martes, diciembre 17, 2019

Felicitación de Navidad 2019 de la Universidad de Jaén

Virgen del O,expectación.





Aunque en España es popular alguna copla mundana de amoríos y desamores con el nombre "María de la O", en realidad este es uno de los nombres de la Virgen María, una forma de referirse a la Virgen de la Esperanza, a la Virgen embarazada, expectante, a la que le quedan apenas 8 días para dar a luz.

Una fiesta desde el s.VII
El 18 de diciembre se celebraba en España la fiesta mariana de la "espera del parto" (Expectatio Partus),establecida en esa fecha por el décimo Concilio de Toledo (656) y esa fecha del calendario mozárabe se mantiene. A esa fiesta se le llamaba "Santa María de la O" porque después de rezar la oración de la tarde el coro sostenía una larga "O", símbolo de la expectación del universo por la venida del Mesías.

Desde esa época (siglos VII y VIII) nos han llegado las antífonas que aún se cantan en esta semana de Adviento anterior a Nochebuena. Son 7 antífonas que se cantan con el Magnificat del Oficio de Vísperas cada día, desde el 17 hasta el 23 de diciembre. 

Se llaman "antífonas mayores" o "antífonas de la O", y son seguidas siempre de la petición: "¡ven!"

Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del Antiguo Testamento, pero entendidas desde el Nuevo Testamento. Estas son las invocaciones:

O Sapientia = sabiduría, Palabra
O Adonai = Señor poderoso (en hebreo)
O Radix = raíz, renuevo de Jesé (padre de David)
O Clavis = llave de David, que abre y cierra
O Oriens = oriente, sol, luz
O Rex = Cristo como Rey
O Emmanuel = Dios-con-nosotros.

Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra después de la «O», dan el acróstico «ero cras», que significa «seré mañana, vendré mañana», que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.



Virgen de la Esperanza de la catedral de León

Usando el rito mozárabe, trece siglos después
En España, en la diócesis de León, el 18 de diciembre se celebra la Virgen de la Esperanza o Santa María de la O con una misa por el rito hispano-mozárabe en la Basílica de San Isidoro, del siglo XI. Tanto en la Catedral de León como en la Basílica de la Real Colegiata de San Isidoro se encuentran sendas imágenes de la Virgen de la Esperanza. En el caso de la Catedral, se trata de una pieza esculpida en piedra a finales del siglo XIII y se ubica en la capilla también conocida como de la Virgen de la Esperanza. En San Isidoro la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza ocupa una capilla especial en la cabecera de la nave norte del templo. 

La razón: complementar la Anunciación
Los padres del Concilio décimo de Toledo en el año 656 (con San Eugenio III de Toledo al frente) consideraron que no todos los años se puede celebrar con el esplendor conveniente la Anunciación de la Santísima Virgen, al coincidir con el tiempo de Cuaresma o la solemnidad pascual. Por eso dice el Concilio: "se establece por especial decreto que el día octavo antes de la Natividad del Señor se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su santísima Madre".

En este decreto se alude a la celebración de tal fiesta en "muchas otras Iglesias lejanas" y se ordena que se retenga esta costumbre; aunque, para conformarse con la Iglesia romana, se celebrará también la fiesta del 25 de marzo. De hecho, fue en España una de las fiestas más solemnes, y consta que de Toledo pasó a muchas otras iglesias, tanto de la Península como de fuera de ella. Fue llamada también "día de Santa María", y, como hoy, de Nuestra Señora de la O, por empezar en la víspera de esta fiesta las grandes antífonas de la O en las Vísperas.

Señala el estudioso benedictino Romualdo Mª Díaz Carbonell que el título concreto de "Expectación del Parto" para la fiesta se lo dio otro santo obispo de Toledo, san Ildefonso, famoso por su devoción mariana. 

La insistencia es siempre la misma: la expectación y asombro por la venida del Salvador.

