martes, agosto 21, 2018

Magnífico artículo del sacerdote José Fernando Rey Ballesteros.









Magistral artículo, sobre la imagen falsa que dan los medios sobre la Iglesia., y no caer en esa tentación.
Conquistar almas y aplicar normas
10 agosto, 2015 | espiritualidad
Escribo con cierto miedo. Siempre lo hago cuando escribo acerca de asuntos que conozco a través de los medios de comunicación. Sé que los datos de que dispongo son incompletos, y que podría sorprenderme si conociera de primera mano tal o cual caso, para después tragarme mis palabras. Pero cuando uno se percata de que la inmensa mayoría de las informaciones de prensa sobre la Iglesia Católica giran en torno a la participación de homosexuales, transexuales y divorciados en los sacramentos, surge cierta rebeldía interior. ¡No es ése el asunto! ¡El cristianismo no es eso!
Los sacerdotes y obispos estamos pasando ante la opinión pública como aplicadores de leyes o conservadores de piedras. Y vaya por delante que, como institución jurídica, la Iglesia tiene todo el derecho a aplicar sus normas y a conservar sus bienes. Nadie está obligado a formar parte de la Iglesia, como nadie está obligado a jugar un partido de fútbol. Pero quien decide participar en el «juego» sacramental está tan obligado a aceptar sus normas como lo está quien decide saltar al campo de fútbol a aceptar el reglamento. A ningún deportista se le ocurre elevar una protesta porque no le permitan jugar en la Liga de Campeones vestido de chaqueta y corbata, o no le consientan meter goles con la mano. La polémica, de primeras, es absurda. Pero lo peor no es que sea absurda, sino que su relevancia mediática ofrece al mundo una imagen de sacerdotes y obispos como individuos enjaulados en despachos que lucen en sus mesas un crucifijo y un código, ambos con la misma peana.
Me asustaría más pensar que nos lo hemos creído. No somos aplicadores de leyes, ni conservadores de piedras. Somos pescadores de almas. Nos importan las almas más que las leyes y las piedras. Yo, de buen grado, le regalaría al Demonio todas las piedras si él me entregase las almas, como le regaló Jesús toda una piara de cerdos a los espíritus malignos de Gerasa con tal que liberasen un espíritu cautivo. Y, en cuanto a las leyes… Deberíamos guardar el código en un cajón de la mesa para sacarlo cuando llegase el momento oportuno. Lo primero que debe ver quien venga a visitarnos es el crucifijo.
Cuando una persona se acerca al despacho parroquial, yo no soy el cobrador de un puesto de peaje, cuyo trabajo consista en explicarle las condiciones, recordarle las normas de circulación, y cobrarle el precio antes de levantar la barrera. Tengo delante a un alma amada por Dios, no a un cliente que me solicita un servicio. Y, antes de preguntarme si esa persona puede o no casarse en la Iglesia, si puede o no bautizar a sus hijos, si puede o no recibir la comunión, debo preguntarme si esa persona conoce y ama a Jesucristo, y cómo puedo acercarle más al Redentor. Todo lo demás vendrá después. Y las leyes habrá que aplicarlas, desde luego, porque no podemos renunciar a ellas sin perderlo todo, pero esas leyes tendrán su momento. ¿Cómo voy a explicarle a quien no ama a Jesucristo ni conoce la Iglesia que no puede recibir la comunión? ¡Si ni siquiera sabe lo que es!
Una persona que no asiste habitualmente a misa, que no se confiesa nunca, que está divorciada y ha contraído matrimonio civil posteriormente, y que en un funeral al que acude por compromiso se acerca a comulgar no tiene la menor idea de lo que está haciendo. Tendré que ser yo quien repare y haga penitencia por ella, pero no puedo pretender que comprenda la magnitud de su acción.
Ante todo, no debo situarme a la defensiva, como ante un enemigo que viene a profanar el templo. Antes al contrario, debo dejarme embargar por unas santas ansias de conquista. Cristo quiere invadir ese alma, no alejarla de su Iglesia, y yo tengo que estar al servicio de su dulcísimo plan de invasión. ¿Tenemos verdadero celo de almas, o nos puede el celo por las normas? Primero debo acercarme a esa persona, o dejar que se me acerque. Debo mostrarle el rostro de Cristo de forma que conozca quién es y hasta qué punto es amada por su Redentor. Si, entre tanto, caen algunas leyes, deberé sufrirlo yo, porque ella aún no está capacitada para entenderlo. Si sigo tratando con cariño a esa persona, si no renuncio a conquistar ese alma, sé que un buen día la tendré de rodillas en el confesonario. Y, entonces, sacaré el código del cajón y se lo explicaré punto por punto, sabiendo que ahora lo entenderá. Y hará la penitencia que entonces hice yo por ella, y purificará su alma, y salvará su vida. Todo ello no sería posible si mi primer contacto hubiese sido para defenderme de ella y alejarla.
No puedo controlar lo que diga la prensa. Pero le pido a Dios, con todas mis fuerzas, que los sacerdotes no dejemos que los medios de comunicación nos indiquen nuestro sitio. No somos aplicadores de normas, sino conquistadores de almas que, una vez conquistadas, las llevan sobre los hombros por el camino empinado hacia el Cielo.
José-Fernando Rey Ballesteros, pbro

