Estás en un blog espumoso, intimista, paradójico; de lo humano y de lo divino. No soy mejor que tú... Me propongo hablar a la cara y que me hables a la cara, sin caretas, sin retorno, a quemarropa... blog del Profesor Tirapu
lunes, octubre 02, 2017
domingo, octubre 01, 2017
sábado, septiembre 30, 2017
Mariano Fazio; el Papa y la Argentina.
http://www.lanacion.com.ar/2067696-comprendo-que-el-papa-no-quiera-viajar-a-la-argentina-porque-hay-un-clima-muy-crispado-dice-el-numero-dos-del-opus-dei
ROMA.- "Comprendo que el Papa no tenga ganas de viajar porque hay un clima muy crispado en la sociedad argentina. No se lo he preguntado, pero me parece que él considera que no están dadas todas las circunstancias para una visita al país, para que no le manipulen sus gestos, como ha ocurrido en el pasado, lamentablemente".
Son palabras de monseñor Mariano Fazio, el sacerdote argentino que en enero último se convirtió en el número dos de la prelatura del Opus Dei, en una entrevista con LA NACION en Villa Tevere, el cuartel general de la prelatura, ante la confirmación de que el Papa no vendrá al país en 2018.
Intelectual, de 57 años, muy cercano a Francisco, autor de varios libros y hasta diciembre de 2014 Vicario del Opus Dei en la Argentina, Paraguay y Bolivia, destacó la urgente necesidad de reconciliación que hay en el país .
-El Vaticano hoy salió a decir que el Papa no viajará a la Argentina en 2018. ¿Está soprendido?
-No. Conozco la situación y hay un clima muy caldeado. Espero que después de las elecciones las cosas se calmen y que haya un ambiente más tranquilo, algo fundamental para que el Papa pueda ir. Y estoy convencido de que cuando vaya será un éxito.
-¿Qué condiciones deberían darse para una visita del Papa?
-Me parece que la sociedad argentina necesita reconciliación. Hace un tiempo hubo una polémica en la Argentina con la palabra reconciliación. Me parece que es una palabra santa porque es algo propio de los cristianos y de las buenas personas saber perdonar, saber darnos un abrazo después de haber estado peleados y especialmente en la Argentina donde corrieron ríos de sangre. Todas las intervenciones del Papa en Colombia fueron hacia la reconciliación. No fue interpretado a favor de una parte u otra de la sociedad. En ese sentido fue un viaje muy modélico porque superando las circunstancias logró que el pueblo colombiano se diera cuenta de que tenía que darse un abrazo. En la Argentina todavía tendríamos que darnos ese abrazo. Lamentablemente en los últimos años hubo gente que echó sal en la herida, una herida que se estaba cerrando. Yo considero que el Papa puede ser un instrumento en las manos de Dios para ayudar a cerrar heridas y darnos un gran abrazo.
" El Papa puede ser un instrumento en las manos de Dios para ayudar a cerrar heridas y darnos un gran abrazo"
-¿Por qué cree que es tan compleja la relación del Papa con los argentinos? Allá, cualquier cosa que diga o haga, es criticado. ¿Por qué?
-Creo que está en el ADN de los argentinos, a quienes nos encanta criticar. Por otro lado es la primera vez que tenemos un Papa de nuestro país y los argentinos tendemos a considerarnos el centro del mundo y todas las actitudes que toma el Papa las relacionamos con la situación argentina, cosa que me parece un poco exagerada porque si bien somos un país maravilloso (risas), no somos lo más importante y no todo el mundo gira en torno a Buenos Aires.
-¿Qué le diría a quienes creen que el Papa no va porque no lo quiere a Macri?
-Que están muy equivocados, él está mucho más allá de las cuestiones partidarias, sino que es evidente que quiere que le vaya bien a su país, que ama, como dejó en claro en el videomensaje que envió el año pasado para anunciar que no iba a venir este año.
-El Papa en varias ocasiones confesó haberse sentido utilizado por algunos compatriotas...
-Siendo los argentinos del mismo país del Papa es muy fácil manipular todas sus declaraciones, pero preferiría no entrar en los detalles del caso.
