Estás en un blog espumoso, intimista, paradójico; de lo humano y de lo divino. No soy mejor que tú... Me propongo hablar a la cara y que me hables a la cara, sin caretas, sin retorno, a quemarropa... blog del Profesor Tirapu
sábado, octubre 06, 2018
viernes, octubre 05, 2018
jueves, octubre 04, 2018
Libertad, concertada; Alfonso Aguiló.
Oigo muchas cosas sobre el criterio de demanda social del artículo 109.2 de la LOE y quisiera hacer unas reflexiones.
La Ministra de Educación dice que los que quieran un puesto escolar en la enseñanza pública lo deben tener, y estoy de acuerdo.
Y dice también que no puede haber una enseñanza concertada a la carta. También de acuerdo. Si quienes quieren enseñanza concertada no son un número suficiente para llenar aulas al menos con el mismo nivel de ocupación que en la enseñanza pública en su mismo entorno, no se les puede satisfacer.
Lo que digo es que si un centro concertado tiene un nivel de ocupación similar al de los centros públicos de ese mismo distrito o municipio, no se le pueden quitar aulas concertadas, porque sería eliminar la pluralidad y atropellar la elección de las familias.
Eliminar aulas concertadas con la excusa de que hay plazas públicas libres es una falacia, porque entonces bastaría con construir masivamente centros públicos para lograr que en poco tiempo desaparezca la enseñanza concertada y con ella la pluralidad de oferta y la libertad de enseñanza. Entonces, solo las familias más pudientes podrían ir a un centro distinto del público, y la pluralidad sería un privilegio exclusivo de los ricos.
Otro tema. La enseñanza concertada lleva décadas siendo desplazada del entorno rural, en parte por el descenso de natalidad, por la emigración a las ciudades, y en parte también por hostilidad de algunas administraciones.
La Ministra dice que, como la enseñanza pública es el eje vertebrador, y tiene que estar en el medio rural y allí no está la concertada, que por ese motivo hay que eliminar el criterio de demanda social en la programación de la enseñanza. Es una incongruencia.
Donde no hay concertada y todo es pública, no hay más demanda social que la pública. Donde hay al tiempo pública y concertada, debe primar el criterio de demanda social y atender en lo posible lo que las familias prefieran, no lo que prefiera el político de turno que hace la programación educativa.
Las leyes están, entre otras cosas, para marcar unos límites al poder ejecutivo. Y en este caso, el criterio de demanda social en la programación recogido en el artículo 109.2 de la LOE está puesto para que una administración educativa no se dedique a construir cientos de nuevas aulas públicas innecesarias para así tener excusa para cerrar aulas concertadas llenas de alumnos que han escogido ese centro libremente.
La enseñanza pública no mejorará a base de llenar sus aulas cerrando las de los centros concertados, sino trabajando para que la enseñanza pública sea cada día mejor, cosa que todos deseamos que suceda. Y decir que la pública no mejora porque el dinero va a la concertada sería desconocer cómo funciona la financiación de la enseñanza en este país.
martes, octubre 02, 2018
domingo, septiembre 30, 2018
La petición del Papa para este mes de octubre.
https://opusdei.org/es-es/document/fernando-ocariz-mensaje-oracion-papa-francisco/
Mons. Ocáriz pide secundar generosamente la petición del Papa para este mes de octubre
El prelado anima a que todos los miembros de la Obra, los cooperadores y quienes participan en las labores apostólicas, se sumen a la petición de rezar el rosario para pedir a la Santa Madre de Dios y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia.

El Papa Francisco ha invitado a todos los católicos a recitar diariamente el Rosario durante el mes de octubre, acabándolo con la invocación "Sub Tuum Praesidium", y con la oración a San Miguel Arcángel (cfr. Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 29.09.2018).
Son oraciones que nos ayudarán a difundir la paz de Cristo y a rezar de modo especial por el don de la unidad en la Iglesia y en el mundo. No podemos ignorar, como decía san Pablo a los de Éfeso, que “no es nuestra lucha contra la sangre o la carne, sino contra los Principados, las Potestades, las Dominaciones de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos que están en los aires” (Ef 6, 12).
Pido y animo a todos los miembros de la Obra, a los cooperadores y a quienes participan en las labores apostólicas a secundar generosamente este deseo del Papa, y a extender esta invitación a muchos otros amigos, para rogar a nuestra Madre, Santa María, y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia.