"Si todos los santos del Antiguo Testamento—escribe el padre Giry (Les petits Bollandistest. 14 p.373 )—desearon con ardor la aparición del Salvador del mundo, ¿cuáles no serían los deseos de Aquella que había sido elegida para ser su Madre, que conocía mejor que ninguna otra criatura la necesidad que tenia la humanidad, la excelencia de su persona y los frutos incomparables que debía producir en la tierra, y la fe y la caridad, que sobrepasan la de todos los patriarcas y profetas? Fue tan grande el deseo de la Santísima Virgen, que nosotros no tenemos palabras para expresar su mérito. Y tampoco podemos concebir cuál fue su gozo cuando Ella vió que sus deseos y los de todos los siglos y de todos los hombres iban a realizarse en Ella y por Ella, ya que iba a dar a luz la esperanza de todas las naciones, Aquel sobre quien se fijaban los ojos de todos en el cielo y en la tierra y miraban como a su libertador."

El gusto popular llamó a la Doncella en espera "Virgen de la O", a partir de las obras pictóricas o esculturales que presentan piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida. 

Vídeo en YouTube de un flashmob: el coro canta una de las antífonas, "O Sapientia", musicada por Bob Chilcott. La letra dice:O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti,
attingens a fine usque ad finem,
fortiter suaviterque disponens omnia:
veni ad docendum nos viam prudentiae.


(Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo,
abarcando del uno al otro confín,
y ordenándolo todo con firmeza y suavidad:
ven y muéstranos el camino de la salvación).

lunes, diciembre 16, 2019

Los políticos son nuestros empleados; despido ya.



Clint , no más nenazas, Sanchez and company.


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Santa Catalina de Génova y las almas del purgatorio











BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Sala Pablo VI
Miércoles 12 de enero de 2011

Santa Catalina de Génova
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy deseo hablaros de otra santa que lleva el nombre de Catalina. Después de Catalina de Siena y de Catalina de Bolonia, me refiero a Catalina de Génova, conocida especialmente por su visión sobre el purgatorio. El texto que describe su vida y su pensamiento se publicó en esa ciudad de Liguria en 1551; está dividido en tres partes: la Vida propiamente dicha, la Demostración y declaración del purgatorio —más conocida como Tratado— y el Diálogo entre el alma y el cuerpo (cf. Libro de la Vita mirabile et dottrina santa, della beata Caterinetta da Genoa. Nel quale si contiene una utile et catholica dimostratione et dechiaratione del purgatorio, Génova 1551). El redactor final fue el confesor de Catalina, el sacerdote Cattaneo Marabotto.
Catalina nació en Génova, en 1447; última de cinco hijos, quedó huérfana del padre, Giacomo Fieschi, en tierna edad. Su madre, Francesca di Negro, impartió una buena educación cristiana; tanto que la mayor de las dos hijas se hizo religiosa. A los dieciséis años, Catalina fue dada como esposa a Giuliano Adorno, un hombre que, después de varias experiencias comerciales y militares en Oriente Medio, había regresado a Génova para casarse. La vida matrimonial no fue fácil, entre otras cosas por el carácter del marido, aficionado al juego de azar. La propia Catalina fue inducida inicialmente a llevar un tipo de vida mundana, en la cual, sin embargo, no logró encontrar serenidad. Después de diez años, percibía en su corazón un profundo sentido de vacío y de aflicción.
La conversión comenzó el 20 de marzo de 1473, gracias a una singular experiencia. Había ido a la iglesia de San Benito y al monasterio de Nuestra Señora de las Gracias para confesarse y al arrodillarse ante el sacerdote «recibió —como ella misma escribe— una herida en el corazón, de un inmenso amor de Dios», con una visión tan clara de sus miserias y de sus defectos y, al mismo tiempo, de la bondad de Dios, que casi se desmayó. Este conocimiento de sí misma, de su vida vacía y de la bondad de Dios, le tocó el corazón. De esta experiencia nació la decisión que orientó toda su vida, expresada en las palabras: «No más mundo, no más pecados» (cf. Vita mirabile, 3rv). Entonces Catalina huyó, sin hacer la confesión. Regresó a casa, entró en la habitación más escondida y lloró largamente. En ese momento fue instruida interiormente sobre la oración y tuvo conciencia del inmenso amor de Dios hacia ella, pecadora, una experiencia espiritual que no lograba expresar con palabras (cf. Vita mirabile, 4r). En esa ocasión se le apareció Jesús sufriente, cargado con la cruz, como a menudo se le representa en la iconografía de la santa. Al cabo de pocos días, volvió al sacerdote para hacer por fin una buena confesión. Aquí comenzó la «vida de purificación» que, durante largo tiempo, le hizo sentir un constante dolor por los pecados cometidos y la impulsó a imponerse penitencias y sacrificios para mostrar a Dios su amor.
En este camino, Catalina se iba acercando cada vez más al Señor, hasta entrar en la que se denomina «vida unitiva», es decir, una relación de unión profunda con Dios. En la Vida está escrito que su alma sólo se guiaba y dirigía interiormente por el dulce amor de Dios, que le daba todo lo que necesitaba. Catalina se abandonó de un modo tan total en las manos del Señor que vivió durante cerca de veinticinco años —como ella escribe— «sin mediación de ninguna criatura, instruida y gobernada sólo por Dios» (Vita, 117r-118r), alimentada sobre todo por la oración constante y por la santa Comunión que recibía cada día, algo poco común en su tiempo. Sólo muchos años más tarde el Señor le dio un sacerdote para que cuidara de su alma.
Catalina fue siempre reacia a confiar y manifestar su experiencia de comunión mística con Dios, sobre todo por la profunda humildad que sentía frente a las gracias del Señor. Sólo la perspectiva de darle gloria a él y de poder ayudar a otros en su camino espiritual la impulsó a narrar lo que sucedía en ella, desde el momento de su conversión, que es su experiencia originaria y fundamental. El lugar de su ascensión a las cumbres místicas fue el hospital de Pammatone, el mayor complejo hospitalario genovés, del cual fue directora y animadora. Por tanto, llevó una vida totalmente activa, pese a esta profundidad de su vida interior. En Pammatone se fue formando a su alrededor un grupo de seguidores, discípulos y colaboradores, atraídos por su vida de fe y por su caridad. Conquistó incluso a su marido, Giuliano Adorno, hasta el punto de que este dejó su vida disipada, convirtiéndose en terciario franciscano, y se trasladó al hospital a fin de ayudar a su mujer. Catalina se ocupó del cuidado de los enfermos hasta el término de su camino terreno, el 15 de septiembre de 1510. Desde su conversión hasta su muerte no se produjeron acontecimientos extraordinarios, pero dos elementos caracterizan toda su existencia: por una parte, la experiencia mística, o sea, la profunda unión con Dios, sentida como una unión esponsal, y, por otra, la asistencia a los enfermos, la organización del hospital, el servicio al prójimo, especialmente a los más necesitados y abandonados. Estos dos polos —Dios y el prójimo— llenaron totalmente su vida, que pasó prácticamente entre las paredes del hospital.
