martes, septiembre 18, 2018

Luz para ver, fuerza para querer..




Luz para ver, fuerza para querer

Mons. Fernando Ocáriz escribe en el periódico ABC un artículo con motivo del próximo sínodo de obispos, que tratará sobre «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».
ARTÍCULOS
Opus Dei - Luz para ver, fuerza para querer
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Con estas palabras, Cristo cambia la vida de Simón y, desde entonces, el pescador de Galilea sabe para qué vive. Como él, cada persona se enfrenta antes o después a esta pregunta: ¿cuál es mi misión en la vida?
Durante los próximos días, el sínodo de obispos reflexionará en Roma sobre «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Además de pedir al Espíritu Santo que ilumine a los padres sinodales, aprovechemos esta ocasión para meditar sobre el propio camino, porque todos tenemos una vocación divina, todos somos llamados por Dios a la unión con Él.
La fe es una luz poderosa, capaz de alumbrar el propio futuro e inspirar los deseos de plenitud. En un momento de la vida en que quizá las seguridades de la infancia se tambalean y también la luz de la fe puede debilitarse, es necesario recordar nuestra verdad más profunda: que somos hijos de Dios y hemos sido creados por amor. Él realiza la llamada más radical: nos llama a cada uno y a cada una a ser plenamente felices a su lado. El Creador no nos arroja a la vida y se olvida de nosotros: quien crea, ama y llama. Por eso, el discernimiento del propio camino debe estar iluminado por la fe en el amor de Dios por nosotros, por cada uno.
«No temas», dice Jesús a Pedro. «No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces», escribía el Papa en su carta a los jóvenes para anunciar este sínodo. La búsqueda personal puede generar un cierto desasosiego, porque experimentamos el vértigo de la libertad. ¿Seré feliz? ¿Tendré fuerzas? ¿Valdrá la pena comprometerse? Tampoco aquí Dios nos deja solos. Él nos inspirará si sabemos escucharle. Se lo pedimos cada vez que rezamos la oración más hermosa: «Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo»: hágase tu voluntad en mí, en ti, en cada uno de nosotros.
Pensando en tantos jóvenes que desean secundar los planes de Dios, pidamos que reciban no sólo luz para ver su camino, sino también fuerza para querer unirse a la voluntad divina. Ayudará pensar que cuando Él pide algo, en realidad está ofreciendo un don. No somos nosotros quienes le hacemos un favor: es Dios quien ilumina nuestra vida, llenándola de sentido.
Ojalá que jóvenes y adultos comprendamos que la santidad no sólo no es un obstáculo a los propios sueños, sino que es su culminación. Todos los deseos, todos los proyectos, todos los amores pueden formar parte de los planes de Dios. Como recuerda san Josemaría, «la caridad bien vivida es ya la santidad».
La vida cristiana no nos lleva a identificarnos con una idea, sino con una persona: con Jesucristo. Para que la fe ilumine nuestros pasos, además de preguntarnos: ¿quién es Jesucristo para mí?, pensemos: ¿quién soy yo para Jesucristo? Descubriremos así los dones que el Señor nos ha dado, que están directamente relacionados con la propia misión. Así madurará más y más en nosotros una actitud interior de apertura a las necesidades de los demás, sabremos ponernos al servicio de todos y veremos con más claridad cuál es el lugar que Dios nos ha confiado en este mundo.
En una sociedad que con frecuencia piensa demasiado en el bienestar, la fe nos ayuda a alzar la mirada y descubrir la verdadera dimensión de la propia existencia. Si somos portadores del Evangelio, nuestro paso por esta tierra será fecundo. Sin duda, la sociedad entera se beneficiará de una generación de jóvenes que se pregunte, desde la fe en el amor de Dios por nosotros: ¿cuál es mi misión en esta vida? ¿Qué huella dejaré tras de mí?
Monseñor Fernando Ocáriz es Prelado del Opus Dei

martes, septiembre 11, 2018

Lo del Valle de los caídos no es tan sencillo.




