lunes, febrero 17, 2020

El dolor.


https://opusdei.org/es-es/article/bienaventurados-lloran-bienaventuranzas/?fbclid=IwAR2yGFDtBpKBsMOUr384WhYB-1WyvGXb4KG4SCZ9I5XRWwZsaDftjnbNMD0

«El dolor interior nos abre a una relación nueva con el Señor y con el prójimo»

En la audiencia general, el Papa Francisco habló de la segunda bienaventuranza, “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”. Aseguró que se trata “una actitud fundamental en la espiritualidad cristiana: el dolor interior que nos abre a una auténtica relación con el Señor y con el prójimo”.
DE LA IGLESIA Y DEL PAPA
Queridos hermanos y hermanas:
En nuestra reflexión sobre las bienaventuranzas, hoy consideramos la segunda: «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados», que nos indica una actitud fundamental en la espiritualidad cristiana: el dolor interior que nos abre a una relación nueva con el Señor y con el prójimo.
Según las Sagradas Escrituras, este llanto tiene dos aspectos. El primero es la aflicción causada por la muerte o el sufrimiento de alguien a quien amamos. El segundo es un llanto por el dolor de nuestros pecados, provocado por haber ofendido a Dios y al prójimo.
El primer significado se refiere al luto, que siempre es amargo, doloroso, y que paradójicamente puede ayudarnos a tomar conciencia de la vida, del valor sagrado e insustituible de toda persona y de la brevedad del tiempo.
El segundo sentido indica el llanto por el mal que hemos ocasionado, por el mal que yo hice, por el bien que no hice y por la deslealtad a la relación con Dios y con los demás; es un llanto por no haber correspondido al amor incondicional del Señor hacia nosotros, por no haber correspondido al bien que no quisimos hacer, por no haber querido a los demás. El dolor por haber ofendido y herido a quien amamos es lo que llamamos el sentido del pecado, que es don Dios y obra del Espíritu Santo.
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Algunos recursos relacionados con esta catequesis del Papa sobre las bienaventuranzas

sábado, febrero 15, 2020

Santos todos.

https://opusdei.org/es-es/article/el-dia-de-las-mujeres-del-opus-dei/?fbclid=IwAR2YVONVFRnYmZsDC5TOhQaXPFV934iq-JE9rYWoG4CsZUBB5OC6ai-e13E


“Nunca habrá mujeres —ni de broma— en el Opus Dei”. Unos días después de escribir esta frase, Josemaría Escrivá descubrió que la Obra era un camino universal de santidad abierto también a las mujeres. Fue parte de ese despliegue gradual de la voluntad de Dios, algo insospechado que le sobrevino. Era el 14 de febrero de 1930, un año y medio después de fundar el Opus Dei.
ÚLTIMAS NOTICIAS
Opus Dei - Santos, todos
► Especial sobre los aniversarios del 14 de febrero, día en que san Josemaría entendió con profundidad que Dios llamaba a las mujeres y a los sacerdotes a ser y hacer el Opus Dei.