Queridos amigos, nunca debemos olvidar que cuanto más amemos a Dios y seamos constantes en la oración, más lograremos amar verdaderamente a quien está a nuestro alrededor, a quien tenemos cerca, porque seremos capaces de ver en cada persona el rostro del Señor, que ama sin límites ni distinciones. La mística no aleja de los otros, no crea una vida abstracta, sino que más bien acerca a los demás porque se comienza a ver y a actuar con los ojos, con el corazón de Dios.
El pensamiento de Catalina sobre el purgatorio, por el cual es particularmente conocida, está condensado en las últimas dos partes del libro citado al inicio: el Tratado sobre el purgatorio y el Diálogo entre el alma y el cuerpo. Es importante notar que Catalina, en su experiencia mística, nunca tuvo revelaciones específicas sobre el purgatorio o sobre las almas que están allí purificándose. Sin embargo, en los escritos inspirados de nuestra santa es un elemento central y el modo de describirlo tiene características originales respecto a su época. El primer rasgo original se refiere al «lugar» de la purificación de las almas. En su tiempo se representaba principalmente recurriendo a imágenes vinculadas al espacio. Se pensaba en un cierto espacio, donde se encontraría el purgatorio. En Catalina, en cambio, el purgatorio no se presenta como un elemento del paisaje de las entrañas de la tierra: no es un fuego exterior, sino interior. Esto es el purgatorio, un fuego interior. La santa habla del camino de purificación del alma hacia la comunión plena con Dios, partiendo de su experiencia de profundo dolor por los pecados cometidos, frente al infinito amor de Dios (cf. Vita mirabile, 171v). Hemos escuchado el relato de ese momento de conversión, donde Catalina siente improvisamente la bondad de Dios, la distancia infinita entre su propia vida y esa bondad, y un fuego abrasador en su interior. Y este es el fuego que purifica, es el fuego interior del purgatorio. También aquí hay un rasgo original respecto al pensamiento de ese tiempo. En efecto, no se parte del más allá para describir los tormentos del purgatorio —como era habitual en esa época y quizás lo es todavía hoy— y luego indicar el camino para la purificación o la conversión, sino que nuestra santa parte de la experiencia interior de su vida en camino hacia la eternidad. El alma —dice Catalina— se presenta a Dios todavía atada a los deseos y a la pena que derivan del pecado, y esto le impide gozar de la visión beatífica de Dios. Catalina afirma que Dios es tan puro y santo que el alma con las manchas del pecado no puede encontrarse en presencia de la divina majestad (cf. Vita mirabile, 177r). Y también nosotros sentimos cuán distantes estamos, cuán llenos de tantas cosas, de modo que no podemos ver a Dios. El alma es consciente del inmenso amor y de la perfecta justicia de Dios y, por consiguiente, sufre por no haber respondido de modo correcto y perfecto a ese amor, y precisamente el mismo amor a Dios se convierte en llama, el amor mismo la purifica de sus escorias de pecado.
En Catalina se vislumbra la presencia de fuentes teológicas y místicas a las que era normal recurrir en su época. En particular, se encuentra una imagen típica de Dionisio el Areopagita, la del hilo de oro que une el corazón humano con Dios mismo. Cuando Dios ha purificado al hombre, lo une con un sutilísimo hilo de oro, que es su amor, y lo atrae hacia sí con un afecto tan fuerte, que el hombre queda como «superado y vencido, y totalmente fuera de sí». De este modo el corazón del hombre es invadido por el amor de Dios, que se convierte en la única guía, el único motor de su existencia (cf. Vita mirabile, 246rv). Catalina utiliza esta situación de elevación hacia Dios y de abandono a su voluntad, expresada en la imagen del hilo, para expresar la acción de la luz divina sobre las almas del purgatorio, luz que las purifica y las eleva hacia los resplandores de los rayos fulgentes de Dios (cf. Vita mirabile, 179r).
Queridos amigos, los santos, en su experiencia de unión con Dios, alcanzan un «saber» tan profundo de los misterios divinos, en el cual amor y conocimiento se compenetran, que son una ayuda para los mismos teólogos en su compromiso de estudio, de intelligentia fidei, de intelligentia de los misterios de la fe, de profundización real de los misterios, por ejemplo, de lo que es el purgatorio.
Con su vida, santa Catalina nos enseña que cuanto más amemos a Dios y entremos en intimidad con él en la oración, tanto más él se da a conocer y enciende nuestro corazón con su amor. Escribiendo sobre el purgatorio, la santa nos recuerda una verdad fundamental de la fe que se convierte para nosotros en invitación a rezar por los difuntos, a fin de que puedan llegar a la visión beatífica de Dios en la comunión de los santos (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1032). Asimismo, el servicio humilde, fiel y generoso que la santa prestó durante toda su vida en el hospital de Pammatone es un luminoso ejemplo de caridad para todos y un estímulo especialmente para las mujeres, que dan una contribución fundamental a la sociedad y a la Iglesia con su valiosa obra, enriquecida por su sensibilidad y por la atención hacia los más pobres y necesitados. Gracias.

