Que el buen pueblo Chino, te conozca.
Estás en un blog espumoso, intimista, paradójico; de lo humano y de lo divino. No soy mejor que tú... Me propongo hablar a la cara y que me hables a la cara, sin caretas, sin retorno, a quemarropa... blog del Profesor Tirapu
lunes, agosto 09, 2021
domingo, agosto 08, 2021
viernes, agosto 06, 2021
6 de agosto.
La Transfiguración del Señor en el monte Tabor
Textos sobre el origen de la festividad y materiales para orar. Ofrecemos también un vídeo de la Fundación Saxum que describe el monte Tabor.
La solemnidad de la Transfiguración nace, probablemente, de la conmemoración anual de la dedicación de una basílica en honor a este misterio que se levantó en el Monte Tabor. En el siglo IX la fiesta se introdujo en Occidente y más tarde, durante los siglos XI y XII, comenzó a celebrarse también en Roma, en la basílica vaticana. Fue incorporada al Calendario romano por el Papa Calixto III (1457) en agradecimiento por la victoria de las tropas cristianas frente a los turcos en la batalla de Belgrado, el 6 de agosto de 1456.
En el Oriente cristiano la Transfiguración de nuestro Dios y Salvador Jesucristo es una de las solemnidades más grandes del año, junto con la Pascua, la Navidad y la Exaltación de la Santa Cruz. En ella se expresa toda la teología de la divinización mediante la gracia, de la naturaleza humana que, revistiéndose de Cristo, es iluminada por el esplendor de la gloria de Dios. Unidos a Jesús, señala el oficio de lecturas del rito romano, «brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen»[1]
Con Pedro, Santiago y Juan, en esta fiesta se nos invita a poner a Jesús en el centro de nuestra atención: «Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle»[2]. Hemos de oírlo, y dejar que su vida y enseñanzas divinicen nuestra vida ordinaria. Así rezaba san Josemaría: «Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos. Háblanos; estamos atentos a tu voz. Que tu conversación, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte»[3].
Escuchar al Señor con la disposición sincera de identificarse con Él nos lleva a aceptar el sacrificio. Jesús se transfigura «para quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz»[4], para ayudarles a sobrellevar los momentos oscuros de su Pasión. Cruz y gloria están íntimamente unidas. De hecho, se fijó el 6 de agosto como fiesta de la Transfiguración en relación a la Exaltación de la Santa Cruz: entre ambas celebraciones transcurren cuarenta días que, en algunas tradiciones, conforman como una segunda cuaresma. Así, la Iglesia bizantina vive este periodo como un tiempo de ayuno y de contemplación de la Cruz.
José Luis Gutiérrez
Extracto del texto: Las Fiestas del Señor durante el tiempo ordinario (II)
[1] Anastasio Sinaíta, Sermón en el día de la Transfiguración del Señor(Lectio altera del Oficio de lecturas de la Liturgia de las Horas del 6 de agosto).
[2] Mt 17, 5.
[3] San Josemaría, Santo Rosario, cuarto misterio de luz.
[4] Misal Romano, Prefacio de la Transfiguración del Señor.
Monte Tabor: basílica de la Transfiguración (de la serie "Huellas de nuestra fe").
Evangelio del día y comentario.
Evangelio de San Mateo en el que se relata la Transfiguración del SeñorTextos de san Josemaría sobre la Transfiguración del Señor
Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz (Mt 17,2). ¡Jesús: verte, hablarte! ¡Permanecer así, contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca, nunca, en esa contemplación! ¡Oh, Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera para quedar herido de amor a Ti!
Y una voz desde la nube dijo: Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco; escuchadle (Mt 17, 5). Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos. Háblanos; estamos atentos a tu voz. Que tu conversación, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte.
“Vultum tuum, Domine, requiram” (Ps. 26, 8), buscaré, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos, y pensar que llegará el momento, cuando Dios quiera, en que podré verle, no como en un espejo, y bajo imágenes oscuras... sino cara a cara (I Cor. 13, 12). Sí, mi corazón está sediento de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo vendré y veré la faz de Dios? (Ps. 41,3)
Santo Rosario, Apéndice, 4º misterio de Luz
Nunca compartiré la opinión —aunque la respeto— de los que separan la oración de la vida activa, como si fueran incompatibles.
Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura.
Nuestra condición de hijos de Dios nos llevará —insisto— a tener espíritu contemplativo en medio de todas las actividades humanas —luz, sal y levadura, por la oración, por la mortificación, por la cultura religiosa y profesional—, haciendo realidad este programa: cuanto más dentro del mundo estemos, tanto más hemos de ser de Dios.
Persuadíos de que no resulta difícil convertir el trabajo en un diálogo de oración. Nada más ofrecérselo y poner manos a la obra, Dios ya escucha, ya alienta. ¡Alcanzamos el estilo de las almas contemplativas, en medio de la labor cotidiana! Porque nos invade la certeza de que Él nos mira, de paso que nos pide un vencimiento nuevo: ese pequeño sacrificio, esa sonrisa ante la persona inoportuna, ese comenzar por el quehacer menos agradable pero más urgente, ese cuidar los detalles de orden, con perseverancia en el cumplimiento del deber cuando tan fácil sería abandonarlo, ese no dejar para mañana lo que hemos de terminar hoy: ¡Todo por darle gusto a Él, a Nuestro Padre Dios! Y quizá sobre tu mesa, o en un lugar discreto que no llame la atención, pero que a ti te sirva como despertador del espíritu contemplativo, colocas el crucifijo, que ya es para tu alma y para tu mente el manual donde aprendes las lecciones de servicio.
