martes, septiembre 30, 2025

sic.

 

30 de septiembre de 2025
“Ayúdales sin que lo noten”
El pensamiento de la muerte te ayudará a cultivar la virtud de la caridad, porque quizá ese instante concreto de convivencia es el último en que coincides con éste o con aquél...: ellos o tú, o yo, podemos faltar en cualquier momento. (Surco, 895)

Me dirás, quizá: ¿y por qué habría de esforzarme? No te contesto yo, sino San Pablo: el amor de Cristo nos urge. Todo el espacio de una existencia es poco, para ensanchar las fronteras de tu caridad. Desde los primerísimos comienzos del Opus Dei he manifestado mi gran empeño en repetir sin descanso, para las almas generosas que se decidan a traducirlo en obras, aquel grito de Cristo: en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros. Nos conocerán precisamente en eso, porque la caridad es el punto de arranque de cualquier actividad de un cristiano. (…)

Querría haceros notar que, después de veinte siglos, todavía aparece con toda la fuerza de la novedad el Mandato del Maestro, que es como la carta de presentación del verdadero hijo de Dios. A lo largo de mi vida sacerdotal, he predicado con muchísima frecuencia que, desgraciadamente para tantos, sigue siendo nuevo, porque nunca o casi nunca se han esforzado en practicarlo: es triste, pero es así. Y está muy claro que la afirmación del Mesías resalta de modo terminante: en esto os conocerán, ¡en que os amáis los unos a los otros! Por eso, siento la necesidad de recordar constantemente esas palabras del Señor. San Pablo añade: llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo. Ratos perdidos, quizá con la falsa excusa de que te sobra tiempo... ¡Si hay tantos hermanos, amigos tuyos, sobrecargados de trabajo! Con delicadeza, con cortesía, con la sonrisa en los labios, ayúdales de tal manera que resulte casi imposible que lo noten; y que ni se puedan mostrar agradecidos, porque la discreta finura de tu caridad ha hecho que pasara inadvertida. (Amigos de Dios, 43-44)

viernes, septiembre 26, 2025

Naamán.

 

Namán, el sirio

 

 

Daniel Tirapu


Naamán, el sirio.

 

 

 

 

 

Leyendo el libro del Papa Benedicto sobre Jesús me doy cuenta que por cristiano soy judío. Antiguo y nuevo testamento están hilvanados de modo prodigioso. Soy cristiano, por la gracia de Dios, que no es una religión de un pueblo, de una etnia, de una raza, pero que asume al Pueblo de Dios judío. La lectura que trata de Naamán el sirio , un ministro importante, aquejado de lepra que acude a Eliseo, profeta de Israel, para que en nombre de su Dios le cure. Eliseo le dice que se bañe siete veces en el Jordán. Naamán duda, ¿que tendrá este río que no tenga otro, siete veces? En nuestra vida pasa igual, esos siete baños son los sacramentos.

Por qué confesar, si ya he aprendido de mis errores, si lo he pasado incluso mal, ¿eso es todo lo que me ofreces, un río vulgar? Pero Naamán obedece, se fía y su piel volvió a ser la de un niño. No esperemos fórmulas magistrales, cosas raras o difíciles, creer y obedecer, no es fácil por el maldito yo que todo lo quiere entender, probar, comprobar.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

 

sic.

 

26 de septiembre de 2025
“El que ama a Dios se da él mismo”
El tiempo es nuestro tesoro, el “dinero” para comprar la eternidad. (Surco 882)

¡Qué pena vivir, practicando como ocupación la de matar el tiempo, que es un tesoro de Dios! No caben las excusas, para justificar esa actuación. Ninguno diga: dispongo sólo de un talento, no puedo lograr nada. También con un solo talento puedes obrar de modo meritorio. ¡Qué tristeza no sacar partido, auténtico rendimiento de todas las facultades, pocas o muchas, que Dios concede al hombre para que se dedique a servir a las almas y a la sociedad!

Cuando el cristiano mata su tiempo en la tierra, se coloca en peligro de matar su Cielo: cuando por egoísmo se retrae, se esconde, se despreocupa. El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, lo que es, al servicio de Cristo: se da él mismo. No ve -con mirada rastrera- su yo en la salud, en el nombre, en la carrera. (Amigos de Dios, 46)

jueves, septiembre 25, 2025

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25 de septiembre de 2025
“No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo”
Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. –Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. (Surco, 883)

No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo: y no exagero. Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de vosotros. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia.

Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 41-42)

miércoles, septiembre 24, 2025

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24 de septiembre de 2025
“Pon todo en las manos de Dios”
Además de su gracia cuantiosa y eficaz, el Señor te ha dado la cabeza, las manos, las facultades intelectuales, para que hagas fructificar tus talentos. Dios quiere operar milagros constantes –resucitar muertos, dar oído a los sordos, vista a los ciegos, posibilidades de andar a los cojos...–, a través de tu actuación profesional santificada, convertida en holocausto grato a Dios y útil a las almas. (Forja, 984)

Tu barca -tus talentos, tus aspiraciones, tus logros- no vale para nada, a no ser que la dejes a disposición de Jesucristo, que permitas que Él pueda entrar ahí con libertad, que no la conviertas en un ídolo. Tú solo, con tu barca, si prescindes del Maestro, sobrenaturalmente hablando, marchas derecho al naufragio. Únicamente si admites, si buscas, la presencia y el gobierno del Señor, estarás a salvo de las tempestades y de los reveses de la vida. Pon todo en las manos de Dios: que tus pensamientos, las buenas aventuras de tu imaginación, tus ambiciones humanas nobles, tus amores limpios, pasen por el corazón de Cristo. De otro modo, tarde o temprano, se irán a pique con tu egoísmo. (Amigos de Dios, 21)

viernes, septiembre 19, 2025

sic.

 

Religión revelada y religión liberal

 

 

Daniel Tirapu


Basílica de San Pedro. Vaticano.

 

 

 

 

 

En la homilía de Escrivá "Amar al mundo apasionadamente" de 1967, dice que todo lo humano noble es divino y que existe un algo divino, que nos toca descubrir a cada uno en las circunstancias más habituales de la vida ordinaria. Santa Teresa hablaba de encontrar a Dios en los pucheros, eso es materialismo cristiano, en ese sentido.

La religión católica es una religión revelada, no de los hombres hacia Dios sino de Dios a los hombres. Jesús concreta, no se limita a un conjunto de bellos pensamientos e ideas: "no te es lícito tener la mujer de tu hermano" dice a Herodes,"vete y no peques más","en verdad os digo el que escandalizare a uno de estos pequeños". Transmite su autoridad a los apóstoles, a la Iglesia, "quien a vosotros oye, a Mí me oye". 

La religión liberal lleva a una religión a medida del usuario: esto me lo creo, esto no, no acepto la doctrina moral de la Iglesia en cuestiones de moral sexual, el cielo sí, el infierno no, etc. Curiosamente podemos comprobar que las instituciones de la Iglesia fieles a la doctrina experimentan un aumento de vocaciones y las más liberales se desmoronan.

No se debe adaptar Dios al mundo, sino el mundo a Dios. Ahí está la conversión. La fe no se impone, pero la religión verdadera bascula sobre la idea de verdad, que es lo que podemos compartir. Lo que yo creo, quiero compartirlo contigo, sabiendo que no soy mejor que tú, que tengo dudas, errores y debilidad. El acto de fe es libre, es una gracia y es razonable, pero es serio, me fío de Dios. Fiat dijo la Virgen, hágase.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

viernes, septiembre 12, 2025

Miedo a la vocación de los hijos.

 

Miedo a la vocación de los hijos

 

 

Daniel Tirapu


 

 

 

 

 

Unos padres cristianos y una comunidad cristiana sana acoge con enorme alegría que uno de sus hijos o hijas quiera ser sacerdote, o religioso o numerario del opus dei o de lo que sea. Es lógico que los padres aconsejen a sus hijos, vean las cosas de tejas abajo.

Pero es curioso que lo que es absoluta libertad para elegir amigos, ropa, diversiones, se convierta en un influjo negativo por arte de birli birloque. Ante críticas de unos hermanos por su hermano con vocación, un padre dijo, aquí tenéis de novia a quien queréis y no hablamos mal de ellas ni de sus familias, lo mismo con mi hijo con vocación.

Cierto que la vida es larga y dura, pero para cualquier cosa que valga la pena.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

 

sic.

 

12 de septiembre de 2025
“Aprender en la Misa a tratar a Dios”
Humildad de Jesús: en Belén, en Nazaret, en el Calvario... —Pero más humillación y más anonadamiento en la Hostia Santísima: más que en el establo, y que en Nazaret y que en la Cruz. Por eso, ¡qué obligado estoy a amar la Misa! (“Nuestra” Misa, Jesús...). (Camino, 533)

Quizá, a veces, nos hemos preguntado cómo podemos corresponder a tanto amor de Dios; quizá hemos deseado ver expuesto claramente un programa de vida cristiana. La solución es fácil, y está al alcance de todos los fieles: participar amorosamente en la Santa Misa, aprender en la Misa a tratar a Dios, porque en este Sacrificio se encierra todo lo que el Señor quiere de nosotros.