lunes, agosto 20, 2018

Carta del Papa Francisco sobre abusos sexuales.










«Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas. Un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.
1. Si un miembro sufre
En los últimos días se dio a conocer un informe donde se detalla lo vivido por al menos mil sobrevivientes, víctimas del abuso sexual, de poder y de conciencia en manos de sacerdotes durante aproximadamente setenta años. Si bien se pueda decir que la mayoría de los casos corresponden al pasado, sin embargo, con el correr del tiempo hemos conocido el dolor de muchas de las víctimas y constatamos que las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte; las heridas “nunca prescriben”. El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado. Pero su grito fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o, incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad. Clamor que el Señor escuchó demostrándonos, una vez más, de qué parte quiere estar. El cántico de María no se equivoca y sigue susurrándose a lo largo de la historia porque el Señor se acuerda de la promesa que hizo a nuestros padres: «Dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1,51-53), y sentimos vergüenza cuando constatamos que nuestro estilo de vida ha desmentido y desmiente lo que recitamos con nuestra voz.
Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños. Hago mías las palabras del entonces cardenal Ratzinger cuando, en el Via Crucis escrito para el Viernes Santo del 2005, se unió al grito de dolor de tantas víctimas y, clamando, decía: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! [...] La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf. Mt 8,25)» (Novena Estación).
2. Todos sufren con él
La magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria. Si bien es importante y necesario en todo camino de conversión tomar conocimiento de lo sucedido, esto en sí mismo no basta. Hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura, en un ámbito donde los conflictos, las tensiones y especialmente las víctimas de todo tipo de abuso puedan encontrar una mano tendida que las proteja y rescate de su dolor (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228). Tal solidaridad nos exige, a su vez, denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona. Solidaridad que reclama luchar contra todo tipo de corrupción, especialmente la espiritual, «porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Co 11,14)”» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 165). La llamada de san Pablo a sufrir con el que sufre es el mejor antídoto contra cualquier intento de seguir reproduciendo entre nosotros las palabras de Caín: «¿Soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9).
Soy consciente del esfuerzo y del trabajo que se realiza en distintas partes del mundo para garantizar y generar las mediaciones necesarias que den seguridad y protejan la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, así como de la implementación de la “tolerancia cero” y de los modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos. Nos hemos demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias, pero confío en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro.
Conjuntamente con esos esfuerzos, es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos. Tal transformación exige la conversión personal y comunitaria, y nos lleva a mirar en la misma dirección que el Señor mira. Así le gustaba decir a san Juan Pablo II: «Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (Carta ap. Novo millennio ineunte, 49). Aprender a mirar donde el Señor mira, a estar donde el Señor quiere que estemos, a convertir el corazón ante su presencia. Para esto ayudará la oración y la penitencia. Invito a todo el santo Pueblo fiel de Dios al ejercicio penitencial de la oración y el ayuno siguiendo el mandato del Señor,1 que despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y compromiso con una cultura del cuidado y el “nunca más” a todo tipo y forma de abuso.
