sábado, septiembre 11, 2010

De granos y de madres.



Se levantó con un grano en la nariz. Lo vio claramente en el espejo. Uno a uno hasta 18, le dijeron que tenía un grano en la nariz. Fue a comer a casa de su madre. Su madre le dio un beso y no le dijo nada. A los cinco segundos, su madre le dio un tubo de crema: "toma, para el grano". No me digáis que tengo un grano, dadme crema para el grano.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

D. Sinretorno yo le daría crema o pomada. Eso es una madre, sí segnor....

Javier Vicens y Hualde dijo...

Preciosa parábola don Sinretorno. ¡Gracias!

Anónimo dijo...

Como una madre no hay nada.Cuando eres mayor te das cuenta cuántas pomadas etc nos ha dado.Cuánto amor a cambio de nada¡Y nosotros los hijos qué crueles,egoistas,flojos etc,etc-Perdón,perdón´perdón.

gioconda dijo...

Si muy bueno pero lo peor es cuando no tienes ya madre que te tienes que buscar "la pomada" por tu cuenta.

mar dijo...

A la gente le gusta mucho bla, bla, bla, pero pocos te tienden la mano.

Anónimo dijo...

En los pequeños detalles es donde saca uno las grandes conclusiones. Está claro que de esas 18 personas ninguna era un verdadero amigo. Ya que el buen amigo hubiera hecho lo mismo que la madre.
Afortunadamente, yo puedo ir a casa de mi madre sin el grano, porque antes un amigo mío, que lo tengo, me ha dado la pomada.
Es muy, muy ,pero muy triste, levantarte por la mañana mirarte al espejo y preguntarte ¿quién me quierea a mi ?en la respuesta del silencio de tu corázón te sientes solo.
Afortuandamente, me levanto por la mañana, me miro en el espejo, y me digo. Yo no estoy solo.
Gracias amigo mío por estar siempre ahí.
Un saludo.

Anónimo dijo...

La madre: el amor incodicional.
El del grano en la nariz (el de la foto será su hermano) ha sembrado poco.
Los 18: no hay ningún buen samaritano.

Javier Vicens y Hualde dijo...

La madre: pues eso, la madre.
El del grano: pues eso, alguien que necesita pomada.
Los que lo ven y comentan "ha sembrado poco"... pasan de largo después de hacer ese amable juicio.
Hay un buen samaritano: Jesús. De sus labios hemos escuchado la parábola. Todos la hemos entendido. Algunos quieren complicar las cosas.