Estás en un blog espumoso, intimista, paradójico; de lo humano y de lo divino. No soy mejor que tú... Me propongo hablar a la cara y que me hables a la cara, sin caretas, sin retorno, a quemarropa... blog del Profesor Tirapu
martes, abril 30, 2013
Buenos pastores,que huelan a oveja.
Me cuenta una persona: fui a Misa veinte minutos antes, quería confesar.Un señor que no es el cura, quizás sacristán o vaya usted a saber le indica que el sacerdote llega justito para celebrar y que no se preocupe que le confesará al acabar la Misa ( ???????????????, quien este señor que antepone horarios a asuntos de ...conciencia y que facilita una pastoral dudosa, muy dudosa??????????) A la puerta de la Iglesia, templo o parroquia se indica claramente que antes de la Misa se puede confesar. Es más le indica a esta persona, que los pecados se perdonan con el acto penitencial del comienzo de la Misa ( qué pecados, los graves no, ?????????????????????????). El cura celebra y se marcha.
He tenido varias experiencias personales de esto mismo; seguramente el Señor quiere probar mi Fe o mi paciencia, la persona que me cuenta esto es de Fe, pero piensan que si alguien va a una Iglesia con intención de confesar y ser tan bien atendida va a volver ?? Conozco algunos que han tardado en volver 20 años. Amo el sacerdocio y a los sacerdotes, pero el Papa está pidiendo pastores que huelan a oveja, que se den a los demás....
lunes, abril 29, 2013
Esencia del amor.
El amor entró en el mundo de la mano del amor maternal. Todas las formas de amar que hemos inventado son imitación y participación de ese amor primordial que es el que siente una madre por su hijo. Es el único amor puro, el único que no exige reciprocidad, el foco que alimenta todos los demás amores. Cuando amamos a nuestros padres, hermanos, amigos, pareja… lo hacemos por participación de ese amor maternal originario que recibimos gratuitamente. Sin él, el ser humano no habría aprendido a amar y se habría quedado atrapado en el instinto.
La esencia del amor consiste en dar, más que en recibir. Es algo que nos quiere demostrar la película de Jerry Zaks, La habitación de Marvin (1996). El anciano Marvin lleva más de veinte años postrado en su cama tras sufrir un ataque al corazón, ni habla ni puede valerse por sí mismo. Una de sus hijas, Bessie (Diane Keaton), se ha dedicado en cuerpo y alma a cuidar de su padre y de su tía Ruth, una anciana que no está muy bien de la cabeza. Pero a Bessie se le ha declarado una leucemia y llama a su hermana pequeña, Lee (Meryl Streep), que ante el panorama familiar había huido a Ohio para vivir su propia vida. Está separada y tiene dos hijos, uno de ellos adolescente, Hank (Leonardo DiCaprio), bastante problemático.
Lee acude de mala gana al reclamo de su hermana con sus dos hijos, con la intención de regresar en cuanto haya encontrado una médula compatible. Pero Lee sufre una paulatina conversión. La escena con que culmina la película tiene lugar en la cocina. Bessie acaba de recibir la fatal noticia: no hay posibilidad de trasplante. Aturdida, abraza a su hermana y accidentalmente tira al suelo todas las medicinas preparadas para Marvin. Las dos hermanas se agachan para recogerlas y se produce este corto y profundo diálogo:
BESSIE: ¡Oh Lee! He tenido tanta suerte, he tenido tanta suerte de tener a papá y a Ruth. He tenido tanto amor en mi vida. Ahora miro atrás y veo que he tenido tanto amor.
LEE: Ellos te quieren mucho.
BESSIE: No. No quiero decir eso, no, no. Me refiero al amor que yo he sentido por ellos, he tenido tanta suerte de haber podido sentir tanto amor por alguien.
Lee piensa que su hermana es feliz porque, aunque le acaban de decir que se muere, ha recibido mucho amor en su vida; sin embargo, Bessie le rectifica: ella ha sido feliz porque ha amado mucho: a un viejo inválido y a una anciana loca. Eso ha llenado su vida, le ha dado sentido y se siente dichosa en medio de la adversidad. Le ha bastado amar para encontrar sin pretenderlo lo que su hermana pequeña se fue a buscar lejos: la felicidad.
No sólo el cine, sino también nuestros hijos nos enseñan que hay más alegría en dar que en recibir, que el amor que se da es el que verdaderamente cuenta.
