sábado, septiembre 07, 2019

Magnífico libro del Catedrático Matés.




Portada





Empresas y empresarios en España

Juan Manuel Matés Barco

En el libro se desarrollan casos de empresas y empresarios españoles a lo largo de la Historia y considerando diferentes situaciones empresariales, desde las compañías y negocios en Castilla en los siglos XV-XVI, hasta el caso más actual de Lingotes Especiales, que en los últimos cincuenta años ha evolucionado de pyme a empresa multinacional. El objetivo de esta recopilación y sucesión de casos es facilitar la toma de decisiones en el mundo empresarial. Pero, sin duda, al mismo tiempo supone una propuesta relevante en el ámbito de la Historia de la Empresa. Los temas tratados revelan las distintas concepciones y los centros de interés de las empresas y los empresarios españoles a lo largo de los últimos siglos. Se han buscado casos de regiones que tradicionalmente se han presentado con menor actividad empresarial: Andalucía y Castilla y León. Otros responden a zonas marginales -desde el punto de vista geográfico-, como Menorca, y también se han seleccionado situaciones en el ámbito de Madrid. La selección realiza una discriminación positiva, mostrando empresas y empresarios de ámbitos menos conocidos, tanto desde el punto de vista regional como sectorial. Algunos capítulos abordan sectores más generales como el abastecimiento de aguas, el transporte por ferrocarril, el turismo y la evolución durante la transición política de la dictadura a la democracia.
Índice
Prólogo. La figura del empresario y el avance historiográfico de la Historia de la Empresa. Compañías y negocios en Castilla (siglos XV-XVI). Simón Ruiz: un gran empresario en la Europa del siglo XVI. Un gran capitalista moderno: Jacobo Fugger. Empresarios militares españoles del siglo XVIII. Francisco Mendinueta (1744-1763). Teoría, mito y realidad del acopio y especulación: el comercio de trigo y harina en el norte de Castilla. Santiago Alonso Cordero y la siderurgia de Sabero (León) (1847-1862). La empresa agropecuaria del marqués de Navasequilla en Jaén (1868-1881 y 1922-1927). La Sociedad Azucarera Antequerana: una respuesta a la crisis finisecular (1890-1906). Comerciantes-banqueros, casas de banca y grandes bancos nacionales. El caso de la provincia de Jaén (1800-1936). Agentes de seguros en Andalucía en 1931: una visión regional. Estrategia empresarial y control del mercado: la gestión del abastecimiento de agua potable. Coyunturas de cambio y compañías ferroviarias en España (c. 1850-2000). La presión fiscal a los empresarios en la retaguardia franquista: el caso de Salamanca (1936-1939). El empresario Eusebio Cafranga y el negocio de las agencias de viajes en España antes del turismo de masas. Santiago Pons Quintana y Jaime Mascaró: dos grandes empresarios menorquines del calzado. La interacción de los sectores económicos en la isla de Menorca: la ganadería y Pedro Montañés Villalonga (El Caserío). Posibles claves del éxito de la empresa líder del sector del seguro: Mapfre. Los empresarios españoles ante el cambio: retos, dificultades y esperanzas. De PYME a multinacional: el caso de Lingotes Especiales, 1968-2017.

miércoles, septiembre 04, 2019

Presentar la Fe si levantar la voz.



https://www.almudi.org/noticias-articulos-y-opinion/13607-presentar-la-fe-sin-levantar-la-voz?fbclid=IwAR3Ew-raKGQgNb4lo_ttaWKth-Htvinz-27WM4P4bddS4z-HDIdyDLXk-VQ




