lunes, abril 05, 2021

Lunes de Pascua.

 


Evangelio del lunes: sin miedo

Comentario del lunes de Pascua. “No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán”. Las santas mujeres, reconfortadas por haber visto a Jesús, vencieron el temor, y fueron las primeras en cumplir el mandato apostólico.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Opus Dei - Evangelio del lunes: sin miedo

Evangelio (Mt 28,8-15)

En aquel tiempo:

Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo:

— No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.

Mientras ellas se iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido. Se reunieron con los ancianos, se pusieron de acuerdo y dieron una buena suma de dinero a los soldados diciéndoles:

— Tenéis que decir: «Sus discípulos han venido de noche y lo robaron mientras nosotros estábamos dormidos». Y en el caso de que esto llegue a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y nos encargaremos de vuestra seguridad.

Ellos aceptaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy.


Comentario

En este lunes de Pascua la alegría por la resurrección de Jesús nos sigue desbordando, como les ocurrió a aquellas mujeres, “María de Magdala y la otra María”, al ver el sepulcro vacío y escuchar la noticia del ángel. Quedaron atemorizadas, pero no paralizadas. Sin ver a Jesús, obedecieron presurosas al mandato del ángel de anunciar la resurrección. Entre el temor y la alegría venció la alegría, porque creyeron, y por su fe, obedecieron. Todo sostenido por el amor incondicional al Maestro. Y enseguida fueron recompensadas: les salió al encuentro el mismo Jesús resucitado. Aquellas mujeres creyentes, alegres y obedientes, merecían un saludo del propio Jesús para recibir de él la serenidad. Ya les dijo el ángel: “no tengáis miedo”. Pero seguían atemorizadas. Por eso reciben por segunda vez el mismo anuncio, pero esta vez de labios del mismo Jesús. Y el amor les empuja a abrazarse a sus pies: “En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor” (1 Juan 4,18).

A los guardianes del sepulcro no se les anunció nada: no era necesario, pues lo vieron todo. Y aunque parecían haber quedado como muertos, se levantaron para contar todo lo sucedido. En su anuncio no hubo alegría, solo miedo. La calma les llegó por el dinero recibido a cambio de no decir nada a nadie. ¿Que pudo ser de aquellos soldados amordazados por el soborno pero testigos de la Verdad?

Hoy nos enfrentamos ante estas dos reacciones: fe en Jesús resucitado y audacia para anunciarlo, o silencio a causa de la avaricia, “raíz de todos los males” (1 Timoteo 6,10). En los soldados se cumplió lo dicho por Jesús en la parábola del sembrador: “Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda estéril” (Mateo 13,22). En las mujeres, ocurrió lo contrario: “Y lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta” (Mateo 13,23). A otra María, la Madre del resucitado, le pedimos la fe y la audacia de aquellas mujeres, para “anunciar las obras del Señor” (Sal 118,17).

lunes, marzo 29, 2021

Betania.


 "En los últimos días de su vida en la tierra, Jesús pasa largas horas en Jerusalén...". Palabras de Mons. Javier Echevarría emitidas por la cadena de Estados Unidos EWTN.

Lunes santo: reflexiones de Mons. Javier Echevarría (2004).

Ayer recordamos el ingreso triunfal de Cristo en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos y otras personas le aclamaron como Mesías y Rey de Israel. Al final de la jornada, cansado, volvió a Betania, aldea situada muy cerca de la capital, donde solía alojarse en sus visitas a Jerusalén.

Allí, una familia amiga siempre tenía dispuesto un sitio para Él y los suyos. Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos, es el cabeza de familia; con él viven Marta y María, hermanas suyas, que esperan llenas de ilusión la llegada del Maestro, contentas de poder ofrecerle sus servicios.

En los últimos días de su vida en la tierra, Jesús pasa largas horas en Jerusalén, dedicado a una predicación intensísima. Por la noche, recupera las fuerzas en casa de sus amigos. Y en Betania tiene lugar un episodio que recoge el Evangelio de la Misa de hoy.

Seis días antes de la Pascua —relata San Juan—, fue Jesús a Betania. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Inmediatamente salta a la vista la generosidad de esta mujer. Desea manifestar su agradecimiento al Maestro, por haber devuelto la vida a su hermano y por tantos otros bienes recibidos, y no repara en gastos. Judas, presente en la cena, calcula exactamente el precio del perfume.

