domingo, julio 07, 2024

hOMILÍA.




 

Mamá, no seas pesada

Se quejan muchas madres –más que los padres, por cierto– del poco caso que les hacen sus hijos mayores cuando les aconsejan que vayan a misa los domingos, o les imploran que bauticen a los nietos… Al final, la conversación siempre acaba así: «Mamá, no seas pesada».

Y yo les respondo que no sean pesadas. No por dar la razón a los hijos, que no la tienen, sino porque la insistencia de mamá no sirve para nada. Ojalá sus hijos encuentren a un buen amigo que les hable de Dios. Será humillante para ellas, pero, en ocasiones, una sola palabra del amigo hace más efecto que todos los consejos de mamá durante años.

No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

Mamá, no te desgañites. Tus palabras no sirven, porque tus hijos las han oído mil veces. Jesús redimió a los nazarenos padeciendo por ellos en la Cruz. Por tanto, aprende que ese dolor tuyo, ofrecido junto al de Cristo, es más eficaz que todos tus sermones. Pasó el tiempo de hablar a tus hijos de Dios. Es hora de hablarle –si es preciso, con lágrimas– a Dios de tus hijos.

sábado, julio 06, 2024

Righteous Brothers Bobby Hatfield - Unchained Melody

El Corazon Es Un Gitano

Eucaristía.

 





Homilía.

 


El ayuno y el banquete

El aburguesamiento en que ha caído el cristianismo occidental hace que pocos cristianos ayunen. Muchos piensan que el ayuno es el rostro de un cristianismo desfasado y triste, más centrado en el dolor que en la alegría, en la muerte que en la vida… y así nos va. Al relegar el pecado, la condena, el ayuno y la muerte, dejamos de apreciar la gracia, la misericordia, la fiesta y la vida.

Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. Hemos olvidado que nos han arrebatado al Esposo, y que han sido nuestros pecados quienes nos lo han arrebatado. Y que, si no nos entristecen esas traiciones, es señal del poco amor que profesamos a nuestro Salvador. El ayuno es una mera consecuencia de ese dolor. Nadie quiere comer cuando está triste.

Y hemos olvidado, también, que, tras la tristeza del viernes y la soledad del sábado, viene la alegría del domingo. El Esposo, arrebatado por nuestras culpas, resurgirá glorioso del sepulcro por el poder de Dios, y nos anunciará el perdón de nuestros pecados. Entonces comeremos y beberemos llenos de gozo. Y sabremos que, al final, nuestro ayuno sirvió para hacer hambre y disfrutar de ese banquete.

viernes, julio 05, 2024

Piscinón.

 




Homilía.

 


Un kilo de sal bien compartido

Decía Aristóteles que dos personas no pueden considerarse amigos si no han consumido juntos un kilo de sal. No sé cuánta sal pondrían aquellos griegos a la comida, ni cómo llevarían lo de la presión arterial, pero, desde luego, un kilo de sal son muchas comidas. Y la comida une mucho. Mañana ceno con cuatro amigos, y estoy seguro de que, a estas alturas, el kilo de sal lo hemos rebasado. ¡Bendita amistad!

¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Cristo sigue queriendo comer con publicanos y pecadores. Quiere seguir sanando enfermos a través de vuestra amistad. No busquéis amigos entre quienes comparten vuestra fe. Los «grupitos» de amigos hacen mucho daño en las parroquias y comunidades cristianas. En la Iglesia buscad hermanos. Los amigos buscadlos entre quienes no creen; dadle ese gusto a Cristo.

El verano es un momento magnífico para frecuentar terrazas, chiringuitos y restaurantes. ¿O acaso creéis que os vais a santificar pasando el día en el templo? Id al templo a orar, a reponer fuerzas y a encontraros con los hermanos. Pero no os entretengáis. Entreteneos en el chiringuito, en torno a un kilo de sal bien compartido con quienes más os necesitan.

jueves, julio 04, 2024

bREVE HOMILÍA.

 


La salud y la vida

¡Lo que hubiera dado por ver la cara que se le quedó al hombre! Sus amigos lo acercan a Jesús para que lo cure de su parálisis. Y Jesús le dice: ¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados! Pero él sigue enfermo.

No todo el mundo reacciona bien ante esto. Muchos enfermos terminales preferirían recibir la visita del médico que pudiera curarlos a la del sacerdote que perdona sus pecados. «A mí que me den tiempo. Y, cuando tenga tiempo, ya encontraré un ratito para ir a confesarme. Que venga el médico».

Otros no. Cuando el sacerdote los visita, perdona sus pecados con la absolución, bendice con la santa unción sus cuerpos enfermos y los alimenta con la Eucaristía, quedan con tanta paz y tanto ánimo que ya no temen a la muerte, porque saben que la han vencido. Estos últimos conocen algo que no conocen los primeros: que no hace falta tener salud para tener vida. Es una gran lección.

No sabemos a cuál de los dos grupos pertenecía el paralítico. Pero, por si acaso, le dijo después Jesús: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. En Jesús lo visitaron el sacerdote y el médico.

miércoles, julio 03, 2024

Creer.

 


Creer sin ver es ver a oscuras

apóstol santo tomás
Es la última bienaventuranza pronunciada por Jesús: Bienaventurados los que crean sin haber visto. Fue pronunciada especialmente para nosotros, quienes nunca hemos visto al Señor. Porque Tomás exigió ver primero, y creyó después. Nosotros, en cambio, debemos creer primero y ver después. Somos hijos de las palabras de Jesús a santa Marta: Si crees, verás la gloria de Dios (Jn 11,40).

Creer sin ver es ver a oscuras. Supone entrar en la noche de los amantes, apagar las luces del sentido, despojar el corazón de todo consuelo y así, desnuda el alma de cualquier ropaje, acercarla a su Señor hasta que, en un abrazo, se hagan uno. El alma, entonces, es conocida y conoce a Jesús. Iluminada por su Espíritu, ve al Padre y exulta de gozo. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto (Jn 14, 7). Si seguís combatiendo a la noche con vuestras canciones y vuestros focos ante la custodia, os perderéis todo esto. Dejad que la noche y el silencio os envuelvan y conoceréis.

Los ojos quedan muertos, esperando a resucitar para poder llenarse, entonces, de la hermosura infinita de la gloria del rostro de Cristo.

Cargas.

 





martes, julio 02, 2024

Homilía del día.

 


Todo va bien

duerme
Como nosotros, los apóstoles se equivocaban en cuanto a lo que es bueno y lo que es malo. Creemos que lo que nos duele es malo y lo que nos complace es bueno. Pero hay dolores que nos hacen bien y placeres que nos hacen mal.

Se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas. Se veían al borde de la muerte. Y la muerte duele, la tormenta duele, el golpe de las olas duele y duele, también, el frío del agua del lago. Por eso despertaron a Jesús: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!

¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

Dice san Pablo que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien (Rom 8, 28). Mientras Jesús está en la barca, dormido o despierto, todo va bien; no temas. Él hace buenas todas las cosas: la tormenta, la calma, el sol, las nubes, la oscuridad, la luz… todo es bueno si Él mora en tu alma. Lo que debes temer es que tus pecados lo arrojen fuera de la barca. Entonces, hasta la brisa más suave y el sol más radiante se convertirían en viento de muerte y fuego de infierno.

lunes, julio 01, 2024

Te quiero.





 

 




Julio Iglesias - Quijote (En concierto)

Tú sígueme.



 

Muertos que entierran muertos

Cuando Elías llamó a Eliseo para que lo siguiera, el joven dijo: «Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré». Le respondió: «Anda y vuélvete» (1Re 20, 20). Pero cuando Jesús llamó a un joven para que lo siguiera, y el joven respondió: Déjame ir primero a enterrar a mi padre, Cristo no fue tan condescendiente como Elías: Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.

Parece cruel. Pero, si perdemos el miedo a seguir a Cristo, tras esa invitación se esconde una maravillosa noticia. «Me pides que te deje enterrar a tu padre, porque vives para la muerte. Sois muertos que enterráis muertos. Desde que nacéis, estáis abocados al sepulcro, y por el camino vais sepultando a los vuestros. Yo te sacaré de esta prisión, te libraré de la muerte, te daré una vida nueva para ti y los tuyos. Naceréis como hijos de Dios, viviréis para la eternidad, gozaréis del Amor en la tierra y reinaréis conmigo en el cielo. Ven conmigo, y ya no serás un muerto que entierra muertos, sino un vivo que reparte vida».

Hasta que no entendamos esto, no conoceremos el gozo de ser cristianos.