Si te decides —sin rarezas, sin abandonar el mundo, en medio de tus ocupaciones habituales— a entrar por estos caminos de contemplación, enseguida te sentirás amigo del Maestro, con el divino encargo de abrir los senderos divinos de la tierra a la humanidad entera. Sí, con esa labor tuya contribuirás a que se extienda el reinado de Cristo en todos los continentes. Y se sucederán, una tras otra, las horas de trabajo ofrecidas por las lejanas naciones que nacen a la fe, por los pueblos de oriente impedidos bárbaramente de profesar con libertad sus creencias, por los países de antigua tradición cristiana donde parece que se ha oscurecido la luz del Evangelio y las almas se debaten en las sombras de la ignorancia... Entonces, ¡qué valor adquiere esa hora de trabajo!, ese continuar con el mismo empeño un rato más, unos minutos más, hasta rematar la tarea. Conviertes, de un modo práctico y sencillo, la contemplación en apostolado, como una necesidad imperiosa del corazón, que late al unísono con el dulcísimo y misericordioso Corazón de Jesús, Señor Nuestro.
miércoles, agosto 04, 2021
Intercesores del Opus Dei.
Libro electrónico “Los intercesores del Opus Dei”
San Nicolás de Bari; San Juan María Vianney, santo cura de Ars; San Pío X; Santo Tomás Moro y Santa Catalina de Siena son los cinco santos intercesores de la Obra. En este libro se relata cómo fueron elegidos y las cuestiones encomendadas a cada uno.

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En la presentación del artículo de Studia et Documenta que ahora ofrecemos traducido, actualizado y en forma de libro electrónico, Federico M. Requena, del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer (ISJE) se preguntaba: “¿De qué modo se llegó a la aparición de la figura del «intercesor» en el Opus Dei? ¿Cómo y cuándo se eligió a cada uno de esos santos, que en su conjunto forman un grupo ciertamente heterogéneo? ¿Por qué el fundador nombró intercesores del Opus Dei a un papa italiano, que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX; a un sacerdote secular francés del s. XIX; a un político inglés, padre de familia y conocida figura pública en la Inglaterra del s. XVI; a un obispo del Asia Menor que vivió entre los siglos III y IV; y, finalmente, a una mujer, terciaria dominica italiana, del s. XIV?”. Y él mismo se respondía: “Los cinco artículos del monográfico que ahora se introduce responden con detalle a estas preguntas”.
Enrique Muñiz, encargado de la edición, explica que “además de las necesarias traducciones, pues en la versión original el artículo sobre el cura de Ars estaba en francés, el de san Pío X en portugués, el de santo Tomás Moro en inglés y el de santa Catalina en italiano, los cambios con respecto al artículo de Studia et Documenta son los mínimos imprescindibles: una revista científica tiene muchas notas y un nivel de erudición que no siempre resulta atractivo para el público general, pero en este caso los artículos son breves, y están escritos desde puntos de vista variados, con una mezcla muy sugerente de información sobre el intercesor y las circunstancias en las que san Josemaría le tuvo devoción y decidió su nombramiento. Por otra parte, al ofrecer todas las notas al final y no al pie de cada página, se respeta el riguroso planteamiento original a la vez que se facilita una lectura más ágil”.
Es notable la diversidad de especialidades y de nacionalidades de los autores que han colaborado. Tres son profesores en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma: Johannes Grohe, profesor de Historia de la Iglesia en la Edad Media y especialista en Historia de los Concilios -dirige la revista Annuarium Historiae Conciliorum-, se ha ocupado de la figura de Catalina de Siena. Laurent Touze, profesor de Historia de la Espiritualidad y director del Departamento de Teología Espiritual de la Facultad de Teología, ha escrito sobre su compatriota Juan Bautista María Vianney; Miguel de Salis, profesor de Eclesiología de la misma Facultad y consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, aborda la figura de Pío X. Fuera de ese ámbito académico romano hay que situar a Andrew Hegarty, investigador en la Universidad de Oxford y director del Thomas More Institute (Londres), que escribe sobre el santo y político inglés; y, finalmente, a José Miguel Pero-Sanz, durante cuatro décadas director de la revista Palabra y autor de un libro sobre san Nicolás de Bari, que aborda la figura del obispo de Myra.
Portada del libro “Los intercesores del Opus Dei”En otro momento de la citada presentación, Federico M. Requena recoge algunos ejemplos sobre los santos intercesores: “es posible encontrar citados por el cardenal Roncalli, por Juan Pablo II y recogidos en el Catecismo de la Iglesia Católica, los episodios de la vida del cura de Ars que más impresionaron a san Josemaría. Otro ejemplo: en 1967, Pablo VI anunció su intención de nombrar a Catalina de Siena doctora de la Iglesia, lo que se hizo efectivo en 1970. Juan Pablo II la nombró patrona de Europa en 1990 y, diez años más tarde, nombró a Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos”.
Y termina: “Las páginas que siguen ponen de relieve que historias como la puesta en marcha de la Academia DYA, primera manifestación externa e institucional del apostolado del Opus Dei; la construcción de la sede central en Roma; los inicios y la consolidación de la Universidad de Navarra; el intento de hacer comprender la libertad personal de los miembros que actuaban en política durante el régimen de Franco; las relaciones con numerosos obispos de diversos países; la solución jurídico-institucional adecuada a la realidad del Opus Dei; el intento de conjugar claridad y caridad para mantener la fidelidad a la doctrina, al tiempo que se aprovechaban los vientos renovadores del Concilio Vaticano II, etc., todas estas historias, repito, estuvieron ligadas también al relato sobre los intercesores que ahora se aborda.
Con mucho más detalle se pueden seguir cada uno de estos temas en los artículos que siguen. No me queda más, por tanto, que invitar a su lectura”.