La frase, extraña para una mente del siglo XXI, tiene sentido en el contexto de una época en la que era inconcebible que hombres y mujeres pertenecieran a una misma institución de la Iglesia, más teniendo en cuenta que hasta 1941 el Opus Dei no tuvo su primer reconocimiento jurídico y en una España –la que vio nacer la Obra– donde el ejercicio profesional como vía de transformación del mundo apenas tenía cabida entre las mujeres.
Solo unas pocas cursaban estudios superiores y la mayoría se dedicaban, principalmente, al hogar y carecían de independencia económica y social. En 1933 las mujeres acudían por primera vez a votar en España. No fue hasta el curso 1977-1978 cuando la presencia de universitarias en las aulas llegó al 43%, una cifra que en Estados Unidos se había alcanzado en 1920. Por no hablar de falta de autonomía para obtener un pasaporte, abrir una cuenta bancaria, administrar bienes, suscribir contratos, disponer de los ingresos del trabajo, etc.
TANTO HOMBRES COMO MUJERES ESTABAN LLAMADOS A LA PLENITUD CRISTIANA EN MEDIO DEL MUNDO, PERO EN AQUEL ENTONCES ESO ERA TAN INÉDITO E INSÓLITO QUE EN MUCHAS OCASIONES A ESCRIVÁ LO LLAMARON HEREJE
Desde el momento en que el fundador del Opus Dei entendió la amplitud de aquel mensaje, se puso a trabajar con mujeres solteras –como Carmen Cuervo, que tenía un cargo de responsabilidad en el Ministerio de Trabajo o Mª Ignacia García Escobar, enferma de tuberculosis en el Hospital del Rey– y casadas, aunque éstas últimas no se incorporaron jurídicamente a la institución hasta 1948. Tanto hombres como mujeres estaban llamados a la plenitud cristiana en medio del mundo, pero en aquel entonces eso era tan inédito e insólito que en muchas ocasiones llamaron a Escrivá hereje.
En 1968, afirmaba: “Una sociedad moderna, democrática, ha de reconocer a la mujer su derecho a tomar parte activa en la vida política, y ha de crear las condiciones favorables para que ejerciten ese derecho todas las que lo deseen”.
Distintas mujeres, distintas realidades
El pensamiento de san Josemaría sobre la condición femenina puede entreverse en las vidas de muchas mujeres del Opus Dei, por ejemplo, Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975).
Guadalupe Ortiz de Landázuri.Guadalupe Ortiz de Landázuri.
En un Madrid prebélico, comenzó la carrera de Ciencias Químicas, que terminó tras la guerra civil, con uno de los mejores expedientes de su curso. Quería dedicarse a la docencia universitaria y empezó los cursos de doctorado pero, como era una de las primeras numerarias del Opus Dei, fue adaptando su objetivo a las necesidades de cada momento.
“UNA SOCIEDAD MODERNA, DEMOCRÁTICA, HA DE RECONOCER A LA MUJER SU DERECHO A TOMAR PARTE ACTIVA EN LA VIDA POLÍTICA, Y HA DE CREAR LAS CONDICIONES FAVORABLES PARA QUE EJERCITEN ESE DERECHO TODAS LAS QUE LO DESEEN”
Durante un tiempo, se dedicó a la administración doméstica de los primeros centros, se encargó de la dirección de la primera residencia universitaria en Madrid, comenzó la labor apostólica en varias ciudades españolas y después en México, pero nunca dejó de lado su carrera. Al llegar a México, se matriculó en algunas asignaturas del doctorado de Químicas. Después, tras pasar un tiempo en Roma colaborando con san Josemaría en el trabajo de gobierno del Opus Dei, volvió a España y defendió su tesis doctoral, en 1965.
ENTRE 1960 Y 1974 GUADALUPE ORTIZ DE LANDÁZURI DIO CLASES EN EL INSTITUTO RAMIRO DE MAEZTU Y EN LA ESCUELA DE MAESTRÍA INDUSTRIAL, DE LA QUE FUE CATEDRÁTICA Y SUBDIRECTORA
