lunes, enero 25, 2021

La libertad de los hijos de Dios.

 





La Libertad de los hijos de Dios.                                      Daniel Tirapu

 

 

 

En mis años universitarios en mi alma  mater, Universidad de Navarra, en varias conversaciones con Pedro Lombardía y Alvaro DOrs, les mostré mi perplejidad acerca de la expresión paulina sobre la libertad de los hijos de Dios. Yo no veía demasiada libertad: mi horario, mis obligaciones de Colegio Mayor, miedos, inseguridades, el trato con compañeras de estudios, acercar a mis amigos a Dios, poca discoteca y juerga en el sentido juvenil. No veo esa libertad.

 

Lombardía me dijo que a los 20 años y con compromisos serios en el terreno espiritual y humano era lógico que me faltaba perspectiva, que se adquiere con los años, claro. Con buen humor , me dijo, Tirapu, ustedes parecen todos catedrático de 20 años; saben latín, visten de traje, salen los fines de semana para catequesis, etc. Hablamos de finales de los 70, con la transición y todo aquello, sin ser consciente del momento histórico, que requiere años, experiencia y fracasos y triunfos.

 

Alvaro Dòrs me mostró su preocupación porque entendía que teníamos gran entusiasmo, digamos apostólico, pero que veía en muchos casos que se abandonaba el trabajo serio, la lectura esencial y pausada, la eficacia a corto plazo, las prisas, inquietudes y agobios y oh asombro, me habló de un cierto voluntarismo, si bien sin voluntad no hay nada¸responder a estereotipos, horarios y activismo.

 

Bien , desde el 7 de enero de 2021 soy tío abuelo de dos gemelas y ya con dos tercios de la vida recorridos, sé que he morir  mas no sé cuando ( desde la adolescencia me parecía cruel la muerte, ya que no conozco otra vida, la experiencia de muerte de compañeros de deporte o estudios, me llegaba a producir episodios de pánico; un médico de los 70, de siquiatría en España poco, me dijo que mi nariz era demasiado pequeña para un cuerpo tan poderoso).

 

Quiero decir, que con una cierta perspectiva, muchas horas de oración mental pensando que perdía el tiempo, el Espíritu Santo obra y te ayuda a comprender algo de que lo que es la libertad de los hijos de Dios. Me entrego a Dios, a los demás, en el trabajo en la vida ordinaria, porque me da la gana, porque quiero, en expresión feliz de Josemaría Escrivá. Y se empieza a intuir el sentido de la vida, lo bien que me lo he pasado, tantos amigos y proyectos, tanto cariño recibido y dado. Una vida plena y feliz, sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte ( un poco da). Philippe lo dice muy bien: me machacaba ante Dios como un miserable y resulta que debía verme con la mirada amorosa de Dios por mí y de su Madre, tan Madre. Miedo, no gracias, porque quien teme no es bueno para amar a Dios y a los demás.

 

Formadores de seminarios, instituciones religiosas, parroquias, sacerdotes fomenten una formación seria pero libre y paciente. No se asusten de nada, más ahora. Sepan que una gota de miel es mejor que mil litros de vinagre. Escuchen antes de responder, no hagan juicios demasiado definitivos, sean amables y cariñoso, pacientes. Y entre todos y con la gracia de Dios aprenderemos a ser hijos de Dios, con libertad, libres de ataduras y complejos, conscientes de llevar nuestro tesoro en vasijas de barro.





domingo, enero 24, 2021

Tierno Galván y el crucifijo.

 Tierno Galván ante el crucifijo, un agnóstico honrado y culto. Una persona que muere perdonando, no lo quiten




Recursos para el domingo.

 

Diez recursos para el Domingo de la Palabra de Dios

En el tercer domingo del tiempo ordinario, la Iglesia celebra el “Domingo de la Palabra de Dios”, para que crezcamos en la la familiaridad con la Sagrada Escritura. Ofrecemos diez recursos prácticos y para profundizar.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA
Opus Dei - Diez recursos para el Domingo de la Palabra de Dios

1. «Aperuit Illis»: Domingo de la Palabra de Dios

Carta Apostólica en forma de "Motu proprio" del Santo Padre Francisco "Aperuit Illis" con la que se instituye el Domingo de la Palabra de Dios.

Recursos prácticos

2. La Biblia de la Universidad de Navarra se hace digital (también en edición latinoamericana)

Ya está disponible en las principales plataformas electrónicas la nueva edición digital de la Biblia de la Universidad de Navarra, con más de 38.700 enlaces internos, un peso de sólo 6,6 megabytes y un diseño que permite el fácil manejo de una obra tan extensa.

3. Versión digital gratuita de los Evangelios

El documento de la versión digital de los Evangelios, editada por la Universidad de Navarra, está disponible en versión española y latinoamericana (1,4MB). Puede descargarse en Amazon, iTunes iBooks y Google Play Books.

4. Asistente de voz 'El Evangelio con San Josemaría'

El Evangelio con San Josemaría” es la nueva aplicación para asistentes de voz que permite escuchar el Evangelio del día acompañado de escritos del fundador del Opus Dei relacionados con los versículos. Está disponible en los dispositivos para Alexa y Google Home.

5. Libro electrónico «En las manos de Dios»

El volumen recoge los textos de la serie publicada en esta página web sobre diversos personajes de la Biblia que demostraron su fe en Dios.


Para profundizar en la Palabra de Dios

6. El “Domingo de la Palabra de Dios” y su dimensión litúrgica

A lo largo de los siglos la vida de los santos muestra que hay un ámbito privilegiado donde la Palabra de Dios ejerce su potencia. Este ámbito es la liturgia.

7. «¿Entiendes lo que lees?»: respirar con la Sagrada Escritura (I)

La Sagrada Escritura está llamada a ocupar un lugar central en la vida interior de cada cristiano.

8. Un corazón caldeado por la Palabra: respirar con la Sagrada Escritura (II)

La oración de Jesús estaba profundamente radicada en la Palabra de Dios. Así está llamado también a ser nuestro diálogo con Dios, en plena calle.

9. ¿Por qué ir a Misa el domingo?

¿Por qué la Iglesia nos pide cumplir el precepto de ir a Misa el domingo? No es un deber impuesto desde fuera sino una necesidad para el cristiano. El domingo, día del Señor, es la ocasión propicia para sacar fuerzas de Él, que es el Señor de la vida.

10. Los libros de Dios

En la Sagrada Escritura escuchamos la Palabra de Dios. Para ayudarnos a comprenderla, conviene conocer la tradición de la Iglesia y acudir al Espíritu Santo.


sábado, enero 23, 2021

Cuatro años del Tercer Prelado del Opus Dei.

 


23 enero 2017: Mons. Ocáriz, prelado del Opus Dei

Se cumple el cuarto aniversario de la elección de Mons. Fernando Ocáriz como prelado del Opus Dei. Recogemos dos frases con ocasión de esta fecha, y algunos recursos sobre su elección en 2017.

Opus Dei - 23 enero 2017: Mons. Ocáriz, prelado del Opus Dei

“Que confiemos más en ti, Señor, y menos en nuestras fuerzas. Y cuando experimentemos nuestra debilidad, ayúdanos a estar contentos, sabiendo que precisamente con esa debilidad nos has elegido, porque nos quieres”.
(Homilía, 23 de enero de 2020)

“La Obra es de todos. Por eso, cuando recéis por el Padre, sea quien sea, pensad que estáis rezando por algo muy vuestro”.
(Roma, 23 de enero de 2020)


El Papa Francisco nombra prelado del Opus Dei a Mons. Fernando Ocáriz (23 de enero de 2017)

«Jóvenes, familia y pobreza son los retos de los cristianos de hoy» (Encuentro con periodistas, 24 de enero de 2017)

Homilía de Mons. Fernando Ocáriz en la entrada solemne en la iglesia prelaticia (27 de enero de 2017)

viernes, enero 22, 2021

Meditaciones para el octavario de los cristianos.