miércoles, diciembre 11, 2019

Escrivá y la Virgen de Guadalupe.


https://opusdei.org/es-mx/article/san-josemaria-y-su-gran-amor-a-la-virgen-de-guadalupe/


San Josemaría y su gran amor a la Virgen de Guadalupe

Con motivo de la fiesta del 26 de junio, el autor recuerda la visita que san Josemaría hizo a México en 1970 para rezar una novena ante la Virgen de Guadalupe.
EL OPUS DEI EN MÉXICO
Opus Dei - San Josemaría y su gran amor a la Virgen de GuadalupeSan Josemaría hizo una novena de oración ante la Virgen de Guadalupe en mayo de 1970.
En el prólogo de su libro “Santo Rosario”, san Josemaría Escrivá de Balaguer escribía unas reveladoras palabras: “Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño. Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños…, rezar como rezan los niños”.
Ese mismo amor y seguridad embargaron el alma del Fundador del Opus Dei durante toda su vida, y le impulsaron a emprender en el mes de mayo de 1970 una peregrinación penitente a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
“He tenido que venir a México —decía con la mirada fija en la milagrosa imagen, uno de los días de su novena a la Villa— para repetirte con la boca y el alma llena de confianza, que estamos muy seguros de Ti y de todo lo que nos has dado, que estoy muy seguro de mis hijas y de mis hijos, y del camino firme que tu Hijo nos ha marcado. No admitimos más ambición que la de servir a tu Hijo y, por Él y con tu ayuda, a todas las almas”.
¿Qué pedía con tanto fervor san Josemaría a “La Morenita del Tepeyac”? En primer lugar, oraba y rezaba por la paz del mundo, por la Iglesia entera y por el Papa, por los obispos, por los sacerdotes y por todo el pueblo fiel. También pedía por esa pequeña porción de la Iglesia, que es el Opus Dei y sus apostolados en los cinco continentes.
Esta novena a la Guadalupana duró del 16 al 24 de mayo. Y, en lo alto de una discreta tribuna en la antigua Basílica, en la que se podía rezar sin llamar la atención y donde se llevó a cabo esa novena, san Josemaría exclamaba emocionado: “¡La Virgen Morena! ¡Bien, bien! Y es que me faltan las palabras para demostrarte mi alegría, tan grande, de estar junto a ti, Señora. (…) Nos sentimos orgullosos de ser hijos tuyos. Y acudo muy especialmente y con continuidad a su intercesión, porque confío en Ella con todas las fuerzas de mi alma. (…) Por eso me marcharé de aquí dando gracias".
Y concluía con estas palabras: “Bajo la cúpula de esta Basílica, en la que se venera tu imagen preciosa —¡cómo me enamora!—, ponemos la fe de toda América, de norte a sur, para que entre en las almas, permanezca siempre firme, y sea grata a Dios y a ti, Madre amabilísima”.
Su estancia en nuestro país se prolongó hasta el 20 de junio. Fue un tiempo que aprovechó intensamente para tener encuentros con personas de todas las edades y condiciones sociales y provenientes de muy diversos puntos de la República, a las que, en numerosas reuniones llenas de naturalidad y espontaneidad, brindaba sus consejos pastorales. En la víspera de su regreso a Roma, quiso despedirse de Santa María en la Basílica, acompañado de muchos fieles del Opus Dei. Sobra decir que fue una despedida particularmente emotiva y entrañable.
El próximo 26 de junio, la Iglesia conmemora la fiesta de este santo de nuestro tiempo y he de reconocer que invariablemente me vienen a la memoria los recuerdos de la estancia de san Josemaría en la Villa, así como su admirable ejemplo y esa imborrable herencia espiritual que nos dejó de ser un hombre profundamente enamorado de Dios y de la Virgen de Guadalupe.

martes, diciembre 10, 2019

Nuestra Señora de Loreto.











