jueves, abril 10, 2014

Beatificación de Alvaro del Portillo, web oficial.














http://www.alvaro14.org/index.php/es/     


Comité organizador,lugar, programa, para quienes quieran colaborar como voluntarias o voluntarios, búsqueda de alojamientos, familias que ofrecen alojamiento en sus domicilios, accesos.
Siempre recuerdo una idea de otras beatificaciones y canonizaciones: estos actos demuestran y confirman la victoria de la acción de Dios en personas concretas, que son ejemplo animante para los fieles cristianos.Son actos abiertos a todos, católicos y no, donde se pone de relieve la universalidad de la Iglesia, la fraternidad y la comunión de los santos. Laus Deo!!!!

martes, abril 08, 2014

Quinta palabra.









 Quinta Palabra:
"¡TENGO SED!" (Jn 19,28)
 El evangelista Juan, que la escuchó, nos cuenta: "Sabiendo que todo estaba cumplido para que se cumpliera la Escritura, exclamó: ¡Tengo sed!". También aquí confirmaste la palabra tomada de los Salmos y que el Espíritu había profetizado ante tu Pasión. En el Salmo 21 se dice de ti: "Mi paladar está seco lo mismo que una teja, y mi lengua pegada a mi garganta", y en el Salmo 69, 22, está escrito: "En mi sed me han abrevado con vinagre".
 ¡Oh Servidor del Padre, obediente hasta la muerte y muerte de cruz! Tú miras más allá, incluso en la agonía, en la que el espíritu se oscurece y desaparece la conciencia clara, intentas ansiosamente hacer coincidir todos los detalles de tu vida con la imagen eternamente presente en la mente del Padre. No te referías a la sed indecible de tu cuerpo desangrado, cubierto de heridas abrasadas y expuesto al sol implacable de un mediodía de Oriente. Cumplías la voluntad del Padre hasta la muerte con una humildad inconcebible y digna de adoración. Sí, lo que los profetas habían predicho como voluntad del Padre se cumple en ti: tengo sed.
 Así comprendiste toda la aspereza cruel de tu Pasión: era una misión que cumplir, no un ciego destino; era la voluntad del Padre, no la maldad de los hombres; redención de amor, no crimen de pecadores.

 Señor Jesús, sucumbes para seamos salvos. Mueres para que vivamos. Tienes sed para que restauremos nuestras fuerzas en el agua de la vida. Nos invitaste a esta fuente cuando en la fiesta de los Tabernáculos exclamabas: "Si alguno tiene sed venga a mí porque de mi seno correrán ríos de agua viva" (Jn 7,37).

domingo, abril 06, 2014

Obama y Papa Francisco.....













El análisis siempre certero del Profesor Navarro Valls




Todo un espectáculo. En una Roma blindada por razones de seguridad, llena de zonas off limits, la entrevista del hombre más influyente del mundo (Francisco, según Fortune) con el más poderoso de la Tierra (Obama), se ha celebrado en un clima de cordialidad, pero de extraordinaria expectación. No todos los días puede verse un encuentro entre el hombre más nombrado en Google (Francisco, 49 millones de menciones en trece meses) y la persona con más followers en las redes sociales (Obama, 31 millones en Facebook y más de 20 millones Twitter).

Desde  enero 1919, en que Woodrow Wilson, visitara por primera vez a un Papa en el Vaticano, mucha agua ha pasado bajo los puentes del Tiber y del Potomac.  En la época de Wilson raro era el católico con poder  en la política   norteamericana. Hoy los católicos “invaden” la Cámara de Representes (135 congresistas), el Senado (26), el Tribunal Supremos Federal (6 católicos de los 9 magistrados), e incluso el staff del propio Obama : vicepresidente Biden, secretario de Estado Kerry ,  jefe de gabinete McDonough, o Kathleen Sebelius, secretaria (ministra)  del Departamento de Sanidad. Cuando un  Obama muy sonriente  estrechaba la mano de Francisco tenía presente que el 85% de católicos norteamericanos y  el 70% de los que no lo son  tienen una visión favorable del papa.