Pero, en vez de alabar la delicadeza de María, se abandona a la murmuración: ¿por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres? En realidad, como hace notar San Juan, no le importaban los pobres; le interesaba manejar el dinero de la bolsa y hurtar su contenido.

«La valoración de Jesús es muy diversa», escribe Juan Pablo II. «Sin quitar nada al deber de la caridad hacia los necesitados, a los que se han de dedicar siempre los discípulos —"pobres tendrán siempre con ustedes"—, Él se fija en el acontecimiento de su muerte y sepultura, y aprecia la unción que se le hace como anticipación del honor que su cuerpo merece también después de la muerte, por estar indisolublemente unido al misterio de su persona» (Ecclesia de Eucharistia, 47).

Para ser verdadera virtud, la caridad ha de estar ordenada. Y el primer lugar lo ocupa Dios: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es como éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas. Por eso, se equivocan los que —con la excusa de aliviar las necesidades materiales de los hombres— se desentienden de las necesidades de la Iglesia y de los ministros sagrados. Escribe San Josemaría Escrivá: «aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios.

—Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco.

—Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y retablos, se oye la alabanza de Jesús: "opus enim bonum operata est in me" —una buena obra ha hecho conmigo».

¡Cuántas personas se comportan como Judas! Ven el bien que hacen otros, pero no quieren reconocerlo: se empeñan en descubrir intenciones torcidas, tienden a criticar, a murmurar, a hacer juicios temerarios. Reducen la caridad a lo puramente material —dar unas monedas al necesitado, quizá para tranquilizar su conciencia— y olvidan que —como escribe también San Josemaría Escrivá— «la caridad cristiana no se limita a socorrer al necesitado de bienes económicos; se dirige, antes que nada, a respetar y comprender a cada individuo en cuanto tal, en su intrínseca dignidad de hombre y de hijo del Creador».

La Virgen María se entregó completamente al Señor y estuvo siempre pendiente de los hombres. Hoy le pedimos que interceda por nosotros, para que, en nuestras vidas, el amor a Dios y el amor al prójimo se unan en una sola cosa, como las dos caras de una misma moneda.

sábado, marzo 27, 2021

Domingo de Ramos.

 


Meditaciones: Domingo de Ramos

Reflexión para meditar el Domingo de Ramos. Los temas propuestos son: entrada del Señor en Jerusalén; el borrico está más cerca de Jesús; Comprender la lógica del reinado divino.

MEDITACIONES
Opus Dei - Meditaciones: Domingo de Ramos

Entrada del Señor en Jerusalén.

El borrico está más cerca de Jesús.

Comprender la lógica del reinado divino.


ENTRA EL SEÑOR en Jerusalén. Quien siempre se había opuesto a toda manifestación pública de alabanza, quien se había escondido cuando el pueblo quiso hacerle rey, se deja hoy llevar en triunfo. Solo ahora, cuando sabe que la muerte está cerca, acepta ser aclamado como el Mesías. Jesús sabe que, en realidad, reinará desde la cruz, ya que el mismo pueblo que ahora le aclama jubiloso dentro de poco le abandonará y le conducirá al Calvario. Las palmas se tornarán azotes; los ramos de olivo, en espinas; los vítores, en burlas despiadadas.

La liturgia, con la ceremonia de la bendición de las palmas y con los textos de la Misa –entre ellos, el relato de la pasión de nuestro Señor–, nos muestra lo unidos que están en la vida de Jesucristo la alegría y el sufrimiento, el gozo y el dolor. San Bernardo nos habla de cómo se unen en este día las risas con las lágrimas: la Iglesia nos «presenta hoy unidas, de modo nuevo y maravilloso, la pasión y la procesión; siendo así que la procesión lleva consigo el aplauso; la pasión, el llanto»[1].

Jesús entra en Jerusalén y sus habitantes tienden sus vestidos por el camino. «“Las hojas de palma –escribe San Agustín– son símbolo de homenaje, porque significan victoria. El Señor estaba a punto de vencer, muriendo en la Cruz. Iba a triunfar, en el signo de la Cruz, sobre el Diablo, príncipe de la muerte”. Cristo es nuestra paz porque ha vencido»[2]. La lectura de los momentos de la pasión ha hecho desfilar por delante de nosotros a muchos personajes. Entonces, pocos sospechaban la victoria que Cristo traía. Podemos preguntarnos a lo largo de esta semana en la que reviviremos estos acontecimientos: «¿Dónde está mi corazón? ¿A cuál de estas personas me parezco?»[3]. ¿Con qué fe contemplo los sucesos capitales que estos días la Iglesia nos invita a ahondar?


