miércoles, julio 06, 2005

Arte de convivir.


Estoy ronco, alguno dice que por el ron, otros por la emoción de estos días vividos.Nacer, crecer, matrimoniar,procreer,educar, envejecer, morir. Lo mismo hoy que hace cinco mil años. He visto amigos que no veía, me emocioné, buena gente, lo que da muchas veces sentido a la vida. He hecho nuevos. Asistí a la Misa en el cincuenta aniversario de mis padres. Lo más cotidiano, lo familiar, lo doméstico, la sangre, los pucheros, se unían al sacrificio de la cruz que es lo más santo que podemos tener. Dios está ahí y le interesan todas nuestras grandes y pequeñas cosas. Las gemelas guapísimas, los sobrinos encantadores, aunque dieron la lata. Alguien podría suponer que todo es perfecto, pues no. Hay que aprender a convivir, que es vivir: educación, ceder, pensar en los demás, no decir cosas que hieren, pasar, no pelear por bobadas, por favor, gracias, perdón, olvidar rápido, no acumular, dejar el baúl de la Piquer, sonreir, reirse de uno mismo. A veces somos más amables con quienes no convivimos, y más duros con los que tenemos más cerca, en parte es lógico porque quienes se quieren se pueden decir cosas más fuertes, pero siempre con cariño, sin voces, sin nervios, hablando. Ahí tengo mucho que mejorar, mucho.

4 comentarios:

hamster dijo...

Es verdad, tengo un amigo que siempre dice "quien bien te quiere te hará llorar" y esto es más verdad...

Karenina dijo...

Hola sinretorno, qué alegría que hayas escrito. Y debo de darte la razón; no sabemos cuidar la convivencia. Creemos que en la confianza del hogar podemos decir lo que nos de la gana, y dejamos la cortesía para la calle. Gran error. Es dentro de casa donde la cortesía debería estar siempre presente, proucrar no faltar al respeto, tener la palabra amable a punto, agradecer cada tarea que se nos facilita...esas cosas hacen que la vida sea un poco más agradable. Enseñemos a nuestros pequeños que el respeto jamás se debe perder dentro de casa. Es el mejor camino para que su convivencia, cuando sean adultos, sea mejor.
Un gran abrazo. Y gracias de corazón por tu ayuda

antonioantoniogb dijo...

A veces huimos del ruido de la discusión, de la tristeza que nos produce el enfado, insulto hiriente, el odio en superficie, rojos los pómulos, y el corazón latiendo febrilmente durante momentos que parecen eternos. Todo el día/s molesto. Pensamos que la solución es huir, cambiar a esa familia o ese amigo por otro. Y realmente lo que queremos es no discutir, y vivir alegre. Nada más. No cambiar por eso. Buscamos paraísos donde no los hay. Si tenemos tanto sentido de la reflexión y la crítica deberíamos ser nosotros los que olvidáramos más fácilmente, perdonáramos más rápido, soltáramos el verbo cariñoso primero , teniendo siempre presente que el ser humano es imperfecto. Y que una mala tarde la tiene cualquiera.
Lo difícil es ponerlo en práctica. Estos buenos pensamientos se desvanecen conforme se leen. Evaporándose en la olla express de las buenas intenciones. Y nosotros seguimos como aquel que pedía a Dios paciencia, pero que se la diese ya!
Que tengáis un buen día, campeones

Anónimo dijo...

¡Perdón!