La  posición de Obama durante los 50 minutos de la entrevista (casi el doble de lo previsto)  ha sido más pasiva que activa. Sus primeras palabras:”Gracias por recibirme, Santidad. Es maravilloso conocerle”,   no eran de simple cumplido. Definen muy bien el planteamiento  de esta entrevista por Obama :  “Vengo a escuchar”, había dicho. Y  no solo por deferencia al Pontífice. El presidente es consciente de que  han pasado los días  de vinos y rosas, al principio de su mandato, cuando comentaba entre bromas y veras: “ seré tan escrupuloso en cumplir mis promesas que se dirá de mí : en seis días lo hizo…y el séptimo descansó” . Así,  cuando el papa le hablaba de “inmigrantes”, Obama sabía que una de sus promesas incumplidas (“lo haré en mis 100 primeros dias”) ha sido la ley de inmigración. Sabe que los obispos americanos van a celebrar el próximo domingo una misa “gigante” a lo largo del Rio Grande, para llamar la atención sobre la frontera de México “que hoy es la Lampedusa de Estados Unidos”. Sabe que su popularidad está bajo mínimos (43%),  frente a un interlocutor que está por encima del 80%.

Por eso la entrevista entre los dos poderosos, aun en su cordialidad, recuerda más la de un discípulo que escucha que la de un poderoso que preguntara: “Perdón, Santidad, ¿de cuantas divisiones me ha dicho que dispone ?” No es que estén de acuerdo en todo, basta echar una ojeada a la página web de los obispos norteamericanos para cotejar los temas conflictivos,  pero la valentía de Francisco al encarar los desafíos económicos y sociales – “sin pelos en la lengua”, según Obama – produce tal admiración, que cualquier sensación de discrepancia en otras cuestiones se atenúa. Lo cual no quiere decir que en las conversaciones se hayan eludido los temas “vidriosos”. En las entrevistas Francisco/Obama/Parolini/Kerry   se ha hablado con claridad de las lesiones a la libertad religiosa, a la vida y a la objeción de conciencia y de la reforma en materia de emigración, materias de fuertes discrepancias entre la Iglesia y el gobierno Obama. Y también de las  coincidencias, como el respeto del derecho humanitario en las zonas  de conflicto y la lucha contra la pobreza.
El Vaticano se ha volcado: el protocolo ha ganado a la espontaneidad. No podía ser de otro modo: el poder requiere una cierta majestad. Es la atmósfera que respira. En este contexto, el semblante serio de Francisco después del encuentro, aun contrastando con el risueño de Obama, no significa distanciamiento, sino comprensión de la significación del  momento. Una entrevista en la que Obama ha invitado al Papa a Estados Unidos, le ha regalado – para obligarle a venir- semillas del jardín de la Casa Blanca,   y le  ha pedido oraciones por él y su familia. Un buen final.

Catedrático, académico y autor de “Entre la Casa Blanca y el Vaticano. 

sábado, abril 05, 2014

Cuarta palabra.









 Cuarta Palabra:
"DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?" (Mt 27,36)
 Se acerca la muerte. No es el final de la existencia corporal, la liberación y la paz, sino la muerte que representa el fondo del abismo, la inimaginable profundidad de la angustia y devastación. Se acerca tu muerte. Desnudez, impotencia horrible, desolación desgarradora. Todo cede, huye... No existe más que abandono lacerante. Y en esta noche del espíritu y de los sentidos, en este vacío del corazón donde todo abrasa, tu alma insiste en llorar. La tremenda soledad de un corazón consumido se hace en ti invocación a Dios.
 ¡Seas adorada oración del dolor, del abandono, de la impotencia abismal, del Dios abandonado! Si Tú, Jesús, eres capaz de orar en tal angustia, ¿dónde habrá un abismo tal que desde él no se pueda gritar al Padre? ¿Hay una desesperación que no se pueda hacer oración si busca refugio en tu abandono? ¿Hay un mudo dolor capaz de ignorar que su grito silencioso sea escuchado en las moradas celestiales?
 Recitaste el Salmo 21 para hacer de tu abandono total una plegaria. Tus palabras: "Dios mío, Dios, ¿por qué me has abandonado?". El grito desgarrador que tu Espíritu Santo puso en el corazón del Justo de la Antigua Ley. Tú -si me está permitida la explicación-,  en el paroxismo del sufrimiento, no has querido rezar de modo distinto a como lo hicieron tantas generaciones anteriores a ti. En cierto modo, en aquella Misa solemne que Tú mismo celebraste como sacrificio eterno has rezado con las fórmulas litúrgicas consagradas y así has podido decirlo todo.

 Enséñame a orar con las palabras de la Iglesia de tal manera que se hagan palabras de mi corazón.

Ayunar.






viernes, abril 04, 2014

Oración de un niño.....











Oración de un niño: "¡Te pido por los malos, para que se hagan buenos; y por los buenos, para que sean simpáticos!"

jueves, abril 03, 2014

Juan Pablo II....grande!!!!!!!








Pocos días antes de la muerte del Papa Juan Pablo II, Sor Tobiana, la religiosa enfermera que cuidaba de él, lo vio tan mal que sintió la necesidad de decirle: «Santo Padre: estoy muy preocupada por la salud de Su Santidad...». Y Juan Pablo II, con un hilo de voz, le respondió: «Yo también, Hermana. Yo también estoy muy preocupado por la salud de mi santidad». 
Sobran las palabras.....

martes, abril 01, 2014

Mis curas buenos...












De lo mejor que he leído últimamente...el autor Itxu Díaz en http://www.laregion.es/opinion/itxu-diaz/mis-curas-buenos/20140330092226453246.html  .


Soy español, y por tanto, católico, cabreado, y anticlerical. No es que tenga manía a la sotanas, es sólo que desconfío de los gremios. Y el clero representa a una masa. Ocurre que estoy en deuda. No con el clero sino con mis curas. Que la prensa pasea los garbanzos negros de la Iglesia y ni una línea dedica a la mayoría, los que queman su vida ayudando a los demás. Ahora que tanto columnista traumatizado insiste en lo malos que eran los curas de su colegio, ha llegado la hora de hablar de los míos.

Soy cristiano de los de Chesterton. De los del buen beber, mucho comer, y bien santificar las fiestas. De los que dan gracias a Dios cuando cruza la calle una mujer hermosa, de los que pecan y se confiesan mil veces, y de los que se quejan. Soy, en fin, un sinvergüenza que trata de caer simpático al buen Dios, que un día se abrió ante mis ojos con inolvidable belleza. Y siempre he tenido curas cerca.

Don Manuel estaba mayor cuando yo era niño. Ahora está mucho más joven. Lo he visto hace poco y me parece asombroso lo mal que he envejecido yo. Cantaba en el oratorio del colegio y nos enseñaba a pedirle cosas a la Virgen. Nos dio los rudimentos, con santa paciencia, para aprender a rezar como niños, con esa inocencia que nunca debimos perder. Era la sensatez y la sobriedad. La serenidad.

Atendía en la escuela Don Antonio, con quien todos queríamos hablar porque los pecados parecían importarle tanto como a Dios, pero no a ese Dios vengador que no existe, sino al Padre que sonríe con los tropezones de su niño. Nunca adiviné en su rostro dolor, hartazgo, o cansancio. Eterna sonrisa.

Con Don José la cosa era distinta. Fueron años de aprender matemáticas, por tanto, de penitencia. Aquello no podía llevarse a cabo sin ayuda espiritual. Gran conversador, su abanico iba desde las encíclicas hasta los más ingeniosos chistes verdes. Don José, fuera de la sacristía, era un tipo corriente al que todos lloramos cuando se marchó a otro colegio. Los más llorones, por supuesto, fueron los más anticlericales.

A Don Pablo lo recibimos con desprecio porque echábamos de menos a Don José. Su buen humor había sido sustituido por un aragonés de carácter, con extraña afición a los chistes malos. Apariencia engañosa. Me inculcó el amor a la filosofía. Me enseñó a pensar por libre. Han pasado los años y las sotanas y no he encontrado a nadie capaz de igualar su predicación. De haber más curas con esa brillantez y esa cultivada capacidad oratoria las iglesias estarían más llenas de lo que ya están. Que, digan lo que digan, yo sigo sin encontrar un maldito banco libre.