Magnífico, del blog http://blogs.aceprensa.com/familiaactual/la-esencia-del-amor/
domingo, abril 28, 2013
L'abbé Hervás.
www.opusdei.org
Sentimos comunicar que ha fallecido Xavier Hervas (L'abbé Hervas). Fue Vicario del prelado del Opus Dei para el Congo-Kinshasa, donde vivió 33 años.
Ismael Martínez Sánchez, fotoperiodista, tomó esta fotografía hace pocos años, y editó un vídeo con algunas imágenes de su viaje a R.D. Congo http://youtu.be/WzoclD--j_U
Descanse en paz.
jueves, abril 25, 2013
miércoles, abril 24, 2013
martes, abril 23, 2013
Denunciar Concordato???, muy poco real.
Una cuestión que viene
planteándose intermitentemente en España
es la conveniencia –según algunos sectores políticos más o menos radicales - de
la sustitución o supresión de los acuerdos vigentes en España entre la Santa
Sede y el Estado. Prescindiendo de
que las normas bilaterales potencian fórmulas de consenso que aquietan las
pasiones y, en lo posible, satisfacen las inteligencia, es evidente que la revisión de un pacto con rango de tratado internacional
exige dos presupuestos: necesidad y
posibilidad.
Lo
primero es muy dudoso. Para revisar un tratado internacional se requieren
causas importantes y graves. Pensemos en la última revisión efectuada en España
de un concordato con la Santa Sede (el de 1953) y las serias motivaciones que la impulsaron : eliminar
privilegios del clero en materia procesal y eliminar privilegios del Estado en
el nombramiento de obispos.
Si fijamos ahora nuestra mirada en el vigente
“concordato” (los Acuerdos de 1976 y 1979) habrá que convenir que las
inevitables fricciones o temas en
discusión entre la Iglesia y el Estado se han ido resolviendo a través de
fórmulas imaginativas que, evitando aplicar la piqueta a una estructura
aceptable, ha dado respuestas inteligentes a nuevas necesidades, sin abrir formalmente un proceso de revisión. Baste
pensar en el simple canje de Notas (diciembre de 2006) entre la Nunciatura en España y el Ministerio de Exteriores del
gobierno de Rodríguez Zapatero, por el que se ratifican los acuerdos en materia
de financiación de la Iglesia alcanzados por el Gobierno y la Conferencia
Episcopal española. Entre ellos, nada menos que la definitiva terminación del
sistema de dotación presupuestaria y su sustitución por el de asignación
tributaria, elevando al mismo tiempo el coeficiente de este último al 0,7 % en
la declaración del IRPF
Por otra parte, las pocas veces que el Tribunal Constitucional ha debido afrontar
cuestiones relacionadas con los Acuerdos (capellanes castrenses, matrimonio,
enseñanza de la religión, idoneidad del profesorado) nunca ha puesto en duda su
constitucionalidad, lo que entonces sí que haría necesaria una revisión.
Descartada, pues, la necesidad de una revisión, digamos que, en cuanto a su posibilidad, siempre está abierta, desde
luego, si ambas partes (Iglesia y
Estado) así lo acuerdan. Pero esta posibilidad – siempre implícita en todo
tratado internacional - no parece que la Iglesia entienda que deba actualizarse
por causas de menor importancia. Y la posible denuncia unilateral por parte del
Estado no es factible, entre otras cosas
porque la rotura unilateral de un concordato
solamente es posible cuando el propio tratado lo prevea o cuando haya una violación
gravísima por una de las parte. Ya se
entiende que esta situación es poco real en el actual panorama sociológico y
político español.
Rafael
Navarro-Valls, catedrático, académico y autor de “Entre la Casa Blanca y el
Vaticano”
lunes, abril 22, 2013
Siguiendo al Papa Francisco....
PP FRANCISCO. ORDENACIÓN SACERDOTAL ABRIL 2013
Queridísimos hermanos y hermanas:
Estos hermanos e hijos nuestros han sido llamados al orden del presbiterado. Reflexionemos atentamente a cuál ministerio serán elevados enla Iglesia. Como
bien saben, el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento,
pero en Él también todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido pueblo
sacerdotal.
Sin embargo, entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir algunos en particular para que, ejerciendo públicamente enla Iglesia en su nombre, el
oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continúen su personal misión
de maestro, sacerdote y pastor.