- Cambiando de tema y volviendo al Vaticano, este quinto año del Papa está siendo difícil: en los últimos días una minoría ultraconservadora pidió una "corrección filial" de su apertura a los divorciados vueltos a casar en la exhortación apostólica Amoris Laetitia (AL) y lo ha acusado de propagar herejías. ¿Qué opina de este nuevo ataque?
-Lamentablemente no es la primera vez en la historia de la Iglesia de los últimos años donde hay grupos de personas que atacan al Papa, algunos me imagino con buena intención. Me parece que por un lado es una manifestación de la libertad de opinión que hay en la Iglesia y que el Papa respeta. Por otro lado me parece que es un método totalmente equivocado porque si se trata de una relación filial, un hijo no "corrige" a su padre en público. Cualquier fiel, obispo, cardenal, laico tiene derecho a decirle al Papa lo que le parezca por el bien de la Iglesia, pero me parece que no tiene derecho a hacerlo públicamente y escandalizar a toda la Iglesia con estas manifestaciones de desunión.
-Entre los firmatarios de la carta que pide la "corrección filial" apareció el italiano Ettore Gotti Tedeschi, ex presidente del Instituo de Obras para la Religión (IOR, el banco del Vaticano), que es supernumerario del Opus Dei...
-Considero que él también se ha equivocado, como los demás que han firmado.
-Algunos se habían ilusionado con que terminarían las intrigas en el Vaticanocon la llegada de Francisco, pero de nuevo hay venenos. Libero Milone, el ex auditor general denunció hace unos días haber sido echado por un "viejo grupo de poder" que se resiste a las reformas financieras... Y la Santa Sede lo acusó de haberse excedido de sus funciones y de haber espiado a miembros del Vaticano...
-No estoy metido en el fondo del tema. Conozco muchísimas personas de la curia romana y la inmensa mayoría de ellos trabaja silenciosamente, con gran espíritu de servicio, con deseo de servir a la Iglesia y ellos no son noticia. Los que son noticia son los que tienen actitudes un poco ambiguas que despiertan sospechas. Sé que el Santo Padre sufre con esta situación. No soy experto en temas económicos, pero me parece que se han dado paso significativos sobre la transparencia de las finanzas vaticanas, en particular en el IOR. Pero toda reforma, no sólo en la Iglesia, sino en cualquier sociedad, genera reacciones contrarias de personas que están acomodadas y que no quieren que cambie nada, que me parece que son reacciones bastante lógicas desde un punto de vista humano. Me gustaría que por parte de todos los miembros de la curia hubiera mayor espíritu de colaboración y servicio con la reforma que el Papa quiere llevar a cabo.
"Me gustaría que hubiera mayor espíritu de colaboración y servicio con la reforma que el Papa quiere llevar a cabo"
-¿Ve mucha resistencia?
-Me parece que lo que sale en los medios de comunicación son el pequeño grupo que le resiste al Papa, porque no es noticia que un cardenal, obispo o un oficial de la curia vaticana obedezcan al Papa...
-¿Es una minoría ruidosa entonces?
-Me parece que sí.
-¿Cómo ve el Opus Dei la apertura que hay en el capítulo ocho de AL a los divorciados vueltos a casar, que tánto revuelo ha generado en los sectores conservadores?
-El Opus Dei, como todos los católicos, siempre está con el Papa, es una tradición continua en la historia de la obra que lo hemos aprendido de San Josémaría Escrivá de Balaguer, que decía que hay que estar con el Papa quien quiera que sea. Siempre estaremos con el Papa. En lo que se refiere a AL el prelado (monseñor Fernando Ocáriz) ha escrito: "Pensad también, con corazón grande, cómo ayudar a quienes se encuentran en las así llamadas "situaciones irregulares". El Papa Francisco ha reafirmado que la doctrina no cambia, pero urge a mejorar la atención de estos hermanos y hermanas, a los que es preciso acompañar con una mirada más cercana, de acogida y discernimiento, que les facilite superar esas situaciones, con la gracia de Dios".
-Algunos, en el Vaticano, dicen que el Opus Dei tiene una visión de Iglesia distinta a la del Papa...