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La inviolabilidad del Valle de los Caídos
Sábado, 01/Sep/2018 Luis Felipe Utrera-Molina ABC
Ante la creciente confusión derivada de noticias falsas, medias verdades, declaraciones ligeras y manipulaciones, es hora ya de realizar algunas consideraciones estrictamente jurídicas sobre la decisión política del Gobierno de exhumar el cuerpo de Francisco Franco Bahamonde. En primer lugar, la Basílica –iglesia abacial del Valle de los Caídos– es un lugar de culto, por lo que se le aplica el artículo 1.5 del Acuerdo España – Santa Sede sobre asuntos jurídicos de 1979 que garantiza su inviolabilidad con arreglo a las Leyes.
El Acuerdo concordatario citado es un tratado internacional, tal y como ha afirmado la doctrina del Tribunal Constitucional y en virtud de los artículos 95.1 y 96.1 de la Constitución, sus normas, incorporadas al ordenamiento jurídico español, no pueden ser modificadas unilateralmente por leyes internas, estatales o autonómicas. Así, la inviolabilidad debe entenderse como una inmunidad frente al poder estatal (legislativo, por lo ya expresado; ejecutivo y judicial). Sigo en este punto, el Diccionario Jurídico Espasa, 2ª edición, Madrid, 2001, de cuya voz «inmunidad eclesiástica» es autor José María Sánchez, catedrático de Derecho eclesiástico del Estado. El término «inviolable», codificado por el Derecho internacional (artículo 22 de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas, de 18 de abril de 1961, en vigor desde el 24 de abril de 1964), según la costumbre y la praxis internacionales, implica que los agentes del Estado receptor no pueden penetrar en los locales de una misión diplomática sin consentimiento del jefe de dicha misión y que tales locales, su mobiliario y demás bienes situados en ellos, no podrán ser objeto de ningún registro, requisa, embargo o medida de ejecución.
La voluntad de las altas partes contratantes, Iglesia y Estado, tiene un contenido objetivable, que es el que corresponde a la inviolabilidad tal y como la entienden Derecho, costumbre y praxis internacionales. En el caso de la Iglesia, su voluntad no pudo ser otra que la de respetar el canon 1160 del Código de Derecho Canónico de 1917, vigente al tiempo de celebración del Acuerdo, que disponía para los lugares sagrados la exención de la jurisdicción civil. Y eran lugares sagrados (can. 1154 del mismo Código), y lo son, los destinados al culto divino o a la sepultura de los fieles mediante la dedicación o bendición prescrita por los libros litúrgicos (can. 1205 del Código de Derecho Canónico vigente de 1983).
El Código de Derecho Canónico vigente dice, de modo aún más amplio, que la autoridad eclesiástica ejerce libremente sus poderes y funciones en los lugares sagrados (can. 1213). Y el artículo XXII. 3 del Concordato de 1953, antecedente del vigente artículo 1.5 del Acuerdo concordatario de 1979, disponía expresamente que los agentes del Estado no podían penetrar en los lugares sagrados sin autorización de la autoridad eclesiástica.
Lo anterior indica que el inciso del artículo 1.5 del Acuerdo concordatario de 1979, según el cual la inviolabilidad de los lugares de culto está garantizada «con arreglo a las Leyes», no puede ni debe permitir que una norma estatal con fuerza de ley, como pueda serlo, entre otras, un decreto-ley, modifique lo que la inviolabilidad significa como inmunidad frente al poder estatal, negándola total o parcialmente.
La Abadía del Valle de los Caídos es un monasterio autónomo por ser una casa religiosa de monjes bajo el régimen y el cuidado del superior propio, sin que sus constituciones determinen otra cosa (can. 613 §1 del Código de Derecho Canónico vigente). En efecto, la condición jurídica de los benedictinos (monjes que habitan la Abadía y para quienes se instituyó), que no constituyen una orden religiosa, tiene por consecuencia que la Abadía esté bajo el régimen y cuidado de su superior propio, y no de otra autoridad eclesiástica superior (el obispo diocesano, según el Canon 615) que únicamente disfruta de una facultad de vigilancia para velar por el cumplimiento por el prior administrador de las normas canónicas y de las concordatarias. Por consiguiente, la única autoridad que tiene potestad canónica y consiguiente potestad reconocida por el Acuerdo concordatario de 1979 y el Derecho español para autorizar la entrada de cualesquiera agentes del Estado, gubernativos o judiciales, en la Basílica del Valle de los Caídos es el superior mayor de la Abadía, hoy el prior administrador.
Evidentemente, en último caso, la potestad sobre la exhumación podría ser avocada por el Papa, de conformidad con el canon 332 § 1 del Código de Derecho Canónico vigente. Mas cabe preguntarse qué sentido eclesial tendría esa avocación, exclusivamente para hacer canónicamente legítima una decisión política sin precedentes como la exhumación del cadáver de Franco en contra de la voluntad expresa de sus familiares directos y con ánimo claramente vejatorio del difunto, varón bautizado y caballero de la Orden Suprema de Cristo, cuando la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II, ha abandonado toda pretensión de intervención en materia temporal, para limitarse a emitir un juicio moral para salvaguardar y promover los bienes del orden sobrenatural.
Luis Felipe Utrera-Molina, ab