Es imposible imaginar una conversión del accionar eclesial sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios. Es más, cada vez que hemos intentado suplantar, acallar, ignorar, reducir a pequeñas élites al Pueblo de Dios construimos comunidades, planes, acentuaciones teológicas, espiritualidades y estructuras sin raíces, sin memoria, sin rostro, sin cuerpo, en definitiva, sin vida2. Esto se manifiesta con claridad en una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia— como es el clericalismo, esa actitud que «no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente».3 El clericalismo, favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo.
Siempre es bueno recordar que el Señor, «en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6). Por tanto, la única manera que tenemos para responder a este mal que viene cobrando tantas vidas es vivirlo como una tarea que nos involucra y compete a todos como Pueblo de Dios. Esta conciencia de sentirnos parte de un pueblo y de una historia común hará posible que reconozcamos nuestros pecados y errores del pasado con una apertura penitencial capaz de dejarse renovar desde dentro. Todo lo que se realice para erradicar la cultura del abuso de nuestras comunidades, sin una participación activa de todos los miembros de la Iglesia, no logrará generar las dinámicas necesarias para una sana y realista transformación. La dimensión penitencial de ayuno y oración nos ayudará como Pueblo de Dios a ponernos delante del Señor y de nuestros hermanos heridos, como pecadores que imploran el perdón y la gracia de la vergüenza y la conversión, y así elaborar acciones que generen dinamismos en sintonía con el Evangelio. Porque «cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11).
Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión.
Asimismo, la penitencia y la oración nos ayudará a sensibilizar nuestros ojos y nuestro corazón ante el sufrimiento ajeno y a vencer el afán de dominio y posesión que muchas veces se vuelve raíz de estos males. Que el ayuno y la oración despierten nuestros oídos ante el dolor silenciado en niños, jóvenes y minusválidos. Ayuno que nos dé hambre y sed de justicia e impulse a caminar en la verdad apoyando todas las mediaciones judiciales que sean necesarias. Un ayuno que nos sacuda y nos lleve a comprometernos desde la verdad y la caridad con todos los hombres de buena voluntad y con la sociedad en general para luchar contra cualquier tipo de abuso sexual, de poder y de conciencia.
De esta forma podremos transparentar la vocación a la que hemos sido llamados de ser «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1).
«Si un miembro sufre, todos sufren con él», nos decía san Pablo. Por medio de la actitud orante y penitencial podremos entrar en sintonía personal y comunitaria con esta exhortación para que crezca entre nosotros el don de la compasión, de la justicia, de la prevención y reparación. María supo estar al pie de la cruz de su Hijo. No lo hizo de cualquier manera, sino que estuvo firmemente de pie y a su lado. Con esta postura manifiesta su modo de estar en la vida. Cuando experimentamos la desolación que nos produce estas llagas eclesiales, con María nos hará bien «instar más en la oración» (S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 319), buscando crecer más en amor y fidelidad a la Iglesia. Ella, la primera discípula, nos enseña a todos los discípulos cómo hemos de detenernos ante el sufrimiento del inocente, sin evasiones ni pusilanimidad. Mirar a María es aprender a descubrir dónde y cómo tiene que estar el discípulo de Cristo.
Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de la conversión y la unción interior para poder expresar, ante estos crímenes de abuso, nuestra compunción y nuestra decisión de luchar con valentía.
Vaticano, 20 de agosto de 2018
FRANCISCO

domingo, agosto 19, 2018

Santa María Reina.


https://opusdei.org/es-es/article/santa-maria-reina-rezar-con-san-josemaria/

Santa María, Reina

El 22 de agosto se celebra la festividad de Santa María Reina. Junto a san Josemaría, contemplamos la escena: “Llénate de seguridad: nosotros tenemos por Madre a la Madre de Dios, Reina del Cielo y del Mundo”.
TEXTOS PARA ORAR
Opus Dei - Santa María, Reina

