martes, diciembre 13, 2016

Reacciones de cariño y oración por el Prelado del Opus Dei.




Reacciones ante el fallecimiento del prelado del Opus Dei

El Papa Francisco, instituciones de la Iglesia, cardenales y obispos, e innumerables personas, han expresado su cariño, oración y cercanía ante el fallecimiento de Mons. Javier Echevarría.
DEL PRELADO
Opus Dei - Reacciones ante el fallecimiento del prelado del Opus Dei
• Telegrama del Papa Francisco por el fallecimiento del prelado del Opus Dei.
• Cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española "Él premiará sus grandes desvelos y trabajos por la Iglesia"
• Mons. Juan José Omella, arzobispo de Barcelona El arzobispo de Barcelona reza por el alma de Mons. Javier Echevarría
Mons. Casimiro López Llorente, obispo de Segorbe-Castellón "Acción de gracias por su servicio a la Iglesia"

D. Javier Echevarría, hombre leal y fiel.



Mons. Javier Echevarría: un mosaico de lealtades

He visto ya alguna foto, difundida tras el fallecimiento en Roma del prelado del Opus Dei, en la que aparece junto a san Josemaría Escrivá de Balaguer y el beato Álvaro del Portillo. La imagen acierta a reflejar la realidad de su vida, especialmente a partir de su marcha a Roma desde Madrid, en los primeros años cincuenta.
No se me van hoy de la cabeza unas palabras de don Álvaro del Portillo, el 18 de agosto de 1990 en Solavieya (Asturias), cuando le contaba mi impresión tras el serio ataque de corazón que don Javier Echevarría había sufrido esa tarde.
Durante el camino de Solavieya al hospital, en Oviedo, fuimos casi en silencio. Sólo don Javier, de vez en cuando, decía: “Perdonad la lata que os estoy dando”. Por lo demás, estaba con buen aspecto, sereno, amable, como siempre. Cuando se lo conté a don Álvaro, la reacción del entonces prelado se resumía en unas palabras sencillas: “Será para mucho bien de la Obra”.
La vida de Javier Echevarría muestra que la fidelidad no es algo inerte o apocado, sino que se forja en recia espontaneidad y en variada iniciativa
Pensé que era un modo de sobrenaturalizar la situación, en línea con aquella jaculatoria, síntesis de un texto, que repitió mucho san Josemaría: omnia in bonum (cfr. Rm 8,28). Pero la historia convertiría esas palabras en un texto profético. La correspondiente operación y muchos cuidados, tras aquel infarto de miocardio sufrido en un hombre deportista, relativamente joven, alargaron probablemente muchos años su vida, al servicio de la Iglesia, del Opus Dei, de las almas. Cuatro años después, al fallecer don Álvaro en 1994, sería elegido para sustituirle como prelado, tarea que ha realizado a fondo durante veintidós años más; lógicamente la edad fue deteriorando su salud progresivamente, hasta morir en la fiesta de la Virgen de Guadalupe, a la que tanta devoción tuvo siempre.

Lecciones de fidelidad

Realmente, suceder a dos santos no es tarea nada fácil. Pero había asimilado durante muchos años las lecciones de fidelidad que impartía con rotunda sencillez Álvaro del Portillo. No insistiré. Resultaba obvio, y lo repetirán cuantos escriban estos días. A partir de 1972, cuando se pudieron grabar al fin en película actos presididos por el fundador del Opus Dei, me ocupé provisionalmente de la responsabilidad –no técnica– del montaje de las filmaciones. Recuerdo una de las primeras preguntas del montador, que bien poco sabía hasta entonces del Opus Dei: “¿Quiénes son esos dos sacerdotes que están tan pendientes de monseñor?”. Esta imagen reflejaba un rasgo decisivo de la personalidad de los sucesivos prelados del Opus Dei: su sentido de la fidelidad enteriza respecto del fundador, que don Javier aplicaría luego a su primer sucesor, desde su oficio de secretario general.
La vida de Javier Echevarría es un mosaico de lealtades, como no fue difícil advertir desde que le conocí personalmente un día de septiembre de 1960 en Pamplona. A esa correspondencia fiel a una inequívoca gracia divina, contribuía –pienso– su carácter abierto y extrovertido, su formación intelectual y jurídica, su personalidad enérgica y decidida. Para quienes conocimos su temperamento, resultaba claro que la fidelidad no es algo inerte o apocado; al contrario, se forja en recia espontaneidad y en variada iniciativa.
Así lo observé desde el verano de 1976, comienzo de largos períodos en que tuve la fortuna de colaborar de cerca con los dos sucesores de san Josemaría. He descrito en otros lugares detalles del cariño y afabilidad de don Álvaro. Pero no le iba a la zaga don Javier, con un sentido del humor que me recordaba sus raíces madrileñas.
En la armonía de fortaleza y afecto, de tenacidad y finura se reflejaba otro rasgo característico de su personalidad: el espíritu deportivo
Ese temple, lleno de sosiego y cariño, podría sorprender a quien sólo le hubiera visto en momentos de trabajo o en reuniones colectivas, cuando rebosaba energía y rapidez de movimientos, con sentido de la urgencia, y una gran fortaleza para perseguir los objetivos. Pero también aquí aparecía su fina delicadeza ante don Álvaro del Portillo: estaba dispuesto a cambiar cualquier plan, por ambicioso o apasionante que fuera, si el Padre no lo aprobaba. Bien es verdad –también lo he visto– que don Javier gozaba de toda la confianza por parte del entonces prelado: no en balde era desde 1975 su más firme colaborador y su apoyo más pleno.