12Lux fulgebit hodie super nos, quia natus est nobis Dominus, hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor. Es el gran anuncio que conmueve en este día a los cristianos y que, a través de ellos, se dirige a la Humanidad entera. Dios está aquí. Esa verdad debe llenar nuestras vidas: cada navidad ha de ser para nosotros un nuevo especial encuentro con Dios, dejando que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma.

Nos detenemos delante del Niño, de María y de José: estamos contemplando al Hijo de Dios revestido de nuestra carne. Viene a mi recuerdo el viaje que hice a Loreto, el 15 de agosto de 1951, para visitar la Santa Casa, por un motivo entrañable. Celebré allí la Misa. Quería decirla con recogimiento, pero no contaba con el fervor de la muchedumbre. No había calculado que, en ese gran día de fiesta, muchas personas de los contornos acudirían a Loreto, con la fe bendita de esta tierra y con el amor que tienen a la Madonna. Su piedad les llevaba a manifestaciones no del todo apropiadas, si se consideran las cosas —¿cómo lo explicaré?— sólo desde el punto de vista de las leyes rituales de la Iglesia.

Así, mientras besaba yo el altar cuando lo prescriben las rúbricas de la Misa, tres o cuatro campesinas lo besaban a la vez. Estuve distraído, pero me emocionaba. Atraía también mi atención el pensamiento de que en aquella Santa Casa —que la tradición asegura que es el lugar donde vivieron Jesús, María y José—, encima de la mesa del altar, han puesto estas palabras: Hic Verbum caro factum est. Aquí, en una casa construida por la mano de los hombres, en un pedazo de la tierra en que vivimos, habitó Dios.( Escrivá, Es Cristo que pasa)

lunes, diciembre 09, 2019

Llega Navidad.













62Navidad. Me escribes: “al hilo de la espera santa de María y de José, yo también espero, con impaciencia, al Niño. ¡Qué contento me pondré en Belén!: presiento que romperé en una alegría sin límite. ¡Ah!: y, con El, quiero también nacer de nuevo...”

—¡Ojalá sea verdad este querer tuyo!( Escrivá, Navidad).

domingo, diciembre 08, 2019

Inmaculada.










496¡Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!...

     —Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole:

     Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo... ¡Más que tú, sólo Dios!

sábado, diciembre 07, 2019

Almas del purgatorio.









571Las ánimas benditas del purgatorio. —Por caridad, por justicia, y por un egoísmo disculpable —¡pueden tanto delante de Dios!— tenlas muy en cuenta en tus sacrificios y en tu oración.

     Ojalá, cuando las nombres, puedas decir: "Mis buenas amigas las almas del purgatorio..." ( Camino, Escrivá)

viernes, diciembre 06, 2019

Trabajo cristiano.














60Perdonadme esta digresión y, aunque no nos hemos apartado del tema, volvamos al hilo conductor. Convenceos de que la vocación profesional es parte esencial, inseparable, de nuestra condición de cristianos. El Señor os quiere santos en el lugar donde estáis, en el oficio que habéis elegido por los motivos que sean: a mí, todos me parecen buenos y nobles —mientras no se opongan a la ley divina—, y capaces de ser elevados al plano sobrenatural, es decir, injertados en esa corriente de Amor que define la vida de un hijo de Dios.

No puedo evitar cierto desasosiego cuando alguno, al hablar de su trabajo, pone cara de víctima, afirma que le absorbe no sé cuántas horas al día y, en realidad, no desarrolla ni la mitad de la labor de muchos de sus compañeros de profesión que, al fin y al cabo, quizá sólo se mueven por criterios egoístas o, al menos, meramente humanos. Todos los que estamos aquí, manteniendo un diálogo personal con Jesús, desempeñamos una ocupación bien precisa: médico, abogado, economista... Pensad un poco en los colegas vuestros que destacan por su prestigio profesional, por su honradez, por su servicio abnegado: ¿no dedican muchas horas en la jornada —y aun en la noche— a esa tarea? ¿No tenemos nada que aprender de ellos?