Eres toda hermosa, y no hay en ti mancha. —Huerto cerrado eres, hermana mía, Esposa, huerto cerrado, fuente sellada. —Veni: coronaberis. —Ven: serás coronada. (Cant., IV, 7, 12 y 8.) Si tú y yo hubiéramos tenido poder, la hubiéramos hecho también Reina y Señora de todo lo creado. (…) Y le rinden pleitesía de vasallos los Ángeles..., y los patriarcas y los profetas y los Apóstoles..., y los mártires y los confesores y las vírgenes y todos los santos..., y todos los pecadores y tú y yo.
Santo Rosario, Quinto misterio glorioso
Es justo que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo coronen a la Virgen como Reina y Señora de todo lo creado. —¡Aprovéchate de ese poder! y, con atrevimiento filial, únete a esa fiesta del Cielo. —Yo, a la Madre de Dios y Madre mía, la corono con mis miserias purificadas, porque no tengo piedras preciosas ni virtudes. —¡Anímate!
Forja, 285
La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima.
Amigos de Dios, 276
Llénate de seguridad: nosotros tenemos por Madre a la Madre de Dios, la Santísima Virgen María, Reina del Cielo y del Mundo.
Forja, 273
Señora, Madre de Dios y Madre mía, ni por asomo quiero que dejes de ser la Dueña y Emperatriz de todo lo creado.
Forja, 376
Ella intercede
Santa María es —así la invoca la Iglesia— la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: Regina pacis, ora pro nobis! —Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... —Te sorprenderás de su inmediata eficacia.
Surco, 874
Cuando te veas con el corazón seco, sin saber qué decir, acude con confianza a la Virgen. Dile: Madre mía Inmaculada, intercede por mí. Si la invocas con fe, Ella te hará gustar —en medio de esa sequedad— de la cercanía de Dios.
Surco, 695
REINA DE LA PAZ, ¡RUEGA POR NOSOTROS! ¿HAS PROBADO, AL MENOS, CUANDO PIERDES LA TRANQUILIDAD?
Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta San Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en Él sus discípulos. Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios.
Amigos de Dios 285
Sed audaces. Contáis con la ayuda de María, Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. (…) Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así el haced lo que El os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entregamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal.
Es Cristo que pasa, 149

viernes, agosto 17, 2018

Pedofilia, el informe del Padre Fortea.

https://blogdelpadrefortea.blogspot.com/2018/08/mi-informe-sobre-el-informe-sobre-la.html?spref=fb


Abusando de su confianza, la del P. Fortea, pero por el interés del tema, reproduzco.




VIERNES, AGOSTO 17, 2018

Mi "informe" sobre el informe sobre la pedofilia del gran jurado de Pensilvania



Mi opinión sobre la pedofilia es exactamente la misma que la del Papa Francisco. Dado el respeto que tengo a la inteligencia de mis lectores, no considero necesario dedicar varios párrafos a repetir lo que he dicho sobre un asunto que ya he tratado en el pasado. Tengo el mayor respeto por las víctimas de esos delincuentes.


Este informe del gran jurado consiste en una veintena de ciudadanos escogidos al azar que se han dedicado a leer casos y han podido escuchar a las víctimas. El informe no revela nada nuevo, no ha descubierto nada que no supiéramos. La magnitud del problema se descubrió en la infinidad de juicios en que esos casos fueron analizados uno a uno.

Hechos frente a suposiciones
El informe en su introducción se permite varias veces lanzar dudas acerca de si las cosas realmente han cambiado en la Iglesia Católica. Varias veces afirma que no tiene claro esto.
En un único momento parece reconocer algo positivo diciendo: We recognize that much has changed over the last fifteen years. “Mucho” no es justo, la actuación de la Iglesia entera sobre este tema ha cambiado radicalmente. Decir “mucho” no es justo.
Y menos todavía cuando más adelante el informe se permite ponerlo en duda: It appears that the church is now advising law enforcement of abuse reports more promptly. “Parece”, vaya, muchas gracias.
Al final de la introducción, claramente afirman que respecto a la actuación de la jerarquía de la Iglesia en la actualidad the full picture is not clear.