Así como en efecto, para ello Él había sido enviado por el Padre, del mismo modo Él envió a su vez al mundo, primero a los apóstoles y luego a los obispos y sus sucesores, a los cuales, finalmente, se les dio como colaboradores a los presbíteros, que --unidos a ellos en el ministerio sacerdotal--, están llamados al servicio del pueblo de Dios.
Después de una madura reflexión y oración, ahora estamos por elevar al orden de los presbíteros a estos hermanos nuestros, para que al servicio de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, cooperen en la edificación del Cuerpo de Cristo que esla Iglesia
como pueblo de Dios y Templo Santo del Espíritu Santo.
En efecto, ellos serán configurados en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es decir que serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento y con este título, que los une en el sacerdocio a su obispo, serán predicadores del evangelio, pastores del Pueblo de Dios y presidirán las acciones de culto, especialmente en la celebración del sacrificio del Señor.
En cuanto a ustedes, hermanos e hijos amadísimos, que están por ser promovidos al orden del presbiterado, consideren que ejerciendo el ministerio dela Sagrada Doctrina
serán partícipes de la misión de Cristo, único Maestro. Dispensen a todos
aquella Palabra de Dios que ustedes mismos han recibido con alegría. Recuerden
a sus madres, a sus abuelitas, a sus catequistas, que les dieron la Palabra de Dios, la fe...
¡el don de la fe! Que les transmitieron este don de la fe.
Lean y mediten asiduamentela
Palabra del Señor, para creer aquello que han leído, para
enseñar lo que aprendieron en la fe, y para vivir lo que han enseñado.
Recuerden también que la
Palabra de Dios no es propiedad de ustedes: es Palabra de
Dios. Y la Iglesia
es la que custodia la Palabra
de Dios. Por lo tanto, que su doctrina sea alimento para el Pueblo de Dios;
alegría y sostén para los fieles de Cristo, el perfume de sus vidas, por que
con su palabra y ejemplo edifican la casa de Dios, que es la Iglesia.
Usted es continuarán la obra santificadora de Cristo. Mediante
su ministerio, el sacrificio espiritual de los fieles se hace perfecto, porque
se une al sacrificio de Cristo, que por medio de sus manos, en nombre de toda la Iglesia , es ofrecido de
modo incruento sobre el altar en la celebración de los santos misterios.
Reconozcan pues lo que hacen, imiten lo que celebren, para que participando en
el misterio de la muerte y resurrección del Señor, lleven la muerte de Cristo
en su cuerpo y caminen con Él en la novedad de la vida.
Con el Bautismo agregarán nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el Sacramento dela Penitencia
redimirán los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia. Y hoy les pido
en nombre de Cristo y de la
Iglesia : por favor, no se cansen de ser misericordiosos.
Con el óleo santo darán alivio a los enfermos y a los ancianos: no se avergüencen de tener ternura con los ancianos. Celebrando los ritos sagrados, y elevando oraciones de alabanza y súplica durante las distintas horas del día, ustedes se harán voz del Pueblo de Dios y de la humanidad entera.
Conscientes de haber sido elegidos entre los hombres y constituidos en su favor para cuidar las cosas de Dios, ejerzan con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con el único anhelo de gustar a Dios y a no a ustedes mismos. Sean pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios.
En fin, participando en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor, en comunión filial con su obispo, comprométanse en unir a sus fieles en una única familia, para conducirlos a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo.
Estos hermanos e hijos nuestros han sido llamados al orden del presbiterado. Reflexionemos atentamente a cuál ministerio serán elevados en
Sin embargo, entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir algunos en particular para que, ejerciendo públicamente en
Así como en efecto, para ello Él había sido enviado por el Padre, del mismo modo Él envió a su vez al mundo, primero a los apóstoles y luego a los obispos y sus sucesores, a los cuales, finalmente, se les dio como colaboradores a los presbíteros, que --unidos a ellos en el ministerio sacerdotal--, están llamados al servicio del pueblo de Dios.
Después de una madura reflexión y oración, ahora estamos por elevar al orden de los presbíteros a estos hermanos nuestros, para que al servicio de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, cooperen en la edificación del Cuerpo de Cristo que es
En efecto, ellos serán configurados en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es decir que serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento y con este título, que los une en el sacerdocio a su obispo, serán predicadores del evangelio, pastores del Pueblo de Dios y presidirán las acciones de culto, especialmente en la celebración del sacrificio del Señor.