Entre 1960 y 1974 dio clases en el Instituto Ramiro de Maeztu y en la Escuela de Maestría Industrial, de la que fue catedrática y subdirectora.
También Laura Busca (1918-2000), a la que sus amigos recuerdan magnánima y con gran temperamento, fue una de las primeras mujeres en cursar, en los años 30, la carrera de Farmacia en la Universidad Central de Madrid.
Durante esos años, vivió en la Residencia de la Institución Libre de Enseñanza, y comenzó su tesis doctoral sobre el tifus en el Hospital del Rey. Allí conoció a su futuro marido, el médico Eduardo Ortiz de Landázuri, con quien se casó el 17 de junio de 1941. Doce años después se incorporó al Opus Dei como supernumeraria.
Laura Busca (segunda por la izquierda).Laura Busca (segunda por la izquierda).
Laura podría haber dedicado sus esfuerzos a una carrera profesional que parecía prometedora, sin embargo, libremente decidió poner todas sus capacidades en sacar adelante a su familia.
En cambio, Lourdes Díaz Trechuelo (1921- 2008) eligió pelear a fondo para desarrollar su carrera profesional. Comenzó a estudiar en casa, en Sevilla, con una profesora particular, como era habitual entre las chicas de familias acomodadas de la época. En 1935, en contra de la opinión de sus padres, cursó el bachillerato en el único Instituto Nacional de Segunda Enseñanza que entonces había en Sevilla. Aprobó todas las asignaturas y, en enero de 1937, terminó el Bachiller.
Durante la guerra y los primeros años 40 tuvo diferentes trabajos, hasta que decidió estudiar y presentarse a las oposiciones a Cátedra de Instituto de Geografía e Historia, que se acababan de convocar. Tardó varios años en sacar la plaza ya que, entre medias, enfermó gravemente una tía suya y después su padre, a los que atendió personalmente.
La larga e intensa vida profesional de Lourdes Díaz-Trechuelo transcurrió principalmente en Sevilla y Granada, pero viajó por todo el mundo impartiendo conferencias y participando en congresos de su especialidad
En enero de 1953 fue la primera mujer sevillana en pedir la admisión como agregada del Opus Dei. Años más tarde, obtuvo la plaza de Profesora de Historia de América en la Universidad de Córdoba.
El caso de Encarnita Ortega (1920-1995) es un poco diferente. Después de que la contienda nacional truncara sus estudios de bachillerato, ejerció de enfermera en diversos hospitales durante la guerra civil. En 1941, conoció el Opus Dei y pidió la admisión como numeraria.
EL COMPROMISO DE ENCARNITA ORTEGA CON LA MUJER SE MANIFESTÓ EN AYUDAR AL IMPULSAR NUMEROSAS INICIATIVAS SOCIALES EN TODO EL GLOBO Y EN SU INTERÉS POR EL MUNDO DE LA MODA.
Desde el principio puso toda su capacidad en trabajar junto al fundador para extender la labor apostólica a otros países. Colaboró en el impulso de numerosas iniciativas sociales y educativas en todo el mundo.
Encarnita Ortega, en el centro de la fotografía.Encarnita Ortega, en el centro de la fotografía.
San Josemaría insistía en que las mujeres no tenían por qué contraponer los dos ámbitos, trabajo y familia. “La dedicación a las tareas familiares supone una gran función humana y cristiana. Sin embargo, esto no excluye la posibilidad de ocuparse en otras labores profesionales —la del hogar también lo es—, en cualquiera de los oficios y empleos nobles que hay en la sociedad en que se vive”.
Lourdes, Encarnita, Laura, Guadalupe y muchas otras, encarnan la riqueza y diversidad de ese genio femenino multitarea, siempre intentando conciliar las circunstancias personales con el desarrollo profesional.

jueves, febrero 13, 2020

14 febrero 2020: Un camino recorrido

La más antigua del Opus Dei.



«Todavía espero ver algunas cositas más»

Victoria López-Amo es la mujer que lleva más tiempo en el Opus Dei. En mayo de 2019 cumplió cien años. Española de origen y guatemalteca de nacionalidad, ama con intensidad la vida, de la cual espera todavía más. Al cumplirse el 90 aniversario del 14 de febrero de 1930, recogemos algunas impresiones de una de las primeras que siguió a san Josemaría.
EN PRIMERA PERSONA
Opus Dei - «Todavía espero ver algunas cositas más»Victoria en Nápoles, abordando el Marcopolo rumbo a Guatemala.
Esta alicantina, después de residir 11 años en Italia, desembarcó en Guatemala el 9 de mayo de 1958. Tres años antes habían llegado las primeras mujeres a empezar el trabajo apostólico del Opus Dei en Centroamérica. Ese mismo año adquirió la nacionalidad guatemalteca con todas sus consecuencias. No perdona por lo menos un tamal a la semana, las tortillas diarias y los frijoles negros, mejor si son colados. Conoce la gastronomía del país tan bien como la de su patria y la italiana.
VICTORIA SE LANZÓ A HACER COSAS QUE DIOS LE PEDÍA Y QUE ELLA NUNCA SE HUBIERA IMAGINADO
Se trata de una mujer con ánimo jovial, chispa en los ojos e ilusión por vivir. Proviene de una familia longeva. Sus padres –maestros– decidieron mudarse a Valencia para que los hijos pudieran acceder a una mejor educación, sobre todo universitaria. Hace nueve meses arribó al centenario de vida. Gozó la preparación, las vísperas, el mismo día y los siguientes.
Victoria disfruta con pasión el presente. Acaba de haber cambio de gobierno en Guatemala. Contaba en regresiva los días para poder ver el acto solemne por la televisión. Si sigue así acontecimientos civiles de su país, aún más los eventos significativos de su familia. Ahora se prepara para el 90 aniversario de cuando san Josemaría entendió que Dios le pedía que hubiera mujeres en el Opus Dei.
¡Qué victoria vamos a conseguir!
Recuerda como si fuera ayer el 23 de marzo de 1944. Aquel día su hermano Ángel le presentó a san Josemaría y, tras escuchar de sus labios en qué consistía la vocación a santificar la vida ordinaria, poco después pidió la admisión en la Obra. Nada más presentarse, haciendo referencia a su nombre, san Josemaría le comentó con una chispa de buen humor: “¡Qué victoria vamos a conseguir!”. A la mañana siguiente san Josemaría celebró una Misa en acción de gracias por su vocación, en el altar de la Virgen de los Desamparados, a la que solo asistieron ella y su hermano. Los meses siguientes se ocupó de la Administración de la residencia universitaria que estaba en la calle de Samaniego.
Victoria con un grupo de jóvenes.Victoria con un grupo de jóvenes.
Victoria pidió la admisión cuatro días después de la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri y, desde entonces, ha dedicado su vida a hacer el Opus Dei. Como buena maestra, desarrolló una capacidad extraordinaria para impartir clases de formación espiritual, doctrinal y profesional -especialmente culinaria-. Tiene un don para relatar los sucesos más variados, de tal manera que los oyentes tienen la sensación de haber vivido la escena, por los detalles que trasmite, por el tono vibrante y emotivo con que lo cuenta, y por el agradecimiento con que los recuerda. En todos los lugares en que ha estado, ha ejercido la docencia tanto con jóvenes, como con mujeres casadas, de todas las edades y condiciones sociales.
Victoria se lanzó a hacer cosas que Dios le pedía y que ella nunca se hubiera imaginado. Así puso en práctica aquel soñad y os quedaréis cortos del que san Josemaría les hablaba. Ya en Madrid, trabajó en la Administración del Colegio Mayor Moncloa, en el que se alojaban 118 universitarios. Se encargó, dentro de la gestión de los diferentes servicios, de la cocina: “¡Dar de comer a 118 jóvenes hambrientos tres veces al día!”. Al principio tardaba varios minutos en pelar una patata; al poco tiempo fue adquiriendo experiencia hasta que le bailaban en las manos. Enseña muy divertida el bíceps o “gato” que aún puede hacer brincar en sus brazos: no había electrodomésticos y los pasteles los batían a mano.
Retrato de Victoria.Retrato de Victoria.
Regresó por segunda vez a este trabajo en Salto di Fondi, una finca en la costa italiana. Había ido a empezar las actividades apostólicas en Nápoles, que ya marchaban normalmente. En esta casa, por iniciativa del beato Álvaro del Portillo, se buscaba, entre otros objetivos, que algunas personas de la Obra pasaran un período de formación más intenso para las personas que llegaban a Roma.
“Uno no se asusta de nada”
Pronto entendió que en la Obra “uno no se asusta de nada. Dios pide, da la gracia, y las cosas salen adelante de una manera admirable”. Cuando no había más que un centro en Madrid, Jorge Manrique, Victoria escuchó decir a san Josemaría que ellas -un puñado de mujeres jóvenes- verían surgir casas de moda, escuelas para campesinas, universidades, dispensarios médicos y otras muchas iniciativas, allí donde fueran las personas del Opus Dei. Nunca dudó de que eso que afirmaba el fundador llegaría a ser una realidad; trataba de ilusionarse con el afán que san Josemaría tenía de extender el reino de Cristo en el mundo entero.
Victoria haciendo un puzzle.Victoria haciendo un puzzle.
Cuando llegó a Guatemala en 1958 se encontró con que sólo había una pequeña residencia en el centro de la ciudad. Sesenta y un años después, ha visto crecer el trabajo apostólico y cómo lo que oyó a san Josemaría se ha hecho realidad: la expansión educativa y formativa en Centroamérica para niñas, campesinas y profesionales, la Universidad del Istmo y tantas otras iniciativas. Le preguntamos qué piensa al ver esos frutos de evangelización y recordar los inicios en que no había prácticamente nada. Victoria comenta con sencillez: “aunque al principio todo eso no estaba… ¡ya estaba!”.
A sus cien años, confía en que aún le dará tiempo de ver “algunas cositas más” del crecimiento del Opus Dei en la región. “La Obra es un mar sin orillas”, no duda en afirmar con palabras de san Josemaría. A quienes tenemos la suerte de conocerla, Victoria nos enseña que se puede recordar y agradecer el pasado, vivir con pasión el presente y tener ilusión por cada día que Dios nos quiera regalar.

lunes, febrero 10, 2020

Parásitos.