El informe es tendencioso
El informe no tiene razón en sus conclusiones cuando hace afirmaciones contra la jerarquía de la Iglesia en la actualidad y menos todavía cuando el fiscal general del Estado de Pensilvania en su discurso de introducción, larguísimo, se presenta sin decirlo abiertamente como el que tiene que venir a solucionar la situación.
Solo hay que ver que el informe trata casi todo el tiempo de casos anteriores al año 2002. Apenas hay casos después de ese año.
El informe tiene dos partes: los casos y las conclusiones de la introducción. En su introducción no tiene razón al lanzar esas veladas y no tan veladas acusaciones sobre los obispos en la actualidad.

Contextualizando
En cualquier caso, 300 sacerdotes acusados durante 70 años significa 4 culpables por año.
Si tenemos en cuenta que de los 12 millones de habitantes de Pensilvania el 24% son católicos, eso significa que hay 4 millones de católicos.
4 casos por año durante 70 años, significa que ha aparecido cada año un nuevo cura pedófilo por cada millón de católicos. Y eso suponiendo que todos los casos de denuncia sean verdaderos.
Por supuesto que un solo caso de pedofilia es algo que debe ser castigado por la Ley. Por supuesto que cada vez que un obispo no hizo lo que debía al manejar estas denuncias es, por lo menos, moralmente reprobable en grado terrible. Por lo menos eso.
Pero si tenemos en cuenta los datos integrales, nos damos cuenta de que la información que se nos está dando resumida es bastante distinta si la contextualizamos.

La prevalencia
He estado mirando diversos artículos acerca de cuál es la prevalencia del abuso sexual de menores en Estados Unidos. Podéis leer muchos artículos serios. Varios estudios varían entre el 15% y 25% de las mujeres, y del 5% al 15% de los varones.
Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que, en 2005, por ejemplo, se sustanciaron en los tribunales de Estados Unidos 83.600 casos. Esa es la cifra solo de los que se sustanciaron a nivel judicial. Para ahorraros citas y citas, podéis ver el artículo “Child sexual abuse” de la Wikipedia. Pero fácilmente podéis encontrar otros muchos artículos académicos.
Vamos a ver, que se haya afirmado que el más grande escándalo de pedofilia de Estados Unidos (el descrito en el informe de este gran jurado) es ese, no lo dudamos. Porque si comparamos el ratio de la población en general respecto a abuso sexual de menores y lo comparamos con el ratio de prevalencia de casos de sacerdotes pedófilos, los resultados son tan claros que no merecen mucho comentario. Lo repito, en un país con esa estadística de abuso, lo cierto es que ha habido un nuevo sacerdote culpable por año y millón de católicos. Insisto me parece que ya está todo dicho y que no merece añadir más.

La carrera electoral del que ha organizado todo
Josh Sapphiro, el fiscal general del Estado de Pensilvania, es elegido por los votantes para ese cargo. Tiene que presentarse a elecciones frente a otros contrincantes. Le venía muy bien aparecer, y aparecer mucho, en algún tipo de cruzada, y mejor lacrimógena, consolando a las víctimas. Sabía muy bien que si lo lograba, su reelección estaba asegurada.
Y escogió precisamente este asunto porque no le podía provocar ningún susto. Yo no hubiera pensado mal de ese funcionario público sino fuera porque todo este asunto, desde el principio, desde el minuto cero, ha sido pensado, ideado y proyectado como un gran espectáculo mediático.
Y muchos se lo hicieron ver cuando él quiso involucrar al Papa Francisco para que le escribiera apoyándole. También hubo juristas que le quisieron hacer ver que el mismo proceso estaba viciado en sus propósitos y en las propuestas que él extraía. Pero sobre ese punto no me voy a alargar, porque si no el post será inacabable. Me limitaré a mencionar que lo que ya colmó el vaso fue la puesta en escena final. Su discurso, el discurso que tenía que consagrarle como héroe, no es el discurso de un neutral servidor de la Ley, sino el de alguien que usa una cruzada para beneficio de su propia imagen.

Conclusión
Tenemos delante de nosotros una “investigación” que no nos ha revelado nada nuevo. Hemos contemplado silenciosos un empleo de recursos humanos (el mismo fiscal general mismo lo reconoció) y un gasto de dinero de los contribuyentes para hacer un papel sin ninguna consecuencia jurídica, sin ninguna repercusión penal. Las futuras víctimas seguían igual de protegidas antes que después de ese papel. La misión de un fiscal general es perseguir a los culpables, no embarcarse en cruzadas para la televisión.