-Desde que el Papa ha sido elegido ha tenido muchas manifestaciones de cercanía y aprecio por el Opus Dei. En lo que a mí respecta tengo una amistad con él de la cual todavía estoy emocionado. Ha querido confirmar la elección del prelado el mismo día, una manifestación de grandísima confianza, ha manifestado en la primera entrevista del prelado un agradecimiento por lo que estamos haciendo al servicio de la Iglesia, ha estado muy cercano en torno a la muerte del prelado anterior, Javier Echevarría, ha beatificado al primer sucesor de San José María Escrivá de Balaguer, Álvaro del Portillo, ha firmado tres documentos de virtudes heróicas de fieles de la obra, que están en proceso de beatificación, con lo cual no podemos no estar sino agradecidos por la cercanía que ha manifestado en estos años. En los continuos contactos que tenemos con el Papa siempre ha manifestado su apoyo, su impulso apostólico y en la primera audiencia con el prelado nos encargó directamente las periferias de las clases medias, del mundo del trabajo, diciéndonos algo así como que "ése es su carisma, adelante, siguiendo los pasos de san Josémaría".
-Usted lo conoce a Jorge Bergoglio desde la Conferencia de Aparecida (2007) y estamos en el quinto año de pontificado: ¿cuáles fueron para usted los aportes del Papa a la Iglesia?
-Creo que el Papa desde un punto de vista de la fe siempre es el sucesor de Pedro y por lo tanto hay una gran continuidad con la tradición de la Iglesia. Desde un punto de vista humano, cada Papa es de un país determinado, de una cultura distinta y el Papa ha aportado une estilo nuevo que lo definiría cercano, auténtico, espontáneo, evangélico. Y eso ha hecho que mucha gente se acerque a Dios y a la Iglesia, que estaba muy alejada, al comprobar que es un líder que vive lo que dice. Los otros papas anteriores han sido buenísimos y de altísimo nivel, creo que este estilo es muy revolucionario. Se trata, como dice el papa Francisco, de la revolución de la ternura, del amor, de la cercanía, de la preocupación por los demás. Esto es su gran aporte.
-¿Cómo es la situación interna del Opus Dei con el nuevo prelado y usted como el número dos?
-Estamos viviendo un momento de gran unidad y manteniéndonos muy fieles al espíritu de la Obra, pero también estamos en un momento de fidelidad dinámica porque los tiempos cambian y el Opus Dei es un cuerpo vivo que cambia con los tiempos, manteniendo siempre la fidelidad al carisma fundacional. En ese sentido le estamos haciendo mucho eco a la idea de Iglesia en salida del Papa y queremos fomentar más iniciativas y que todos el mundo piense "yo, en mi circunstancia, qué puedo hacer para llevar el Evangelio a todas las periferias". Periferias que son sociales, existenciales, pero también culturales.
viernes, septiembre 29, 2017
jueves, septiembre 28, 2017
miércoles, septiembre 27, 2017
martes, septiembre 26, 2017
lunes, septiembre 25, 2017
Carta del Prelado de setiembre.
Carta del Prelado (24 septiembre 2017)
“¿Qué buscáis?”, dice Jesús a los jóvenes. Si les ayudamos a crecer sanos y fuertes de corazón, podrán escuchar su llamada: “Venid y veréis”.

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
Tras los pasados meses, en los que he tenido la alegría de ver a muchos de vosotros, os escribo con la mirada puesta ya en el tema de la próxima reunión del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar dentro de un año en Roma: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Como sabéis, la labor apostólica con la juventud estuvo muy presente en el reciente Congreso general[1]. Quisiera, con estas líneas, animaros simplemente a considerar –sin descender a detalles– cómo podemos intensificar este aspecto prioritario de nuestra vocación cristiana.
«¿Qué buscáis?», dice el Señor a Juan y Andrés, la primera vez que se acercan a Él (Jn 1,38). La juventud es un momento de búsqueda; es la época en que cobra protagonismo la pregunta “¿quién quiero ser?”, que para un cristiano significa también: “¿quién estoy llamado a ser?”. Es la pregunta por la vocación: sobre cómo corresponder al amor de Dios. «Y tú, querido joven, querida joven, –escribía el Papa Francisco hace dos años– ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que por amor te ha dado todo?»[2].