Oscar 2020: “Parásitos” hace historia


Ayer era uno de esos días para irse a la cama con la crónica de los Oscar escrita. Aspiraban al premio gordo 9 meritorísimas películas. Una auténtica liga de campeones. Cada una de ellas merecía el Oscar. Pero no se preveía una final ajustada. Había una clara favorita. Una magnífica película bélica de corte clásico.
Estamos hablando, claro, de 1917. ¿Qué más puede pedir una conservadora academia de cine que un título que premie, de paso, toda una forma de entender y hacer precisamente cine? Premiando 1917, Hollywood se premiaba a sí mismo. Y a nadie le amarga un dulce. Ni un premio.
Además, la contrincante era una película coreana. Y ya se sabe lo que pasa con las películas extranjeras. Lo vimos con Roma o con Babel o con La vida es bella. Ganan en su categoría (que para eso parece que la tienen) y dejan el Oscar más dorado para alguna película de habla inglesa. Parásitos iba a ganar el Oscar a mejor película extranjera. Categoría en la que, por cierto, competía Pedro Almodóvar con Dolor y gloria… y sin ninguna esperanza de Oscar que iría –seguro: lo dicho– para la coreana.
Hasta aquí la crónica escrita la noche anterior.
Y, sin embargo, Hollywood quiso regalarnos un final sorpresa. Y ganó Parásitos. El primer aviso fue el Oscar a mejor guion original, aunque era un aviso previsible porque el libreto de 1917 no es para tirar cohetes y el de Parásitos es portentoso. Luego llegó el resto: el Oscar esperado (a mejor película extranjera) y los inesperados (mejor director y mejor película). Cuatro importantísimos premios que convierten a Parásitos en la gran ganadora de la edición. Y de paso convirtieron la edición en histórica.
Una fábula moral
Parásitos es una película enorme. No por su producción, ni por su fotografía, ni por sus interpretaciones y, ni siquiera, por su montaje. Todos estos elementos son notables, pero lo que sobresale en Parásitos, lo que ha convertido este extraño título en un fenómeno para la crítica y el público, es la historia. O, más en concreto, la feroz crítica que encierra una comedia negrísima. Parásitos es la hilarante aventura de una familia de impostores que empieza su carrera hacia el éxito con mentirijillas, trampas y corta-pegas de Google, y acaba en un abismo, en lo más hondo de un pozo que no parece tener fondo. Hasta aquí se puede contar sin spoiler, pero suena familiar, ¿verdad?
Bong Joon-ho, director de “Parásitos” (Foto: Cine 21)
A pesar de su cruda violencia y de su descarnado e hiriente tratamiento de lo que es el ser humano y sus vínculos más fuertes (la familia o el matrimonio), Parásitos es una auténtica fábula moral, una de esas películas que funciona para el espectador como un espejo. En esto es en lo que no quiero convertirme. Y todo empezó falsificando un documento con Photoshop y creando un perfil falso en Instagram. Lo dicho. ¿Moralizante? Sí. Mucho. Pero bendita moralina si salimos del cine divertidos, aleccionados y apaleados. Así que gracias, Bong Joon-ho. Y lo único: la próxima vez, también entendemos las cosas con alguna elipsis.
El resto de la crónica de los Oscar sí estaba escrita. Los Oscar de interpretación a Joaquim Phoenix y a Renée Zellweger estaba firmado desde que se estrenaron Joker y Judy. Los Oscar de reparto a Brad Pitt (Érase una vez en… Hollywood) y Laura Dern (Historia de un matrimonio) eran un suma y sigue de los premios conseguidos hasta ahora. El premio a mejor guion adaptado fue a JoJo Rabbit como podría haber ido a Joker o Mujercitas, pero bien.
Por último, el sueño de traer un Oscar a casa por Klaus se desvaneció al principio de la Gala. El premio a la mejor película de animación es uno de los primeros en otorgarse y fue para Toy Story 4. Pixar de nuevo. Toy Story otra vez. Pero no podemos quejarnos, que la veterana Academia iba a premiar después la película coreana y no se trata de romperse la cadera con tanto giro.