La Iglesia, en los años pasados, fue humillada (con razón) en cada juicio de pedofilia. Juicios de los que fueron puntualmente informados los ciudadanos paso a paso. Cada juicio dio para muchos noticiarios, para muchas declaraciones de las víctimas en infinidad de documentales. El clero fue humillado, pagó y cambió. Los condenados fueron sentenciados a prisión. No había NINGUNA razón para que un funcionario público, como un fiscal general, decidiera juntar todos los casos sin ningún propósito penal, solo para avergonzar y deshonrar.

¿Qué hacer?
La opinión de la población mundial está tan en contra que muchos obispos y sacerdotes piensan que es mejor unirse a la condena general y abandonar cualquier deseo de matizar. Es como decir: Cualquier cosa que hagan o digan, estará bien. Digan lo que sea, me uno.

¿Lo critico? Sinceramente, creo que no queda otra alternativa. Los “otros” están buscando poner cara a algún enemigo, para lanzarse.

Ahora bien, tengamos en cuenta que este espectáculo de grandes jurados, de puestas en escena, de discursos de gobernadores, senadores y servidores de la Ley respecto a la Iglesia Católica puede repetirse Estado tras Estado. Y después todo se puede reunir en otra gran ceremonia para presentar un informe final a nivel nacional. Y, a cada paso, “nuestros amigos” van a pedir más medidas, más acciones concretas, más mecanismos de constricción particularmente diseñados para la Iglesia.

Y estos autos de fe pueden repetirse país tras país. Y, en su etapa penúltima, pedirán la cabeza de los que están en Roma en lo alto de las congregaciones. Pedirán que se presenten a declarar, exigieran los documentos de las congregaciones romanas, presentarán órdenes internacionales de busca y captura. Esta espiral puede que solo haya hecho que empezar.

Acabo como empecé el post: una cosa es nuestra condena de la pedofilia y otra muy distinta es el huracán que se puede estar formando.

Oraciones por el gran Rafael Navarro Valls.




Está delicado.




miércoles, agosto 15, 2018

María en el cielo.


«Me felicitarán todas las generaciones». La Virgen María, desde el Cielo, no deja de mirar a todos sus hijos de la tierra. A ti.



La imagen puede contener: cielo y exterior

lunes, agosto 13, 2018

domingo, agosto 12, 2018

El Prelado en Argentina.

Bravo Argentina, sí a la vida.





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Fin de ciclo...








Hace 43 años que murió Franco, no lo parece por lo mucho que se habla de él. El PP ha renunciado a defender la vida humana y un matrimonio más serio; la sospecha de robo es continua. El Psoe roba más, vía eres, o condonaciones de la deuda con la banca, 50 millones de euros. Que Podemos está en la esfera pública me parece retrotraerse al año 34 del pasado siglo. El asunto catalán, robo y ridículo nacional e internacional. Ciudadanos, unos cuantos políticos nuevos, pero muy pocos todavía. Lo que se ha robado en este país, y aún así estamos entre los quince mejores del mundo.

Fin de ciclo. Regeneración y rearme moral. Os toca a los de 25 años hasta 50. A mí se me pasó el ciclo.

miércoles, agosto 08, 2018

Historia...

No hay texto alternativo automático disponible.





Del Prelado, agosto.





Mensaje del Prelado (6 agosto 2018)

El prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, ha enviado este mensaje el 6 de agosto de 2018, festividad de la Transfiguración del Señor.
CARTAS PASTORALES Y MENSAJES
Opus Dei - Mensaje del Prelado (6 agosto 2018)
Durante los viajes de estos meses, me llena de agradecimiento al Señor ver cómo en tantos sitios, hijas e hijos míos ponen en marcha y desarrollan proyectos para que el mensaje de Cristo y su llamada a la santidad alcance a muchas almas. Algunas de esas iniciativas son grandes, otras son más pequeñas, y siempre acompañadas por el espíritu de servicio y el trato de sincera amistad con las personas. Es bonito ver en todas partes un mismo espíritu y con rostros tan variados.
También es motivo de alegría y agradecimiento a Dios comprobar que esas actividades apostólicas cooperan, junto a las que realizan otras instituciones, al progreso humano personal y social en amplios sectores de muchos países.
No dejéis de uniros a mi oración por todas y por todos.
Buenos Aires, 6 de agosto de 2018
Transfiguración de Nuestro Señor

domingo, agosto 05, 2018

Nuestra Señora de las Nieves.