Existen hoy muchos obstáculos, a veces complejos, que dificultan este encuentro personal con el amor de Dios; pero también hay signos de esperanza. «No es verdad –decía Benedicto XVI– que la juventud piense sobre todo en el consumo y en el placer. No es verdad que sea materialista y egoísta. Es verdad lo contrario: los jóvenes quieren cosas grandes»[3]. Esta afirmación responde a la realidad de la vida de muchos jóvenes, ilusionados por mejorar el mundo, aunque parezca chocar con la indolencia de tantos otros, a quienes vemos “envejecidos” por un constante bombardeo de consumo, entretenimiento, inmediatez, frivolidad. Es fácil lamentarse de esa situación; más exigente, en cambio, es procurar estar a la altura de esos deseos de cosas grandes que anidan, a veces encubiertos por una capa de aparente indiferencia, en sus corazones. ¿Somos capaces de hacerles vibrar con la belleza de la fe, de una vida vivida para los demás? Pregunto a cada uno de mis hijos e hijas más jóvenes: ¿sabes transmitir a tus amigos la vibración por ese Dios que es la Belleza, la Bondad, la Verdad, el único que puede saciar las ansias de felicidad de su corazón? Y a quienes no somos tan jóvenes por edad, pero procuramos mantener la juventud del corazón: ¿tratamos de entender sus dificultades, sus ilusiones? ¿Nos hacemos jóvenes con ellos?
A san Josemaría le gustaba el modo en que se llama en portugués a los jóvenes: os novos. En una ocasión comentaba: «Sed todos muy jóvenes. ¡Renovaos! (…) Renovar es volver a ser jóvenes, volver a ser nuevos, tener una nueva capacidad de entrega»[4]. Para animar a que muchas almas tengan sueños generosos de entrega a Dios y a los demás, es necesario que todos los cristianos nos esforcemos en ser testimonios auténticos de una vida que tiende sinceramente a la identificación con Jesucristo. A pesar de nuestras limitaciones, con la gracia de Dios podemos ser sembradores de paz y de alegría en el lugar –ya sea un rincón del mundo o una encrucijada de culturas– donde el Señor nos quiere. Procuremos conservar y potenciar la “juventud” que Dios nos da[5]. Nuestro testimonio sereno de esa juventud de espíritu deja siempre en los demás una impronta que, tarde o temprano, se revela como una ayuda para su vida.
Decía san Josemaría –y la consideración se extiende a todos los que inciden de un modo u otro en la educación de los jóvenes– que los padres son responsables del noventa por ciento de la vocación de sus hijos. Pensando en todos, pero especialmente en los cooperadores y en los supernumerarios y supernumerarias, a la vez que os animo a considerar si podéis aumentar, con creatividad y generosidad, vuestra implicación en las iniciativas de formación de la juventud (colegios, clubs, etc.), os sugiero que pongáis ante todo la mirada en vuestro hogar. Pensad si vuestros hijos pueden estar felices de pertenecer a su familia, porque tienen unos padres que les escuchan y les toman en serio, que les quieren como son; que se atreven a hacerse con ellos sus mismas preguntas; que les ayudan a percibir, en las pequeñas realidades de la vida diaria, el valor de las cosas, el esfuerzo que requiere sacar adelante un hogar; que saben exigirles, que no tienen miedo de ponerles en contacto con el sufrimiento y la fragilidad, tan presentes en la vida de mucha gente, quizá empezando por la propia familia; que les ayudan, con su piedad, a tocara Dios, a ser «almas de oración». Ayudadles, en fin, a crecer sanos y fuertes de corazón, para que puedan escuchar a Dios que dice a cada uno y a cada una, como a Juan y Andrés, «venid y veréis» (Jn 1,39).
Os bendice con todo cariño
vuestro Padre,

Roma, 24 de septiembre de 2017, nuestra Señora de la Merced.
domingo, septiembre 24, 2017
sábado, septiembre 23, 2017
Nuestra Señora de la Merced.
De la misericordia, de los regalos, los cuidados, las atenciones,las mercedes. Era el santo de mi amatxo. Lo que nos han querido nuestras madres: noches en vela, se comían la cabeza del pescado y nos decían que era lo mejor, y nunca dijeron nada. El silencio del amor o el amor silencioso, cuanta pantomima se hace del amor, qué poco tiene que ver con el de verdad. Pues si así son nuestras madres, cómo será la Madre de Dios. Necesitamos de tu merced. Qué viva la Madre de Dios, que viva la Merced!!.
viernes, septiembre 22, 2017
Papa Francisco, el bien y el mal.