Resulta evidente que saber defender la fe sin levantar la voz no es solo necesario para participar en debates televisivos y radiofónicos. Es algo fundamental para todas las circunstancias en las que un católico se siente interpelado por sus amigos, sus colegas de trabajo y sus parientes cercanos
En vísperas de la visita del papa Benedicto al Reino Unido en 2010, la BBC organizó un debate televisivo, con tres invitados a favor y tres en contra. Elegir a los tres contrarios al viaje fue muy fácil para el productor, pero no tanto encontrar a los favorables. Al final la cadena decidió por pedir sugerencias a la misma Iglesia católica, que propuso tres nombres de gente experta.
Antes de emitir el programa, la BBC hizo un sondeo entre sus espectadores: ¿están a favor de la visita de Benedicto XVI a nuestro país?, les preguntaron. Solo cabía decir sí o no, y los partidarios del viaje consiguieron algo más del 40%.
El debate fue sereno y equilibrado. Todos tenían el mismo tiempo a disposición, el moderador llevó con elegancia el programa, y nadie le quitaba la palabra al otro, como suele suceder en España.
Al terminar el debate, la BBC repitió el sondeo. Los partidarios de que Benedicto fuera al Reino Unido bajaron a la mitad: poco más del 20%.
Pienso que esa debacle no fue debida a la pericia de los anticatólicos, porque sus tesis son archiconocidas: se reproducen con sistemática frecuencia en los medios de comunicación y en los debates públicos. Es más probable que un cambio de opinión tan repentino se debiera a cómo los representantes de la Iglesia defendieron la visita papal. Debieron de hacerlo tan mal, que la mitad de los que querían ver a Benedicto se cambiaron de bando.

Hay que aprender a presentar la fe de forma atractiva

La constatación de que a veces los peores amigos de la fe somos los mismos católicos, y que basta escuchar a algunos de nosotros para salir corriendo, es lo que dio origen a Catholic voices, una especie de movilización de laicos para aprender a presentar la fe a los alejados de manera tal que no se sientan rechazados y huyan, sino todo lo contrario: que les pique la curiosidad, y se sientan atraídos a saber más.
El proyecto nació con un objetivo inmediato: que personas de todo tipo (maestros de escuela, médicos, empresarias, abogados, periodistas, enfermeros, y hasta políticas) pudieran intervenir en los medios de comunicación como católicos, que en vísperas de un viaje papal tenían mucho interés en cualquier cosa relacionada con la Iglesia católica, máxime si era controvertido: la homosexualidad, los abusos de clérigos o el machismo institucional por rechazar el sacerdocio femenino.

En su origen ‘Catholic voices’ cubrió una necesidad de los medios

Pienso que esa misión originaria, de atender a necesidades ocasionales de contar con participantes en programas de radio y televisión con motivo de algún acontecimiento excepcional (una visita papal, un gran evento eclesial, un referéndum sobre una ley decisiva), mantiene toda su vigencia. Hoy existen voces católicasen más de 17 países, que intentan salir del clericalismo de los que piensan que hablar en nombre de la Iglesia es propio solo de clérigos, como tampoco lo son la dirección de los proyectos de evangelización, la administración de los bienes de la Iglesia o la enseñanza de la teología. En ese sentido, voces católicas es una manifestación más de madurez del laicado católico, a cincuenta años del concilio Vaticano II.
Al mismo tiempo, resulta evidente que saber defender la fe sin levantar la voz no es solo necesario para participar en debates televisivos y radiofónicos. Es algo fundamental para todas las circunstancias en las que un católico se siente interpelado por sus amigos, sus colegas de trabajo y sus parientes cercanos.
Las ocasiones suceden a diario: un compañero ha leído que un sacerdote ha sido arrestado por abusos a un menor, o que un obispo ha dicho que la homosexualidad es una enfermedad que tiene cura, y te interpela: «¿tú eres católico, verdad? ¡Explícame esto, porque me parece medieval lo que pensáis!»
Este nuevo enfoque ayuda a cristianos corrientes a ver esas circunstancias no como una amenaza sino como una oportunidad preciosísima de presentar la fe, y a enfrentarse con seguridad y confianza al desafío que suponen.
Nada menos cristiano que desaprovechar esas oportunidades en la que somos preguntados, aunque a veces de manera algo agresiva. Como decía Benedicto XVI, el catolicismo es la religión de la razón, donde todo, absolutamente todo, tiene una explicación. Como dijo el papa alemán, «creo porque es razonable». Huir del debate sería como salir corriendo ante alguien que, con palabras de san Pedro, «nos pide razón de nuestra esperanza», nos pregunte por qué creemos lo que creemos, por qué vivimos como vivimos, por qué celebramos como celebramos.
Cuando los focos de la controversia se centren en nosotros, no hemos de apagarlos ni escondernos, sino tomarlos como una oportunidad. Cuando la Iglesia sale en las noticias, unos se asombran, otros se indignan y no faltan quienes se escandalizan. En ese momento la gente está interesada: tienes su atención. Aprende a aprovechar el instante.