El 5 de agosto
  

Nuestra Señora de las Nieves

(366)

Nuestra Señora de las Nieves
Nuestra Señora de las Nieves
O.D.M. pinxit
Los libros litúrgicos actuales la titulan a esta fiesta: Dedicación de la Basílica de Santa María. Y dicen de ella algo que sintetiza la historia y leyenda que vamos a recordar: "Después del Concilio de Efeso (431) en el que la Madre de Jesús fue proclamada Madre de Dios, el Papa Sixto III (432-440) erigió en Roma, sobre el Monte Esquilino, una Basílica dedicada a la Santa Madre de Dios, basílica que fue llamada más tarde "Santa María la Mayor". Es la Iglesia más antigua dedicada en Occidente a la Virgen María".
Así contaba el breviario hasta la última reforma litúrgica la historia de esta festividad: En tiempos del Papa Liberio, a mediados del siglo IV, vivía en Roma una familia noble y muy rica. Tan rica que, por más limosnas que como ejemplares cristianos entregaban a los pobres, no se agotaban nunca. Por ello cierto día los dos esposos acudieron a la Virgen María suplicándole que les inspirase el modo más del agrado suyo y de su Hijo de hacer uso de sus riquezas. La Virgen vino en ayuda de Juan Patricio y su esposa mientras dormían. En sueños, y por separado, se les manifestó la Virgen María indicándoles que era su deseo que levantasen un templo en su honor en el lugar que ella les indicase. Era la noche del 4 al 5 de agosto en una Roma que es sumamente calurosa durante este tiempo. Debían edificarlo sobre el Monte Esquilino y en aquella parte donde apareciera todo nevado.
Los dos esposos se dirigen para contarle la visión al Papa Liberio. El Papa había tenido también la misma visión que ellos. El Sumo Pontífice organiza una Procesión y todos se dirigen cantando himnos al Señor y a su Madre la Virgen María hacia el lugar indicado. Al llegar allí todos quedan admirados al contemplar aquellas maravillas. Aparecía un gran trozo de monte acotado por la nieve fresca y blanquísima. El pueblo canta de alegría y allí, en el corazón de Roma, levantan una magnífica Basílica en honor de Santa María, que dedicarían cuatro años después. Así surge la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, Santa María del Pesebre o Santa María La Mayor, Basílica Liberiana, etc... como se le llama.
Esta magna Basílica es una de las cuatro Mayores de Roma y una de las más bellas y más visitadas de la cristiandad. Nuestro inmortal Murillo inmortalizó este relato con su precioso cuadro: Aparece el piadoso matrimonio contando al Papa la visión y en el fondo se contempla la procesión de todo el pueblo romano y el campo nevado.
La devoción a la Virgen María del pueblo romano está fomentada, sobre todo, por este suntuoso templo dedicado a la Madre de Dios. Allí venera también la Madona del Popolo Romano a la que se profesa tierna devoción.
En este templo se conserva la parte mayor de la Cuna de Belén, y la Nochebuena, suele celebrar la Eucaristía en la Basílica el Papa que es a la vez el Obispo de Roma. Casi todos los cuadros de la Basílica hacen alusión a diversos misterios de la Virgen María: Anunciación, Visitación, María con el Niño, Adoración de los Reyes, huida a Egipto, y al Concilio de Efeso.
Tiene esta Basílica recuerdos especiales que la ligan con España: A la entrada se encuentra una estatua del rey Felipe IV; el artesonado -que es maravilloso- fue decorado con el primer oro traído por los españoles de América; el rey de España goza del título de Canónigo honorario de Santa María la Mayor: aquí celebró su primera misa San Ignacio...