
Con la fiesta de este domingo, el Bautismo del Señor, finaliza el tiempo de Navidad. Por el Bautismo fuimos incorporados a Cristo y a su Iglesia. El cura en la homilía nos leyó una carta educada, de uno que decía que su Bautismo era inválido porque no se había contado con él, que había sido una decisión de sus padres, no suya, y que además pedía que sus datos no constaran en el libro de bautismos de la parroquia. Alegaba solemne que sus derechos constitucionales habían sido violados. El Supremo ya dijo que el asiento en el libro de Bautismos constata un hecho, que fue bautizado, nada más y nada menos. Pero es que puestos, podría denunciar a sus padres por haberle traído al mundo, sin su consentimiento, por haberle enseñado español y no chino o euskera. Un buen amigo me lamentaba que con su mejor disposición no había bautizado a sus hijos, a la espera que de mayores decidan, sus hijos no saben nada de religión y no han optado por nada. "Id y bautizad a las gentes...", dijo a su Iglesia. Demos gracias a Dios por el Bautismo y seamos conscientes de lo que conlleva ese don.










