viernes, marzo 20, 2020

De cuidar elefantes a sacerdote.




De cuidador de elefantes a cura

Noticia publicada por La Voz de Galicia sobre Paul Kioko, quien estrenó en Galicia su sacerdocio antes de regresar a Kenia, en cuyos parques naturales se crió.
REVISTA DE PRENSA
Opus Dei - De cuidador de elefantes a curaPaul Kioko. Foto: La Voz de Galicia.
«Parece Obama», susurra una mujer al ver pasar a Paul Kioko por el centro de A Coruña. Además del color de la piel, comparte con el expresidente el hecho de ser hijo de keniano y norteamericana. Su madre sonreiría con el comentario porque ella, como Karen Blixen, casi podría escribir aquello de «yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong». No lejos de ese lugar, en Nairobi, nació Paul Kioko, que ha pasado unos cuantos meses en Galicia estrenando su sacerdocio.
La historia de su familia daría para otras Memorias de África [estas con final feliz] empezando por el abuelo paterno, patriarca en una de las 40 tribus de Kenia. Como era habitual en el país, tuvo tres mujeres, así que Paul tenía cuatro abuelas [tres en Kenia y una en Estados Unidos]. Por ello no es raro que su padre contara con un buen número de hermanos y ahora en el teléfono de Paul uno de los grupos de WhatsApp sea el de «varias decenas de primos», apunta, con su risa profunda.
«Mi madre nació en Estados Unidos y vino a África a finales de los años 60 para enseñar matemáticas y ver mundo. En Tanzania conoció a mi padre, que estaba acabando su formación como experto medioambiental, y el resto es historia, o providencia divina, como solía decir mi abuela». Pero esa historia o providencia no fue tan sencilla porque era poco habitual un matrimonio entre un nativo y una blanca cuando Kenia hacía poco que había logrado su independencia [12 de diciembre de 1963].
Una dote de ovejas o vacas
Las complicaciones también se daban por algo que cuenta de manera divertida: la costumbre era que el novio pagara una dote a los padres de la novia «y no estaba muy claro cómo enviar a Estados Unidos unas vacas o unas ovejas» [risas]. Pero «ya habían superado muchas barreras y al final se arregló», resume, optimista.
Además, la madre de Paul era hija y nieta de pastores luteranos que no veían bien que se casara con un católico. A pesar de todo, el matrimonio salió adelante, ella es ciudadana keniana desde hace años y ahora van camino de celebrar las bodas de oro.
«Pasé toda mi infancia en los diferentes parques nacionales del país, con mis padres y hermanos. Mi padre trabajaba en el Kenya Wildlife Service como jefe de los guardabosques», explica Paul.
«En cada parque vivíamos una media de cinco años, y luego nos trasladábamos a otro, hasta recorrer casi todo el país», evoca. Aquello «era un paraíso para unos niños como nosotros. No teníamos televisión ni PlayStation, pero no nos hacían falta. Los guardabosques traían crías de animales huérfanos a los que había que cuidar: recuerdo cómo paseaban en torno a la casa crías de gacelas, antílopes, elefantes, leones y rinocerontes». A los elefantes «les dábamos mangos y naranjas y jugábamos a encestar desde lejos las frutas en sus enormes bocas abiertas…».
Durante un tiempo «mi mascota era un elefante, que te defiende de los leones y de otros animales», recuerda, mientras muestra imágenes con el paquidermo y con varios animales más. La mascota de su hermano «era un guepardo; era chulísimo pero solo podía acercarse él, porque con los demás no tenía confianza y podía darnos un zarpazo».
Veneno de cobra y leones
Entre las aventuras con la fauna salvaje relata cómo un día «una cobra escupió veneno en los ojos de uno de mis hermanos. Lo llevamos corriendo al hospital y no perdió la vista. En otra ocasión, otro hermano casi choca con su bicicleta contra dos leones escondidos detrás de una curva. Afortunadamente, los animales estaban comiendo por lo que mi hermano pudo retirarse a salvo».
La ubicación de los parques naturales dificultaba a veces la asistencia a clase así que al empezar la escuela superior se fue a Nairobi. Allí estudió Medicina en la University of Nairobi y «trabajé en el hospital del Ejército de Kenia durante un año. Después ejercí la Medicina casi 15 años en el Mater Hospital de Nairobi, primero en Urgencias y luego en la Unidad de Cuidados Intensivos, donde acabé la especialización en anestesiología».
Sobre su cambio de actividad reflexiona: «En cierto sentido, pienso que ser médico me preparó para recibir la llamada al sacerdocio». Paul es doctor en Teología Moral y su tesis doctoral [«La manera más rápida de dormirse es pedirle a alguien que te hable sobre su tesis», bromea] trata sobre «la virtud de la prudencia como punto de conexión entre las decisiones médicas ‘técnicamente correctas’ y ‘moralmente acertadas’. Cuando trabajé en la Unidad de Cuidados Intensivos tuve que afrontar muchas veces el dilema sobre cuándo y cómo poner límite a los tratamientos médicos».
A finales de enero Paul celebró su primera misa en su parroquia de Nairobi, una colorista ceremonia que duró casi cuatro horas y de la que ha enviado numerosas imágenes a los amigos que ha dejado en Galicia.

