viernes, enero 23, 2026

Angeles.

 

Ángeles

 

 

Daniel Tirapu


Santos Arcángeles: San Rafael, San Gabriel y San Miguel.

 

 

 

 

Seres espirituales, sin materia, creados por Dios para darle gloria y para ayudar a los hombres y las mujeres. Millones, miríadas, adorando a Dios en todos los sagrarios. Conviene pedirle favores espirituales y también materiales. Creo que cualquiera de nosotros ha tenido alguna experiencia especial en este sentido.

Rezar al ángel para encontrar aparcamiento (ojo, no siempre funciona). Yo me acuerdo de un episodio muy concreto: estábamos cuatro con 18 años en Londres, debíamos tomar un tren y luego el avión. No teníamos mucha idea de por dónde ir, ni dinero para taxi. Un ford cortina conducido por un paquistaní se paró, le faltaban tres dedos y nos habló en español. Montamos en el coche y nos dejó en la estación tres minutos antes de tomar el tren. No nos llamó la atención, pero aquello no tenía mucha explicación. ¿Por qué paró, en español?. Podíamos haber sido secuestrados.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

 

sic.

 

23 de enero de 2026
“Consummati in unum”
A quienes aspiran a la unidad, hemos de colocarles frente a Cristo que ruega para que estemos consummati in unum, consumados en la unidad. El hambre de justicia debe conducirnos a la fuente originaria de la concordia entre los hombres: el ser y saberse hijos del Padre, hermanos. (Es Cristo que pasa, 157)

¡Triste ecumenismo el que está en boca de católicos que maltratan a otros católicos! (Surco, 643)

Una vez comenté al Santo Padre Juan XXIII, movido por el encanto afable y paterno de su trato: "Padre Santo, en nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad". Él se rió emocionado, porque sabía que, ya desde 1950, la Santa Sede había autorizado al Opus Dei a recibir como asociados Cooperadores a los no católicos y aun a los no cristianos.

Son muchos, efectivamente –y no faltan entre ellos pastores y aun obispos de sus respectivas confesiones–, los hermanos separados que se sienten atraídos por el espíritu del Opus Dei y colaboran en nuestros apostolados. Y son cada vez más frecuentes –a medida que los contactos se intensifican– las manifestaciones de simpatía y de cordial entendimiento a que da lugar el hecho de que los socios del Opus Dei centren su espiritualidad en el sencillo propósito de vivir responsablemente los compromisos y exigencias bautismales del cristiano. El deseo de buscar la perfección cristiana y de hacer apostolado, procurando la santificación del propio trabajo profesional; el vivir inmersos en las realidades seculares, respetando su propia autonomía, pero tratándolas con espíritu y amor de almas contemplativas; la primacía que en la organización de nuestras labores concedemos a la persona, a la acción del Espíritu en las almas, al respeto de la dignidad y de la libertad que provienen de la filiación divina del cristiano. (Conversaciones, 22)

jueves, enero 22, 2026

sic.

 

22 de enero de 2026
“Estad alegres, siempre alegres”
El dolor entra en los planes de Dios. Es la realidad, aunque nos cueste entenderla. Nadie es feliz, en la tierra, hasta que se decide a no serlo. Así discurre el camino: dolor, ¡en cristiano!, Cruz; Voluntad de Dios, Amor; felicidad aquí y, después, eternamente. (Surco, 52)

«Servite Domino in laetitia!» –¡Serviré a Dios con alegría! Una alegría que será consecuencia de mi Fe, de mi Esperanza y de mi Amor..., que ha de durar siempre, porque, como nos asegura el Apóstol, «Dominus prope est!»... –el Señor me sigue de cerca. Caminaré con Él, por tanto, bien seguro, ya que el Señor es mi Padre..., y con su ayuda cumpliré su amable Voluntad, aunque me cueste. (Surco, 53)

Un consejo, que os he repetido machaconamente: estad alegres, siempre alegres. –Que estén tristes los que no se consideren hijos de Dios. (Surco, 54)

miércoles, enero 21, 2026

sic.