Palabras del Papa antes del ángelus
¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El pasaje evangélico del día propone tres parábolas con las cuales Jesús habla a la muchedumbre, del Reino de Dios. Me detengo en la primera: la de la buena semilla y en la de la cizaña, que ilustra el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios (cf.Mt 13,24-30,36-43). ¡Cuánta paciencia tiene Dios! Cada uno de nosotros puede decir esto: cuánta paciencia tiene Dios conmigo. El relato de la parábola se desarrolla en un campo con dos protagonistas opuestos. Por un lado el propietario del campo que representa Dios y esparce la buena semilla: por el otro el enemigo que representa Satanás y esparce la hierba mala.
Con el tiempo, en medio del trigo crece también la cizaña y frente a este hecho el propietario y los servidores tienen actitudes distintas. Los servidores quisieran intervenir arrancando la cizaña; pero el propietario que está preocupado sobre todo por la salvación del buen grano, se opone diciendo: “No sea que recogiendo la cizaña, también arranquéis el trigo” (v.29). Con esta imagen, Jesús nos dice que en este mundo, el bien y el mal están tan entrelazados entre sí, que es imposible separarlos y extirpar todo el mal. Solo Dios puede hacer esto, y lo hará en el juicio final. Con sus ambigüedades y su carácter complejo, la situación presente es el campo de la libertad, el campo de la libertad de los cristianos, donde se desarrolla el difícil ejercicio del discernimiento entre el bien y el mal.
Y en este campo se trata de juntar de conjugar con una gran confianza en Dios y en su providencia, dos actitudes aparentemente contradictorias: la decisión y la paciencia. La decisión es la de querer ser buen trigo con todas sus fuerzas y por lo tanto tomar distancia del maligno y sus seducciones, la paciencia significa preferir una Iglesia que sea levadura en la masa, que no teme ensuciarse las manos lavando la ropa sucia de sus hijos, más que ser una Iglesia de “puros”, que pretende juzgar antes de tiempo quien irá al Reino de Dios y quién no.
El Señor, que es la Sabiduría encarnada, nos ayuda hoy a comprender que el bien y el mal no pueden identificarse con territorios definidos o marcados o en determinados grupos humanos, estos son los buenos, estos son los malos. Él nos dice que la línea de separación entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada persona, de cada uno de nosotros, es decir, todos somos pecadores. Pregunta ¿quién no es pecador? levante la mano, nadie, porque todos lo somos, todos somos pecadores. Jesús, por su muerte en cruz y su resurrección, nos ha liberado de la esclavitud del pecado y nos da la gracia de caminar en una vida nueva; pero con el Bautismo nos ha dado también la Confesión, porque tenemos siempre necesidad de ser perdonados de nuestros pecados. Mirar siempre y solamente el mal que está fuera de nosotros, significa no querer reconocer el pecado que hay en nosotros.
Y luego Jesús nos enseña un modo distinto de mirar el campo del mundo, de observar la realidad. Estamos llamados a aprender los tiempos de Dios que no son nuestros tiempos, e igualmente también a aprender la “mirada” de Dios: gracias a la influencia benéfica de una espera trepidante, lo que era cizaña o parecía cizaña, puede convertirse en un buen producto. Esta es la realidad de la conversión, es la perspectiva de la Esperanza.
Que la Virgen María nos ayude a captar la realidad que nos rodea no solamente la suciedad y el mal, sino también el bien y lo bueno; a desenmascarar la obra de Satanás, sino sobre todo a confiar en la acción de Dios que fecunda la historia.
Traducción de Zenit, Raquel Anillo
jueves, septiembre 21, 2017
Anotaciones sobre el nacionalismo de Orwell.
Un genio.
Existe un hábito de la mente que está hoy tan extendido que afecta nuestro pensamiento en casi todo tema, pero al que no se le ha dado todavía un nombre. Como su más cercano equivalente que existe he escogido la palabra “nacionalismo”, pero como se verá en un momento no estoy usándola en el sentido ordinario, sencillamente porque la emoción de la que hablo no siempre se refiere a lo que se conoce como nación –esto es, una raza determinada o un área geográfica. Puede aplicarse a una iglesia o clase, o puede trabajar en un sentido meramente negativo, contra algo y sin la necesidad de algún objeto positivo de lealtad.