Don Pablo fue amigo antes que cura. Cuando me lo encontré en la catedral de Santiago quince años después no sentí vibración espiritual, sino ganas inmensas de darle un abrazo. Con él se podía discutir la doctrina pero era inútil: ganaba siempre. Sin embargo podías vengarte segándole el tobillo en el campo de fútbol, donde sin sotana ejercía de implacable defensa. Yo era delantero hábil, goleador nato. Con muy mala leche me apodó “toquecitos”, por mi innata capacidad para hacerle un roto a la defensa en un metro cuadrado. Su llegada a los partidos colegiales contribuyó a mi sequía goleadora. En ese sentido agradecí su marcha. En todos los demás, no.

Don Carlos llegó a Galicia de mala gana. Enamorado de Roma, del Mediterráneo, y del sol, el clima mustio supuso una gran prueba de fe y obediencia. La otra prueba fue aguantar mi adolescencia. De él aprendí que los curas eran humanos. Hasta entonces me parecían una mezcla de santidad, generosidad, y entrega inalcanzable. Y en Don Carlos había todo esto, pero a la vista estaba su lucha. A Don Carlos sí, lo podías ver cabreado –especialmente en el fútbol, claramente influido por los italianos-, triste después de semanas de lluvia, o desesperado ante la rudeza de sus feligreses. Pero al día siguiente volvía a levantarse a las cinco, a sonreír, y a intentar reconducir su rebaño. Un cura como un apóstol del Evangelio. Nada de élites. Luchador. Apasionado. Pecador. Confesor. Amigo.

Tuve con él muchas discusiones de adolescente, signo inequívoco de confianza. En una llegamos a arrojarnos objetos a la cabeza, rozando en mi caso la excomunión. Luego nos dimos un abrazo. Lió entonces uno de sus cigarrillos para sellar la paz, y al prenderlo sopló el viento y saltaron chispas, y se le volvió a llenar la sotana de agujeros como siempre, y los gritos se oyeron hasta en el Vaticano. No he conocido a cura más torpe. Y no he recibido mejor lección espiritual que verlo pelear con alegría contra las mismas cosas que me costaban a mi.

Fuera del colegio trabé amistad con Don Ignacio. Sin saberlo estaba en sus oraciones diarias. Le perdí la pista durante años y apareció de pronto cuando la vida se me había oscurecido, cuando los católicos oficiales me daban por perdido, y cuando no necesitaba dedos inquisidores sino la misericordia de un corazón grande. Me dejó consuelo y alegría. Se fue a México y hoy trabaja con familias pobres. Me entristeció la marcha del amigo. Pero ahora ya no lo extraño, porque sé que sigue aquí de alguna forma cada día.

Don José Luis atendía a presos, Don Jesús pasaba horas escuchando llorar a viejas en el confesionario, Don José Juan se ordenó a los 40, y con Don Pablo íbamos a una residencia atendida por monjas, a darles de comer a los terminales. Allí curas y monjas limpiaban vómitos, pañales, y daban besos a desahuciados con graves enfermedades contagiosas. Privilegios de la Iglesia.

Todos estos curas se levantaban antes de que saliera el sol, alentaban a cientos de personas, atendían parroquias, carecían de ambiciones terrenas, amaban a los enemigos de la Iglesia, rezaban mucho, y transmitían paz. Con ellos he aprendido las lecciones más importantes. Son cincuenta o mil. No sé. Pero son mis curas buenos. Búscalos arrodillados en penumbra ante Jesús en el primer banco de una iglesia cerrada. Que estarán rezando por ti y por los tuyos. Esperándote siempre como me esperaron siempre.

lunes, marzo 31, 2014

Hablar de religión sí, discutir no.











Si me permitís un consejo, nunca perdáis el tiempo discutiendo sobre religión. Tal como se discute hoy día, todo queda en una confrontación de ideas en la que nadie escucha al otro y en la que todos los «discutientes» no tienen sino un único objetivo: salirse con la suya. Además, os enfadáis y acabáis pecando. ¡Menuda gracia!
    Personalmente, me gustan los «reventadores de tertulias». Y el ciego de nacimiento es uno de ellos. Es de esas personas que no saben nada de ideas, y, por tanto, no pretenden discutir. Simplemente, te atizan con la realidad como si te dieran con un mazo y te tapan la boca.
    Sólo sé que yo era ciego, y ahora veo. Punto. Discusión terminada. ¿Qué puedes responder a eso? No hay idea, ni argumento, ni sofisma capaz de hacer que lo que no es sea. Por mucho que le digas a este hombre, no va a volver a ser ciego. Y, por mucho que argumentes, no podrás cambiar su pasado de tinieblas.
    ¡Ah, ya sé! El problema es que a gran parte de los cristianos no les ha sucedido absolutamente nada con Jesucristo. No se han acercado lo suficiente a Él. Por eso discuten. ¡Pobres!
http://www.espiritualidaddigital.com/el-reventador-de-tertulias/     

domingo, marzo 30, 2014

Tercera palabra.