sábado, septiembre 29, 2018
viernes, septiembre 28, 2018
jueves, septiembre 27, 2018
miércoles, septiembre 26, 2018
domingo, septiembre 23, 2018
Qué es el apostolado en 2018.
¿Qué significa el apostolado? ¿quiénes son los apóstoles hoy?
La palabra griega “apostoloi” significa enviado. Hace referencia a la llamada que hace Jesucristo a los apóstoles para que continúen con su propia misión: anunciar el reino de Dios por todo el mundo.

Sumario
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Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos» y «misioneros», sino que somos siempre «discípulos misioneros». Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Juan 1,41). La samaritana, apenas salió de su diálogo con Jesús, se convirtió en misionera, y muchos samaritanos creyeron en Jesús «por la palabra de la mujer» (Juan 4,39). También san Pablo, a partir de su encuentro con Jesucristo, «enseguida se puso a predicar que Jesús era el Hijo de Dios» (Hechos de los Apóstoles 9,20). ¿A qué esperamos nosotros? Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 120.
1. ¿Qué es el apostolado?
La palabra griega apostoloi significa enviado. Hace referencia a la llamada que hace Jesucristo a los apóstoles para que continúen con su propia misión: anunciar el reino de Dios por todo el mundo. "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Juan 20, 21); "embajadores de Cristo" (2 Corintios 5, 20), "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1 Corintios 4, 1).
Todos los cristianos, por la naturaleza de la vocación cristiana, están llamados a propagar el Reino de Cristo por toda la tierra. Catecismo de la Iglesia Católica, 858-859; 863
Textos de san Josemaría para meditar
Apóstol es el cristiano que se siente injertado en Cristo, identificado con Cristo, por el Bautismo; habilitado para luchar por Cristo, por la Confirmación; llamado a servir a Dios con su acción en el mundo, por el sacerdocio común de los fieles, que confiere una cierta participación en el sacerdocio de Cristo, que —siendo esencialmente distinta de aquella que constituye el sacerdocio ministerial— capacita para tomar parte en el culto de la Iglesia, y para ayudar a los hombres en su camino hacia Dios, con el testimonio de la palabra y del ejemplo, con la oración y con la expiación.
Cada uno de nosotros ha de ser ipse Christus. El es el único mediador entre Dios y los hombres; y nosotros nos unimos a El para ofrecer, con El, todas las cosas al Padre. Nuestra vocación de hijos de Dios, en medio del mundo, nos exige que no busquemos solamente nuestra santidad personal, sino que vayamos por los senderos de la tierra, para convertirlos en trochas que, a través de los obstáculos, lleven las almas al Señor; que tomemos parte como ciudadanos corrientes en todas las actividades temporales, para ser levadura que ha de informar la masa entera. Es Cristo que pasa, 120
Si te decides —sin rarezas, sin abandonar el mundo, en medio de tus ocupaciones habituales— a entrar por estos caminos de contemplación, enseguida te sentirás amigo del Maestro, con el divino encargo de abrir los senderos divinos de la tierra a la humanidad entera. Sí, con esa labor tuya contribuirás a que se extienda el reinado de Cristo en todos los continentes. Y se sucederán, una tras otra, las horas de trabajo ofrecidas por las lejanas naciones que nacen a la fe, por los pueblos de oriente impedidos bárbaramente de profesar con libertad sus creencias, por los países de antigua tradición cristiana donde parece que se ha oscurecido la luz del Evangelio y las almas se debaten en las sombras de la ignorancia... Entonces, ¡qué valor adquiere esa hora de trabajo!, ese continuar con el mismo empeño un rato más, unos minutos más, hasta rematar la tarea. Conviertes, de un modo práctico y sencillo, la contemplación en apostolado, como una necesidad imperiosa del corazón, que late al unísono con el dulcísimo y misericordioso Corazón de Jesús, Señor Nuestro. Amigos de Dios, 67
2. ¿Por qué hacer apostolado?
Todos los fieles, pastores y laicos, están encargados por Dios del apostolado en virtud del Bautismo y de la Confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra.
