
Ayer en la Misa, leyeron un texto muy sabroso de una epístola de Santiago. Viene a decir que si oímos la palabra de Dios, pero no la guardamos, es comosi nos miramos en un espejo y al poco tiempo nos olvidamos de quienes y cómo somos. Seguro que en la época de santiago existía ya el alzheimer, y todos tenemos experiencia de lo que nos dice. Qué fácil reconocernos miserables en la oración y saltar minuto y medio después ante otro u otra por una pequeña molestia o detalle o suspicacia. Santiago habla de nuestras lenguas como de fieras indomables, de mundos de iniquidad. Señor que no me olvide de quién soy, también soy hijo tuyo a pesar de los pesares.
2 comentarios:
También decía Santiago -al principio de su amable carta- que quienes titubean en la fe son como las olas que van y vienen. Esa carta está llena de comparaciones estupendas.
Pues sí, una carta buenisima para meditarla en oración con el Señor.
Sinre, estais en mis oraciones amigo.
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