jueves, marzo 19, 2020

Meditación del Prelado en la fiesta de San José.




Audio del prelado (19 marzo 2020): San José y la seguridad de lo imposible

En la festividad de san José, el prelado del Opus Dei invita a tener “la seguridad de lo imposible”, como tuvo el santo patriarca, “hombre de la sonrisa permanente y del encogimiento de hombros”. Meditación predicada en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz (Roma, 19 marzo 2020).
HOMILÍAS
Opus Dei - Audio del prelado (19 marzo 2020): San José y la seguridad de lo imposible

Meditación predicada en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz (Roma, 19 marzo 2020)
La segunda lectura de la misa de hoy en esta gran solemnidad de san José -que tanto contenido tiene para nosotros y para toda la Iglesia- nos presenta, en primer lugar, la figura de Abraham. Ese gran patriarca, que también la Iglesia ha considerado después como nuestro padre en la fe.
Dice san Pablo en la epístola a los romanos que leeremos hoy, que Abraham, “en la esperanza, creyó contra toda esperanza”. Y creyó contra toda esperanza que sería padre de muchos pueblos, y esto le valió la justificación.
Conocemos bien la historia de Abraham: esa disponibilidad al querer de Dios cuando era un querer poco comprensible humanamente. Ser padre de muchos pueblos en las circunstancias de edad en que se encontraba. Después, ese ponerse en camino hacia un lugar sin saber a dónde iba, confiado en que iba a ser Dios quien le iría mostrando en cada momento lo que debía hacer, lo que debía planear. Una fe grande.
Esta figura nos la presenta hoy la liturgia como un preámbulo a san José, a ese gran patriarca del nuevo testamento, a nuestro padre y señor san José. Vemos ahí también, muy en primerísimo lugar, la fe grande de san José.
Y ahora, en nuestra oración, dirigiéndonos a san José, le pedimos que nos consiga una fe muy grande. Él, al que llamamos nuestro padre y señor, le pedimos que nos consiga una fe sin condiciones, una fe que comporte una confianza completa en el Señor, un fiarnos del todo.
Hoy en la misa hay dos evangelios posibles. El de san Mateo nos cuenta cómo se enfrentó san José a un misterio, al grandísimo misterio de la Encarnación. Humanamente lo descubre y, como justo que es, no quiere denunciar a María, quiere dejarla en secreto. Pero llega después un sueño. Un sueño en que se le transmite nada menos que el Misterio: “Porque lo que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un Hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el Ángel del Señor”. Ciertamente, es un sueño especial acompañado de toda la gracia de Dios para la claridad.
Y, luego, conocemos muy bien cómo era la actitud de san José ante fenómenos extraordinarios: el nacimiento, después de haber preparado todo con gran cariño. De Nazaret tienen que irse a Belén, donde no encuentran sitio; más aún, tienen que ir corriendo de noche a Egipto, huyendo. Él, que había escuchado del Ángel que ese Niño es el que salvará a su pueblo de los pecados. Sin embargo, no es capaz de salvarse a sí mismo, tiene que ir huyendo. Con una incertidumbre grande, porque no se le dice: “Vete a Egipto por un tiempo determinado”; sino: “Vete allí hasta que yo te diga”. Podrían ser meses, podrían ser años, podrían ser semanas… Es la disponibilidad ante lo que el Señor nos pide, cuando eso que nos pide comporta una duda especial, concretamente en lo imprevisible, cuando el futuro se pone un poco incontrolable. Pero ahí está la fe, la fe de fiarnos del Señor.