Tercera Palabra:
"MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO. HIJO, AHÍ TIENES A TU MADRE"  (Jn 19,26)
  Está ya próxima tu muerte, la hora en que tu Madre tenía que estar cerca de ti. Esta es la hora que une, de nuevo, al Hijo y a la Madre. La hora de la separación y de la muerte. La hora que arranca a la madre viuda el hijo único.
 Una vez más tu mirada contempla a la tu Madre. No le ahorraste nada: ni la alegría ni la pena, las dos surgían de tu gracia, las dos provenían de tu amor. Amas a tu Madre porque te ha asistido y servido en la alegría y en el dolor; así llegó a ser completamente tu Madre.
 Tu Madre, tus hermanos y tus hermanas son los que cumplen la voluntad del Padre que está en los cielos. A pesar de tu tormento, tu amor vibra de la ternura terrena que une al hijo y a la madre. En la suprema agonía de la salvación, te has conmovido por el llanto de una madre. En ese momento, le has dado un hijo y al hijo una madre. Por esto la tierra nueva será posible.
 Pero ella no estaba sola con el dolor de madre a cuyo Hijo matan, estaba en nuestro nombre como Madre de los vivientes. Ofrecía a su Hijo por nosotros. Repetía su "fiat" a la muerte del Señor. Era la Iglesia junto a la cruz. Al entregar la Madre al discípulo amado, nos la has entregado a cada uno de nosotros.

 Señor Jesús, tu muerte no habrá sido inútil si me acojo a este materno corazón. Estaré presente cuando llegue el día de tus bodas eternas, en las que la creación, transfigurada para siempre, se unirá a ti para siempre.

sábado, marzo 29, 2014

Segunda palabra.











Segunda Palabra:
"YO TE ASEGURO: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO" (Lc 23,43)
  Agonizas y, sin embargo, en tu corazón rebosante de dolor hay todavía un sitio para el sufrimiento de los otros. Vas a morir y te preocupas por un criminal que, atormentado en su martirio infernal, reconoce que su pena fue merecida por su vida de maldad. El abandono de Dios te ahoga y hablas del Paraíso. Tus ojos se velan en las tinieblas de la noche y oteas la luz eterna. Al morir nos preocupamos de nosotros mismos, pues los otros nos dejan solos y abandonados. Tú, sin embargo, piensas en las almas que deben ir contigo a tu Reino. ¡Corazón de misericordia infinita! ¡Corazón heroico y fuerte!
 Un delincuente miserable pide que te acuerdes de él y Tú le prometes el Paraíso. ¿Se puede transformar tan rápidamente con tu proximidad una vida de pecado y de vicio? Si pronuncias las palabras de absolución se perdonan hasta los pecados y las bajezas más repugnantes de cada vida criminal. Nada puede impedir la entrada a la santidad de Dios. Se puede admitir, llevando las cosas al límite, un poco de buena voluntad, en un pecador, pero su perversidad, sus instintos viciados, la brutalidad, el fango..., ¡eso no desaparece con un poco de buena voluntad y con un arrepentimiento fugaz en el patíbulo! ¡Uno de esa calaña no puede entrar en el Paraíso tan limpiamente como las almas que se purificaron toda la vida, los santos que prepararon sus cuerpos y sus almas para hacerlos dignos del Dios tres veces santo! Y, sin embargo, Tú pronuncias las palabras de tu gracia omnipotente que penetra en el corazón del ladrón y transforma el fuego infernal de su agonía en la llama purificadora del amor divino. El amor destruye la culpa de la criatura rebelde. Y así el ladrón entra en el Paraíso de tu Padre.

  ¿Me darás a mí la gracia del atrevimiento temerario que exige y espera todo de tu bondad? ¿El coraje de decir, como si fuera el mayor de los criminales, "Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”?