En cuanto a ustedes, hermanos e hijos amadísimos, que están por ser promovidos al orden del presbiterado, consideren que ejerciendo el ministerio de
Lean y mediten asiduamente
Usted
Con el Bautismo agregarán nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el Sacramento de
Con el óleo santo darán alivio a los enfermos y a los ancianos: no se avergüencen de tener ternura con los ancianos. Celebrando los ritos sagrados, y elevando oraciones de alabanza y súplica durante las distintas horas del día, ustedes se harán voz del Pueblo de Dios y de la humanidad entera.
Conscientes de haber sido elegidos entre los hombres y constituidos en su favor para cuidar las cosas de Dios, ejerzan con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con el único anhelo de gustar a Dios y a no a ustedes mismos. Sean pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios.
En fin, participando en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor, en comunión filial con su obispo, comprométanse en unir a sus fieles en una única familia, para conducirlos a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo.
domingo, abril 21, 2013
sábado, abril 20, 2013
Los defectos de Jesús.
Detenido en 1975 por su condición de obispo y encarcelado durante 13 años en las cárceles del Vietcong, nueve de ellos en completo aislamiento, en el año 2000 Juan Pablo II encarga a monseñor Van Thuan impartir los ejercicios espirituales de Cuaresma ante la curia vaticana.
Al comienzo de los mismos, monseñor Van Thuan relata cómo a pesar de las duras condiciones de su prisión, su esperanza inquebrantable en Jesús despierta la admiración e incomprensión de sus compañeros de prisión y guardianes. He aquí el admirable testimonio que dio sobre su seguimiento a Jesús.
... • Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria
• Segundo defecto: Jesús no sabe de matemáticas
• Tercer defecto: Jesús no sabe de lógica
• Cuarto defecto: Jesús es un aventurero
• Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía
• Y nosotros hemos creído en el amor
Pero preguntémonos: ¿por qué Jesús tiene estos defectos? Porque es Amor (cf. 1 Jn 4, 16). El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones.
Jesús actúa siempre por amor. Del hogar de la Trinidad él nos ha traído un amor grande, infinito, divino, un amor que llega -como dicen los Padres- a la locura y pone en crisis nuestras medidas humanas.
Cuando medito sobre este amor mi corazón se llena de felicidad y de paz. Espero que al final de mi vida el Señor me reciba como al más pequeño de los trabajadores de su viña, y yo cantaré su misericordia por toda la eternidad, perennemente admirado de las maravillas que él reserva a sus elegidos. Me alegraré de ver a Jesús con sus «defectos», que son, gracias a Dios, incorregibles.
Los santos son expertos en este amor sin límites. A menudo en mi vida he pedido a sor Faustina Kowalska que me haga comprender la misericordia de Dios. Y cuando visité Paray-le-Monial, me impresionaron las palabras que Jesús dijo a santa Margarita María Alacoque: «Si crees, verás el poder de mi corazón».
Contemplemos juntos el misterio de este amor misericordioso.
viernes, abril 19, 2013
Protocolo y educación religiosa. Obama y Michelle.
Quién es el encargado de protocolo de la Casablanca ?? Horible foto del Presidente y la primera dama en una función religiosa. Obsévese a patilarga y paticorta. Aunque la mona se vista de seda...mona se queda.
jueves, abril 18, 2013
El dolor, de José Luis Martín Descalzo.
Ayer falleció el padre de un amigo tras siete días de agonía, con buena voluntad me enfado con una persona y ella conmigo, otra persona me habla de que cree que su padre se irá al infierno por injusto........
Reflexiones de un enfermo en torno al dolor
El dolor es un misterio. Hay que acercarse a él de puntillas y sabiendo que, después de muchas palabras, el misterio seguirá estando ahí hasta que el mundo acabe. Tenemos que acercarnos con delicadeza, como un cirujano ante una herida. Y con realismo, sin que bellas consideraciones poéticas nos impidan ver su tremenda realidad.
La primera consideración que yo haría es la de la «cantidad» de dolor que hay en el mundo. Después de tantos siglos de ciencia, el hombre apenas ha logrado disminuir en unos pocos centímetros las montañas del dolor. Y en muchos aspectos la cantidad del dolor aumenta. Se preguntaba Péguy: ¿Creemos acaso que la Humanidad esta sufriendo cada vez menos? ¿Creéis que el padre que ve a su hijo enfermo hoy sufre menos que otro padre del siglo XVI? ¿Creéis que los hombres se van haciendo menos viejos que hace cuatro siglos? ¿Que la Humanidad tiene ahora menos capacidad para ser desgraciada?