QUE NOS FIEMOS DEL SEÑOR A TRAVÉS DE LOS MEDIOS POR LOS QUE ÉL QUIERE HABLARNOS
También nosotros en muchas ocasiones en nuestra vida encontraremos momentos –probablemente no con un carácter tan extraordinario– en los que de alguna manera tenemos que poner en un primer plano el fiarnos del Señor. Se lo vamos a pedir para todos, especialmente hoy a san José: que nos fiemos del Señor. Y que nos fiemos del Señor a través de los medios por los que Él quiere hablarnos. San José podría haber pensado: “[He tenido] un sueño, he soñado esto, pero ya me lo dirán de un modo claro”.
Una fe grande. Y después, ese volver de Egipto. Obedecer pensando también, poniendo responsabilidad propia, poniendo iniciativa para volverse a Nazaret, en lugar de quedarse en Belén. Es la obediencia de la fe. Fiarnos, fiarnos del Señor. Señor, ayúdanos a fiarnos de ti. A fiarnos de todo lo que nos llega de tu providencia, también cuando es así extraordinaria. Para que sepamos obedecer. Para que sabiendo obedecer por amor, seamos libres.
Una obediencia que no es dejar de pensar. Nuestro Padre [san Josemaría], precisamente refiriéndose a san José, nos decía en una homilía que, en las diversas circunstancias de su vida, el patriarca no renuncia a pensar, ni hace dejación de su responsabilidad. Por eso, nuestra obediencia a los planes de Dios, en lo grande y en lo pequeño, tiene que ser hecha a base de libertad, y por tanto de responsabilidad, de hacer las cosas porque queremos. Porque queremos, y así seremos siempre libres. Cuantas veces lo hemos meditado siguiendo las enseñanzas de nuestro Padre. No somos libres simplemente por la capacidad de poder elegir entre una cosa u otra: somos libres porque podemos amar, porque podemos sentirnos –como decía también nuestro Padre– libres como pájaros. También libres en estas circunstancias en que estamos encerrados por el coronavirus. Somos libres como pájaros, porque podemos amar. Podemos amar y, por tanto, hacer todo, sufrir todo por amor; en consecuencia, porque nos da la gana.
San José es para nosotros también un modelo en lo ordinario, en la monotonía de la vida ordinaria. También nuestro Padre nos dice: ¿qué puede esperar de la vida un habitante de una aldea perdida, como era Nazaret? Solo trabajo todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña para reponer las fuerzas y recomenzar al día siguiente la tarea.
Así es nuestra vida. Un día de trabajo y otro, sin particulares novedades. Pero, ¿qué podemos esperar?, pregunta nuestro Padre. ¿Qué podía esperar san José? Y continúa: el nombre de José en hebreo significa “Dios añadirá”. Y Dios añade a la vida santa de los que cumplen su voluntad dimensiones insospechadas. Lo importante, lo que da su valor a todo, lo divino. Y esta es nuestra vida.
Te damos gracias, Señor, y te pedimos por intercesión de san José, hoy especialmente, que nos hagas entender la grandeza de la vida ordinaria. Eso que tantas veces hemos meditado y que tantas veces necesitamos volver a aprender: la grandeza de la vida ordinaria. Y, concretamente, la grandeza de la vida de trabajo.
LO DIVINO ES ÉL MISMO, LO DIVINO ES SU PRESENCIA, SU GRACIA