Comunicar con eficacia

En los cursos de comunicar con eficacia que se imparten en el IESE, solemos repetir que hay una distancia enorme entre lo que decimos y lo que nuestra audiencia necesita escuchar para hacer lo que le pedimos. Eso es lo que nos pasa con frecuencia. Incluso cuando, en el mejor de los casos, conocemos bien el Catecismo de la Iglesia, no lo sabemos explicar, porque no conseguimos transmitir a quien nos escucha la centralidad del mensaje cristiano.
Los católicos somos conscientes de que a menudo no llegamos al alto ideal que nos pide Jesús, pero también tenemos certeza de que la Iglesia es un lugar de amor y bienvenida, de crecimiento y sanación, de apoyo y enriquecimiento, de sabiduría y gracia, de aceptación incondicional; y que desempeña un papel crucial en la construcción de un mundo más humano y generoso. Por eso, nos sentimos frustrados al ver la imagen distorsionada de la Iglesia que tienen tantos amigos y conocidos: una institución presentada como dogmática, intolerante y arisca, interesada en lo suyo, que impone modos de pensar y de vivir, y que margina a los que piensan de otro modo. En resumen: el imperio del «no» en lugar del «sí».
Esta disparidad entre la percepción de la fe cristiana y de la Iglesia en la sociedad y la realidad familiar de quienes la conocemos desde dentro tiene que hacernos reaccionar. Pensar en que la sociedad se aleja de Dios es una verdad parcial, y por tanto nos engaña. Lo que tenemos que hacer es pensar cómo explicar la fe ante un mundo distinto del de hace 20 años.
Ha de ser un modo diferente, porque nos dirigimos a personas diferentes, totalmente diferentes. Como nuestra ciudad sigue igual, podemos pensar que los cambios son menores. En realidad, es como si nos hubiéramos mudado a China. Muchos de nuestros conciudadanos hoy conocen el cristianismo tanto −o tan poco− como los chinos. Hablarles como hablábamos a los españoles de hace veinte años es hablarles… en chino.
En esencia, la idea que aquí defiendo es de una sencillez embarazosa: para que la Iglesia se comunique en el entorno cultural contemporáneo no basta con hablar para que te escuchen. Demasiados filtros lo impiden. En la jerga de la comunicación, esos filtros se llaman «marcos». Quien desee hacerse entender, primero ha de aprender a salirse del marco que la cultura occidental pretende poner a la Iglesia, y que impide que te escuchen. Lo llamamos «reformular». Y podríamos llamar al Papa Francisco el «gran reformulador».

Reformular los contenidos para que sean escuchados

Una de las citas más emblemáticas de sus primeros meses de pontificado proviene de sus declaraciones a los periodistas en el vuelo de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro en julio de 2013, cuando le preguntaron sobre los gais. Su frase «¿Quién soy yo para juzgar?» corrió como la pólvora, causandoshock y deleite a partes iguales, y rápidamente adquirió vida propia.
Tal y como los comentaristas se apresuraron a señalar, la cita completa era: «si una persona es homosexual y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?», y formaba parte de la explicación de la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad, que empieza −como recoge el Catecismo de la Iglesia católica−con la llamada a acabar con la marginación de las personas homosexuales.
Puede que el mensaje haya sido tergiversado e instrumentalizado por algunos, pero la mayoría lo escuchó alto y claro: Dios ama y acepta a todo el mundo, y la Iglesia promueve que se acabe con su discriminación y su marginación.
La gente no había escuchado antes este mensaje de labios de la Iglesia. Habían oído hablar de juicio, no de misericordia. Habían escuchado explicaciones nítidas de que el sexo estaba reservado al hombre y a la mujer unidos en matrimonio, y que las tendencias homosexuales eran «intrínsecamente desordenadas». Pero habían pasado por alto los mensajes de bienvenida y aceptación. Fueron pocas palabras, con las que Francisco no añadió nada a la doctrina de la Iglesia, pero levantó la barrera que le impedía ser oído, y obligó al receptor a revisar sus ideas preconcebidas sobre la Iglesia. Eso es «reformular». Francisco lo llama «proclamación en clave misionera».
En la Exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual Evangelii Gaudium, el Papa advierte cómo el filtro mediático simplifica y distorsiona el mensaje de la Iglesia, pues lo presenta como si fuera una serie de prohibiciones, pecados y vetos, que hay que aceptar estoicamente. Pero «el Evangelio invita ante todo a responder al Dios amoroso que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos. ¡Esa invitación en ninguna circunstancia se debe ensombrecer!», nos dice. Añade más adelante: el «mayor peligro» al que se enfrenta la Iglesia es que, sin esa invitación, «el edificio moral de la Iglesia corre el riesgo de convertirse en un castillo de naipes».
Aquel «¿Quién soy yo para juzgar?» de Francisco provocó una reacción tremendamente impactante, porque contradijo de frente un marco sólidamente arraigado en la sociedad contemporánea.
La ética de la autonomía favorece el derecho de las personas a decidir su propio futuro, y considera que los colectivos que han sufrido discriminación merecen todo nuestro reconocimiento y simpatía. Esta cosmovisión es predominante en las sociedades urbanas y educadas de Occidente, hasta el punto que cualquier mensaje que se aparte de él es mirado con suspicacia, como si apoyara la discriminación y la exclusión. Debido a la omnipresencia de este filtro, diga lo que diga la Iglesia acerca de la homosexualidad resulta distorsionado. Si comienzas el debate sobre la homosexualidad hablando del propósito de Dios para el sexo, o explicando que hay inclinaciones rectas y otras desviadas, lo que se escuchará será un intento de invocar una sanción divina para el disidente. Todo lo demás se filtra. Lo que sigue es un diálogo de sordos… o un concurso para ver quién grita más fuerte.
Probemos a empezar por la intención moral que está detrás de ese filtro, como hizo Francisco. Me atrevo a decir que el efecto será desarmante. Los corazones y las mentes se abren, y la escucha puede empezar.
El punto de partida no es averiguar los motivos que algunas personas tienen para atacar a los católicos, sino lo que mostraban esos ataques sobre los valores que defienden los críticos. Saber qué impulsa su protesta.
Si se actúa de ese modo, detrás de cada ataque descubriremos un valor positivo, un valor moral, en el que −consciente o inconscientemente− apoya su crítica. La tragedia de muchas discrepancias entre católicos y no católicos residía en que cada uno asumía que el otro era el enemigo de un valor, en vez de promotor de un valor. El liberalismo contemporáneo, por ejemplo, tacha a la Iglesia de fanática e intolerante, y no es extraño que los católicos se vean defendiendo la trayectoria de la Iglesia, indignados ante tal injusta acusación. Pero ¿qué pasaría si, detrás del ataque a la Iglesia, viéramos la afirmación de los valores católicos de tolerancia, justicia e inclusión?

Buscar el valor positivo que se encuentra detrás de un ataque injusto

La reformulación procura crear esa sensación de seguridad en una conversación. Muestra que aceptamos el valor que nuestros detractores defienden. En vez de ponernos a la defensiva porque acusan a la Iglesia, buscamos el valor que está detrás de ese ataque. Y tratamos de comenzar nuestra respuesta confirmando ese valor, en lugar de buscar defendernos del ataque injusto.
Esa actitud facilita la comunicación: consigue que nos escuchen, y que podamos mantener un diálogo fructífero. Más aún, evita que caigamos en la trampa de atacar valores que nosotros mismos defendemos como propios.
No ha hecho falta levantar la voz: es una discusión racional. Los ánimos se templan porque no atacamos ni ignoramos un valor esencial para los detractores de la Iglesia. Al contrario, lo reafirmamos, y apelamos a él para dar solución al problema. Comprendemos que critican a la Iglesia porque creen que de alguna manera representamos la antítesis de ese valor. Tenemos la oportunidad en nuestra conversación de mostrarles que la realidad es bien diversa.
Aprender a reformular −identificar la intención positiva, apelar a ella y ser conscientes de los marcos que la sociedad contemporánea impone a la Iglesia− es uno de los requisitos para ser un comunicador eficaz. El otro es estar bien formado sobre lo que la Iglesia dice y hace, y saber expresarlo de modo directo y conciso.
Yago de la Cierva
Doctor en Filosofía y licenciado en Derecho.
Es profesor de Comunicación del IESE y coautor del libro
 Cómo defender la fe sin levantar la voz – Respuestas civilizadas a preguntas desafiantes.

lunes, septiembre 02, 2019

Todos a su casa, ya.





Género y deporte.






http://elsonar.aceprensa.com/identidad-de-genero-deportivo/?fbclid=IwAR2BcYb68S_Hb_h27Yi8eCOI3AYd3XIht_i1tJo8Qyrz8dxFqlZWeRi07oE

Identidad de género deportivo

Es posible que la próxima edición del Maratón de Boston femenino la gane alguien que cuando era campeón juvenil se llamaba Johnny pero que ahora se llama Joan. Podría ocurrir porque los organizadores han decidido que puede competir entre las mujeres cualquiera que se autoidentifique como mujer, al margen del sexo biológico que le “asignaron” en el nacimiento. En la carrera por mostrarse inclusivo con las mujeres transexuales Boston no quiere quedarse atrás.
Las que pueden quedarse atrás y sin los 150.000 dólares de premio son las nacidas mujeres, si alguna transexual hace valer la superioridad física de quien pasó su pubertad como hombre. Sería una situación paradójica en una carrera que solo se abrió oficialmente a las mujeres en 1972, tras duros esfuerzos de las pioneras. Desde 1966 a 1971 algunas lograron participar de modo no oficial con varias artimañas. Pero, ya en 2015, el 46% de los participantes eran mujeres.
Ahora su problema es que pueden tener que competir con corredores que se sienten mujeres pero que tienen un cuerpo de hombre. Y la diferencia no es pequeña. La propia organización lo tiene en cuenta, pues la marca mínima para participar –para el tramo de edad de 18 a 34 años– es de 3 horas para los hombres y 3.30 para las mujeres. Los récords absolutos de la carrera también lo atestiguan: 2.01.39 del keniata Geoffrey Mutai en 2011, frente a 2.19.59 de la etíope Bezunesh Deba en 2014.
Así que no es descabellado que algún atleta varón que tendría pocas posibilidades de ganar entre los hombres se deje llevar por un impulso irresistible de sentirse mujer, y acabe subido en el podio y deje a las etíopes y kenianas compuestas y sin premio.
No es pura especulación. Ya está ocurriendo a otros niveles. En 19 estados americanos, las autoridades deportivas ya permiten que en las competiciones escolares de secundaria las transexuales participen sin restricciones en las pruebas femeninas. Y la diferencia se está notando. En Connecticut, dos estudiantes afroamericanos de secundaria que se identifican como mujeres están arrasando en carreras. En 2017, los dos atletas nacidos hombres ganaron 15 títulos de campeonatos femeninos escolares, que el año anterior habían sido ganados por nueve chicas distintas.
Chicas que protestan
Aunque la protesta contra esta especie de dopaje genético intenta ser acallada como “transfobia”, ya hay quien se ha atrevido a alzar la voz. La atleta escolar Selina Soule, de 16 años, y otras dos compañeras han presentado una reclamación ante la Oficina de Derechos Humanos del Departamento de Educación. Invocan el Título IX de la ley de Educación de 1972, que prohíbe la discriminación por sexo en las actividades y programas educativos que reciben financiación federal. Las reclamantes mantienen que la política de Connecticut respecto a las atletas transexuales discrimina a las nacidas mujeres.
Su representante legal lo explica así: “Lo que pedimos es que se respete la imparcialidad. Permitir a alguien que es biológicamente varón participar en una competición femenina y llevarse las medallas, subirse al podio o arrebatarles las oportunidades de conseguir becas, es injusto”. En su reclamación, aseguran que la decisión de las autoridades deportivas amenaza con revertir los beneficios obtenidos por la política antidiscriminación por sexo, pues “chicas altamente competitivas” están siendo “sistemáticamente privadas de una oportunidad justa e igualitaria de experimentar la emoción de la victoria”.
Las chicas que reclaman aseguran que no tienen nada contra la identidad de las trans, pero que en el contexto deportivo lo que cuenta es la biología, y el que un varón se identifique como mujer no cambia su constitución biológica. La ventaja competitiva de la biología masculina es innegable, desde la pubertad. Los mejores sprinters alumnos de secundaria pueden superar a las mejores atletas olímpicas de la misma distancia. Según un ejemplo que pone Aaron Smuts en un riguroso y razonado artículo, “en el estado de Nueva York desde 2006 los 10 mejores corredores de 100 metros lisos en los campeonatos de secundaria cubren la distancia entre 10.48 y 10.79 segundos. En los últimos diez Juegos Olímpicos las tres primeras atletas femeninas de esa distancia tenían tiempos entre 10.54 y 11.19 segundos”. ¿Puede haber auténtica competición si se mezclan hombres y mujeres?
Como la ventaja competitiva es innegable, las atletas trans se escudan en que ellas son mujeres, porque así lo sienten. Y que no permitirles competir con otras mujeres sería discriminarlas. Así, los dos estudiantes trans que están ganando en Connecticut, tocan también la tecla de la antidiscriminación, amparados en su condición de minoría por partida doble (son afroamericanos y trans). Uno de ellos, Miller, sitúa su caso dentro del marco de “tantas personas trans que sufren exclusión en la escuela y en el atletismo, lo que contribuye al horrible sufrimiento y discriminación que mi comunidad debe afrontar”.
Una vez que se ha accedido a la indiscutible condición de víctima, parece que ya está todo zanjado. Pero la supuesta exclusión en la escuela tampoco justificaría que en los exámenes se les facilitaran a los alumnos trans las respuestas del 20% de las preguntas. Igualmente, la lucha contra la supuesta discriminación de los trans en el deporte no puede hacerse a base de reconocerles una ventaja comparativa que discrimina a las mujeres. Pueden competir, dicen las chicas reclamantes, pero con los individuos de su sexo biológico, cualquiera que sea lo que sientan.
Frente a esto, las atletas trans responden que también hay diferencias físicas entre las nacidas mujeres: algunas son más altas, más fuertes o más explosivas, o incluso algunas tienen niveles más altos de testosterona, sin que esta ventaja sea una razón para excluirlas. Este argumento parece más plausible, pero en realidad enmascara que en el caso de las atletas trans hay una diferencia ventajosa inherente a su biología masculina. Por eso las competiciones deportivas están basadas en la discriminación por sexo. “La discriminación por sexo –escribe Aaron Smuts– en la mayoría de los deportes tiene la misma finalidad que las divisiones por grupos de edad y de peso. Las tres tienen como objetivo favorecer la competitividad, la imparcialidad y la seguridad”.
Si en otros aspectos la corrección política ha llevado a dar por buena cualquier exigencia de los transexuales por encima de lo natural, al llegar al deporte hemos tropezado con la biología y las lenguas empiezan a desatarse. Ya hace unos meses la ex tenista Martina Navratilova se atrevió a decir que “uno no puede simplemente declararse mujer y ser autorizado a competir con mujeres”. Le apoyaron otras atletas de primera fila, entre ellas Paula Radcliffe, la fondista británica que tiene el récord del maratón femenino, y que también ha criticado la decisión de los organizadores de Boston: “Abrir el maratón femenino a cualquiera que se autoidentifica como mujer es injusto, porque el resultado será que a las mujeres les será más difícil calificarse pues tendrán más competidores”.
Cuando se trata de cambiar de nombre y de sexo en el pasaporte, nadie tiene mucho interés en oponerse. Pero cuando alguien quiere ocupar tu puesto en el podio, la biología recupera su valor. Y las mujeres, empezando por las atletas, comienzan a ver el fenómeno de las mujeres trans como otro intento de colonización masculina de un territorio que era solo para ellas.