LA MONTAÑA DEL DOLOR
Los medios de comunicación nos hacen comprender mejor el tamaño de esa montaña del dolor. El hombre del siglo XIV conocía el dolor de sus doscientos o de sus diez mil convecinos, pero no tenía ni idea de lo que se sufría en la nación vecina o en otros continentes. Hoy, afortunada o desgraciadamente, nos han abierto los ojos y sabemos el número de muertos o asesinados que hubo ayer. Sabemos que 40 millones de personas mueren de hambre al año. Y hoy se lucha más que nunca contra el dolor y la enfermedad... Pero no parece que la gran montaña del dolor disminuya. Cuando hemos derrotado una enfermedad, aparecen otras nuevas que ni sospechábamos (cómo olvidar el SIDA) que toman el puesto de las derrotadas. En la España de hoy, y a esta misma hora, hay tres millones de españoles enfermos. Y diez millones pasan cada año por dolencias más o menos graves. Pero el resto de sus compatriotas (y de sus familiares) prefiere vivir como si estos enfermos no existieran. Se dedican a vivir sus vidas y piensan que ya se plantearán el problema cuando “les toque» a ellos”.
Sabemos muy poco del dolor y menos aún de su porqué. ¿Por qué, si Dios es bueno, acepta que un muchacho se mate la víspera de su boda, dejando destruidos a los suyos? ¿Por qué sufren los niños inocentes? Nosotros, cristianos, debemos ser prudentes al responder a estas preguntas que destrozan el alma de media Humanidad. ¿Quién ignora que muchas crisis de fe se producen al encontrarse con el topetazo del dolor o de la muerte? ¿Cuántos millares de personas se vuelven hoy a Dios para gritarle por qué ha tolerado el dolor o la muerte de un ser querido?
Dar explicaciones a medias es contraproducente y sería preferible que, ante estos porqués, los cristianos empezásemos por confesar lo que decía Juan Pablo II en su encíclica sobre el dolor: El sentido del sufrimiento es un misterio, pues somos conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Algunas respuestas pueden aclarar algo el problema y debemos usarlas, pero sabiendo siempre que nunca explicaremos el dolor de los inocentes.
TEORÍAS, NO
Una de esas respuestas parciales podía ser la que afirma que dedicarse a combatir el dolor es más importante y urgente que dedicarse a hacer teorías y responder porqués.
Hemos gastado más tiempo en preguntarnos por qué sufrimos que en combatir el sufrimiento. Por eso, ¡benditos los médicos, las enfermeras, cuantos se dedican a curar cuerpos o almas, cuantos luchan por disminuir el dolor en nuestro mundo!
El dolor es una herencia de todos los humanos, sin excepción. Un gran peligro del sufrimiento es que empieza convenciéndonos de que nosotros somos los únicos que sufrimos en el mundo o los que más sufrimos. Una de las caras más negras del dolor es que tiende a convertirnos en egoístas, que nos incita a mirar sólo hacia nosotros. Un dolor de muelas nos hace creemos la víctima número uno del mundo. Si en un telediario nos muestran miles de muertos, pensamos en ellos durante dos minutos; si nos duele el dedo meñique gastamos un día en autocompadecemos. Tendríamos que empezar por el descubrimiento del dolor de los demás para medir y situar el nuestro.
Es la humilde aceptación de que el hombre, todo hombre, es un ser incompleto y mutilado. Es el descubrimiento de que se puede ser feliz a pesar del dolor, pero es imposible vivir toda una vida sin el. El mayor descubrimiento, el que más me ha tranquilizado como hombre ha sido precisamente este sano realismo. Tratar de no mitificar mi enfermedad, no volverme contra Dios y contra la vida, como si yo fuera una víctima excepcional. Desde el primer momento me planteé la obligación de pensar que «yo no era un enfermo», sino “un señor que tiene un problema» como «todos» tienen sus problemas”.
Cuando vas conociendo a los hombres, descubres que «todos» son mutilados de algo. Así pensé que a mí me faltaban los riñones o me sobraba un cáncer, pero que a los demás o les faltaba un brazo, o no tenían trabajo, o tenían un amor no correspondido, o un hijo muerto. Todos. ¿Qué derecho tenía yo, entonces, a quejarme de mis carencias, como si fueran las únicas del mundo? Sentirme especialmente desgraciado me parecía ingenuo y, sobre todo, indigno.
DEMASIADA RETÓRICA
La tercera gran respuesta es ver los aspectos positivos de la enfermedad. Quiero prevenir contra un gran error muy difundido entre personas de buena voluntad: la tendencia a ver en la enfermedad y el dolor algo objetivamente bueno. Creo que se ha hecho, especialmente entre los cristianos, mucha retórica sobre la bondad del dolor, con la que se confunden tres cosas: lo que es el dolor en sí; lo que se puede sacar del dolor; y aquello en lo que el dolor puede acabar convirtiéndose, con la gracia de Dios. Lo primero es y seguirá siendo horrible. Lo segundo y lo tercero pueden llegar a ser maravillosos.
Cristo mismo lo dejó bien claro en su vida: jamás ofreció florilegios sobre la angustia, no fue hacia el dolor como hacia un paraíso. Al contrario: se dedicó a combatir el dolor en los demás, y, en sí mismo, lo asumió con miedo, entró en él temblando, pidió, mendigó al Padre que le alejara de él y lo asumió porque era la voluntad de su Padre. Y entonces acabó convirtiendo el dolor en redención. Es mejor no echarle almíbar piadoso al dolor. Pero hay que decir sin ningún rodeo que en la mano del hombre está conseguir que ese dolor sea ruina o parto. El hombre no puede impedir su dolor, pero puede conseguir que no lo aniquile, e incluso lograr que ese dolor lo levante en vilo.
En lo humano y mucho más en lo sobrenatural, el dolor puede llegar a ser uno de los grandes motores del hombre. Luis Rosales afirmaba que «los hombres que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir».
El dolor es parte de nuestra condición humana; deuda de nuestra raza de seres atados al tiempo y a la fugitividad. No hay hombre sin dolor. Y no es que Dios «tolere» los dolores, es, simplemente, que Dios respeta la condición temporal del hombre, lo mismo que respeta que un círculo no pueda ser cuadrado. Lo que Dios sí nos da es la posibilidad de que ese dolor sea fructífero. Empezó haciéndolo fructífero él mismo en la Cruz y así creó esa misteriosa fraternidad de dolor de la que nosotros podemos participar.
VINAGRE, O VINO GENEROSO
El hombre tiene en sus manos esa opción de conseguir que su propio dolor y el de sus prójimos se convierta en vinagre o en vino generoso. Yo he comprobado aquella frase de León Bloy que aseguraba que en el corazón del hombre hay muchas cavidades que desconocemos hasta que viene el dolor a descubrírnoslas. Así puedo afirmar que el dolor es, probablemente, lo mejor que me ha dado la vida y que, siendo en sí una experiencia peligrosa, se ha convertido más en un acicate que en un freno.
Pase lo que pase, a lo que tú no tienes derecho es a desperdiciar tu vida, a rebajarla, a creer que, porque estás enfermo, tienes ya una disculpa para no cumplir tu deber o para amargar a los que te rodean. Debes considerar la enfermedad como un handicap, como un «reto», como una nueva forma para testimoniar tu fe y realizar tu vida. Has de buscar todos los modos para sacar todo lo positivo que haya en la enfermedad y así rentabilizar más tu vida.
Lo verdaderamente grave de la enfermedad es cuando ésta se alarga y se alarga. Un dolor corto, por intenso que sea, no es difícil de sobrellevar. Lo verdaderamente difícil es cuando ese camino de la cruz dura años, y peor aún si se vive con poca o ninguna esperanza de curación en lo humano.
Sólo la gracia de Dios ha podido mantenerme alegre en estos años. Y confieso haberla experimentado casi como una mano que me acariciase. Dios no me ha fallado en momento alguno. Yo llamaría milagro al hecho de que en casi todas las horas oscuras siempre llegaba una carta, una llamada telefónica, un encuentro casual en una calle, que me ayudaba a recuperar la calma. Confieso con gozo que nunca me sentí tan querido como en estos años. Y subrayo esto porque sé muy bien que muchos otros enfermos no han tenido ni tienen en esto la suerte que yo tengo.
La verdadera enfermedad del mundo es la falta de amor, el egoísmo. ¡Tantos enfermos amargados porque no encontraron una mano comprensiva y amiga!