HAY TAMBIÉN en la procesión triunfal otro fuerte contraste: en medio del entusiasmo superficial y ruidoso, brilla la silenciosa figura de un burro que, fiel y obediente, lleva al Señor. «Un borrico fue el trono de Jesús en Jerusalén. Mira –nos hacía considerar san Josemaría– si es bonito servir de trono al Señor»[4]. El pobre animal, con el trote más gallardo que sabe, va pisando sedas y púrpuras, lino y lienzos finísimos; los han puesto los hombres para honrar el paso del Señor. Pero mientras los demás ofrecen objetos, el borrico se da a sí mismo: sobre sus ásperos lomos lleva el peso suave de Jesús. A su lado los hombres corren, agitando por doquier ramos de olivo verde, palmas y laurel. Pero nadie, ni los mismos apóstoles, están tan cerca del Señor como él.

«Si la condición para que Jesús reinase en mi alma, en tu alma, fuese contar previamente en nosotros con un lugar perfecto, tendríamos razón para desesperarnos –comentaba también el fundador del Opus Dei–. Pero no temas, hija de Sión: mira a tu Rey, que viene sentado sobre un borrico. ¿Lo veis? Jesús se contenta con un pobre animal, por trono. No sé a vosotros; pero a mí no me humilla reconocerme, a los ojos del Señor, como un jumento: como un borriquito soy yo delante de ti; pero estaré siempre a tulado,porque tú me has tomado de tu diestra, tú me llevas por el ronzal (...). Hay cientos de animales más hermosos, más hábiles y más crueles. Pero Cristo se fijó en él, para presentarse como rey ante el pueblo que lo aclamaba. Porque Jesús no sabe qué hacer con la astucia calculadora, con la crueldad de corazones fríos, con la hermosura vistosa pero hueca. Nuestro Señor estima la alegría de un corazón mozo, el paso sencillo, la voz sin falsete, los ojos limpios, el oído atento a su palabra de cariño. Así reina en el alma»[5].

Nos gustaría tener, en esta Semana Santa que comienza, el oído muy atento a la voz de Dios. No solo el oído, sino todos los sentidos. No queremos perdernos ningún gesto, ninguna palabra, ningún sentimiento de Jesús en aquellas jornadas que llenan de sentido nuestra vida.


«¿QUÉ LATE REALMENTE en el corazón de los que aclaman a Cristo como Rey de Israel? Ciertamente tenían su idea del Mesías, una idea de cómo debía actuar el Rey prometido por los profetas y esperado por tanto tiempo. No es de extrañar que, pocos días después, la muchedumbre de Jerusalén, en vez de aclamar a Jesús, gritaran a Pilato: “¡Crucifícalo!”. Y que los mismos discípulos, como también otros que le habían visto y oído, permanecieran mudos y desconcertados. En efecto, la mayor parte estaban desilusionados por el modo en que Jesús había decidido presentarse como Mesías y Rey de Israel. Este es precisamente el núcleo de la fiesta de hoy también para nosotros»[6].

La experiencia de quienes recibieron aquel día a Jesús con las palmas puede servirnos para pensar cuál es nuestra idea de Jesús, cuál es nuestra idea de su reinado; qué pensamos sobre su poder y su gracia. Puede suceder, por ejemplo, que a veces nos desilusione cómo se realiza la redención, su ritmo aparentemente lento. A veces quisiéramos que Dios triunfara inmediatamente, confundiendo nuestros planes con los suyos. Nos resistimos a aceptar que Dios está decidido a no comprometer nuestra libertad o la de quienes nos rodean. Su amor es tan delicado que no se impone. No aprovecha, por ejemplo, la aclamaciónde este domingo de ramos ni lo usa para su beneficio.