 

https://opusdei.org/es-es/article/meditaciones-octavario-unidad-de-los-cristianos/

Meditaciones sobre el octavario por la unidad de los cristianos

Colección de textos para meditar sobre el octavario por la unidad de los cristianos, que la Iglesia celebra del 18 al 25 de enero. Disponibles en libro electrónico (ePub, Mobi y PDF).

TEXTOS PARA ORAR
Opus Dei - Meditaciones sobre el octavario por la unidad de los cristianos

Descargue el libro de meditaciones en formato ePubMobi o PDF.


 Día 1, 18 de enero: La oración de Jesús: "Que sean uno", el origen de la costumbre e importancia de la unidad y reconocer a Cristo en los demás.

 Día 2, 19 de enero: La oración: centro de toda tarea ecuménica; Conversión personal para purificar la memoria; Vías del ecumenismo: diálogo y trabajo en común.

 Día 3, 20 de enero: La unidad dentro de la Iglesia; el orden de la caridad; unidad en la variedad.

 Día 4, 21 de eneroLa Iglesia es santa por su origen y fines; la lucha por la santidad en sus miembros; los santos son un vínculo de unidad.

 Día 5, 22 de enero: la Iglesia es católica y universal por naturaleza; signo de catolicidad es la diversidad en lo opinable; el afán de almas ha de llevarnos a hacernos todo para todos.

 Día 6, 23 de enero: Cristo quiso fundar la Iglesia sobre los apóstoles; todos los cristianos estamos llamados a ser apóstoles; apostolado ad fidem y ad gentes.

 Día 7, 24 de enero: Cristo elige a san Pedro y a sus sucesores; el Romano Pontífice afirma la catolicidad en la unidad; unión al Papa también es unión a su magisterio.

 Día 8, 25 de enero: La gracia de Dios convierte a Pablo; el Señor cuenta con nosotros, como contó con san Pablo; san Pablo es un modelo para alcanzar la unidad.https://opusdei.org/es-es/article/meditaciones-octavario-unidad-de-los-cristianos/

martes, enero 19, 2021

Patatas y carros de fuego,mensaje de San Josemaria.

 

Carros de fuego y el secreto de pelar patatas

Artículo publicado en L'Osservatore Romano el 9 de enero de 2021, en el que el mensaje de san Josemaría sobre la santificación de la vida cotidiana se relaciona con "Carros de fuego", la película ganadora del Óscar.

REVISTA DE PRENSA
Opus Dei - Carros de fuego y el secreto de pelar patatas

El 40 aniversario del estreno en salas de Carros de fuego, dirigida por Hugh Hudson, que sorprendentemente ganó cuatro premios Óscar, incluyendo uno por "Mejor Película", es una excelente oportunidad para verla de nuevo y disfrutarla, quizás con toda la familia.

La historia (verdadera) es más que conocida, y convenció al gran productor David Puttnam (Misión, Gritos de silencio, Memphis Belle, La guerra de los botones) de inmediato: un grupo de atletas británicos liderados por el inglés (de origen judío) Harold Abrahams y el escocés Eric Liddell se reúne a principios de los años 20 y logra triunfar en los Juegos Olímpicos de París de 1924, no sin que los jóvenes estudiantes tengan que superar difíciles obstáculos internos y externos. En primer lugar, el racismo latente de aquellos años, que afecta a Abrahams y a su carácter introvertido (un tema que se aborda sin ceder a la corrección política simplista tan en boga hoy en día); después, la insistencia de la familia misionera, que querría que Liddell se fuera como misionero a China sin “perder el tiempo” con el atletismo.