Porque Dios, a esa vida nuestra, aparentemente monótona, pone –como decía nuestro Padre– lo divino. Y, ¿qué es lo divino? Lo divino es Él mismo, lo divino es su Presencia, su Gracia; lo divino es la eficacia sobrenatural de nuestro trabajo. Es hacer divino nuestro trabajo, haciendo que sea una realidad santa.
De san José conocemos pocos detalles de su vida, pero podemos imaginar su trabajo en Nazaret. ¿Cómo trabajaría, especialmente con Jesús? Nosotros, Señor, queremos trabajar contigo, queremos que nuestro trabajo diario, corriente, ordinario, tenga también ese añadir lo divino, que sea sobre todo tu presencia. Que trabajemos contigo, Señor. Que sea, con palabras o sin palabras, algo habitual en nuestro día y en nuestro trabajo decirte a ti, Señor: “Jesús, vamos a hacer esto entre los dos”. Es así. Esto nos tiene que dar, por una parte, alegría, seguridad; y también la responsabilidad de que no estamos haciendo algo nuestro, solos, sino que estamos haciendo algo muy de Dios, una colaboración con Jesucristo en todo lo que hacemos.
Fe: la fe de san José. Esperanza: la fe que fundamenta la esperanza. Esa esperanza que, como leemos en la epístola a los Colosenses, está puesta en lo que “nos está reservado en los cielos”. Y ahí tenemos que ver también nuestro trabajo, en la esperanza de lo que “nos está reservado en los cielos”. Y ya ahora, no solo cuando por la gracia y la misericordia de Dios vayamos al Cielo, si somos fieles, sino ya ahora lo que nos está reservado en los cielos es toda la ayuda de Dios, todo el cariño de Dios, todo este mirarnos el Señor amorosamente a todas horas.
¿Cuál es nuestra esperanza? ¿Qué esperamos nosotros durante el día? Tantas cosas. Pero que nuestra esperanza esté en los cielos. Que sea fruto de la fe, la esperanza fruto de la fe. Que estemos siempre esperando, con una segura esperanza, lo divino en nuestra vida.
Y eso también nos dará seguridad ante lo que nos parezca difícil en nuestra propia vida espiritual, que tantas veces -ante la conciencia de la vocación a la santidad- nos podrá parecer imposible, ante la experiencia –tantas veces repetida– de nuestras limitaciones y miserias. Tantas veces nos parecerá imposible la realización de la misión apostólica –transformar este mundo, llevar este mundo a Dios, poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas– tantas veces, humanamente, diremos: “Señor, esto es imposible; pero nosotros, Señor te pedimos, aquí, ante el cuerpo de nuestro Padre, que nos des –como tuvo nuestro Padre– la seguridad de lo imposible”.
Como san José. San José tuvo la seguridad de lo imposible. Y esa seguridad nos hará también imitar a san José en eso que decía nuestro Padre, quien veía en la figura de san José al hombre de la sonrisa permanente y el encogimiento de hombros. Un encogimiento de hombros no de indiferencia, sino de: “Bueno, da igual [lo que ocurra], porque sea lo que sea aquí está la eficacia”.
PODEMOS SIN DUDA IMAGINARNOS SU ROSTRO AMABLE, SU ROSTRO SIMPÁTICO