Por el contrario, «el corazón de Cristo está en otro camino, en el camino santo que solo él y el Padre conocen (...). Él sabe que para lograr el verdadero triunfo debe dejar espacio a Dios »[7]. Se trata del espacio de la acción silenciosa y a la vez poderosa de Dios, que hace nuevas todas las cosas a través del amor del Hijo al Padre. Derrama y ofrece ese amor llegando incluso «hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,6-8). De este modo reina el Señor. Y en este camino podemos contemplar la imagen de la primera y más fiel seguidora de Jesús, su madre. «No la veréis entre las palmas de Jerusalén (...). Pero no huye del desprecio del Gólgota: allí está, iuxta crucem Jesu, junto a la cruz de Jesús»[8]. Y nosotros, por una gracia inmerecida, junto a ella.


[1] San Bernardo, Sermón en el domingo de ramos, 1, 1.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 73.

[3] Francisco, Homilía, 13-IV-2014.

[4] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, X-1965.

[5] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 181.

[6] Benedicto XVI, Homilía, 1-IV-2012.

[7] Francisco, Homilía, 14-IV-2019.

[8] San Josemaría, Camino, n. 507.

jueves, marzo 25, 2021

25 de marzo , La Anunciación.

 


25 de marzo: Anunciación del Señor

Comentario de la solemnidad de la Anunciación. “Y entró donde ella estaba y le dijo: — Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo”. Contemplando a nuestra Madre Inmaculada, bella, totalmente pura, humilde, sin soberbia ni presunción, podemos reconocer nuestro destino verdadero, nuestra vocación más profunda: ser amados, ser transformados por el amor, por la belleza de Dios.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Opus Dei - 25 de marzo: Anunciación del Señor

Evangelio (Lc 1, 26-38)

En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María.

Y entró donde ella estaba y le dijo:

— Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.

Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo.

Y el ángel le dijo:

— No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.

María le dijo al ángel:

— ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?

Respondió el ángel y le dijo:

— El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.

Dijo entonces María:

— He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Y el ángel se retiró de su presencia.


Comentario

El evangelio de San Lucas nos presenta a María, una muchacha de Nazaret, un pueblo minúsculo de Israel.

En esa muchacha de aquel pueblecito lejano, alejada de los focos del mundo, se posó la mirada del Señor, que la había elegido para ser la madre de su Hijo.

La historia de María es así la historia de un Dios que sorprende.

Y María se deja sorprender ante el anuncio del Ángel, no oculta su admiración. Es el asombro de ver que Dios quiere hacerse hombre, y que la ha elegido precisamente a Ella, para ser su madre. Una sencilla muchacha de Nazaret, que no vive en los palacios del poder y de la riqueza, que no ha hecho cosas extraordinarias.

Es el asombro de ver que Dios está enamorado de ella: es la llena de gracia.

Dios la miró así desde el primer instante de su designio de amor.

La miró bella, llena de gracia.

¡Qué hermosa es María!

Esta expresión, “llena de gracia”, tan familiar para el pueblo cristiano, es un saludo de gran profundidad, porque le recuerda la grandeza de su vocación: Ella ha sido elegida para ser la Madre de Dios y por ello ha sido preservada del pecado original en el instante mismo de su Concepción.

La "llena de gracia" es el nombre que Dios mismo le da para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, el amor encarnado de Dios.

Al contemplar esta escena, la Virgen también quiere que nos dejemos sorprender con ella.

Contemplando a nuestra Madre Inmaculada, bella, totalmente pura, humilde, sin soberbia ni presunción, podemos reconocer nuestro destino verdadero, nuestra vocación más profunda: ser amados, ser transformados por el amor, por la belleza de Dios.

Dios ha puesto su mirada de amor sobre cada uno de nosotros, con nombre y apellidos.

De la misma manera que a María, Él nos ha elegido antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados.

Ella es la desde siempre y para siempre amada.

Y lo mismo se puede decir de cada cristiano: desde siempre y para siempre amados.

Ese es su proyecto de amor para nosotros: que en cada uno de nosotros nazca Cristo, para que todo se vea impregnado por Cristo, para que todo esté empapado de la divinidad.

La Virgen María está abierta a Dios, se fía de él, aunque no lo comprenda del todo: se deja sorprender.

"He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38).

Esa es su respuesta.

Dios nos sorprende siempre, rompe nuestros esquemas, pone en crisis nuestros proyectos, y nos dice: fíate de mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme.

Él espera que nos dejemos sorprender: en la sencillez, en la humildad de nuestra vida. Ahí quiere manifestarse.

Nos da su amor que nos salva, nos cura, nos da fuerza. Y nos llama a una aventura divina: ser la mirada de Dios; su sonrisa, sus manos en este mundo.

No nos pide cosas extraordinarias.

Sólo pide que escuchemos su palabra y nos fiemos de él.

Que cada día, con María, sea una Anunciación.

lunes, marzo 22, 2021

La mala conciencia del poder. Navarro Valls.

 



La mala conciencia del poder; por Rafael Navarro- Valls, catedrático y académico

22/03/2021
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El día 20 de marzo de 2021 se ha publicado, en el diario El Mundo, un artículo de Rafael Navarro- Valls en el cual el autor opina sobre la proliferación de conflictos entre conciencia y ley.

LA MALA CONCIENCIA DEL PODER

La proliferación de conflictos entre conciencia y ley es cada vez más acentuada en el panorama jurídico. Lo que descubre una interesante vertiente ideológica -con fases dolorosas- por las que suele transitar la elaboración de un derecho humano. Pasó con las libertades de expresión y religiosa, con el derecho de no discriminación por cuestiones raciales y ahora está ocurriendo con el de objeción de conciencia. Frente a él caben dos posiciones: entenderlo como una especie de delirio religioso, una recusable excepción a la norma legal, que conviene restringir o, al contrario, entenderlo como una derivación del derecho fundamental de libertad de conciencia, un verdadero derecho humano.

Ésta segunda, me parece, es la solución correcta. De ahí que algunas cláusulas de conciencia establecidas en determinadas leyes traigan su origen en lo que podríamos denominar la mala conciencia del poder, es decir, fruto de un saludable remordimiento legal por obligar a personas singulares a seguir una conducta contraria a su conciencia. Esto ocurre, especialmente, en las leyes que inciden sobre el derecho a la vida (aborto, eutanasia, pena de muerte, etc.). Por algo son denominadas la “encrucijada sangrienta del derecho”, en la que los protagonistas de las mismas se encuentran sometidos a una fuerte presión jurídica.

La ley que aprueba la eutanasia fue sancionada el pasado jueves por el Congreso. La objeción de conciencia está regulada en un largo artículo (el 16), de cuyo texto hago gracia al lector, centrándome en las cuestiones más debatidas que contiene. La primera es si el radio de acción de la objeción de conciencia abarca solamente a los médicos o también al personal paramédico que interviene. El texto de la ley es claro, por un lado; y confuso, por otro. Es claro, ya que la expresión “personal sanitario” se refiere tanto a médicos como personal paramédico. No es clara, ya que hace notar “que intervenga directamente”.

Eso parece dejar fuera lo que viene llamándose “objeción de conciencia indirecta”. Es decir, supuestos de personas implicadas indirectamente en la eutanasia: personal de recepción, médicos consultados, etc. Esto no me parece razonable. En Estados Unidos la jurisprudencia lo admite. Por ejemplo, en el caso Tramm (1989) una corte de distrito entendió contrario a derecho el despido de una enfermera que se negó a la preparación de instrumental para realizar abortos y manejar contenedores con restos fetales tras la realización de prácticas abortivas, aunque ella no interviniera directamente.

La segunda cuestión es la necesidad de registro para los médicos objetores. Inicialmente me pareció una iniciativa razonable. Pero acabo de leer un comunicado emitido por la Sociedad Española del Dolor (SED), que me ha hecho cambiar de opinión. Según la SED, la ley de eutanasia trasciende a la lex artis o buena práctica clínica, establecida por la ciencia y recogida en los códigos deontológicos de las profesiones sanitarias. Es decir, no es un acto médico. Por eso, no sería correcto obligar a inscribirse en un registro de objetores como contempla la ley aprobada, lo cual tendría otro inconveniente: en sistemas de vinculación laboral no estables, muy frecuentes en España, podría perjudicar las oportunidades laborales del objetor para acceder a un puesto de trabajo. De ahí que se postule que el registro-si se mantiene, más bien debería incorporar los nombres de los médicos dispuestos a realizar la eutanasia, que no a los reticentes.

La tercera cuestión es la llamada “objeción institucional”. Acabo de leer una noticia ( Revista Tempi, 13 enero 2021, Leone Grotti) que me permito sintetizar y que pone sobre el tapete el tema aludido. El 25 de febrero de este año, tras once de servicio, el centro médico Irene Thomas, que proporciona cuidados paliativos a los enfermos de mayor gravedad en Canadá, se ha visto obligado a cerrar y a despedir a todos sus empleados porque se resiste a eliminar a sus pacientes con la eutanasia. Es la conclusión de una larga batalla legal que llevará a la Fraser Health Authority (Fha), uno de los cinco entes que gestiona la sanidad pública en la provincia de British Columbia, a cerrar el centro de la Delta Hospice Society (Dhs), y a expropiar el edificio.

Precisamente, estos días, la directora del centro ha tenido que enviar una carta de despido a sus empleados en vista del cierre, ejecutado el 25 de febrero. “Hoy en día, en Canadá, la eutanasia se puede obtener en todas partes”, explicaba a Tempi. “Se puede morir en los parques, en las montañas, en casa, en el hospital. Nosotros no ofrecemos la eutanasia porque es incompatible por definición con los cuidados paliativos, que nosotros ofrecemos a la comunidad. Pero la buena muerte es ya una ideología. ¿Dónde está la famosa libertad de decisión?”.

Esta imposibilidad de que una entidad privada con convenio con la sanidad pública pueda plantear una objeción de conciencia institucional en materia de eutanasia, indirectamente, sería posible en aquellos ordenamientos que la admiten en materia de aborto. Un ejemplo es Chile. El 18 de enero de 2021, una sentencia del Tribunal Constitucional chileno (con referencia otra sentencia anterior), en relación con las instituciones privadas de salud que hubieran suscrito con el Ministerio de Salud convenios que contemplen prestaciones de obstetricia y ginecología que por su naturaleza comprendan atenciones a la práctica del aborto en sus instalaciones, concluyó que “la objeción de conciencia institucional no puede ser objeto de condiciones o requisitos legales que impidan su libre ejercicio”. “La firma de un convenio de salud solo implica una transferencia respecto a un determinado quehacer y no a un cierto modo de ser, en que se comunique a los privados la imposibilidad que pesa sobre el Estado de aducir una eximente”. Este razonamiento es trasladable a España.

Para concluir, una referencia a la llamada “objeción de conciencia política”, ejercida por el Rey Balduino y Lech Walesa en materia de aborto, pero también en Luxemburgo en relación a la ley de eutanasia, que entró en vigor el 17 de marzo de 2009. El 2 de diciembre de 2008, el Gran Duque manifestó que, si la ley llegaba a aprobarse, él se encontraba “por razones de conciencia”, dadas sus convicciones católicas, en la imposibilidad de sancionarla. Para resolver el conflicto constitucional se acudió a la reforma del art.34 de la Constitución, limitando las prerrogativas del soberano: ahora el Gran Duque, en vez de “sancionar y promulgar las leyes”, simplemente las promulga.

Permítaseme hacer alguna observación. Conviene partir del dato experimental de que en política y en la vida abundan las voluntades débiles que no encuentran la energía necesaria para ponerse de parte de su conciencia. Al igual que Hamlet, no son capaces de soportar el peso de sus convicciones. Existen otras, sin embargo, en las que “la conciencia común de la sociedad” (la ley) golpea su conciencia individual, obligándole a decir: “No puedo hacerlo contra mi conciencia”. Es la confirmación de que la historia “se escribe no sólo con los acontecimientos que suceden desde fuera, sino que está escrita también desde dentro, es la historia de la conciencia humana y de las victorias o derrotas morales” ( Juan Pablo II, 1985).

Desde otro punto de vista, también las grandes religiones son reticentes con la eutanasia. Baste este ejemplo. El 28 de octubre de 2019, en la sede de las Academias Pontificias de las Ciencias y de Ciencias Sociales, representantes de las religiones monoteístas abrahámicas (cristianos, judíos e islámicos), firmaron una declaración conjunta sobre los problemas del fin de la vida, que rechaza la eutanasia y el suicidio asistido, y alienta los cuidados paliativos en todas partes y para todos. En el mismo sentido, acaba de publicarse el 22 de septiembre de 2020 la Carta Samaritanus bonus, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida. Sobre la objeción de conciencia, establece en su número nueve: “Es necesario que los Estados reconozcan la objeción de conciencia en ámbito médico y sanitario, en el respeto a los principios de la ley moral natural, y especialmente donde el servicio a la vida interpela cotidianamente la conciencia humana”.

No es extraño que el escéptico presidente Obama -hace poco me refería a ello- observe: “Los radicales se equivocan cuando piden a los creyentes que dejen su religión en la puerta antes de entrar en el foro público. De hecho, la mayoría de los grandes reformadores de la historia estadounidense no solo estaban motivados por la fe, sino que utilizaron repetidamente el lenguaje religioso para argumentar en favor de su causa. Así que decir que los hombres y las mujeres no deberían inyectar su moralidad personal en los debates de política pública es un absurdo en la práctica. Nuestra ley es, por definición, una codificación de la moral, de base judeocristiana”.

Libertad o comunismo.

 




sábado, marzo 20, 2021

Mensaje del Prelado.

 


Mensaje del Prelado (19 marzo 2021)

Con ocasión del inicio del Año de la Familia y de la solemnidad de san José, Mons. Fernando Ocáriz nos invita a cuidar de modo especial el propio hogar y también a salir al encuentro de otras familias y personas necesitadas.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES
Opus Dei - Mensaje del Prelado (19 marzo 2021)

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Hoy empieza el año convocado por el Papa Francisco para poner más en primer plano el amor familiar, promoviendo nuevas maneras de acompañar a las familias en su camino hacia la santidad. Esta iniciativa coincidirá, durante algunos meses, con el Año de san José, que comenzó en diciembre pasado. Esta coincidencia puede ser una ocasión para acudir especialmente a la intercesión del santo Patriarca, para que cuide nuestras familias y las de todo el mundo, y también para que muchos jóvenes descubran la belleza de emprender la vida matrimonial, conscientes además de la misión evangelizadora de la familia cristiana.

Durante los meses pasados, por las medidas adoptadas en diversos países durante la pandemia, quizá muchos de nuestros días se han debido desarrollar dentro de la casa, en medio de los ritmos y tareas del hogar. El esfuerzo por vivir en unión con el Señor nos habrá facilitado también afrontar con fe y esperanza situaciones dolorosas: el propio sufrimiento y el de muchos familiares, fallecimientos de seres queridos, situaciones de soledad, enfermedades o tensiones. Habremos intentado acompañar aquellos momentos con nuestra oración, cercanía y cariño.

Estas circunstancias han sido también una ocasión para cuidar más a cada persona –especialmente a los pequeños y a los mayores– y de servir a los demás en las distintas tareas del hogar. Una familia cristiana, a imagen del hogar de Nazaret, requiere la implicación de todos sus miembros en las necesidades de educación, cuidado, descanso, etc. Cada uno aporta un valor necesario e insustituible, aunque la distribución concreta de tareas puede adquirir diversas formas. En este sentido, nos puede servir imaginar la armonía entre José y María, ayudados también por Jesús conforme crecía y podía dar una mano en la casa.

Este año puede ser también una posibilidad de cuidar especialmente el sentido y ambiente de familia en los centros de la Obra y en las casas de todos mis hijos e hijas. A la vez, os animo a buscar maneras de preocuparnos de otras familias, de las personas necesitadas y de los pobres. Estoy seguro de que la iniciativa de cada familia encontrará modos creativos para ser, como deseaba san Josemaría, «sembradores de paz y de alegría» (Es Cristo que pasa, n. 30).

A las familias que no habéis podido tener hijos también se os abre un panorama de apostolado familiar amplísimo: tanto en la llamada a ser, con vuestro amor mutuo, un hogar luminoso para quienes os rodean, como en compartirlo con vuestros amigos, familiares o conocidos, cooperando también así a transformar nuestro mundo en un mejor hogar.

El próximo Encuentro Mundial de las Familias con el Santo Padre, tiene como lema «El amor familiar: vocación y camino de santidad», que nos recuerda muy directamente la predicación de san Josemaría. Tendrá lugar precisamente el 26 de junio de 2022. Encomendemos especialmente a san José los frutos de este año dedicado a la familia, pidiendo al santo Patriarca que nos conceda «la gracia de las gracias: nuestra conversión» (Francisco, Carta Ap. Patris corde, oración final); y también para poder ser, cada uno, mejores testimonios del amor de Dios en el propio ambiente, especialmente en la familia.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 19 de marzo de 2021