Uno de los puntos centrales de la película es la fe (“la fe puede compararse con una especie de carrera”, dice Liddell, citando a san Pablo), y en particular la forma de vivirla de forma natural en la vida cotidiana.

En la difícil elección entre entrenar para las Olimpiadas o abandonar todo por la misión, Liddell le dice a su hermana: “Jenny, creo que Dios me creó con un propósito, pero también me hizo rápido. Y cuando corro me siento en paz con Él”. Esta frase se hace eco de otra mencionada unos minutos antes: “Puedes glorificar a Dios pelando una patata, siempre que la peles perfectamente”.

Y aquí hay una pequeña sorpresa. Una de las frases más evocadoras con las que el fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer -cuyo aniversario de nacimiento celebramos hoy-, explicó en qué consiste la santificación en la vida cotidiana dice así: Me escribes en la cocina, junto al fogón. Está comenzando la tarde. Hace frío. A tu lado, tu hermana pequeña —la última que ha descubierto la locura divina de vivir a fondo su vocación cristiana— pela patatas. Aparentemente —piensas— su labor es igual que antes. Sin embargo, ¡hay tanta diferencia! —Es verdad: antes “sólo” pelaba patatas; ahora, se está santificando pelando patatas. (Surco, 498)

Es verdaderamente singular que en ambos casos se utilice la imagen de la patata, pero quizás no resulte tan extraño, si se piensa en la simplicidad de la patata como alimento y en la simplicidad de la propuesta de “santificar la vida diaria, el trabajo de cada día”. Simplicidad a nivel de formulación teórica, por supuesto: porque uno de los innumerables méritos de la película es que no pinta a los personajes y situaciones en blanco y negro. Prefiero no decir nada más sobre la historia, para mantener vivo el sabor del descubrimiento para aquellos que aún no la conocen. La película transmite muchas ideas, el crecimiento de los personajes está magníficamente descrito, y la famosa música original de Vangelis une magistralmente cada escena, convirtiéndola en un clásico.

Todos los entrenadores amantes del cine han citado en alguna ocasión Carros de fuego. Muchos profesores lo han usado en sus clases, deportistas se han inspirado en la película a lo largo de los años... Y casi todos ellos, cuando las luces volvieron a encenderse en el auditorio, encontraron que el público tenía ojos brillantes, un fenómeno que Tolkien habría llamado “eucatástrofe”. Y lo mismo puede ocurrirnos a todos nosotros, cuando nos encontramos con una obra de arte fascinante, que es como un viejo amigo que nunca decepciona.

Giovanni De Marchi


El artículo original fue publicado el 9 de enero de 2021 en L'Osservatore Romano. La versión original se puede encontrar aquí.

domingo, enero 17, 2021

Políticos de izquierda o de socialismo duro.

 




Papa Francisco, ante todo hermanos.

 


Hermanos que miran al padre

El Papa Francisco habla con frecuencia de la necesidad de generar una mayor unidad entre las distintas generaciones. La parábola del hijo pródigo, su hermano mayor y su padre, relatada por Jesús, nos puede ayudar a profundizar en este tema.

Opus Dei - Hermanos que miran al padre

Aquellos últimos días, Jesús había pasado mucho tiempo entre quienes, a ojos de la sociedad, parecían estar más lejos de Dios. El evangelista san Lucas nos cuenta que «todos los publicanos y pecadores» (Lc 15,1) se acercaban a escuchar sus enseñanzas. Este movimiento de gente hizo que quienes presumían de custodiar la ley mosaica empezasen a murmuran entre sí. El maestro, entonces, decide narrar tres parábolas destinadas a purificar la imagen de Dios que ellos tenían, distorsionada muchas veces por una mentalidad legalista que pierde de vista el amor divino. El tercero de estos relatos es el famoso sobre un padre y sus dos hijos (cfr. Lc 15,11-32): el menor, que pide la herencia para malgastarla lejos de su casa, y el mayor, que permanece en el hogar pero sin sintonizar verdaderamente con el corazón de su padre.