En los laicos la evangelización adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo: «Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes como a los fieles. Catecismo de la Iglesia Católica, 900; 905
Textos de san Josemaría para meditar
¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ¡locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón... y muchas veces lo envilecen..., dejad eso y venid con nosotros tras el Amor? Camino, 790
Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la periferia. —Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un solo apostolado! Forja, 638
Con la maravillosa normalidad de lo divino, el alma contemplativa se desborda en afán apostólico: me ardía el corazón dentro del pecho, se encendía el fuego en mi meditación. ¿Qué fuego es ése sino el mismo del que habla Cristo: fuego he venido a traer a la tierra y qué he de querer sino que arda?. Fuego de apostolado que se robustece en la oración: no hay medio mejor que éste para desarrollar, a lo largo y a lo ancho del mundo, esa batalla pacífica en la que cada cristiano está llamado a participar: cumplir lo que resta que padecer a Cristo.
No me cansaré de repetir, por tanto, que el mundo es santificable; que a los cristianos nos toca especialmente esa tarea, purificándolo de las ocasiones de pecado con que los hombres lo afeamos, y ofreciéndolo al Señor como hostia espiritual, presentada y dignificada con la gracia de Dios y con nuestro esfuerzo. En rigor, no se puede decir que haya nobles realidades exclusivamente profanas, una vez que el Verbo se ha dignado asumir una naturaleza humana íntegra y consagrar la tierra con su presencia y con el trabajo de sus manos. La gran misión que recibimos, en el Bautismo, es la corredención. Nos urge la caridad de Cristo, para tomar sobre nuestros hombros una parte de esa tarea divina de rescatar las almas. Es Cristo que pasa, 120
El apostolado cristiano —y me refiero ahora en concreto al de un cristiano corriente, al del hombre o la mujer que vive siendo uno más entre sus iguales— es una gran catequesis, en la que, a través del trato personal, de una amistad leal y auténtica, se despierta en los demás el hambre de Dios y se les ayuda a descubrir horizontes nuevos: con naturalidad, con sencillez he dicho, con el ejemplo de una fe bien vivida, con la palabra amable pero llena de la fuerza de la verdad divina.
Sed audaces. Contáis con la ayuda de María,Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. María, a quienes se acercan a Ella y contemplan su vida, les hace siempre el inmenso favor de llevarlos a la Cruz, de ponerlos frente a frente al ejemplo del Hijo de Dios. Y en ese enfrentamiento, donde se decide la vida cristiana, María intercede para que nuestra conducta culmine con una reconciliación del hermano menor —tú y yo— con el Hijo primogénito del Padre. Es Cristo que pasa, 149
3. ¿Por qué el apostolado es dar luz?
“Vosotros sois la luz del mundo y sal de la tierra” (Mateo 5, 11-16). La luz del Evangelio es “una luz que atrae”. Al ver las buenas obras del cristiano, el prójimo está llevado a dar gloria a Dios. a descubrir y alabar el inefable amor de Dios. El apostolado es dar testimonio de la luz.
Implica un diálogo personal, donde las personas expresan y comparten sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón. Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra, sea con la lectura de algún versículo o de un modo narrativo, pero siempre recordando el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender, con la conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera. A veces se expresa de manera más directa, otras veces a través de un testimonio personal, de un relato, de un gesto o de la forma que el mismo Espíritu Santo pueda suscitar en una circunstancia concreta. Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración que se conecte con las inquietudes que la persona ha manifestado. Así, percibirá mejor que ha sido escuchada e interpretada, que su situación queda en la presencia de Dios, y reconocerá que la Palabra de Dios realmente le habla a su propia existencia.
El mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos para manifestar ante los hombres la fuerza de verdad y de irradiación del Evangelio. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios. Evangelium Gaudium, 100;128.
Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado depende de su unión vital con Cristo. La caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, "siempre es como el alma de todo apostolado". Catecismo de la Iglesia Católica, 864; 2044
Textos de san Josemaría para meditar
¡Sé alma de Eucaristía! Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado! Forja, 835
¿Y qué otros consejos os sugiero? Pues los procedimientos que han utilizado siempre los cristianos que pretendían de verdad seguir a Cristo, los mismos que emplearon aquellos primeros que percibieron el alentar de Jesús: el trato asiduo con el Señor en la Eucaristía, la invocación filial a la Santísima Virgen, la humildad, la templanza, la mortificación de los sentidos —que no conviene mirar lo que no es lícito desear, advertía San Gregorio Magno- y la penitencia. Amigos de Dios, 186
Llenar de luz el mundo, ser sal y luz: así ha descrito el Señor la misión de sus discípulos. Llevar hasta los últimos confines de la tierra la buena nueva del amor de Dios. A eso debemos dedicar nuestras vidas, de una manera o de otra, todos los cristianos.
Es necesario, pues, despertar a quienes hayan podido caer en ese mal sueño: recordarles que la vida no es cosa de juego, sino tesoro divino, que hay que hacer fructificar. Es necesario también enseñar el camino, a quienes tienen buena voluntad y buenos deseos, pero no saben cómo llevarlos a la práctica. Cristo nos urge. Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo. Es Cristo que pasa, 147
viernes, septiembre 21, 2018
jueves, septiembre 20, 2018
miércoles, septiembre 19, 2018
martes, septiembre 18, 2018
Luz para ver, fuerza para querer..
Luz para ver, fuerza para querer
Mons. Fernando Ocáriz escribe en el periódico ABC un artículo con motivo del próximo sínodo de obispos, que tratará sobre «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

«No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Con estas palabras, Cristo cambia la vida de Simón y, desde entonces, el pescador de Galilea sabe para qué vive. Como él, cada persona se enfrenta antes o después a esta pregunta: ¿cuál es mi misión en la vida?
Durante los próximos días, el sínodo de obispos reflexionará en Roma sobre «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Además de pedir al Espíritu Santo que ilumine a los padres sinodales, aprovechemos esta ocasión para meditar sobre el propio camino, porque todos tenemos una vocación divina, todos somos llamados por Dios a la unión con Él.
La fe es una luz poderosa, capaz de alumbrar el propio futuro e inspirar los deseos de plenitud. En un momento de la vida en que quizá las seguridades de la infancia se tambalean y también la luz de la fe puede debilitarse, es necesario recordar nuestra verdad más profunda: que somos hijos de Dios y hemos sido creados por amor. Él realiza la llamada más radical: nos llama a cada uno y a cada una a ser plenamente felices a su lado. El Creador no nos arroja a la vida y se olvida de nosotros: quien crea, ama y llama. Por eso, el discernimiento del propio camino debe estar iluminado por la fe en el amor de Dios por nosotros, por cada uno.
«No temas», dice Jesús a Pedro. «No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces», escribía el Papa en su carta a los jóvenes para anunciar este sínodo. La búsqueda personal puede generar un cierto desasosiego, porque experimentamos el vértigo de la libertad. ¿Seré feliz? ¿Tendré fuerzas? ¿Valdrá la pena comprometerse? Tampoco aquí Dios nos deja solos. Él nos inspirará si sabemos escucharle. Se lo pedimos cada vez que rezamos la oración más hermosa: «Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo»: hágase tu voluntad en mí, en ti, en cada uno de nosotros.
Pensando en tantos jóvenes que desean secundar los planes de Dios, pidamos que reciban no sólo luz para ver su camino, sino también fuerza para querer unirse a la voluntad divina. Ayudará pensar que cuando Él pide algo, en realidad está ofreciendo un don. No somos nosotros quienes le hacemos un favor: es Dios quien ilumina nuestra vida, llenándola de sentido.
Ojalá que jóvenes y adultos comprendamos que la santidad no sólo no es un obstáculo a los propios sueños, sino que es su culminación. Todos los deseos, todos los proyectos, todos los amores pueden formar parte de los planes de Dios. Como recuerda san Josemaría, «la caridad bien vivida es ya la santidad».
La vida cristiana no nos lleva a identificarnos con una idea, sino con una persona: con Jesucristo. Para que la fe ilumine nuestros pasos, además de preguntarnos: ¿quién es Jesucristo para mí?, pensemos: ¿quién soy yo para Jesucristo? Descubriremos así los dones que el Señor nos ha dado, que están directamente relacionados con la propia misión. Así madurará más y más en nosotros una actitud interior de apertura a las necesidades de los demás, sabremos ponernos al servicio de todos y veremos con más claridad cuál es el lugar que Dios nos ha confiado en este mundo.
En una sociedad que con frecuencia piensa demasiado en el bienestar, la fe nos ayuda a alzar la mirada y descubrir la verdadera dimensión de la propia existencia. Si somos portadores del Evangelio, nuestro paso por esta tierra será fecundo. Sin duda, la sociedad entera se beneficiará de una generación de jóvenes que se pregunte, desde la fe en el amor de Dios por nosotros: ¿cuál es mi misión en esta vida? ¿Qué huella dejaré tras de mí?
Monseñor Fernando Ocáriz es Prelado del Opus Dei
jueves, septiembre 13, 2018
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