Es terrible que tenga que ser la muerte de los seres queridos la que nos descubra que hay que quererse deprisa, precisamente porque tenemos poco tiempo, porque la vida es corta ¡Ojalá no tengáis nunca que arrepentiros del amor que no habéis dado y que perdisteis!
La enfermedad es una gran bendición: cuando te sacude ya no puedes seguirte engañando a ti mismo, ves con claridad quién eras, quién eres.
Descubrí a su luz que en mi escala de valores real había un gran barullo y que no siempre coincidía con la escala que yo tenía en mis propósitos y deseos. ¡Cuántas veces el trabajo se montó por encima de la amistad! ¡Cuántos más espacios de mi tiempo dediqué al éxito profesional que a ver y charlar pausadamente con los míos! Aprendí también a aceptarme a mí mismo, a saber que en no pocas cosas fracasaría y no pasaría absolutamente nada, entendí incluso que uno no tiene corazón suficiente para responder a tanto amor como nos dan. Todo hombre es un mendigo y yo no lo sabía.
Entre estos descubrimientos estuvo el de los médicos, las enfermeras y los otros enfermos. Hasta hace algunos años apenas había tenido contactos con el mundo de los hospitales y tenía de sus habitantes ese barato concepto por el que, con tanta frecuencia acostumbramos a medir a los seres más por sus defectos que por sus virtudes. La enfermedad, al vivir horas y horas en los hospitales, me descubrió qué engañado estaba.
UN ABUSO DE CONFIANZA
La idea de que la enfermedad es «redentora» no es un tópico teológico, sino algo radicalmente verdadero. Dios espera de nosotros, no nuestro dolor, sino nuestro amor; pero es bien cierto que uno de los principales modos en que podemos demostrarle nuestro amor es uniéndonos apasionadamente a su Cruz y a su labor redentora. ¿Qué otras cosas tenemos, en definitiva, los hombres para aportar a su tarea?
Os confieso que jamás pido a Dios que me cure mi enfermedad. Me parecería un abuso de confianza; temo que, si me quitase Dios mi enfermedad, me estaría privando de una de las pocas cosas buenas que tengo: mi posibilidad de colaborar con él más íntimamente, más realmente. Le pido, sí, que me ayude a llevar la enfermedad con alegría; que la haga fructificar, que no la estropee yo por mi egoísmo.
JLMD
miércoles, abril 17, 2013
lunes, abril 15, 2013
Historias que nos contaban en el cole....
Quedaron en mi memoria para siempre.
Estábamos en una época antigua, mediados del XX por ejemplo. El hospital era antiguo. Dos camas paralelas; una de ellas daba a la ventana. En ésa había un niño que disfrutaba con lo que veía por la ventana y lo contaba a toda a la habitación. El niño, pobrin !!, andaba mal de los pulmones y de vez en cuando se ahogaba, tenía una campanilla a mano y una buena monja al oir la campanita, le atendía. Al lado, un hombre maduro, frisaba los sesenta, viejo para la época. Ya llevaban dos meses sin alta;pasaban los días, aburridos, tediosos, dolorosos, sólo animados por los relatos del niño de la ventana.
Una noche se ahogaba, buscó la campana y no la encontraba. El hombre maduro, en un ataque de locura, madurado en otras noches, la tenía en su mano. Tenía envidia de las vistas del niño, de su ventana al mundo. El niño se ahogó. Al día siguiente el hombre maduro y loco ocupaba la cama del pequeño. No quiso mirar hasta estar bien instalado; el cielo era gris, iba a llover. Y por fin descubrió lo que hacía feliz a la habitación, al niño de malos pulmones. Un callejón, media escombrera y nada más.
( en aquella época no abrimos un debate sobre la seguridad social; sobre si niños y mayores deberían estar en la misma habitación; sobre sanidad pública y privada; campanillas o botones... el cuento era ese y solía acabar la clase con un avemaría; creo que ya había oscurecido, eran cuentos de otoño.)
domingo, abril 14, 2013
Siguiendo al Papa Francisco....
Los ídolos o idolillos que tenemos.
Adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer – pero no simplemente de palabra – que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, el Dios de nuestra historia.
Esto tiene una consecuencia en nuestra vida: despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, el carrerismo, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros. Esta tarde quisiera que resonase una pregunta en el corazón de cada uno, y que respondiéramos a ella con sinceridad: ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Adorar es despojarse de nuestros ídolos, también de esos más recónditos, y escoger al Señor como centro, como vía maestra de nuestra vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