Por “nacionalismo” quiero referirme primero al hábito de asumir que los seres humanos pueden ser clasificados como insectos y que grupos enteros de millones o decenas de millones de personas pueden razonablemente ser etiquetadas como “buenas” o “malas.” Pero en segundo lugar –y esto es mucho más importante- quiero referirme al hábito de identificarse uno mismo con una determinada nación u otra unidad, colocándola más allá del bien y del mal y reconociendo no otro deber que el de apoyar sus intereses. El nacionalismo no debe ser confundido con el patriotismo. Ambos términos son normalmente usados de forma tan vaga que cualquier definición está sujeta a cuestionamiento, pero uno debe diferenciar entre ellas, pues encierran dos ideas distintas y hasta opuestas. Por “patriotismo” me refiero a la devoción a un lugar en particular y a un particular estilo de vida, los cuales uno cree que son los mejores del mundo pero sin tener la menor intención de forzarlo a los demás. El patriotismo es por naturaleza defensivo, tanto militarmente como culturalmente. El nacionalismo, por otro lado, es inseparable del deseo de poder. El propósito perdurable de todo nacionalista es el de asegurar más poder y prestigio, no para sí mismo sino para la nación u otra unidad a la cual ha decidido someter su propia individualidad.
Un nacionalista es alguien que piensa solamente, o principalmente, en términos de prestigio competitivo. Puede ser un nacionalista positivo o negativo –esto es, puede emplear su energía ya sea en promover o en denigrar- pero en todo caso sus pensamientos giran siempre en torno a victorias, derrotas, triunfos y humillaciones. El nacionalista ve la historia, especialmente la contemporánea, como la interminable sucesión de ascensos y declives de unidades de poder, y cada evento que tiene lugar le parece una demostración de que su propio bando está en ascenso y algún bando rival muy odiado está en descenso. Pero finalmente, es importante no confundir el nacionalismo con la mera alabanza del éxito. El nacionalista no es alguien que simplemente tiene como principio estar siempre del lado del grupo más fuerte. Al contrario, una vez que ha elegido su grupo, se convencerá a sí mismo de que aquel es el más fuerte, y estará en capacidad de mantener tal creencia aún cuando los hechos estén avasalladoramente contra dicha creencia. El nacionalismo es hambre de poder alimentada por el autoengaño. Todo nacionalista es capaz de la más flagrante deshonestidad, pero también – desde que esta consiente de servir algo más grande que a él mismo- está firmemente seguro de estar en lo correcto.
Sería una sobresimplificación decir que todas las formas de nacionalismo son iguales, aún en sus esquemas mentales, pero hay ciertas reglas que aplican bien a todos los casos. Las siguientes son las principales características del pensamiento nacionalista:
OBSESIÓN
En términos generales, ningún nacionalista piensa, habla o escribe sobre otra cosa que la superioridad de su propia unidad. Es difícil, sino imposible, para cualquier nacionalista esconder su lealtad. Si la unidad de su lealtad es un país, declarará la superioridad de éste no sólo en términos militares y de virtud política, sino también en el arte, la literatura, el deporte, la estructura lingüística, la belleza física de sus habitantes, y quizás incluso hasta en el clima, paisajes y cocina. Mostrará una gran sensibilidad sobre aspectos tales como la correcta manera de enarbolar la bandera, tamaños relativos de titulares y el orden en que los distintos países son nombrados. La nomenclatura juega un papel importante en el pensamiento nacionalista.
INESTABILIDAD
La intensidad con que son sentidas no impide que las lealtades nacionalistas sean transferibles. De particular interés es la retransferencia. Un país u otra unidad que ha sido idolatrada por años puede repentinamente devenir odiada, y otro objeto de afecto puede tomar su lugar casi sin un intervalo. En Europa continental los movimientos fascistas reclutaban a sus seguidores en su mayoría de entre los comunistas. Lo que permanece constante en el nacionalista es su estado mental: el objeto de sus sentimientos puede cambiar, y hasta ser imaginario.