 

21 de enero de 2026
“¿Estás triste, hijo mío?”
Nunca te desanimes si eres apóstol. -No hay contradicción que no puedas superar. -¿Por qué estás triste? (Camino, 660)

La verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente alegre. (Camino, 657)

Si salen las cosas bien, alegrémonos, bendiciendo a Dios que pone el incremento. -¿Salen mal? -Alegrémonos, bendiciendo a Dios que nos hace participar de su dulce Cruz. (Camino, 658)

Para poner remedio a tu tristeza me pides un consejo. -Voy a darte una receta que viene de buena mano: del apóstol Santiago. -"Tristatur aliquis vestrum?" -¿Estás triste, hijo mío? -"Oret!" -¡Haz oración! -Prueba a ver. (Camino, 663)

No estés triste. -Ten una visión más... "nuestra" -más cristiana- de las cosas. (Camino, 664) "Laetetur cor quaerentium Dominum" -Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.

-Luz, para que investigues en los motivos de tu tristeza. (Camino, 666)

martes, enero 20, 2026

sic.

 

20 de enero de 2026
“No te cause pena ser nada”
No te duela que vean tus faltas; la ofensa de Dios y la desedificación que puedas ocasionar, eso te ha de doler. –Por lo demás, que sepan cómo eres y te desprecien. –No te cause pena ser nada, porque así Jesús tiene que ponerlo todo en ti. (Camino, 596)

A Dios, escribe el Evangelista San Juan, nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, existente en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer, compareciendo ante la mirada atónita de los hombres: primero, como un recién nacido, en Belén; después, como un niño igual a los otros; más adelante, en el Templo, como un adolescente juicioso y despierto; y, al fin, con aquella figura amable y atractiva del Maestro, que removía los corazones de las muchedumbres que le acompañaban entusiasmadas.

Bastan unos rasgos del Amor de Dios que se encarna, y su generosidad nos toca el alma, nos enciende, nos empuja con suavidad a un dolor contrito por nuestro comportamiento, mezquino y egoísta en tantas ocasiones. Jesucristo no tiene inconveniente en rebajarse, para elevarnos de la miseria a la dignidad de hijos de Dios, de hermanos suyos. Tú y yo, por el contrario, con frecuencia nos enorgullecemos neciamente de los dones y talentos recibidos, hasta convertirlos en pedestal para imponernos a los demás, como si el mérito de unas acciones, acabadas con una perfección relativa, dependiera exclusivamente de nosotros: ¿qué posees tú que no hayas alcanzado de Dios? Y si lo que tienes, lo has recibido, ¿de qué te glorías como si no lo hubieses recibido?

Al considerar la entrega de Dios y su anonadamiento -hablo para que lo meditemos, pensando cada uno en sí mismo-, la vanagloria, la presunción del soberbio se revela como un pecado horrendo, precisamente porque coloca a la persona en el extremo opuesto al modelo que Jesucristo nos ha señalado con su conducta. Pensadlo despacio: Él se humilló, siendo Dios. El hombre, engreído por su propio yo, pretende enaltecerse a toda costa, sin reconocer que está hecho de mal barro de botijo. (Amigos de Dios, nn. 111-112)

viernes, enero 16, 2026

Alma e incredulidad.

 

Alma e incredulidad

 

 

Daniel Tirapu


Enfermo.

 

 

 

 

Un famoso médico en el siglo XIX dijo que había hecho más de mil autopsias y que nunca había visto el alma. Estamos en una época de certeza científica, sólo se cree en aquello que se puede demostrar o comprobar empíricamente. Pero no es verdad, vivimos de certezas morales, de fe humana.

Cómo sabes "científicamente" que tu madre te quiere, o que tu marido no te va a fallar, que ella te quiere. Te fías, te comprometes, dices sí ahora aunque no sepas lo que viene después. ¿Qué es un coche? un conjunto de piezas que conforman el coche?, sí, pero más bien es al revés, primero es la idea, el alma, del coche y luego el conjunto de piezas que lo conforman.

Primacía del espíritu sobre lo material. Dicen que otra prueba del alma humana es el dedo gordo de nuestras manos, que ningún animal lo tiene así. Otra idea que te puede ayudar, el ser humano es el único que aunque esté muerto de sed o de hambre si no quiere no bebe o come (ningún animal puede superar ese instinto), libremente. Pues eso, que cuidemos el alma.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

jueves, enero 15, 2026

sic.

 

15 de enero de 2026
“La corrección fraterna”
La práctica de la corrección fraterna –que tiene entraña evangélica– es una prueba de sobrenatural cariño y de confianza. Agradécela cuando la recibas, y no dejes de practicarla con quienes convives. (Forja, 566)

Sed prudentes y obrad siempre con sencillez, virtud tan propia del buen hijo de Dios. Mostraos naturales en vuestro lenguaje y en vuestra actuación. Llegad al fondo de los problemas; no os quedéis en la superficie. Mirad que hay que contar por anticipado con el disgusto ajeno y con el propio, si deseamos de veras cumplir santamente y con hombría de bien nuestras obligaciones de cristianos.

No os oculto que, cuando he de corregir o de adoptar una decisión que causará pena, padezco antes, mientras y después: y no soy un sentimental. Me consuela pensar que sólo las bestias no lloran: lloramos los hombres, los hijos de Dios. Entiendo que en determinados momentos también vosotros tendréis que pasarlo mal, si os esforzáis en llevar a cabo fielmente vuestro deber. No me olvidéis que resulta más cómodo -pero es un descamino- evitar a toda costa el sufrimiento, con la excusa de no disgustar al prójimo: frecuentemente, en esa inhibición se esconde una vergonzosa huida del propio dolor, ya que de ordinario no es agradable hacer una advertencia seria. Hijos míos, acordaos de que el infierno está lleno de bocas cerradas.

(…) Para curar una herida, primero se limpia bien, también alrededor, desde bastante distancia. De sobra sabe el cirujano que duele; pero, si omite esa operación, más dolerá después. Además, se pone enseguida el desinfectante: escuece -pica, decimos en mi tierra-, mortifica, y no cabe otro remedio que usarlo, para que la llaga no se infecte.

Si para la salud corporal es obvio que se han de adoptar estas medidas, aunque se trate de escoriaciones de poca categoría, en las cosas grandes de la salud del alma -en los puntos neurálgicos de la vida de un hombre-, ¡fijaos si habrá que lavar, si habrá que sajar, si habrá que pulir, si habrá que desinfectar, si habrá que sufrir! La prudencia nos exige intervenir de este modo y no rehuir el deber, porque soslayarlo demostraría una falta de consideración, e incluso un atentado grave contra la justicia y contra la fortaleza. (Amigos de Dios, nn. 160-161)

miércoles, enero 14, 2026

sic.

 

14 de enero de 2026
“No deis nunca paso al miedo o a la rutina”
Pasas por una etapa crítica: un cierto temor vago; dificultad en adaptar el plan de vida; un trabajo agobiador, porque no te alcanzan las veinticuatro horas del día, para cumplir con todas tus obligaciones... ¿Has probado a seguir el consejo del Apóstol: “hágase todo con decoro y con orden”?, es decir, en la presencia de Dios, con Él, por Él y sólo para Él. (Surco 512)

¿Y cómo conseguiré -parece que me preguntas- actuar siempre con ese espíritu, que me lleve a concluir con perfección mi labor profesional? La respuesta no es mía, viene de San Pablo: trabajad varonilmente y alentaos más y más: todas vuestras cosas háganse con caridad. Hacedlo todo por Amor y libremente; no deis nunca paso al miedo o a la rutina: servid a Nuestro Padre Dios.

Me gusta mucho repetir -porque lo tengo bien experimentado- aquellos versos de escaso arte, pero muy gráficos: mi vida es toda de amor / y, si en amor estoy ducho, / es por fuerza del dolor, / que no hay amante mejor / que aquel que ha sufrido mucho. Ocúpate de tus deberes profesionales por Amor: lleva a cabo todo por Amor, insisto, y comprobarás -precisamente porque amas, aunque saborees la amargura de la incomprensión, de la injusticia, del desagradecimiento y aun del mismo fracaso humano- las maravillas que produce tu trabajo. ¡Frutos sabrosos, semilla de eternidad!

Sucede, sin embargo, que algunos -son buenos, bondadosos- aseguran de palabra que aspiran a difundir el ideal hermoso de nuestra fe, pero en la práctica se contentan con una conducta profesional ligera, descuidada: parecen cabezas de chorlito. Si tropezamos con estos cristianos de boquilla, hemos de ayudarles con cariño y con claridad; y recurrir, cuando fuere necesario, a ese remedio evangélico de la corrección fraterna: si alguno, como hombre que es, cayere desgraciadamente en alguna falta, al tal instruidle con espíritu de mansedumbre, estando atento con uno mismo, para no caer en la misma tentación. Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo. (Amigos de Dios, nn. 68-69)

martes, enero 13, 2026

sic.

 

13 de enero de 2026
“Que os sepáis perdonar”
¡Con cuánta insistencia el Apóstol San Juan predicaba el “mandatum novum”! –“¡Que os améis los unos a los otros!” –Me pondría de rodillas, sin hacer comedia –me lo grita el corazón–, para pediros por amor de Dios que os queráis, que os ayudéis, que os deis la mano, que os sepáis perdonar. –Por lo tanto, a rechazar la soberbia, a ser compasivos, a tener caridad; a prestaros mutuamente el auxilio de la oración y de la amistad sincera. (Forja, 454)

Jesucristo, Señor Nuestro, se encarnó y tomó nuestra naturaleza, para mostrarse a la humanidad como el modelo de todas las virtudes. Aprended de mí, invita, que soy manso y humilde de corazón.

Más tarde, cuando explica a los Apóstoles la señal por la que les reconocerán como cristianos, no dice: porque sois humildes. Él es la pureza más sublime, el Cordero inmaculado. Nada podía manchar su santidad perfecta, sin mancilla. Pero tampoco indica: se darán cuenta de que están ante mis discípulos porque sois castos y limpios.

Pasó por este mundo con el más completo desprendimiento de los bienes de la tierra. Siendo Creador y Señor de todo el universo, le faltaba incluso el lugar donde reclinar la cabeza. Sin embargo, no comenta: sabrán que sois de los míos, porque no os habéis apegado a las riquezas. Permanece cuarenta días con sus noches en el desierto, en ayuno riguroso, antes de dedicarse a la predicación del Evangelio. Y, del mismo modo, no asegura a los suyos: comprenderán que servís a Dios, porque no sois comilones ni bebedores.

La característica que distinguirá a los apóstoles, a los cristianos auténticos de todos los tiempos, la hemos oído: en esto -precisamente en esto- conocerán todos que sois mis discípulos, en que os tenéis amor unos a otros(Amigos de Dios, 224)

lunes, enero 12, 2026

sic.

 

12 de enero de 2026
“Nunca querrás bastante”
Por mucho que ames, nunca querrás bastante. El corazón humano tiene un coeficiente de dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que supera todas las barreras. Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón. (Via Crucis, 8ª Estación, n. 5)

Fijaos ahora en el Maestro reunido con sus discípulos, en la intimidad del Cenáculo. Al acercarse el momento de su Pasión, el Corazón de Cristo, rodeado por los que Él ama, estalla en llamaradas inefables: un nuevo mandamiento os doy, les confía: que os améis unos a otros, como yo os he amado a vosotros, y que del modo que yo os he amado así también os améis recíprocamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros (Ioh XIII, 34–35.) (...).

Señor, ¿por qué llamas nuevo a este mandamiento? Como acabamos de escuchar, el amor al prójimo estaba prescrito en el Antiguo Testamento, y recordaréis también que Jesús, apenas comienza su vida pública, amplía esa exigencia, con divina generosidad: habéis oído que fue dicho: amarás a tu prójimo y tendrás odio a tu enemigo. Yo os pido más: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian.

Señor, permítenos insistir: ¿por qué continúas llamando nuevo a este precepto? Aquella noche, pocas horas antes de inmolarte en la Cruz, durante esa conversación entrañable con los que -a pesar de sus personales flaquezas y miserias, como las nuestras- te han acompañado hasta Jerusalén, Tú nos revelaste la medida insospechada de la caridad: como yo os he amado. ¡Cómo no habían de entenderte los Apóstoles, si habían sido testigos de tu amor insondable!

Si profesamos esa misma fe, si de verdad ambicionamos pisar en las nítidas huellas que han dejado en la tierra las pisadas de Cristo, no hemos de conformarnos con evitar a los demás los males que no deseamos para nosotros mismos. Esto es mucho, pero es muy poco, cuando comprendemos que la medida de nuestro amor viene definida por el comportamiento de Jesús. Además, Él no nos propone esa norma de conducta como una meta lejana, como la coronación de toda una vida de lucha. Es -debe ser, insisto, para que lo traduzcas en propósitos concretos- el punto de partida, porque Nuestro Señor lo antepone como signo previo: en esto conocerán que sois mis discípulos(Amigos de Dios, nn. 222-223)

viernes, enero 09, 2026

Oración.

 

Opinión

Oración

 

 

Daniel Tirapu


Oración delante del Sagrario.

 

 

 

 

Jesús habló con mucha gente: su Madre, los apóstoles, con multitudes, con judíos, no judíos, con militares, con ladrones, con bebedores, con niños, con mujeres, con Pilatos, con endemoniados. El mismo nos dio ejemplo, pasaba mucho tiempo en oración, noches enteras. Un cristiano debe orar por imitar a Jesús. Nos dijo que donde hubiera dos o más en su nombre, ahí estaría, nos dejó su cuerpo como alimento y en el sagrario para hacerle compañía.

La oración puede ser mental, sin palabras, ni discursos, de mente a mente, de corazón a corazón o vocal, oraciones de la Iglesia especialmente el Padre nuestro, en ambas hay que procurar poner la cabeza en lo que decimos. Es apasionante, Jesús hombre como tú conoce tu corazón, tus cabellos, tus dificultades, tus problemas y circunstancias mejor que tú mismo. Pero te ofrece siempre la posibilidad de que le cuentes, como a un amigo que no falla, lo que preocupa, el sentido de las cosas, tus debilidades, lo que no entiendes, lo que te gusta, lo que no, la muerte, la vida, lo que no puedes y notarás su consuelo, su ánimo, su alegría, su respuesta, porque es Dios.

Podemos hablar con Dios, de tú a tú. Pedirle, adorarle, quejarte, contarle un chiste. Maria guardaba en su corazón los sucesos de su vida con Jesús, que a veces no entendía, guarda en tu corazón y saca un poco de tiempo para hablar con El. Puede que a veces, Dios no es una máquina de cocacola que si le hecho un euro sale, no entiendas, no te sientas escuchado, pero te habla siempre a través de los sucesos, de luces, del ejemplo de los demás. Escrivá decía en CAMINO, que no sabes orar, díselo así y ya estás hablando con El. Rezo por todos los que me leéis y os pido que lo hagáis por mí. Orad los unos por los otros nos aconseja San Pablo.

 

 

Daniel Tirapu
dtirapu@ujaen.es

sic.

 

9 de enero de 2026
“Bendita perseverancia la del borrico”
Si no es para construir una obra muy grande, muy de Dios –la santidad–, no vale la pena entregarse. Por eso, la Iglesia –al canonizar a los santos– proclama la heroicidad de su vida. (Surco, 611)

Si la vida no tuviera por fin dar gloria a Dios, sería despreciable, más aún: aborrecible. (Camino, 783)

Bendita perseverancia la del borrico de noria! -Siempre al mismo paso. Siempre las mismas vueltas. -Un día y otro: todos iguales.

Sin eso, no habría madurez en los frutos, ni lozanía en el huerto, ni tendría aromas el jardín.

Lleva este pensamiento a tu vida interior. (Camino, 998)

¿Que cuál es el secreto de la perseverancia?

El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás. (Camino, 999)

La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. –Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor. (Surco, 2)

¿Que cuál es el fundamento de nuestra fidelidad?

–Te diría, a grandes rasgos, que se basa en el amor de Dios, que hace vencer todos los obstáculos: el egoísmo, la soberbia, el cansancio, la impaciencia...

–Un hombre que ama se pisotea a sí mismo; le consta que, aun amando con toda su alma, todavía no sabe amar bastante. (Forja, 532)

jueves, enero 08, 2026

sic.

 

8 de enero de 2026
“Cristo también vive ahora”
¡Vive junto a Cristo!: debes ser, en el Evangelio, un personaje más, conviviendo con Pedro, con Juan, con Andrés..., porque Cristo también vive ahora: "Iesus Christus, heri et hodie, ipse et in saecula!" –¡Jesucristo vive!, hoy como ayer: es el mismo, por los siglos de los siglos. (Forja, 8)

Es ese amor de Cristo el que cada uno de nosotros debe esforzarse por realizar, en la propia vida. Pero para ser ipse Christus hay que mirarse en Él. No basta con tener una idea general del espíritu de Jesús, sino que hay que aprender de Él detalles y actitudes. Y, sobre todo, hay que contemplar su paso por la tierra, sus huellas, para sacar de ahí fuerza, luz, serenidad, paz.

Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección. En los primeros años de mi labor sacerdotal, solía regalar ejemplares del Evangelio o libros donde se narraba la vida de Jesús. Porque hace falta que la conozcamos bien, que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ningún libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una película; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Señor.

Así nos sentiremos metidos en su vida. Porque no se trata sólo de pensar en Jesús, de representarnos aquellas escenas. Hemos de meternos de lleno en ellas, ser actores. (Es Cristo que pasa, 107)