Permitid que os recuerde lo que en tantas ocasiones habéis observado: el desarrollo de las ceremonias litúrgicas. Siguiéndolas paso a paso, es muy posible que el Señor haga descubrir a cada uno de nosotros en qué debe mejorar, qué vicios ha de extirpar, cómo ha de ser nuestro trato fraterno con todos los hombres.

El sacerdote se dirige hacia el altar de Dios, del Dios que alegra nuestra juventud. La Santa Misa se inicia con un canto de alegría, porque Dios está aquí. Es la alegría que, junto con el reconocimiento y el amor, se manifiesta en el beso a la mesa del altar, símbolo de Cristo y recuerdo de los santos: un espacio pequeño, santificado porque en esta ara se confecciona el Sacramento de la infinita eficacia. (Es Cristo que pasa, 88)

jueves, septiembre 11, 2025

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11 de septiembre de 2025
"La paz de Cristo en el reino de Cristo"
Un secreto. -Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. -Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. -Después... "pax Christi in regno Christi" -la paz de Cristo en el reino de Cristo. (Camino, 301)

Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante, ya que, por grande que sea el perjuicio o la ofensa que te hagan, más te ha perdonado Dios a ti. (Camino, 452)

Característica evidente de un hombre de Dios, de una mujer de Dios, es la paz en su alma: tiene "la paz" y da "la paz" a las personas que trata. (Forja, 649)

Acostúmbrate a apedrear a esos pobres "odiadores", como respuesta a sus pedradas, con Avemarías. (Forja, 650)

Santa María es –así la invoca la Iglesia– la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: «Regina pacis, ora pro nobis!» –Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... –Te sorprenderás de su inmediata eficacia. (Surco, 874)

miércoles, septiembre 10, 2025

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10 de septiembre de 2025
“La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón!”
Si alguna vez caes, hijo, acude prontamente a la Confesión y a la dirección espiritual: ¡enseña la herida!, para que te curen a fondo, para que te quiten todas las posibilidades de infección, aunque te duela como en una operación quirúrgica. (Forja, 192)

La sinceridad es indispensable para adelantar en la unión con Dios.

–Si dentro de ti, hijo mío, hay un "sapo", ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el "sapo" en la Confesión, ¡qué bien se está! (Forja, 193)

¡Dios sea bendito!, te decías después de acabar tu Confesión sacramental. Y pensabas: es como si volviera a nacer.

Luego, proseguiste con serenidad: «Domine, quid me vis facere?» –Señor, ¿qué quieres que haga?

–Y tú mismo te diste la respuesta: con tu gracia, por encima de todo y de todos, cumpliré tu Santísima Voluntad: «serviam!» –¡te serviré sin condiciones! (Forja, 238)

La humildad lleva, a cada alma, a no desanimarse ante los propios yerros.

–La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón! (Forja, 189)

Si yo fuera leproso, mi madre me abrazaría. Sin miedo ni reparo alguno, me besaría las llagas.

–Pues, ¿y la Virgen Santísima? Al sentir que tenemos lepra, que estamos llagados, hemos de gritar: ¡Madre! Y la protección de nuestra Madre es como un beso en las heridas, que nos alcanza la curación. (Forja, 190)

martes, septiembre 09, 2025

Nuestra Señora de Aránzazu.

 


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9 de septiembre de 2025
“El perdón nos viene de la misericordia de Dios”
Me escribes que te has llegado, por fin, al confesonario, y que has probado la humillación de tener que abrir la cloaca –así dices– de tu vida ante "un hombre". –¿Cuándo arrancarás esa vana estimación que sientes de ti mismo? Entonces, irás a la confesión gozoso de mostrarte como eres, ante "ese hombre" ungido –otro Cristo, ¡el mismo Cristo!–, que te da la absolución, el perdón de Dios. (Surco, 45)

Padre: ¿cómo puede usted aguantar esta basura? -me dijiste, luego de una confesión contrita.

-Callé, pensando que si tu humildad te lleva a sentirte eso -basura: ¡un montón de basura!-, aún podremos hacer de toda tu miseria algo grande. (Camino, 605)

¡Qué poco amor de Dios tienes cuando cedes sin lucha porque no es pecado grave! (Camino, 328)

¡Otra vez a tus antiguas locuras!... Y luego, cuando vuelves, te notas con poca alegría, porque te falta humildad.

Parece que te obstinas en desconocer la segunda parte de la parábola del hijo pródigo, y todavía sigues apegado a la pobre felicidad de las bellotas. Soberbiamente herido por tu fragilidad, no te decides a pedir perdón, y no consideras que, si te humillas, te espera la jubilosa acogida de tu Padre Dios, la fiesta por tu regreso y por tu recomienzo. (Surco, 65)