Pero para un intelectual, la transferencia tiene una función importante. Hace posible para él ser mucho más nacionalista –más vulgar, más ridículo, más maligno, más deshonesto- de lo que jamás podría ser en nombre de su país nativo, o de cualquier unidad de la que tuviese real conocimiento. Cuando uno ve la basura pretenciosa que se escribe sobre Stalin, el Ejército Rojo, etc., por gente bastante inteligente y sensible, uno se percata que ello sólo es posible porque algún tipo de dislocación ha tenido lugar. En sociedades como la nuestra, es inusual para cualquier persona que se describa como intelectual el sentir un apego muy profundo a su propio país. La opinión pública –esto es, la sección del público de la cual él es intelectualmente consciente- no se lo permitirá. La mayoría de la gente que lo rodea es escéptica e indiferente, y él puede adoptar la misma actitud ya sea por imitación o por pura cobardía: en tal caso habrá abandonado aquella forma de nacionalismo que se encuentra a su más cercano alcance. Pero él todavía siente la necesidad de una Patria, y es natural que la busque en algún otro lado. Una vez que la ha encontrado, puede indulgir en exactamente aquellas emociones de las cuales él cree que se ha emancipado. Dios, el Rey, el Imperio, la Bandera –todos los ídolos abandonados pueden reaparecer bajo diferentes nombres, y dado que no los reconoce como lo que son los puede adorar con una buena consciencia. El nacionalismo transferido, como el uso de los chivos expiatorios, es una forma de lograr la salvación sin tener que alterar la propia conducta.
DESCONEXIÓN CON LA REALIDAD
Todos los nacionalistas tienen la capacidad de obviar las analogías entre hechos similares. Las acciones son tenidas como buenas o malas, no en atención a sus propios méritos, sino de acuerdo a quién las realiza, y prácticamente no hay clase alguna de barbarie –tortura, la toma de rehenes, trabajo forzado, deportaciones en masa, penas de cárcel (o ejecuciones) sin juicio previo, falsificación, asesinato, el bombardeo de poblaciones civiles- cuya calificación moral no cambie cuando es cometida por “nuestro” bando.
El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio bando, sino que además tiene una notable capacidad para ni siquiera enterarse de ellas. Durante seis años los admiradores de Hitler en Inglaterra se las arreglaron para no enterarse de la existencia de Dachau y Buchenwald. Y aquellos que más ardientemente denunciaban los campos de concentración alemanes estaban muchas veces en desconocimiento de que también había campos de concentración en Rusia. Eventos notables como la hambruna de Ucrania de 1933, que involucraron las muertes de millones de personas, han escapado la atención de la mayoría de los rusófilos ingleses. En el pensamiento nacionalista hay hechos que pueden ser a la vez ciertos y falsos, conocidos y desconocidos. Un hecho conocido puede ser tan insoportable que habitualmente es descartado y no se le permite entrar en procesos lógicos.
Todo nacionalista se obsesiona con alterar el pasado. Se pasa parte de su tiempo en un mundo de fantasía en el que las cosas ocurren como deberían –en que, por ejemplo, la Armada Española fue todo un éxito o la Revolución Rusa fue aplastada en 1918– y transferirá fragmentos de este mundo de fantasía a los libros de historia cada vez que pueda. Hechos importantes son suprimidos, fechas alteradas, citas removidas de sus contextos y manipuladas para cambiar su significado. Eventos cuya ocurrencia se piense que no debió darse son omitidos y en última instancia negados. En 1927 Chiang Kai Shek quemó cientos de comunistas vivos, y sin embargo 10 años después se había convertido en uno de los heroes de la Izquierda. El realineamiento de la política internacional lo había traído al campo antifascista, así que de alguna manera se llegó a pensar que la quema de comunistas vivos “no contaba”, o quizás no había ocurrido. El objetivo primario de la propaganda es, por supuesto, influenciar la opinión contemporánea, pero aquellos que reescriben la historia probablemente creen en una parte de sí mismos que están realmente rearmando los hechos hacia el pasado. Cuando uno considera las elaboradas falsificaciones que han sido cometidas para demostrar que Trotsky no tuvo un papel importante en la Guerra Civil Rusa, es difícil sentir que las personas responsables estaban simplemente mintiendo. Más probable es que ellos sintieran que su propia versión era lo que había ocurrido a los ojos de Dios, y que había justificación plena en reordenar los registros de acuerdo con ello.
Algunos nacionalistas están no muy lejos de la esquizofrenia, viviendo muy felices entre sueños de poder y conquista que no guardan conexión alguna con el mundo real.
George Orwell
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