Hay más opiniones, por supuesto, pero ésta parece con fundamento.

lunes, septiembre 10, 2018

Sínodo y jóvenes.


https://opusdei.org/es-es/article/sinodo-de-los-jovenes-vocacion-discernimiento-fe-nicolas-alvarez-de-las-asturias/


«La mayoría de los jóvenes no se plantea que Dios tiene un designio sobre ellos»

Nicolás Álvarez de las Asturias (Madrid, 1972) es sacerdote diocesano de Madrid y Catedrático de la Universidad de San Dámaso. Desde su experiencia como profesor de seminario y sacerdote en una parroquia con una pastoral juvenil muy activa explica las principales claves de esta nueva iniciativa de la Iglesia.
EN PRIMERA PERSONA
Opus Dei - «La mayoría de los jóvenes no se plantea que Dios tiene un designio sobre ellos»Nicolás Álvarez de las Asturias (Madrid, 1972) es sacerdote diocesano de Madrid y Catedrático de la Universidad de San Dámaso.
“10 preguntas sobre el Sínodo” es una serie de entrevistas realizadas a diferentes personas, a raíz del encuentro convocado por el Papa Francisco. En octubre, Obispos de todo el mundo de reunirán en Roma para profundizar en la relación de los jóvenes con la fe, la cuestión del descubrimiento de la propia vocación y el discernimiento como elemento propio del cristiano para acertar con las decisiones importantes.

1. ¿Por qué el Papa ha convocado este Sínodo de Obispos?
Para que los Obispos le ayuden a reflexionar sobre una cuestión en la que considera que hay que incidir más: los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Se trata de un encuentro ordinario, de los que se celebran cada dos años. Desde los tiempos de Juan Pablo II, han desfilado por los Sínodos temas como la familia, los laicos, los sacerdotes, la predicación de la Palabra de Dios o la celebración de la Eucaristía. Que la Iglesia apuesta por los jóvenes está clarísimo, solo hay que ver las Jornadas Mundiales de la Juventud. Son la generación del futuro y, al menos en Europa, la impresión general es que la Iglesia es cada vez más para personas mayores.
2. Francisco lo ha enfocado como un momento para que los mayores y la Jerarquía de la Iglesia escuchen a la juventud, ¿cuáles son las etapas para conseguirlo?
El primer cuestionario se lanzó en mayo del año pasado y, desde entonces, se han hecho otros en la Santa Sede y algunas Conferencias Episcopales. Además, distintas diócesis han ido poniendo en marcha iniciativas para reunir a los jóvenes, que hablen de los temas que se plantean y presenten sus propias conclusiones en Roma. Por ejemplo, en nuestra diócesis de Madrid, el Cardenal Osoro convocó un parlamento para jóvenes. Con todo eso se elaboró un documento de trabajo, el “instrumentum laboris”, con el que los Padres Sinodales llegarán al Sínodo.
3. Y cuándo llegue el momento, ¿cómo será el proceso de trabajo?
Durante los 20 días que dura la asamblea habrá una ponencia inicial y luego los obispos y los restantes participantes expondrán sus ideas tanto en las sesiones plenarias como en las reuniones por grupos. Al final, se entregan al Papa unas conclusiones, con las que puede elaborar un documento o utilizarlas como estime más oportuno. Pero, como todo en la Iglesia, lo más importante para que las conclusiones finales calen en el mundo es el trabajo personal de cada católico que tenga la ilusión de ofrecer su fe y de confrontarse con personas no creyentes.
4. ¿Tiene la Iglesia crisis de vocaciones?
Depende de los lugares. En Europa sí porque, proporcionalmente, hay menos vocaciones que antes. Y entendiendo “crisis de vocaciones” en sentido amplio: tanto por el número de jóvenes cristianos que viven su matrimonio con sentido vocacional, como por aquellos que descubren que Dios les puede llamar por otro camino.
5. ¿Por qué cree que pasa esto?
Probablemente tenga que ver, en parte, con el ambiente. La cultura dominante presenta el compromiso definitivo como algo extraño, sobre todo si es un compromiso con Dios. También influye que cada vez más jóvenes se han apartado de la fe o, sencillamente, viven con otros valores. Y además, la formación de los cristianos —tanto la recibida en la familia como la que les va haciendo madurar en su fe— es más difícil que antes.
6. ¿Puede calar la vocación en esos jóvenes que quizá han vivido alejados de Dios durante mucho tiempo?
Todas las personas tenemos vocación, solo hay que ser capaz de preguntarse sobre la propia vida y tener trato con Dios. Provenir de situaciones difíciles, bien por la familia o bien porque uno tenga un pasado más complicado, evidentemente condiciona, pero nunca determina. En el camino de discernimiento, esas personas tendrán que recorrer una serie de etapas que a lo mejor otras no: sanar el propio corazón, fortalecer la personalidad… pero no es una dificultad insalvable.
7. ¿Es real que los jóvenes hoy tienen miedo de enfrentarse a la pregunta qué quiere Dios de mí?
Unos sí y otros no. Depende mucho de si se han encontrado realmente con Jesucristo o no, como dice el Papa. Pero el problema es que la mayoría ni se plantea que Dios tiene un designio sobre ellos. Entre otros motivos, porque tampoco se plantean comprometerse con nada ni con nadie. Sin necesidad de un razonamiento vocacional, lo que hay es una concepción de la vida muy cambiante y todo lo que se refiere a una decisión definitiva, sencillamente, asusta.
8. Hay mucha gente —también cristiana— que piensa que invitar a los jóvenes a plantearse su vocación es una manera de presión, ¿usted qué cree?, ¿la vocación se descubre solo o acompañado?
La vocación la tiene que ver cada uno. Para eso, probablemente, necesites la ayuda de alguien que te enseñe a escuchar la voz de Dios. Una vez que escuchas su voz, la “presión” ya la mete el Señor.
9. ¿Cómo hay que hablar de la vocación hoy?
En términos de diálogo con Dios. La vocación se entiende como un camino en el que Dios y el hombre colaboran, escriben una historia juntos, basada en la preocupación por los demás.
10. ¿Qué papel juega el entorno —los amigos, la familia— en el discernimiento vocacional?
Pueden jugar papeles diversos. El Papa Francisco repite mucho que el cristianismo se transmite por atracción y ese es un primer papel que pueden jugar; si hay personas que han descubierto un camino vocacional y lo viven con alegría, sin duda despertarán inquietudes en sus amigos. Igual que en la familia. Si los padres viven con conciencia vocacional su propio matrimonio y educan cristianamente a los hijos, les abrirán a la pregunta de qué hacer con su vida.
Ambos pueden ayudar también en términos de consejo, donde el papel de unos y otros es distinto. Normalmente los consejos de los padres se mueven en términos de prudencia, de serenidad, y hacen bien en plantearlo así. En cambio, los amigos suelen entender que forma parte de su amistad apoyar hasta el final la decisión del amigo.

viernes, septiembre 07, 2018

Sigilo de confesión y delitos graves.














(Aparecido en El Mundo, 6 septiembre 2018)

Sigilo de confesión y abusos sexuales

El Tribunal Supremo del Estado de  Louisiana (28 octubre 2016) ha decidido que un sacerdote que recibió en la privacidad de la confesión la confidencia de una penitente menor de edad que había sufrido abusos sexuales , no puede calificarse como “denunciante obligatorio” (mandatory reporter) según la ley civil. Para  el Tribunal Supremo : “cuando un sacerdote, rabino, o ministro debidamente ordenado ha adquirido conocimiento de abuso o negligencia de una persona durante una confesión u otra comunicación sagrada, deberá alentar a esa persona a informar, pero no deberá ser un informante obligatorio de esa confidencia recibida  en confesión o comunicación sagrada”. Esta orientación tuitiva  del secreto de confesión ha sido ratificada hace apenas unos días por un Tribunal de Florida (15 de junio de 2018 ) en un caso que enfrentaba al Padre Vicenzo Ronchi contra el Estado de Florida y Loren Tim Burton; el Tribunal entendió que obligar a un sacerdote a revelar en juicio el contenido de una confesión, como prueba adicional y corroborativa del abuso cometido por el penitente, contraviene la ley estatal que protege la libertad religiosa de los ciudadanos.