El olvido de ambos hijos

Al leer la parábola, podemos suponer que los dos hermanos llevaban mucho tiempo distraídos, alejados de la gratuidad con la que su padre les amaba. El pequeño soñaba con lugares en donde suponía que iba a ser más feliz. A este la dispersión le llegó por la cabeza –tal vez menos amueblada– y por la imaginación –quizá más viva–, hasta convencerse de que podía comprar el amor: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde» (Lc 15,12). El mayor, por su parte, había adormecido su corazón porque aparentemente cumplía bien sus responsabilidades; estaba satisfecho, no daba disgustos a su padre. Sin embargo, por alguna rendija se había colado el frío en su alma. Quizá se había ido enredando en planes que, aunque parecían muy cercanos, no incluían a quien tanto le quería. Al final, ninguno de los dos concebía ­–aunque fuera de manera inconsciente– que era posible alcanzar una auténtica felicidad estando en familia. Mientras el pequeño la buscaba lejos, el mayor la añoraba en una fiesta con sus amigos. Ninguno de los dos imaginaba que podía alcanzar una vida plena junto a su padre.

Aunque, como señala san Juan Pablo II, todos tenemos dentro de nosotros, a la vez, algo de ambos hermanos[1], quizá no sea casualidad que Jesús haya querido hacer explícita la edad de ambos. Puede que el Señor eligiera al mayor para ilustrar actitudes más frecuentes entre personas que llevan mucho tiempo buscando y tratando a Dios. Este hermano, ciertamente, había logrado cumplir con perfección sus tareas. Su padre no podría reprocharle casi nada, así que estaba tranquilo, no debía nada a nadie. Sin embargo, no era del todo feliz. El joven, por su parte, idealista y apasionado, puede representar actitudes más comunes en etapas iniciales de la vida. Tal vez era más vulnerable al atractivo de una libertad que se dirige hacia bienes que finalmente no sacian. Huir, escapar y divertirse puede ser apetecible, pero no se puede rechazar indefinidamente la propia identidad: tarde o temprano aparecen carencias que solo Dios es capaz de colmar. Él tampoco era feliz.

Ambos hermanos vivían en medio de su realidad de manera incómoda. En esa atmósfera era difícil que creciera el amor, que echara sus raíces la ternura, que ambos alcanzaran a ver lo orgulloso que estaba su padre por la vida de ambos y lo mucho que contaba con ellos. Sus sueños estaban desenfocados. Quizá no les cegaba el egoísmo, pero es posible que hubieran cedido a una tentación sutil: preocuparse solo de lo que tenían entre manos, olvidándose de dejarse querer por quien les había dado todo. Tal vez, sin darse cuenta, habían puesto un dique a ese amor. Mientras el joven imaginaba lo que podría hacer lejos de su hogar, el mayor contabilizaba lo que ya había atesorado. Ambos pensaban que tenían un botín, pero en realidad lo estaban guardando en sacos rotos. El mayor aguantaba a la espera del premio que, según él, merecía, mientras el pequeño no quiso esperar y reclamó la herencia. Al final los dos pedían lo mismo: su recompensa.

La alegría paterna de tenerlos cerca

Ambos hermanos, atrapados en sus seguridades, eran incapaces de atisbar siquiera lo que ocurría a muy poca distancia, en el corazón de su padre. Quizá los dos, cada uno a su modo, habían convertido el trato diario con él en una cosa más que hacer. Quizá nos puede suceder algo parecido a nosotros. Tenemos tantas actividades cada día, la mayoría buenas, que podemos agotar nuestra energía en eso. Incluso los momentos en los que queremos dialogar con Dios pueden convertirse simplemente en una tarea más. Al pequeño posiblemente le costaba mucho esa rutina, necesitaba algo más intenso y sensible. El mayor, en cambio, lo había incorporado regularmente a su vida, pero no lo disfrutaba, así que la crisis estaba al caer y es desencadenada por el regreso del pequeño. Ese es el momento en que todos muestran sus cartas.