Y la sonrisa permanente. En el evangelio no vemos la sonrisa de san José, pero podemos -con nuestro Padre- sin duda imaginarnos su rostro amable, su rostro simpático, su rostro lleno de sonrisa permanente que da alegría a los demás, que da seguridad a los demás. Nosotros te pedimos también, Señor, por intercesión de san José, que seamos gente que sabe sonreír, que sepamos sonreír también cuando hay dificultades, cuando encontramos la contrariedad. Sabemos bien, y lo habremos experimentado con cierta frecuencia, lo que decía nuestro Padre: que a veces una sonrisa es la mejor mortificación. Porque a veces cuesta esfuerzo sonreír, porque hay dificultades, hay preocupaciones, hay enfermedad. Puede costar sonreír. Y la sonrisa entonces no es una cosa ficticia. Puede y debe ser profundamente auténtica, porque es ese saber sonreír sabiendo que ahí el Señor está poniendo lo divino en nuestra vida. Y saber sonreír también para ayudar a los demás, para dar seguridad, para dar alegría.
Ante las situaciones difíciles, saber sonreír y saber, sobre todo, rezar. Ayer el Papa Francisco, a propósito de la pandemia, hacía esta invitación: “Invoca siempre a san José, sobre todo en los momentos difíciles, y confía tu existencia a este gran santo”. Pues vamos también ahora, uniéndonos a la oración del Papa, pedirle precisamente a san José, que termine, que abrevie este tiempo difícil para tantísimas personas en todo el mundo.
Fe, esperanza y caridad. El amor. La fe que obra mediante la caridad. Podemos imaginar el cariño de san José por el Niño Jesús, el cariño de san José por la Virgen. Un cariño hecho de servicio, de dedicación, de responsabilidad por sacar adelante esa familia santa.
Y la caridad tiene tanto que ver con la fidelidad, una fidelidad que hoy precisamente queremos con san José, renovar. Decirle al Señor, una vez más se lo decimos ahora: “Aquí estoy, Señor, para lo que quieras”. Además, dándote gracias, porque somos muy conscientes de que este podernos entregar al Señor, este podernos darnos del todo es un gran don que el Señor nos da, que el Señor nos ofrece.
Benedicto XVI en una ocasión decía que la fidelidad a lo largo del tiempo es el nombre del amor. Efectivamente, todo nuestro renovar la fidelidad es el nombre del amor, tiene que ser algo que surge del amor, del querer, del desear la unión con el Señor y, en consecuencia, del querer a los demás, porque nuestra fidelidad a los planes de Dios, la fidelidad a nuestra vocación cristiana, a nuestra vocación a la Obra es amor al Señor, amor a los demás, renovado en el tiempo.
Hoy pedimos, especialmente también ahora, al Señor a través de san José, por la fidelidad de todos, por la renovación de la fidelidad de todos en la Obra. Que todos tengamos muy viva siempre la conciencia de que la fidelidad a la vocación es fidelidad a Jesucristo. Es, sí, fidelidad, a un modo de vida, a una misión, a un espíritu, pero es eso fidelidad a Jesucristo, de tal manera que nos sintamos siempre muy del Señor.
San Pablo dice aquello de: “Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor; por tanto, ya sea que vivamos ya sea que muramos, somos del Señor” (Rom, 14,8).Y esa es nuestra gran identidad. Nuestra identidad es que “somos del Señor”.
Nuestra fidelidad es reafirmar con agradecimiento que “somos del Señor”. Y todo esto también mediante la fidelidad lógicamente al espíritu que hemos recibido de nuestro Padre: hoy es su santo. Es lógico que hoy acudamos también especialmente a su intercesión.