Años antes, Conan W. Hale, convicto por robo en una penitenciaría de Oregon, solicitó los servicios de un sacerdote católico. La confesión del preso fue grabada a través de sofisticados medios, y se pretendió utilizarla como medio de prueba en un posterior juicio contra Hale por homicidio. La Santa Sede presentó una protesta formal ante el Gobierno de Clinton por esta intromisión en la intimidad y en la libertad religiosa de un ciudadano. La prueba no fue aceptada por los tribunales de Estados Unidos.

En el debate sobre las Reglas de Procedimiento y Prueba del Tribunal Penal Internacional, se desestimó una propuesta encabezada por Canadá y Francia que pretendía no reconocer el derecho de los ministros de culto de abstenerse de declarar en juicio sobre cuestiones conocidas a través del secreto de confesión o de confidencias de sus fieles. De modo que el art. 73, (U.Doc.PCNICC/2000/1/Add.1 (2000)) dispone :”…la Corte Penal Internacional  reconocerá el carácter privilegiado de las comunicaciones hechas en el contexto del sacramento de la confesión, cuando ella forme parte de la práctica de esa religión.”

Repárese, que estos ejemplos de protección de la confidencialidad del penitente se extienden, entre otros, a tres delitos detestables: abusos sexuales a menores, robo con homicidio y terrorismo. La razón probablemente estriba —aparte de consideraciones éticas— en que, en el mundo del derecho, las excepciones a reglas generales no es raro que actúen como una cuña de punta muy fina, pero de amplia base. Si aceptamos fácilmente en materias graves las excepciones, la punta filosa tiende a introducirse más y más, acabando por multiplicar lo excepcional, hasta desgarrar el tejido general de la ley. Piénsese en el caos mediático que seguiría a imponer la obligación de revelar sus fuentes a los titulares de la fiducia mediática.

La reciente aprobación de una ley (7 junio 2018) por la Asamblea Legislativa del Territorio de Canberra (Australia) que obliga a los sacerdotes a romper el secreto de confesión cuando, durante la administración del sacramento, conozcan de algún caso de abuso sexual, pone al rojo vivo los casos mencionados.

La disposición australiana contó con el apoyo de los principales partidos políticos y, en principio, entrará en vigor el 31 de marzo de 2019. La Archidiócesis de Canberra y Goulburn tendrá nueve meses para negociar con el Gobierno el funcionamiento de la nueva normativa.

El propósito de la ley, bajo el nombre de Enmienda Ombudsman 2018, es ampliar el Esquema de Conducta Denunciable (reportable behavior scheme) que rige las denuncias de abuso y mala conducta contra menores de edad, incluyendo también a organizaciones religiosas. Extiende la obligación de informar sobre abusos sexuales a menores a todas las iglesias, incluyendo el sigilo sacramental de la confesión.

El tema es de importancia capital, pues entremezcla escándalos sexuales a menores, ordenamientos confesionales, privacidad en las relaciones entre profesionales de la información y sus fuentes, secretos médicos, confidencialidad legal y un largo etcétera de un horizonte fuertemente tutelado por la protección de las fuentes

Como una nube radiactiva se ha cernido sobre la Iglesia Católica los casos de abusos sexuales a menores de edad. Cuando escribo estas letras el papa Francisco aparece abochornado y dolido ante los casos irlandés, australiano y estadounidense, por citar los tres más señalados. La ley australiana es, en principio, comprensible, al moverse en el plano de esa ira legal razonable, sin la cual no habría tribunales de justicia ni jueces que la aplicaran.

Pero en materia jurídica, la pasión no debe oscurecer la razón, pues no hay nada más difícil que hablar desapasionadamente de la pasión. De ahí que me permita contrastar en esta materia pasión y razón legal, con el objeto de que a un crimen abominable no se superponga una dudosa solución legal.

Me van a permitir que de los escándalos enunciados me fije ahora en el caso de Pennsylvania. El informe del Gran Jurado – informe, no sentencia- cubre un periodo de unos setenta años (1950-2017), y cita los nombres de 301 sacerdotes contra los que existen “acusaciones creíbles” de abusos sexuales durante su ministerio, de los que habrían sido víctimas al menos 1.000 menores identificados. El informe, que en algún caso se remonta a la Segunda Guerra Mundial, concluye que casi todos los acusados están muertos o han sido expulsados del sacerdocio.