Entonces, mientras el pequeño no se atreve a pedir nada más que volver como jornalero, aunque fuera el último, nos enteramos de que el mayor no se sentía bien pagado. Pero el padre tiene una jugada maestra: mientras al pequeño lo premia con una fiesta como nunca antes se había celebrado, al mayor le recuerda que a él, en realidad, le pertenece todo. El padre trata de reconciliar a sus hijos. No le duele el pecado de uno o de otro por sí mismo sino por lo que ellos sufren: «No lloréis por mí, llorad más bien (…) por vuestros hijos» (Lc 23,28). El padre los pone frente a frente para que aprendan a quererse con el amor con que él los ama.

Romper nuestra burbuja y mirar cómo se conmueve el Señor es volver a la casa paterna; reconocer que, más que una tarea, la relación con nuestro Padre Dios es un don. Ninguno de los dos había sido capaz de apreciar ese derroche de ternura hasta que ambos comprueban el frío que hiela y la soledad que abruma. Bastó un pequeño gesto para que comprendieran cómo son amados: «Corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos» (Lc 15,20); «hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo» (Lc 15,31). Su padre se siente orgulloso de ellos aunque no le hayan dado motivos. En las palabras de cada uno que nos trae la parábola vemos solamente lo que ellos hacen, sienten o piensan. En las palabras del padre, al contrario, se plasma la alegría de tenerlos cerca.

San Josemaría era muy consciente de este tipo de situaciones, tan comunes pero a veces ocultas; podemos ansiar el vértigo del hijo menor o estar un poco adormecidos como el hijo mayor. Sin embargo, el fundador del Opus Dei veía en ese trato diario con el padre el más tierno cariño: «Plan de vida: ¿monotonía? Los mimos de la madre, ¿monótonos? ¿No se dicen siempre lo mismo los que se aman? –El que ama está en el detalle»[2]. A través de esos encuentros nos concentramos en el gozo de Dios por tenernos cerca.

Una alianza anhelada

«No es emancipándonos de la casa del Padre como somos libres, sino abrazando nuestra condición de hijos»[3] y, por lo tanto, de hermanos. Puede que el pequeño saliera a buscar a su hermano. Quizá el mayor cedió, entró y terminó abrazando al pequeño a quien seguramente no había dejado de querer. La felicidad no sería completa si la reconciliación con su padre no implicara también el perdón por los agravios, reales o imaginarios, entre hermanos. El Papa Francisco nos ha confiado uno de sus grandes anhelos: «Últimamente llevo en el corazón un pensamiento. Siento que esto es lo que el Señor quiere que yo diga: que se haga una alianza entre jóvenes y mayores»[4]. Al menor le costaba comprender el valor de la perseverancia de su hermano: años y años cumpliendo con su obligación. Al mayor se le hacía incomprensible la insensatez del pequeño. Les pasaba exactamente lo contrario que a su padre, quien no entendía la vida sin sus hijos. Le hacían falta ambos, cada uno con su forma de ser y de querer.

Si hubieran alcanzado a mirarse entre ellos con los ojos paternos, se habrían sentido contemplados de otra forma, porque en esa mirada no caben los juicios ni los reproches. Quizá, con el tiempo, las algarrobas de los cerdos llegarían a ser motivo de bromas familiares. Tal vez el padre organizaría poco después un banquete sorpresa para su hijo mayor y sus amigos, sin más motivo que demostrarle su cariño, e incluso el pequeño ayudaría a prepararlo. Ninguno de los dos acierta a ser feliz hasta que se encuentra con su padre y comprende a su hermano. Aprenden a dejarse querer amándose el uno al otro como son.

Mientras el joven se había centrado en recibir amor, el mayor lo había hecho en cumplir con su parte del trabajo. Ninguna de las dos actitudes es valiosa por sí sola. Cumplir sin amor cansa y desgasta hasta que al final se rompe la cuerda. Por otra parte, querer ser amado sin corresponder es imposible, también así acaba rompiéndose la cuerda. Por eso, su padre les enseña a vivir juntos e integrar fidelidad y amor. ¡Pueden aprender tanto el uno del otro! A través del trato con su padre intuyen cómo se puede hacer las cosas por amor, libremente, porque les da la gana. Nadie como Cristo, verdadero hermano mayor de todos, ha logrado unir ambos aspectos con tanta fidelidad y felicidad. «No ha habido en la historia de la humanidad un acto tan profundamente libre como la entrega del Señor en la Cruz»[5].

Los dos hermanos se necesitan. Separados naufragan en la amargura y su padre sufre. Juntos lo hacen muy feliz. El joven tiene toda la fuerza y el ímpetu de sus deseos de recibir cariño; estrena el amor. «Recuerdo –decía san Josemaría­– que me llevé una alegría cuando me enteré de que en portugués llaman a los jóvenes os novos. Y eso son»[6]. El mayor, por su parte, ha luchado muchas batallas y, aunque al principio no se alegra, su corazón no rechazará la petición de su padre. El pequeño, en el fondo, quizá agradece que su hermano mayor le haya cubierto las espaldas y no haya dejado nunca solo su hogar. Concentrarse en el amor es la solución para ambos: mirar a su padre, recibir su Espíritu, y querer a quien él ama con su misma libertad, porque les da la gana. «El amor de nuestros hermanos y hermanas nos da la seguridad que necesitamos para seguir luchando por querer más a nuestro padre Dios»[7].

* * *

La fuerza para sobrepasar la mezquindad de nuestro corazón podemos obtenerla del banquete en el que aprendemos de verdad a ser hijos: «Quizá, a veces, nos hemos preguntado cómo podemos corresponder a tanto amor de Dios; quizá hemos deseado ver expuesto claramente un programa de vida cristiana. La solución es fácil, y está al alcance de todos los fieles: participar amorosamente en la Santa Misa, aprender en la Misa a tratar a Dios, porque en este Sacrificio se encierra todo lo que el Señor quiere de nosotros»[8]. En Cristo, Hijo único del Padre, ambos son capaces de portarse como hijos y, por lo tanto, como hermanos. Participando juntos en el banquete del ternero cebado, se calzan las sandalias nuevas para recorrer el mundo entero, se visten la túnica limpia que huele a casa y se ponen el anillo de la fidelidad de su padre. Entonces empieza la fiesta en la que no dejarán de cantar ya nunca alabanzas a un padre que les cuida y comprende.

A lo mejor nos ha llamado la atención alguna vez que no aparece la madre de esta familia. No sabemos la razón, pero quizá podemos imaginar que la Virgen María, madre de Dios y madre nuestra, siempre nos ayuda a tener la mirada puesta en al amor del Padre. Para volver a casa, para concentrarnos en lo esencial, nada mejor que dejarnos llevar en el regazo de una madre que nos susurra al oído: «Mira cómo te quiere Dios».

Diego Zalbidea


[1] Cfr. san Juan Pablo II, ex. ap. Reconciliatio et Paenitentia, nn. 5-6.

[2] San Josemaría, Guion de una plática, 22-VIII-1938. Citado en Camino. Edición crítico histórica, Rialp, Madrid, 2004, p. 288.

[3] Mons. Fernando Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 4.

[4] Francisco, prólogo del libro La saggezza del tempo, Marsilio Editori, Venecia, 2018.

[5] Mons. Fernando Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 3.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 31.

[7] Mons. Fernando Ocáriz, Carta pastoral, 1-XI-2019, n. 17.

[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 88.