.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos
que después del camino de esta vida vayamos a
escuchar las alabanzas de los ángeles, y a gozar de los
resplandores de la gloria celestial.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

TERCER DOMINGO

Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas,
glorioso San José: la sangre preciosísima que el
redentor derramó en su circuncisión os traspasó el
corazón, pero el nombre de Jesús, que entonces se le
impuso, os confortó, llenándoos de alegría.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos el vivir
alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos con
el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los
labios.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

CUARTO DOMINGO

Oh santo fidelísimo, que tuvisteis parte en
los misterios de nuestra redención, glorioso San
José: aunque la profecía de Simeón acerca de los
sufrimientos que debían pasar Jesús y María, os causó
dolor a par de muerte, sin embargo, os llenó también
de alegría, anunciándoos al mismo tiempo la salvación
y resurrección gloriosa, que de ahí se seguiría para un
gran número de almas.
Por ese dolor y por ese gozo, conseguidnos ser
del número de los que por los méritos de Jesús y por la
intercesión de la bienaventurada Virgen María han de
resucitar gloriosamente.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

QUINTO DOMINGO

Oh custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de
Dios hecho hombre, glorioso San José: cuánto sufristeis
teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo,
particularmente en vuestra huída a Egipto, pero cuán
grande fue también vuestra alegría teniendo siempre
con vos al mismo Dios, y viendo derribados los ídolos de
Egipto.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos alejar
para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo
huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de
nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que,
ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo
para ellos, y muramos gozosos en su amor.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SEXTO DOMINGO

Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que
pudisteis admirar al Rey de los Cielos, sometido a
vuestros más mínimos mandatos; aunque la alegría
al traerle de Egipto se turbó por temor de Arquelao,
sin embargo, tranquilizado luego por el ángel vivisteis
dichoso en Nazaret con Jesús y María.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos la
gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor
nocivo; de poseer la paz de la conciencia, de vivir
seguros con Jesús y María, y de morir también asistidos
de ellos.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SÉPTIMO DOMINGO

Oh modelo de toda santidad, glorioso San José,
que, habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús,
le buscasteis durante tres días con profundo dolor, hasta
que lleno de gozo le encontrasteis en el Templo, en
medio de los doctores.
Por este dolor y gozo os suplicamos, con palabras
salidas del corazón, intercedáis en nuestro favor, para
que no nos suceda jamás perder a Jesús por algún
pecado grave. Mas si por desgracia le perdiéramos,
haced que le busquemos con tal dolor, que no nos
deje reposar hasta encontrarle favorable, sobretodo en
nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar
eternamente con Vos sus divinas misericordias.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FINAL (para todos los días): 


Acordaos Oh purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío
San José, que jamás se oyó decir que haya dejado
de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a
vuestra protección e implorado vuestro auxilio. Con esta
confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo
a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor.
No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas
piadosamente. Amén.
Oración: Oh Dios, que por providencia inefable
os dignasteis escoger al bienaventurado José para
esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos
concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra
como a nuestro protector, merezcamos tenerle por
intercesor en los cielos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.
Es conveniente hacerlo confesando y comulgando.


jueves, enero 31, 2019

Chesterton, un profeta.



Un experto en Chesterton nos resume lo esencial de su obra

CHESTERTON EN BREVE
Entrevista de Javier Navascués a Emilio Domínguez Díaz.
Doctor Europeus en Humanidades y Licenciado en Filología Inglesa.
Profesor de la Universidad Rey Juan Carlos y del Colegio Tajamar
¿Quién fue Chesterton? Brevísima biografía.
Chesterton fue un gran escritor inglés que, además de novelas, escribió historias cortas, ensayos e, incluso, poesía. En las primeras décadas del siglo XX, desde 1900 cuando contaba con 26 años, llegó a publicar un centenar de libros hasta su fallecimiento el 14 de junio de 1936.
Su vida estuvo íntimamente ligada a la ciudad de Londres, donde creció dentro de una familia de clase media y, posteriormente, cursó sus estudios en prestigiosos centros académicos como el University College o el Slade School of Arts. Su entrada, de hecho, en este último supuso el inicio de una crisis personal en 1895 con episodios depresivos y fascinación por lo relacionado con el demonio. Tal vez, esas dudas fueron culpables del abandono de los estudios en esa etapa universitaria y, a su vez, el deseo de ponerse a trabajar y dar rienda suelta a su imaginación y talento literario en Redway, una editorial londinense.
Años después, Frances Blogg, con la que contraería matrimonio en 1901, y su madurez espiritual, tras un lento y sopesado proceso de conversión, se convertirían en los pilares de un nuevo Chesterton, sólido y afianzado en valores que, hasta los 25 años, no había puesto a prueba.
Justo a principios de siglo, Chesterton comienza a producir poesía y, poco después, novelas como The Napoleon of Notting Hill o The Man Who Was Thursday en las que, respectivamente, retrata la ciudad de Londres a través de una fantasía política y la decadencia generalizada de finales del siglo XIX.
Tras varios años de matrimonio con Frances, la pareja se trasladó a Beaconsfield y, desde allí, produciría la mayor parte de su obra entre la que no faltó su labor periodística tras la Primera Guerra Mundial y, después de su conversión al catolicismo en 1922, una serie de trabajos como el famoso “Ortodoxia” o los dedicados a San Francisco de Asís y Tomas de Aquino.
Toda esta labor literaria le trasladaría al mapa literario del primer tercio del siglo XX y, además, al justo reconocimiento por parte de prestigiosas universidades como las de Dublín, Edimburgo o Notre Dame.
¿Cómo fue su proceso de conversión al catolicismo?
Aunque sólo disfrutó de 14 años como católico, desde 1922 hasta 1936, Chesterton demostró con obras anteriores a su conversión que pensaba, obraba, comunicaba y escribía con una fuerte carga religiosa relacionada, al mismo tiempo, con un pensamiento cercano a nuestra fe católica.
De hecho, hay trabajos y personajes en sus novelas que, claramente, evidencian esa aproximación al paso definitivo que, después de muchos años de tenerlo en mente, finalmente daría. Por ejemplo, hay personajes como el padre Brown o Ian Maclan que son héroes en sus libros y ambos son católicos, como la defensa que hace del catolicismo en “Ortodoxia” (1908), donde defiende a sacerdotes y la doctrina católica sin ningún tipo de complejos a pesar de la época y el país en el que vivía. En ocasiones, ser o ejercer de católico en un país como Inglaterra podía suponer una invitación al riesgo y Chesterton supo afrontarlo sin esconderse y con una vida ejemplar tanto en lo familiar como en lo profesional. Además, fue osado en sus últimos años, ya converso católico, en los que el protestantismo también sería objeto de su dura crítica.
Cabe destacar que el lento proceso de su conversión viene determinado por diversos factores que acontecen en su vida privada, en su pensamiento y que, luego, se ven reflejados en sus escritos. Hay un aspecto personal vital, su esposa. Chesterton nunca apartó a Frances Blogg de la decisión que, finalmente, tomaría. Ella fue partícipe de sus intenciones. En el pasado, de hecho, también lo habían sido amigos como el padre O’Connor en una conversación en 1912 o Maurice Baring, converso desde 1909. Decía Hilaire Belloc que siempre tuvo dudas de que Chesterton llegase a ser católico conociendo su particular modo de ser o su minuciosa forma de actuar antes de tomar decisiones. Por último, el padre Knox fue, tal vez, el último intermediario de su sopesada decisión. Éste era amigo de Baring y, juntos, mantenían debates y discusiones de gran calado que, al final, servirían para que Chesterton se decidiera a abrazar la fe católica.
Un descubrimiento añadido es el de su tardía devoción mariana aunque hay testimonios de conversaciones con Belloc en 1907 en los que ya se atisba esa estrecha relación que empieza a formarse y que, años más tarde, queda consolidada tras múltiples experiencias y viajes, como la notable experiencia ante una imagen de la Virgen en el puerto de Brindisi o la rápida asociación que, en su pensamiento, solía establecer entre Iglesia católica y la Virgen María.
Y, desde mi punto de vista, creo que la fatídica muerte de su hermano Cecil casi al final de la Primera Guerra Mundial también influyó en su conversión años después. Hablo de un nivel mucho más íntimo, de una colaboración profesional a nivel periodístico y de un compromiso personal adquirido; laboral con el periódico y espiritual con la nueva religión, tras la inesperada llegada de la fatalidad a casa de los Chesterton.
Háblenos de la importancia de la razón en este proceso.
La razón del proceso puede resumirse en una única palabra: verdad. Podríamos hablar de cientos o miles de razones que, durante años, fueron acumulándose en la balanza de Chesterton pero todas pueden resumirse en que la respuesta a la pregunta “¿por qué soy católico?” bien puede hallarse en una contundente aseveración como la de que “el catolicismo es verdad".
Chesterton dio muestras de un total convencimiento de que, para llegar a la teología católica, la razón y la libertad han de ser los inseparables compañeros de viaje junto con la presencia de la inteligencia. El hecho de la conversión conlleva el aprendizaje de cómo pensar, racionalizar o reflexionar. Y, por supuesto, el proceso no implica el abandono del pensamiento.
La fe católica es racional y de una lógica aplastante, a diferencia de otras creencias.
Racional, lógica, verdadera, auténtica, convincente, tradicional, milenaria… Son tantos los calificativos que se le puede dar que no tiene parangón con nuevas creencias que se adaptan a unas determinadas circunstancias, a un tiempo concreto con una serie de especificaciones o características según diversos factores temporales, sociales, geográficos, económicos, políticos, etc…
Chesterton siempre defendió la frescura, la viveza de su nueva religión y ensalzó la riqueza de su historia, rituales y tradiciones sin tener que someterse al gusto o preferencias de nuevos tiempos o recién llegados como él. Habla del catolicismo como una religión que lleva a los hombres al camino de la moralidad incluso cuando éstos no están por la labor de practicarla. Afirma, por otra parte, que predica la reconciliación social entre enemigos que preferirían la destrucción o desaparición del contrario o, por último, habla de la caridad o la castidad ante todos aquellos que no creen en ellas.
Y esa lógica aplastante le traslada a la libertad, a una libertad personal hallada en una creencia tradicional, opuesta a lo efímero, a la espontaneidad de modas u otras creencias que, según Chesterton, estrechaban y restringían su vida, su entorno, sus posibilidades dentro del espacio que ocupaba en el mundo.
Tenía la sencillez de un niño para ver la verdad y gran profundidad para penetrar en ella.
Hay una cita en “Ortodoxia” respecto al entendimiento de los niños y su forma de ver la vida, opuesta a la de los adultos. Chesterton afirmaba que los niños desbordan vitalidad porque su espíritu es fiero, libre, salvaje. Por esta razón, insisten en la repetición de sus acciones, de sus juegos y que éstos no sufran cambios o transformaciones.
Sin embargo, los adultos no son lo suficientemente fuertes o capaces para mantener el ritmo que los niños o sus hijos les demandan y, así, no encuentran la alegría en esa pueril monotonía. Pero Dios, sí. Él muestra su vigor, su fuerza, cuando todas las mañanas hace brillar al sol o cuando hace que la luna salga todas las noches. Lo hace repetidamente y nunca se cansa. Dios tiene ese insaciable apetito de la infancia y nosotros, que hemos pecado y nos hemos hecho mayores, somos más ancianos y débiles que Él.
Para Chesterton decir o mostrar toda la verdad es sinónimo de poseer una gran virtud, mientras que una verdad a medias es síntoma inequívoco de algún vicio o defecto.
Un autor lúcido y mordaz en defensa de la verdad.
Y no sólo de la verdad, sino también de Dios y la razón con la disponibilidad de todo su ingenio para acercar estos tres valores a su nación. Valga como anécdota que, tras su muerte, el Papa Pío XI mandó un telegrama a través del cardenal Pacelli y se dirigió a Chesterton como “defensor de la fe", segunda vez que un Sumo Pontífice actuaba de esta manera con un inglés. Paradójicamente, la vez anterior había sido con Enrique VIII, quien luego provocaría la herida más profunda a la Iglesia de Roma. Y la paradoja, la ironía y ese estilo tan mordaz fueron características inseparables en las miles de citas que nos ha legado sobre razón, fe, verdad, moralidad, existencia, etc.
¿Por qué es interesante leer a Chesterton?
Creo que leer a Chesterton es una invitación que cualquier lector puede hacerse a título individual para ver, comprender y decir cosas que, sin la perspectiva u opinión de nuestro autor, nunca habrían pasado por su cabeza. Tal vez, incluso, ese mismo lector podría llegar a preguntarse las razones por las que, sin esa lectura, no había abierto los ojos a la hora de discernir o caer en la cuenta de cosas triviales que ocurren en nuestra cotidianeidad. Chesterton y sus lecturas iban con ventaja en el primer tercio del siglo XX y sus opiniones son totalmente válidas para, un siglo después, ayudarnos a abrir los ojos ante nuestra propia realidad.
Además, Chesterton fue un escritor polifacético y, como hoy decimos, multidisciplinar en lo referente a su prolífica creación literaria. Su oferta va desde el ensayo periodístico a la crítica social pasando por decenas de relatos cortos, poesía, obras de teatro o cientos de artículos que revelan su pensamiento y nos anticipan claves de lo que, años después, podrían ser las luces del camino que, día a día, emprendemos en nuestras vidas. Esa variedad, no exenta de sentido común, es también otra razón de peso para tomar esta opción de lectura en función de gustos personales.
Hablando de invitaciones, ¿por qué no empezar con “G.K. Chesterton: el apóstol del sentido común"?
¿Qué es lo que aporta al pensamiento católico?
En “La Iglesia católica y la conversión", cinco años después de su llegada a la fe católica, Chesterton nos habla de que todos los caminos nos llevan a Roma y que todo peregrino puede decir que todos esos caminos han sido como el que él mismo ha recorrido, pero reconoce la diversidad de la Iglesia y el centenar de puertas por las que se puede acceder desde esos diversos orígenes.
Además de la diversidad, la reflexión personal, el sentido común y la paciencia de todo el proceso, Chesterton nos deja un plan como auténtico legado. Es el plan de, en su caso, un largo recorrido hacia la Iglesia católica que divide en tres fases: defensa, descubrimiento y huida. Y el propio escritor es fiel y firme representante de este esquema y sus pasos para alcanzar un objetivo que, como todos los que tenemos en la vida, no son ajenos a la duda o su final cumplimiento.
Al igual que el Cardenal Newman, Edith Stein y otros intelectuales católicos, al buscar, con profundidad, la verdad la halló en la Iglesia Católica.
No sólo la verdad, sino un profundo sentimiento de espiritualidad y el ardiente deseo de hallar lo auténtico con perseverancia, tenacidad y valentía para, independientemente de sus orígenes o circunstancias, alcanzar la alegría y una paz interior derivada de su recepción por parte de la Iglesia católica.
Estas figuras, por otro lado, tienen en común al padre O’Connor y la lectura de los escritos de Santo Tomás de Aquino. Ambos son instigadores del decisivo cambio de unas vidas en las que la religión había sido ignorada, despreciada o, simplemente, no había tenido la suficiente fuerza para, como en el caso de Edith Stein, combatir la persistente tristeza de su vida o, respecto a Chesterton, ese continuo sentimiento de ausencia de algo que había estado latente en su pensamiento y corazón durante mucho tiempo.
Y es también reseñable que, tras hallar la verdad, no cejaron en su empeño de apoyar su nueva causa con una importante acción evangelizadora a pesar de los obstáculos y muchos detractores que hallaron en la nueva orientación que habían dado a sus vidas.
Háblenos de la principales obras del autor. ¿Qué libros recomienda para empezar?
Entre las principales obras de Chesterton, ya hemos citado algunas y, además, se ha tratado el carácter diverso de su producción literaria. Como obras más representativas, mencionaría su ensayo “Ortodoxia", a propósito de su experiencia personal e inicio del cambio existencial, o “Los relatos del Padre Brown", máximo exponente de la narración de relatos cortos. Respecto a las novelas más importantes, citaría “El hombre que fue jueves” o “El Napoleón de Notting Hill".
Siguiendo mi camino personal y el paulatino descubrimiento de Chesterton, éste te permite muchas opciones y mis dos recomendaciones tienen que ver, en primer lugar, con la lectura de alguna de sus biografías como las de ya fallecida activista católica Maisie Ward o el converso contemporáneo Joseph Pearce, a su vez gran biógrafo de otros conversos.
Por otro lado, la que citaba en una pregunta anterior, “G.K. Chesterton: el apóstol del sentido común” de Dale Ahlquist, gran experto en la vida y obra de nuestro protagonista.
¿Desearía añadir algo?
Tal vez, destacaría el carácter de anticipación de Chesterton respecto a los temas candentes en pleno siglo XXI. El desequilibrio social, la cultura de la muerte y los ataques a la religión, al concepto de familia tradicional o la dignidad del ser humano fueron abordados por su ingenio, inteligencia y clarividencia, que siempre estuvieron al servicio de los más desfavorecidos, de los pobres, de los débiles y de las familias en apuros o riesgo de exclusión social.
Su activismo es digno de mención en todos aquellos campos y géneros literarios en los que participó. Y en ninguno de ellos se privó de una buena cerveza, un buen vino o un buen puro para disfrutar de la vida y reforzar el concepto de libertad que su fe católica le había otorgado tras muchos años de estudio y descubrimientos antes de culminar con su bien merecida meta espiritual, su definitiva conversión católica.

Javier Navascués Pérez