Esta fidelidad nuestra que hoy queremos renovar con una voluntariedad actual, fuerte, es fidelidad a nuestro Padre. Que no veamos a nuestro Padre –no lo vemos así– como una figura pasada de la historia, sí admirable, que nos ha dejado unos escritos estupendos… Que veamos también esta fidelidad como le dijo Pablo VI a don Álvaro, con aquel consejo: “Cuando tenga que decidir algo, piense cómo decidiría el fundador, y así acertará”. Y comentó don Álvaro que le dio mucha alegría ese consejo, pues era lo que estaba ya haciendo desde el primer momento.
Que también la fidelidad nuestra tenga este matiz –para nosotros muy importante– de fidelidad a nuestro Padre: fomentar el interés por conocerle mejor, por conocer mejor su espíritu, sus escritos, su vida, que nos ayudará precisamente a ser más fieles en lo ordinario, en el trabajo, en lo pequeño de cada día, en el hoy y ahora. Y, a la vez, a ser fieles cuando en alguna ocasión se nos presenten, como a San José, circunstancias especiales, particularmente difíciles.
Fidelidad. Fidelidad a lo largo del tiempo es el nombre del amor. Y es así: nuestro amor es amor de correspondencia. Y por eso, gran parte, o más que gran parte objeto muy fundamental de nuestra fe, es la fe en el amor de Dios por nosotros. Para que nuestro amor, nuestra fidelidad sea correspondencia: sabernos queridos por el Señor. Como decía nuestro Padre, lo recordábamos antes, sabernos mirados amorosamente por Dios a todas horas, a todas horas. Que no estamos solos nunca, no solo porque estamos gracias a Dios rodeados de personas que nos quieren: es que está el Señor con nosotros. Está tan con nosotros el Señor que somos algo suyo: Domini sumus.
Por eso la fidelidad tienen que ser una fidelidad llena de alegría. Lo es. Y hoy, al renovar nuestra fidelidad, queremos que sea también una renovación de la alegría con que afrontamos cada cosa que tenemos entre manos, en el trabajo, en las circunstancias actuales tan peculiares por la epidemia. Vivir con alegría.
Vivir con alegría, con esa sonrisa permanente de san José, porque es lo que el Señor quiere. Ser fieles al Señor es también estar contentos. Cuando no estamos contentos no estamos siendo fieles, porque el Señor quiere nuestra alegría: “Que mi alegría esté con vosotros y vuestro gozo sea completo” (Jn 15,11).
Es estupendo pensar que Dios lo que quiere es que estemos contentos, que seamos felices. Y no solo eso, sino que, además, nos da todos los medios para ser felices. Y nos da sobre todo su presencia, su amor, su compañía.
Y con esta fe, con esta esperanza, con esta caridad, con esta correspondencia fiel, queremos que sea una fidelidad apostólica. No puede ser de otra manera. Nuestra identificación con Cristo lleva necesariamente al afán de almas, que de un modo especial ayer pusimos en manos de san José. Y que hoy, con palabras de nuestro Padre, se lo decimos al Señor poniendo por intermediario a san José: “Almas, almas de apóstol, son para ti, para tu gloria”. Vamos a repetirlo mucho, quizá hoy: “Almas, almas de apóstol, son para ti, para tu gloria”. Recorriendo el mundo, porque todo el mundo es nuestro –nos lo ha dado en heredad el Señor–, recorriendo el mundo desde América del Norte, América del Sur, Asia, África, Europa, Oceanía: “Almas, almas de apóstol, son para ti, para tu gloria”.
Terminamos acudiendo con san José, a María, Madre nuestra, y con María y con José a Jesús, a esta trinidad de la tierra (Jesús, María y José): que nos lleven siempre de la mano a la Trinidad del Cielo, a ese Dios nuestro al que pertenecemos. Domini sumus, “somos del Señor”.

martes, marzo 17, 2020

Consejos para vivir la Misa on line.

Gracias https://opusdei.org/es-es/article/consejos-misa-casa/


Seis consejos para vivir bien la Misa online

La cuarentena y el necesario aislamiento de estos días, puede ser una oportunidad para participar diariamente en la Santa Misa. Aunque la gran mayoría no tenemos la posibilidad de ir a la Iglesia sí tenemos más tiempo para seguir cada día la Misa online. Una vez más, la tecnología viene en nuestra ayuda, aunque es lógico que nos cueste un poco más mantener la atención y la piedad. Aquí van unos consejos que pueden ayudarte a seguir con más devoción la Misa online.
DE LA IGLESIA Y DEL PAPA
Opus Dei - Seis consejos para vivir bien la Misa online
También puedes ver los consejos en los destacados de nuestra cuenta de Instagram

1. Mejor no escuches la Misa solo. Si puedes hazlo en familia o con alguno de tus hermanos o hijos. La unión hace la fuerza y te será más fácil concentrarte. Elegid la Misa que mejor os vaya a todos por horario y convierte éste en uno de los momentos familiares del día.
2. Cuida la escenografía: Pon una cruz o una imagen de la Virgen cerca de la TV o el ordenador y enciende una vela aromática si tienes.
3. … y el vestuario: vístete bien para la Misa. Deja el pijama para dormir y el chándal para hacer deporte.
4. Sigue la Misa como si estuvieras en la parroquia: levántate para la lectura del Evangelio, ponte de rodillas para la Consagración, etc. Los gestos son importantes.
5. En el momento de la comunión, reza una comunión espiritual: te puede servir la que rezaba san Josemaría (Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción, con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos), u otra.
6. No tengas prisa: la Misa tiene un valor increíble y precisamente en estos momentos hay muchas cosas por las que rezar. Quédate unos momentos después de la Misa para pedir a Dios por todos los difuntos, los enfermos, el personal sanitario y el Gobierno y por supuesto, por la Iglesia, por el Papa, nuestros obispos y la parroquia.

Y, si quieres profundizar más, puedes leer Entender y vivir la Misa, una explicación de los ritos litúrgicos, paso a paso.

lunes, marzo 16, 2020

En la fiesta de San José.


https://opusdei.org/es-es/article/en-la-fiesta-de-san-jose/

En la fiesta de San José

El 19 de marzo la Iglesia celebra la fiesta del Santo Patriarca, patrono de la Iglesia y de la Obra, fecha en la que en el Opus Dei renovamos el compromiso de amor que nos une al Señor.
DE LA IGLESIA Y DEL PAPA
Opus Dei - En la fiesta de San JoséSan José. Fuente: Cathopic.
“San José es realmente Padre y Señor -afirma el fundador del Opus Dei-, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre”.
El San José Durmiente del Papa Francisco en la Casa de Santa Marta, con los papeles escritos por el propio Papa con sus peticiones.El San José Durmiente del Papa Francisco en la Casa de Santa Marta, con los papeles escritos por el propio Papa con sus peticiones.
Textos y audios sobre San José
• Rezar con el beato Álvaro del Portillo: en la fiesta de san José y Responder con alegría al querer de Dios.
• Mensaje del Prelado (11 marzo 2020): Como preparación para la solemnidad de san José, Mons. Ocáriz nos sugiere acudir a su intercesión como fiel servidor de Dios en relación continua con Jesús.

Textos para meditar sobre la fiesta de San José
• Exhortación Redemptoris Custos, sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia. (San Juan Pablo II, 15 de agosto de 1989)
• Una fidelidad que se renueva: La fiesta de San José pone ante nuestra mirada la belleza de una vida fiel. José se fiaba de Dios: por eso pudo ser su hombre de confianza en la tierra para cuidar de María y de Jesús, y es desde el cielo un padre bueno que cuida de nuestra fidelidad.
• San José en la vida cristiana y en las enseñanzas de san Josemaría: editorial publicado en el nº 59 de Romana, sobre la devoción de san Josemaría a san José.
• Aprender a ser fiel: La fidelidad a una persona, a un amor, a una vocación, es un camino en el que se alternan momentos de felicidad con periodos de oscuridad y duda.
• Dolores y gozos de San José: en formato PDF, con ilustraciones que representan los principales momentos de la vida del Santo Patriarca y de la Sagrada Familia.
• ¿Estuvo casado San José por segunda vez? (Preguntas sobre Jesucristo y la Iglesia).
Imagen de la Sagrada Familia, del retablo del Santuario de Torreciudad (Huesca, España).Imagen de la Sagrada Familia, del retablo del Santuario de Torreciudad (Huesca, España).
Vídeos sobre San José
• En la fiesta de San José: San Josemaría habla en este vídeo sobre la devoción al Santo Patriarca. El Fundador del Opus Dei tenía una gran devoción a San José, y se conmovía ante las muestras populares de ese cariño al padre adoptivo de Jesús, tan extendido en todo el pueblo cristiano.

• Devoción del Papa Francisco a San José: “Yo quisiera también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y tengo en mi escritorio tengo una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de san José para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema”.