
La muerte es un duro trago, siempre. Pero cuando muere un chico de 26 años, deportista de élite, de vida sana el impacto es brutal. Los gobiernos no paran de decirnos que hagamos dieta, que no fumemos, que si el oliva, que si el ejercicio físico, que la obesidad, que si la soja mejor que la leche. Pero también se muere con 26 años. Los médicos han dicho que no se saben las causas de estas muertes súbitas. Y eso te paraliza. Todos están desolados, lo estamos, pero no he oido ni una sola referencia a Dios, al sentido de la vida, a nuestra meta final. Hemos de cuidar de nuestra vida, que es un don y eso incluye el cuidado del cuerpo, de la salud física que muchas veces repercute en la salud espiritual. La meditación de los novísimos, muerte-juicio-premio-castigo, ha hecho a muchas personas orientar su vida. " Al final el que se salva sabe y el que no ,no sabe nada", dice un dicho popular. Somos muy limitados, casos como el de Dani nos lo ponen de manifiesto. Pero somos barro y soplo divino, y ese soplo divino no se muere nunca. Jesús quiso pasar por una muerte verdadera, para resucitar y darnos la esperanza de que ese trago no es un adiós sino un hasta luego. San Josemaría Escrivá decía que Dios no es un cazador, sino un jardinero que cuando la flor está bella y madura se la lleva con El. Descansa en paz Dani.