Mientras hablo, yo también examino mi conducta y os confieso que, al plantearme esta pregunta, siento un poco de vergüenza y el deseo inmediato de pedir perdón a Dios, pensando en mi respuesta tan débil, tan lejana de la misión que Dios nos ha confiado en el mundo. Cristo —escribe un Padre de la Iglesia— nos ha dejado para que fuésemos como lámparas; para que nos convirtiéramos en maestros de los demás; para que actuásemos como fermento; para que viviéramos como ángeles entre los hombres, como adultos entre los niños, como espirituales entre gente solamente racional; para que fuésemos semilla; para que produjéramos fruto. No sería necesario abrir la boca, si nuestra vida resplandeciera de esta manera. Sobrarían las palabras, si mostrásemos las obras. No habría un solo pagano, si nosotros fuéramos verdaderamente cristianos.(Escrivá, Amigos de Dios).

jueves, diciembre 05, 2019

A Jesús se va y se vuelve por María.









Volver» a Jesús por María
En aquel septiembre de 1932, san Josemaría meditó repetidas veces sobre el papel que la Virgen juega en nuestro camino a Jesús. En este caso, no se trata ya de encontrar a Cristo, de descubrir cuál es su voluntad para nosotros, sino, como hemos visto, de «volver» a Él. Su lenguaje resultaba novedoso para quienes se le acercaban. El beato Álvaro del Portillo, por ejemplo, recuerda que él mismo se sorprendió: «Entonces pregunté yo al Padre: Padre, ¿por qué ha puesto esto? Que se va por María, ya lo entiendo, pero que se vuelve... Y me dijo: «hijo mío, si alguno tiene la desgracia de separarse de Dios por el pecado, o está a punto de separarse porque le va entrando la tibieza y la desgana, entonces acude a la Santísima Virgen y encuentra otra vez la fuerza; la fuerza para ir al confesonario, si hace falta, para ir a la Confidencia y abrir bien la conciencia con gran sinceridad -sin que haya recovecos en el alma, sin que haya secretos a medias con el diablo- y por María, se va a Jesús»[13].

miércoles, diciembre 04, 2019

Palíndromos, para descansar de tanta tensión.








(Una diversión para descansar de tanta trascendencia)
Un palíndromo es un conjunto de palabras que forman una frase con sentido, cuyas letras son capicúas, es decir, que dicen lo mismo leídas de derecha a izquierda que de izquierda a derecha.
Quizá el más famoso es aquel que dice:
"Dábale arroz a la zorra el abad".
Hay gente con una mente increíblemente ágil para hacer palíndromos. Yo no soy de esos, pero tengo dos amigos que lo son, y a ellos he oído los siguientes palíndromos. Para mí es especialmente gracioso éste, en el mundo de la eduación:
¿Son mulas, o cívicos alumnos?

Yo hago yoga hoy
Notará más esa maratón
No maree, Ramón
Échela, la mala leche
Serían aires
Anita, la gorda lagartona, no traga la droga latina
Atila sale con Ocon y no conoce la salita
Luz azul
Salome, me molas
Di clases al Cid
A ti no bonita
Oir a Darío
Roma le aviva el amor

Adviento, despertar.











4Ya es hora de despertar

La Epístola de la Misa nos recuerda que hemos de asumir esta responsabilidad de apóstoles con nuevo espíritu, con ánimo, despiertos. Ya es hora de despertarnos de nuestro letargo, pues estamos más cerca de nuestra salud que cuando recibimos la fe. La noche avanza y va a llegar el día. Dejemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz.

Me diréis que no es fácil, y no os faltará razón. Los enemigos del hombre, que son los enemigos de su santidad, intentan impedir esa vida nueva, ese revestirse con el espíritu de Cristo. No encuentro otra enumeración mejor de los obstáculos a la fidelidad cristiana que la que nos trae San Juan: concupiscentia carnis, concupiscentia oculorum et superbia vitæ; todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida.( Escriva, Es Cristo que pasa.)