domingo, septiembre 01, 2019

Ya vale de tanto hablar en las Iglesias.




COMUNIDAD VALENCIANA
Imagen de archivo del cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares
Imagen de archivo del cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares - MIKEL PONCE
RELIGIÓN

Cansado del «guirigay» en misa: las normas que el cardenal Cañizares pide para las iglesias de Valencia

El vestido, el silencio o cómo se debe comulgar son aspectos que, según el arzobispo, deben controlarse para que los templos «no se conviertan en lugares profanos»

El 3 de enero, Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Valencia, envió una carta a los sacerdotes valencianos para pedirles un esfuerzo en las normas de comportamiento dentro de las iglesias. En este comunicado expresaba preocupación por que los templos –catedral, basílicas, iglesias parroquiales, capillas, ermitas con culto habitual... – «sean casas de oración y no se conviertan o convirtamos en lugares profanos».
Cañizares destaca en su escrito que el silencio es el elemento que más se ha visto alterado con el paso del tiempo, tanto durante la Misa como al final de la celebración e, «incluso», al entrar en la iglesia. «Cuando íbamos a llegar al templo mis padres nos hacían bajar la voz y cuando pasábamos el umbral de la puerta nos indicaban el silencio; ya dentro, nos arrodillábamos y rezábamos una oración, después, durante la Misa, guardábamos las posturas que correspondían con toda devoción y respeto. ¿Exagerados mis padres? Todo lo contrario», indica en su texto.
Así, el cardenal Cañizares expone en su carta, que lleva por título «Mi casa es casa de oración», unas directrices para que se respeten los templos de Valencia como «casas de oración que inviten a la adoración a Dios y a escucharle, a la contemplación y gozar de su presencia»:

El silencio

Cañizares critica el «lío» que se forma en las iglesias hoy en día. «Algunos entran en el templo como en cualquier otra casa –sin saludar siquiera al “Dueño”– o en cualquier sala dispuestos al espectáculo». También destaca el «guirigay» que se arma tras la celebración de la paz y, por todo ello, ha pedido «a los sacerdotes y a todos los fieles a que procedan de otra manera» y que velen por que se guarde la compostura debida.

El vestido

Respecto a la vestimenta, aconseja a quien entre de forma «inadecuada o indecorosa» al templo a invitarle con educación a que se retirase, se cambiase o pusiese otro vestido, para evitar «la falta de respeto». «Habría que advertir con carteles que llamen la atención de qué manera se puede entrar en el templo y de qué manera no», sugiere Cañizares.

Las fotografías

En bodas, bautizos y comuniones, es habitual que se hagan fotos en las iglesias, lo cual está permitido. Sin embargo, debería ponerse más cuidado en cuanto el «jaleo» que señala el arzobispo valenciano que se origina alrededor: «No podemos convertir el templo en un salón de fotografía, ni tampoco en unos momentos de devaneo y frivolidad»

Ante el sagrario

Cuando se pasa por delante del sagrario, lo recomendado es una reverencia y una genuflexión, «ya que en él está Jesús presente sacramentado», indica. «Hay que educar», tanto a los jóvenes como a también a los mayores, destaca Cañizares.

Dar la paz y comulgar

«Os confieso que a veces se pasa muy mal viendo cómo se acercan algunos, sin ningún recogimiento y devoción, sin ningún gesto de adoración, como quien coge una galleta o algo semejante». Tras esta reflexión, el arzobispo indica que se puede comulgar en la boca directamente o en la mano, pero añade que «la forma más consonante con el misterio del Cuerpo de Cristo que se recibe es comulgar de rodillas y en la boca».

Prohibido el uso profano del templo

No hay lugar a dudas en este tema. «Por fidelidad», Cañizares prohíbe «terminantemente» otros usos profanos de las iglesias, y pone como ejemplo a Cataluña, donde se utilizaron, según sus palabras, «los templos para poner urnas o para recuento de votos».
«No me toméis a mal lo que os digo; es para vuestro bien y el bien de las nuevas generaciones y de la Iglesia», concluye la carta del cardenal arzobispo de Valencia.

miércoles, agosto 28, 2019

D. Enrique Monasterio cumple 50 años de sacerdote.



Sigan su relato en el mejor blog o globo del mundo..https://pensarporlibre.blogspot.com/



Elogio de la caridad.


https://opusdei.org/es/document/elogio-de-la-caridad/?fbclid=IwAR335leMb68qcmRu6Hh4soRcB4fRepC25aq4jUavucSeqjBRxUintKKXBS0

Elogio de la caridad

Se recogen algunos párrafos de un sermón de san Agustín sobre las excelencias de la virtud de la caridad, según la doctrina del apóstol san Pablo.
PADRES DE LA IGLESIA
Opus Dei - Elogio de la caridad
San Agustín, Sermo 350, 2-3.
El amor por el que amamos a Dios y al prójimo, resume en sí toda la grandeza y profundidad de los demás preceptos divinos. He aquí lo que nos enseña el único Maestro celestial: “amarás al Señor tu Dios, con todo todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento; y amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la Ley y los profetas”[1]. Por consiguiente, si te falta tiempo para estudiar página por página todas las de la Escritura, o para quitar todos los velos que cubren sus palabras y penetrar en todos los secretos de las Escrituras, practica la caridad, que lo comprende todo. Así poseerás lo que has aprendido y lo que no has alcanzado a descifrar. En efecto, si tienes la caridad, sabes ya un principio que en sí contiene aquello que quizá no entiendes. En los pasajes de la Escritura abiertos a tu inteligencia la caridad se manifiesta, y en los ocultos la caridad se esconde. Si pones en práctica esta virtud en tus costumbres, posees todos los divinos oráculos, los entiendas o no.
PERSEGUID LA CARIDAD (...); SIN ELLA, EL MÁS RICO ES POBRE, Y CON ELLA EL POBRE ES RICO
Por tanto, hermanos, perseguid la caridad, dulce y saludable vínculo de los corazones; sin ella, el más rico es pobre, y con ella el pobre es rico. La caridad es la que nos da paciencia en las aflicciones, moderación en la prosperidad, valor en las adversidades, alegría en las obras buenas; ella nos ofrece un asilo seguro en las tentaciones, da generosamente hospitalidad a los desvalidos, alegra el corazón cuando encuentra verdaderos hermanos y presta paciencia para sufrir a los traidores.
Ofreció la caridad agradables sacrificios en la persona de Abel; dio a Noé un refugio seguro durante el diluvio; fue la fiel compañera de Abraham en todos sus viajes; inspiró a Moisés suave dulzura en medio de las injurias y gran mansedumbre a David en sus tribulaciones. Amortiguó las llamas devoradoras de los tres jóvenes hebreos en el horno y dio valor a los Macabeos en las torturas del fuego.
La caridad fue casta en el matrimonio de Susana, casta con Ana en su viudez y casta con María en su virginidad. Fue causa de santa libertad en Pablo para corregir y de humildad en Pedro para obedecer; humana en los cristianos para arrepentirse de sus culpas, divina en Cristo para perdonárselas. Pero ¿qué elogio puedo hacer yo de la caridad, después de haberlo hecho el mismo Señor, enseñándonos por boca de su Apóstol que es la más excelente de todas las virtudes? Mostrándonos un camino de sublime perfección, dice: “aunque yo hablara las lenguas de los hombres y los de ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Y aunque tuviera el don de profecía y supiera todos los misterios y toda la ciencia; y aunque tuviera tal fe ~e trasladara los montes, si no tengo caridad, nada soy. Y aunque distribuyera todos mis bienes entre los pobres, y aunque entregara mi cuerpo para ser quemado, si no tengo caridad, de nada me aprovecha”.
“La caridad es paciente; es benigna; la caridad no es envidiosa, no obra precipitadamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca su interés, no se irrita, no piensa mal, no se goza con el mal, se alegra con la verdad. Todo lo tolera, todo lo cree, todo lo espera, lo soporta todo. La caridad nunca fenece”[2].
¡Cuántos tesoros encierra la caridad! Es el alma de la Escritura, la virtud de las profecías, la salvación de los misterios, el fundamento de la ciencia, el fruto de la fe, la riqueza de los pobres, la vida de los moribundos. ¿Se puede imaginar mayor magnanimidad que la de morir por los impíos, o mayor generosidad que la de amar a los enemigos?
La caridad es la única que no se entristece por la felicidad ajena, porque no es envidiosa. Es la única que no se ensoberbece en la prosperidad, porque no es vanidosa. Es la única que no sufre el remordimiento de la mala conciencia, porque no obra irreflexivamente. La caridad permanece tranquila en los insultos; en medio del odio hace el bien; en la cólera tiene calma; en los artificios de los enemigos es inocente y sencilla; gime en las injusticias y se expansiona con la verdad.
Imagina, si puedes, una cosa con más fortaleza que la caridad, no para vengar injurias, sino más bien para restañarlas. Imagina una cosa más fiel, no por vanidad, sino por motivos sobrenaturales, que miran a la vida eterna. Porque todo lo que sufre en la vida presente es porque cree con firmeza en lo que está revelado de la vida futura: si tolera los males, es porque espera los bienes que Dios promete en el cielo; por eso la caridad no se acaba nunca.
Busca, pues, la caridad, y meditando santamente en ella, procura producir frutos de santidad. Y todo cuanto encuentres de más excelente en ella y que yo no haya notado, que se manifieste en tus costumbres.

San Agustín.


El más sabio de los santos y el más santo de los sabios....... Tarde
te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillante y resplandeciente, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti!!! San Agustín







La imagen puede contener: 5 personas, incluido Lela Tejedor del Saz, personas sentadas

viernes, agosto 23, 2019

Alguien normal, por favor...










Qué manía con lo buscar a alguien especial ...si lo complicado es encontrar a alguien medio normal