Por ejemplo, en la Diócesis de Harrisburg, se nombran 71 personas: 42 están muertos y cuatro están desaparecidos. La mayoría de los que todavía están vivos ya no están en el ministerio. Según admitió el 14 de agosto el fiscal que preside el Gran Jurado de Pennsylvania, y Fiscal General, Josh Saphiro : “en casi todos los casos de abuso infantil, los sospechoso son demasiado viejos para ser enjuiciados”. Tiene razón. Pero si él lo sabía desde el comienzo, ¿por qué siguió en este callejón sin salida?

En un análisis profundo del caso Pennsylvania, Bill Donohue, sociólogo de la Universidad de Nueva York , llega a la conclusión de que la actuación de Saphiro y de su antecesora en el cargo, Kathleen Kane, Fiscal General del estado de Pensilvania, —que fue encontrada culpable por nueve cargos entre los que figuran perjurio, conspiración criminal, filtrar información sobre un gran jurado y luego mentir sobre ello, en un esfuerzo por desacreditar a un rival político— fue movida por una corriente de animadversión soterrada hacia la Iglesia Católica. De ahí la publicación del informe cuando Francisco acometía decididamente problemas de abusos sexuales en Irlanda.

En realidad, el caso Pennsylvania se ha diluido a partir de 2002 en el que la Santa Sede y los obispos USA han impuesto enérgicas medidas disuasorias, que han sido muy eficaces. Como ha señalado el director de la Sala de Prensa vaticana en una nota, “la mayor parte del informe se refiere a abusos cometidos antes de los primeros años 2000. No habiendo encontrado apenas casos después de 2002, las conclusiones del Gran Jurado son coherentes con estudios precedentes que muestran cómo las reformas hechas por la Iglesia Católica en Estados Unidos han reducido drásticamente la incidencia de los abusos cometidos por el clero”.

El caso australiano comienza también a decaer en su virulencia. Una Comisión Real en Australia realizó en 2017 un sólido informe sobre el problema de abusos a menores entre todo tipo de instituciones Según este informe, en el periodo 1950 a 2010 hubo acusaciones de abusos contra el 7% de todos los sacerdotes australianos. Si se mide por décadas, los sacerdotes diocesanos acusados fueron el 2,9% en los años 50, el 4,5% en los 60, el 4% en los 70, para caer al 0,2% en los 2000. Esos datos no parecen justificar la drástica medida de eliminar el secreto de confesión en los supuestos de abusos sexuales a menores. Sobre todo si se piensa en lo insólito de la medida en el contexto del derecho comparado. No se olvide que en el Derecho de la Iglesia el sigilo sacramental es inviolable (canon 983, Código de Derecho Canónico). A su vez, el confesor que viola directamente el secreto de la confesión incurre en excomunión automática (c. 1388). Esta rigurosa protección del sigilo sacramental implica también la incapacidad de ser testigo en relación con lo que conoce por confesión sacramental, aunque el penitente le releve del secreto «y le pida que lo manifieste» (cánones 1548 y 1550).

Ciertamente , en la discutible medida legal  australiana está en juego la primera de las libertades que es la religiosa.

Rafael Navarro-Valls, es catedrático, académico y autor de “Los límites del secreto de confesión”.

sábado, septiembre 01, 2018

Mensaje del Prelado de la Obra.




Mensaje del Prelado (1 de septiembre de 2018)

Con estas letras, Mons. Fernando Ocáriz pide, entre otras cosas, crecer en el amor a la Iglesia y al Papa.
CARTAS PASTORALES Y MENSAJES
Opus Dei - Mensaje del Prelado (1 de septiembre de 2018)
Procuremos ofrecer la oración y penitencia que el Santo Padre ha pedido a todos en su reciente “Carta al Pueblo de Dios”. Amemos más y más a la Iglesia y al Papa. Nos puede ayudar recordar que la Iglesia no es solo el conjunto de los hombres y mujeres que a ella nos hemos incorporado sino, sobre todo, como explicaba san Josemaría, es «Cristo presente entre nosotros; Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria» (Es Cristo que pasa, n. 131).
Estamos ya muy cerca del 90º aniversario del día en que el Señor hizo ver la Obra a san Josemaría. Para prepararnos, busquemos redescubrir, con nueva profundidad y deseos de conversión, la fuerza de la llamada personal que Dios nos dirige.
Os pido oraciones por los nuevos sacerdotes que recibirán mañana la ordenación, y por el Sínodo que tendrá lugar en el mes de octubre.
Torreciudad, 1 de septiembre de 2018

Ya pesar de todo, la Iglesia triunfa.





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