Con el espíritu del buen deportista

Repetiré una vez más que tal vez, en esta armonía de fortaleza y afecto, de tenacidad y finura, se reflejaba otro rasgo característico de su personalidad: el espíritu deportivo. Como es natural, aparecía literalmente en los escasos ratos que podía dedicar –merecido e indispensable descanso– a jugar al frontón o al tenis. Me llamaba la atención su buen estilo, propio de quien aprendió en años mozos, pero se advertía –en 1976– que no había podido practicarlo apenas en muchos años, embebido como estaba en llevar adelante el Opus Dei, al lado de Mons. Escrivá y Mons. del Portillo.
Pero todos sus gestos eran los del buen atleta, que pone empeño un día y otro, con tenacidad y alegría, aunque no se vean los resultados: con mayor motivo, en este caso, cuando el deseo de ganar deja paso a la ilusión de que los demás lo pasen bien. Muy en concreto, lo que intentaba, por encima de todo, era que don Álvaro practicara con más facilidad el ejercicio físico que los médicos le habían aconsejado.
También aquí prescindía gustosamente de objetivos personales: como el auténtico deportista, que no busca lucimientos propios, sino el juego del equipo. Bien había aprendido la lección de san Josemaría, que señaló, entre los rasgos centrales del espíritu del Opus Dei, el ascetismo sonriente, el espíritu deportivo en la lucha por practicar las virtudes cristianas. Y, ciertamente, sin pretender nunca logros o glorias humanas, la prelatura ha dado buenos pasos adelante, al servicio de la Iglesia, en estos últimos veintidós años. Don Javier habrá recibido en el cielo la corona incorruptible a que alude san Pablo en el capítulo 10 de la primera carta a los de Corinto: como ese premio que reciben en el estadio los atletas, pero forjado antes a base de esfuerzo y entrega generosa.

Biografía de Javier Echevarría.


http://opusdei.es/es-es/article/biografia-y-fotos-de-mons-javier-echevarria/

Biografía y fotos de Mons. Javier Echevarría

Apuntes biográficos y galería fotográfica de Mons. Javier Echevarría, segundo sucesor de san Josemaría al frente del Opus Dei (1994-2016).
DEL PRELADO
Opus Dei - Biografía y fotos de Mons. Javier Echevarría
Mons. Javier Echevarría nació en Madrid el 14 de junio de 1932. Fue el menor de ocho hermanos. Hizo sus primeros estudios en San Sebastián, en el colegio de los padres marianistas, y continuó su formación en Madrid, en el colegio de los hermanos maristas.
En 1948, conoció a algunos jóvenes del Opus Dei en una residencia de estudiantes. El 8 de septiembre de ese mismo año, sintiéndose llamado por Dios a buscar la santidad en la vida ordinaria, pidió la admisión en el Opus Dei.
Comenzó los estudios de Derecho en la Universidad de Madrid y los continuó en Roma. Se doctoró en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás (1953), y en Derecho Civil por la Pontificia Universidad Lateranense (1955).
Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de agosto de 1955. Colaboró estrechamente con san Josemaría Escrivá de Balaguer, de quien fue secretario desde 1953 hasta su muerte, en 1975.
En 1975, cuando Álvaro del Portillo sucedió a san Josemaría, Mons. Javier Echevarría fue nombrado secretario general del Opus Dei y, en 1982, vicario general.
En 1994, tras el fallecimiento del beato Álvaro, fue elegido prelado del Opus Dei y, el 6 de enero de 1995, en la basílica de San Pedro, recibió de manos de san Juan Pablo II la ordenación episcopal.
Desde el principio de su ministerio como prelado, tuvo como prioridades la evangelización en los campos de la familia, la juventud y la cultura. Promovió el inicio estable de las actividades formativas de la prelatura en 16 países, entre otros, Rusia, Kazajistán, Sudáfrica, Indonesia y Sri Lanka, y viajó a los cinco continentes para impulsar la labor evangelizadora de los fieles y cooperadores del Opus Dei. Alentó la puesta en marcha de numerosas iniciativas a favor de inmigrantes, enfermos y marginados. Seguía con especial atención varios centros de cuidados paliativos para enfermos terminales.
En sus viajes de catequesis y en su ministerio pastoral, fueron temas recurrentes el amor a Jesucristo en la cruz, el amor fraterno, el servicio a los demás, la importancia de la gracia y de la palabra de Dios, la vida familiar y la unión con el Papa. Precisamente en su última carta pastoral, además de agradecer la audiencia que le había concedido Francisco el 7 de noviembre, pedía, como siempre, acompañar al Papa con oraciones por su persona e intenciones.
Escribió numerosas cartas pastorales y varios libros de espiritualidad, como Itinerarios de vida cristianaPara servir a la IglesiaGetsemaníEucaristía y vida cristianaVivir la Santa Misa y Creo, creemos. Su última obra es una recopilación de meditaciones sobre las obras de misericordia que lleva por título Misericordia y vida cotidiana.
Fue miembro de la Congregación para las Causas de los Santos y de la Signatura Apostólica. Participó en los sínodos de obispos de 2001, 2005 y 2012 y en los dedicados a América (1997) y Europa (1999).
Falleció en Roma el 12 de diciembre de 2016.

lunes, diciembre 12, 2016

Fallece el Prelado del Opus Dei.




Oficina de información del Opus Dei
14 min
A las 21.20 de esta noche, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, ha fallecido Mons. Javier Echevarría, obispo y segundo sucesor de san Josemaría Escrivá,fundador del Opus Dei. El vicario auxiliar de la prelatura, Mons. Fernando Ocáriz, pudo administrarle los últimos sacramentos esta misma tarde.
El prelado del Opus Dei había sido hospitalizado el pasado 5 de diciembre en el policlínico Campus Bio-Medico de Roma a causa de una leve infección pulmonar.
Mons. Echevarría estaba recibiendo un antibiótico para combatir la infección. El cuadro clínico se ha complicado en las últimas horas provocando una insuficiencia respiratoria, que ocasionó el fallecimiento.
Como prevé el derecho de la prelatura, el gobierno ordinario de la prelatura recae ahora sobre el vicario auxiliar y general Mons. Fernando Ocáriz. Según los estatutos de la prelatura, a él compete convocar en el plazo de un mes un congreso electivo que elija al nuevo prelado. El congreso ha de celebrarse en el plazo de 3 meses. La elección debe ser posteriormente confirmada por el Papa.
El prelado ha fallecido a los 84 años de edad. Nació en Madrid en 1932, y en esa misma ciudad conoció a san Josemaría, de quien fue secretario desde 1953 hasta 1975. Más adelante, fue nombrado secretario general del Opus Dei. En 1994 fue elegido prelado. Recibió de manos del san Juan Pablo II la ordenación episcopal el 6 de enero de 1995 en la basílica de San Pedro.
Ofreceremos más actualizaciones en las próximas horas.

Fallece el Prelado del Opus Dei.






Ultima hora: Muere Javier Echevarría, prelado del Opus Dei

Gabriel Ariza
12 diciembre, 2016
El prelado del Opus Dei ha fallecido a las 21.10 en un hospital romano en el dia de la Virgen de Guadalupe.

Qué viva la Virgen de Guadalupe!!!!!!







jueves, diciembre 08, 2016

María Inmaculada.






ORACIÓN A LA INMACULADA CONCEPCIÓN:
Oh María, Virgen Inmaculada, haz que nunca perdamos
el sentido de nuestro camino:
que la suave luz de la fe ilumine nuestros días,
que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
que el calor contagioso del amor anime nuestro corazón,
y que nuestros ojos permanezcan siempre fijos en Dios,
fuente de la verdadera alegría. Amén.

domingo, diciembre 04, 2016

Novena de la Inmaculada.





"Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y el cariño" (Papa Francisco, Evangelii Gaudium).






sábado, diciembre 03, 2016

Palíndromos.

 A ver si alguien aporta alguno más...










(Una diversión para descansar de tanta trascendencia)
Un palíndromo es un conjunto de palabras que forman una frase con sentido, cuyas letras son capicúas, es decir, que dicen lo mismo leídas de derecha a izquierda que de izquierda a derecha.
Quizá el más famoso es aquel que dice:
"Dábale arroz a la zorra el abad".
Hay gente con una mente increíblemente ágil para hacer palíndromos. Yo no soy de esos, pero tengo dos amigos que lo son, y a ellos he oído los siguientes palíndromos. Para mí es especialmente gracioso éste, en el mundo de la eduación:
¿Son mulas, o cívicos alumnos?

Yo hago yoga hoy
Notará más esa maratón
No maree, Ramón
Échela, la mala leche
Serían aires
Anita, la gorda lagartona, no traga la droga latina
Atila sale con Ocon y no conoce la salita
Luz azul
Salome, me molas
Di clases al Cid
A ti no bonita
Oir a Darío
Roma le aviva el amor

San Francisco Javier a los universitarios.





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Carta de san Francisco Javier a los universitarios de París

"Muchos cristianos se dejan de hacer en estas partes, por no haber personas que en tan pías y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueve pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo en Sorbona a los que tienen más letras que voluntad, para disponerse a fructificar con ellas: ¡cuántas ánimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos!