
Estás en un blog espumoso, intimista, paradójico; de lo humano y de lo divino. No soy mejor que tú... Me propongo hablar a la cara y que me hables a la cara, sin caretas, sin retorno, a quemarropa... blog del Profesor Tirapu
miércoles, noviembre 16, 2016
martes, noviembre 15, 2016
Ha fallecido Joan Mayné, escultor.
Conozco el estupendo retablo de Torreciudad.
https://www.torreciudad.org/movil/noticias-detalle/3171/ha-fallecido-joan-mayne-escultor-del-retablo/
https://www.torreciudad.org/movil/noticias-detalle/3171/ha-fallecido-joan-mayne-escultor-del-retablo/
Joan Mayné
Joan Mayné i Torras (n. 19 de septiembre de 1928, San Baudilio de Llobregat, Barcelona) escultor español.
Biografía[editar]
Estudió en la Escuela de la Llotja, donde se doctoró en Bellas Artes. Catedrático de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, de la que también fue Director. Se ha especializado en escultura religiosa. Su obra más conocida es el gran retablo en alabastro policromado en el Santuario de Torreciudad en el Pirineo oscense.
Obras[editar]
- Relieves de San Pedro y San Pablo. Catedral Basílica de Barcelona. 1.80x0.56 m Bronce a la cera perdida.
- Báculo fundido en plata para S.S. Juan Pablo II. Vaticano.
- Imágenes de Jesús, la Virgen y San José, para la Parroquia de la Sagrada Familia, de Igualada (Barcelona). Tamaño 2 m. Talladas en madera de abedul.
- Frontal del Altar Mayor. Catedral de Toledo. 1.50x1.20 m. Bronce a la cera perdida.
- San Francisco. Mausoleo. Chicago (EE.UU.) 2.5 m alto Bronce a la cera perdida.
- Imagen de la Virgen con Niño, a tamaño real, para el Colegio Canigó, de Barcelona. Tallada en abebay.
- Mural ornamental figurativo. Marketing Ltd. Ohio (EE.UU.). 3x2 m. Cerámica.
- Relieve monumental Estación Transoceánica (Barcelona). Cerámica.
- Imagen de la Virgen con Niño, para el jardín del Obispado de Lérida. 1.50 m. Piedra.
- Imagen Sagrado Corazón monumental (7 m) realizado en bronce a la cera perdida. Amposta (Tarragona).
- Dos relieves retablo, dedicados a San Fructuoso. Iglesia Parroquial. Hostalets de Balenyà (Barcelona). 2.5x2.5 m c/u.
- Imágenes de los Santos José y Benito Menni, para la Iglesia de las HH. Hospitalarias, San Baudilio (Barcelona). Tamaño 2.30 m. Talla en madera de caoba.
- Imagen de San Josemaría Escrivá, tamaño 2.30 m. Alabastro policromado. Santuario de Torreciudad.
- Talla escultórica San Benito Menni. Tamaño 1.90 m. Hnas. Hospitalarias. París (Francia).
Prelado del Opus Dei clausura año de la Misericordia.
Clausura del año jubilar de la misericordia en Santa María de la Paz
Desde el pasado 13 de diciembre y durante el año jubilar de la misericordia, la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz (Roma) ha contado con una puerta santa, similar a las que se han abierto en numerosos lugares.
El Prelado atraviesa la Puerta Santa.
Como en otros lugares, el domingo 13 de noviembre tuvo lugar una misa de clausura del Año santo de la misericordia en la iglesia prelaticia. Ofrecemos algunos extractos de la homilía pronunciada por Mons. Javier Echevarría.
El Prelado ha profundizado en la parábola del hijo pródigo “que san Josemaría comentó muchas veces, porque expresa perfectamente la misericordia del Padre. Fijémonos en ese padre que sale cada día de su casa, sin abandonar el propio hogar para comprobar si su hijo regresaba. Apenas lo ve venir, corre a cubrirlo de besos”.

A lo largo de este año, ha continuado el Prelado, “el Señor nos ha hecho comprender en qué debemos mejorar. Hemos entendido que la misericordia no es sólo compasión, sino amor, amor que se hace servicio”.
“¿Qué he hecho en este año de la misericordia? –ha invitado a preguntarse-. ¿He servido en la familia? ¿He ayudado a mis compañeros en el trabajo? ¿He disculpado a mis amigos? Imaginad la mirada del padre cuando divisa al hijo pródigo. Con esa mirada –llena de alegría, de comprensión, de afecto- debemos mirar a los demás”.

“Llenemos las calles del amor de Dios”, ha concluido. “Cuando salgáis por la ciudad, rezad por las personas, también por quienes no conocéis. Esta actitud nos dispondrá, en cualquier circunstancia, a ser más serviciales. Y la Virgen, que miró a su Hijo en la cruz, nos enseñará a ser misericordiosos con los demás.
lunes, noviembre 14, 2016
Oración de un niño.
Suscribo !!!!!
Oración de un niño: "¡Te pido por los malos, para que se hagan buenos; y por los buenos, para que sean simpáticos
domingo, noviembre 13, 2016
sábado, noviembre 12, 2016
Izquierda y democracia.
Zoé Valdés https://zoevaldes.net/2016/11/10/democracia-y-libertad-por-zoe-valdes/, curiosamente cita Brexit, colombia y Tump como en este blog se dijo en habla pueblo habla...
Cuando ellos ganan, la democracia es un gran valor. Cuando pierden, entonces la democracia no sirve y se botan a las calles a injuriar y a destruir negocios. Cuán demócratas son. Aparecen como todo lo contrario a lo que dicen ser. ¿Pacíficos? No, no son pacíficos. ¿Decentes? No, mucho menos. ¿Ecuánimes, respetuosos, los más cultos y moderados? No, puras bestias. Ejercen un culto al salvajismo amparados bajo el máximo derecho que les confiere declararse de izquierdas.
Un presidente con un Nobel de la Paz debiera generar menos violencia de la que ha generado en sus ocho años de mandato, y no se trata precisamente de una violencia arengada por los que no votaron a su favor. Los que no votaron por él, regresaron a sus casas, aceptaron el voto de sus rivales, y esperaron calladamente durante ocho largos años.
El presidente Obama debiera salir ahora a aplacar ánimos, haciendo honor a su Nobel de la Paz. Su esposa Michelle, que tanto respeto le empezó a tener a los Estados Unidos cuando fue elegida Primera Dama tendría ahora mismo que dar uno de esos discursos proletarios que ella suele declamar envuelta en carísimos modelitos de insignes diseñadores. Pero no, se calla. Callan todos.
Pienso que los republicanos, por su parte, debieran salir masivamente a las calles, no a apoyar a Donald Trump, puesto que él ya es presidente por mayoría, no, debieran echarse a las calles masivamente a defender lo más grande que tienen la democracia: la libertad de elección. La libertad de ELEGIR.
Masivamente, sí, inundar las calles, con carteles donde sólo esté escrito una palabra: Democracia.
Que el mundo entero les vea. Porque ahora mismo, lo que está viendo el mundo es la ira y el odio en contra de vuestros derechos.
Aunque también es verdad, que el mundo no cuenta con nada ahora mismo como para ponerse como ejemplos frente a ustedes ni a nadie.
El mundo no tiene ninguna lección que darle a los que en democracia votaron por el Brexit, en los que en democracia votaron por el No a la paz de los sepulcros de los narco-guerrilleros, a los que en democracia acaban de votar por impedir que una corrupta con minas de oro en Haití, entre otras lindezas nada proletarias, llegue al poder.
No, el mundo no puede dar lecciones cuando siguen apoyando a los Castro, cuando se callan ante Nordcorea y los crímenes islamistas en contra de los homosexuales y de las mujeres en Arabia Saudí, cuando eligen a un Chávez o a un Maduro o a un inepto Hollande.
Inunden ustedes también a las calles, es su derecho. Ustedes ganaron. Ellos perdieron. Celebren su triunfo con una sola palabra escrita, o con dos: Democracia, libertad.
Zoé Valdés.
Gran Depresión ????
Buen artículo de Paco Sánchez, como siempre!!!!
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2016/11/12/gran-depresion/0003_201611H12P60992.htm
La sociedad estadounidense es más grande que su Gobierno, no como aquí. Por eso no hay tanto que temer de la victoria de Trump. Los mecanismos compensatorios, aparte de los estrictamente institucionales, que condicionan a un presidente operarán también sobre este. Y quienes quieran protestar, que protesten sobre todo contra Obama, responsable principal del dictamen de las urnas. Obama es el responsable de que el país esté como está: más dividido y enfrentado que nunca, con una brecha agigantada entre ricos y pobres, con la clase media muy perjudicada, pese unos índices de paro cercanos al pleno empleo que, si se cotejan con la tasa de población activa, resultan escandalosamente falsos.
Unos cuantos amigos que siempre han votado a los republicanos y detestan a Hillary Clinton me han confesado que esta vez la votarían por miedo a Trump. Probablemente, fueron muchos miles los que procedieron así. Eso explicaría también el triunfo abrumador y casi insólito de los republicanos en las dos cámaras: suele ocurrir que los yanquis busquen dar mayoría en el Congreso y/o en el Senado al partido opuesto al del presidente. Pero hete aquí que los republicanos -divididos y abrumados como estaban- ganaron también las legislativas por miedo a que Clinton se aupara con la presidencia. Supongo.
La conclusión, por tanto, parece clara. Siendo Trump un pésimo candidato, Hillary Clinton resultó muchísimo peor. A Obama y a ella le deben los demócratas este brillante resultado. Bueno, a ellos y a los intelectualoides universitarios y mediáticos que no entienden los problemas reales de la gente. Por si las moscas: escribí hace meses un artículo aquí mismo que se titulaba Contra Trump.
viernes, noviembre 11, 2016
jueves, noviembre 10, 2016
Este blog lleva doce años, gracias a todos, a los seguidores nuevos en especial
Si alguien o una imagen o un vídeo, expresa algo mejor que yo, es mejor ponerlo y yo callarme. También escribo, a veces. Pero entiendo que el personal difícilmente lee más de 10 líneas. También podéis leerme en TRIBUNAS DE http://www.religionconfidencial.com/
Trump, el comentario de Navarro Valls.
http://www.elmundo.es/opinion/2016/11/10/58236179468aebad058b4580.html
Los esqueletos que pudieron con Hillary.
Bien, acabó la carnicería electoral: intrigas, presuntas conspiraciones, sexo, violencia verbal... Un carnaval, incluidas las máscaras, que ha intentado desviar a los votantes de las verdaderas caras de Donald Trump y Hillary Clinton. La presión sobre el electorado ha sido tal que la American Psychological Association acaba de concluir que un amplio grupo de estadounidenses ha sufrido Election Stress Disorder (trastorno de estrés electoral). Éste ha llegado a un 56% en el grupo de ancianos y a un 50% en los Baby Boomers (52-70).
Sin embargo, en una carrera hacia la Casa Blanca, por encima de la pirotecnia electoral, existen factores objetivos que suelen señalar al ganador. En este caso, me equivoqué -nos equivocamos- al manejar esos factores (dinero, experiencia electoral, apoyo de los medios y de las minorías étnicas), que apuntaban inequívocamente a Hillary. Un llanero solitario, el profeta electoral Allan Lichtman, de la American University -que lleva 32 años pronosticando correctamente el resultado de todas las presidenciales-, dio contundentemente como ganador al candidato republicano, con gran escándalo de los medios tributarios de la izquierda del caviar.
La victoria de Trump me recuerda a la del presidente Truman frente a Dewey, en las elecciones de 1948. Las encuestas, los medios y los analistas vaticinaron casi unánimemente la victoria del republicano Dewey. Incluso el Chicago Tribunetituló en portada "Dewey defeats Truman" (Dewey derrota a Truman), la misma mañana en que Harry S. Truman, en realidad, derrotaba a Thomas E. Dewey. El titular erróneo se hizo famoso cuando Truman, al celebrar su victoria, con benévola sonrisa, lo hizo agitando una copia del periódico.
Todos deberíamos habernos dado cuenta -aunque el tema de los swing states es el ABCD de una campaña- de que la campaña de Trump sobre determinados estados traía su causa en la especial convicción de que, te esfuerces lo que te esfuerces, al final todo depende de algo verdaderamente perverso: que apueste por ti un 3% de indecisos, de los 225 millones de votantes potenciales, en especial los concentrados en Ohio, Pennsylvania, Florida y Virginia. Además, el candidato ha de saber sacarlos de sus guaridas y llevarlos a votar. No se olvide que "un ciudadano americano cruzará océanos y mares para luchar por la democracia, pero tal vez no cruzará la calle para votar en unas elecciones". Esto ha sabido hacerlo Trump mejor que Hillary.
Por lo demás, un buen candidato ha de tener mucha flexibilidad para adaptarse a los giros inverosímiles que circunvalan una campaña. Así como ante el tema del emailgate -su entierro, resurrección y nueva inhumación, de manos del FBI-, o el revival de las proezas sexuales de Bill Clinton, Hillary supo no perder el equilibrio, Donald Trump mantuvo los nervios ante el vídeo de vestuario -en el que aparecía soez y machista-, contraatacando con una especie de desfile de modelos que habían sido presuntamente acosadas por el marido de la candidata, escandalizada ante el vídeo de Trump.
Un factor importante en la victoria de éste es su hábil instrumentalización del populismo. A ambos lados del Atlántico han surgido como plantas exóticas los populismos de izquierda y derecha. Los primeros más concentrados en Europa (España, Grecia, Italia), los segundos, difusamente diseminados por América. Trump ha sido su héroe, sabiendo explotar las angustias subterráneas de los norteamericanos sobre inmigración, terrorismo, economía, etcétera. En especial, las angustias de las clases medias y populares blancas. A su vez, ha sabido encauzar los sentimientos contrarios a la dictadura de lo políticamente correcto, que suele considerar intolerantes o fundamentalistas a los que no se pliegan a sus planteamientos jurídicos, políticos o morales.
La prensa correcta ha protagonizado un verdadero frente anti-Trump (CNN, Washington Post, Huffington Post, NBC, ABC, MSNBC, New York Times...), incluso empresas periodísticas que durante decenios se habían abstenido de dar su apoyo a los candidatos presidenciales o nunca habían recomendado el voto para uno demócrata, han entrado en la batalla informativa, dando su apoyo a Hillary. Entre ellos, Usa Today, Atlantic Magazine y The Dallas Morning News. La demonización mediática del rubio millonario ha sido tan intensa que ha amenazado con medidas legales por lo infamante de sus planteamientos. Tal ha sido el caso de The New York Times. Este cerco informativo ha cometido el error de convertir a Trump en una especie de espantapájaros, lo que ha producido un cierto efecto boomerang. Como era de prever, muchos ciudadanos interiormente se han rebelado y se han puesto del lado del apaleado>.
Hay un abismo entre la fuerza de un candidato con su partido tras él sin fisuras y la de un aspirante a la presidencia con su partido dividido. Un ejemplo paradigmático fue la derrota del presidente Carter frente a Ronald Reagan. El primero llegó a la convención demócrata con Edward Kennedy como adversario. Aunque Carter acabó ganando en la convención, el partido se dividió, y el aspirante republicano Reagan barrió al presidente demócrata Carter.
Ahora la situación era la inversa. El dividido era el Partido Republicano. Numerosos iconos del GOP (los tres Bush, Condoleezza Rice, Colin Powell, los ex candidatos presidenciales John McCain y Mitt Romney, Arnold Schwarzenegger, etcétera) negaron su voto a Trump, llamándole "candidato del caos". Por contraste, todo el Partido Demócrata apareció en la campaña unido tras Hillary: "Yo o el Apocalipsis". Trump ha hecho lo único que podía hacer: convocar a la mayoría silenciosa frente al corrupto establishment. Era él solo frente a todos. De nuevo, la solidaridad con el abandonado por el poder unió aún más a sus bases con el chivo expiatorio.
Trump tenía frente a sí una candidata con pocas raíces en el corazón de los electores. Si el rubio millonario era un candidato algo grosero y agresivo y, Hillary Clinton era una mujer algo fría y distante, cuya carrera política había estado flanqueada por el dinero, el sexo y el suicidio. No había tenido suerte con sus amigos. Vincent Foster, amigo y luego letrado en la Casa Blanca, se suicidó en extrañas circunstancias por no aguantar la presión de los escándalos del Whitewater que involucraban al presidente Clinton y a su esposa. Bill protagonizó, entre otros, cuatro escándalos sexuales en los 90. En especial, su aventura con la becaria Monica Lewinsky inundó los medios de comunicación, llegando hasta un proceso de impeachment del que sólo por los pelos salió bien librado. Y, en fin, el ex congresista demócrata Anthony Weiner -esposo de Huma Abedin, asesora personal de Hillary Clinton- protagoniza un escándalo de alto voltaje sexual, al que se une la aparición en su ordenador de miles de mensajes de Hillary de su época de secretaria de Estado que pusieron a la candidata en un verdadero aprieto.
Estos esqueletos, junto a los volátiles e-mails comprometedores, su fama de reina guerrera en los conflictos de Irak, Libia y Siria, y problemas de salud, potenciaron la figura de Trump, incluso en sus ataques injustos contra la ex primera dama. Obama salió al quite y actuó con verdadera caballerosidad en defensa de Hillary. Aunque algunos recordaron que, en la campaña Hillary vs Obama de hace ocho años, el afroamericano no dudó en calificarla de "mentirosa" y "serpiente que se muerde la cola". Demasiado fondo de armario.
He observado que la reacción de algunas cancillerías y de parte de la prensa ha sido algo catastrofista ante el triunfo del inexperto e impredecible Trump. Sin embargo -tal vez para tranquilizarme-, siempre he pensado que los enrabiados de ayer son los moderados de hoy, en cuanto reciben el poder. Mi consejo es esperar a ver los colaboradores que nombra. Coincido con los analistas cuando observan que un presidente vale lo que valgan los consejos que le den. Es imposible que averigüe en un día todo aquello que necesite saber. En algunas cuestiones, ni siquiera sabe qué preguntar. Así que un presidente sin buenos consejeros y colaboradores "es como una tortuga boca arriba: puede moverse mucho pero no puede ir a ninguna parte".
Rafael Navarro-Valls es catedrático y presidente de las Academias Jurídicas de Iberoamérica.
miércoles, noviembre 09, 2016
Trump, un Presidente para descontentos.
Aceprensa, ya con sus estupendos análisis; https://www.aceprensa.com/articles/donald-trump-el-presidente-de-los-descontentos/
Donald Trump, el presidente de los descontentos
- JUAN MESEGUER
- 9.NOV.2016
El republicano Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales de Estados Unidos, celebradas el 8 de noviembre. Además, el Partido Republicano (Grand Old Party) mantiene el control del Senado y la Cámara de Representantes. Ahora la duda es si la cúpula del GOP sabrá contener a Trump con un discurso más moderado, o si el partido seguirá por la deriva populista.

De acuerdo con los datos disponibles (actualizados aquí), Trump ha conseguido ya 279 votos electorales de los 270 que necesitaba para vencer, frente a los 228 de Hillary Clinton. El voto popular está muy ajustado: a la demócrata le han votado 59,4 millones de ciudadanos; al republicano, 59,2.
Los republicanos mantienen el dominio de la Cámara de Representantes, en sus manos desde 2010. Pero el margen es menor: de momento tienen 238 escaños (pierden seis), frente a los 193 demócratas. También conservan la mayoría en el Senado, conquistada en las legislativas de 2014. En las presentes elecciones solo se renovaban 34 de los 100 escaños: el conteo actual es de 51 para los republicanos y 45 para los demócratas.
A la espera de que se resuelvan los comicios en un estado, el Partido Republicano consigue 6 de los puestos de gobernador en disputa, frente a los 5 del Partido Demócrata.
Temas controvertidos
De las 162 iniciativas legislativas que se votaban en estas elecciones, las que más atención habían despertado eran las 9 relativas a la marihuana. Cinco estados decidían si legalizarla o no para uso por placer (California, Arizona, Maine, Massachusetts y Nevada); y cuatro, para fines médicos (Arkansas, Florida, Montana y Dakota del Norte). Salvo Arizona, todos han votado a favor de legalizarla.
Aquí los colores políticos de los estados importan. Aunque Arizona todavía no ha concluido el recuento, Trump lleva la delantera allí. En los cuatro estados que han aprobado la legalización de la marihuana para uso recreativo ha ganado Clinton. En los que han apoyado la legalización para uso terapéutico, Trump.
Ocho estados legalizan la marihuana: cuatro para uso por placer; y otros cuatro para fines médicos
Colorado –donde ha ganado Clinton– ha aprobado el suicidio asistido. La demócrata también se ha impuesto en los dos estados (California y Washington) que han aprobado algún tipo de restricción a las armas; en otros dos se han propuesto pero no se conoce el resultado. Clinton vence en tres de los que han votado a favor de elevar el salario mínimo (Colorado, Maine y Washington). Arizona también ha votado a favor. Y Dakota del Sur, de Trump, ha votado en contra de una iniciativa que pretendía prohibir esa subida.
En California y Nebraska, aún están por decidirse dos iniciativas para abolir la pena de muerte.
Un voto heterodoxo
“Los hombres y mujeres olvidados de este país no lo serán más”, ha dicho Trump tras conocer su victoria. El empresario neoyorquino se mantiene fiel al discurso que le ha catapultado a la Casa Blanca: frente a la sensación de que el estadounidense medio no cuenta para las élites demócratas ni republicanas, él promete tomarse en serio su descontento y gobernar a su favor.
Su heterodoxia ideológica le lleva a mezclar ingredientes de derechas y de izquierdas. Se separa de la línea oficial del Partido Republicano al oponerse a los tratados de libre comercio y al mantener como están las prestaciones de la Seguridad Social y Medicare. Pero coincide con el establishment republicano en la rebaja de impuestos o en la oposición a la reforma sanitaria de Obama. Además, conecta especialmente con los republicanos de mano dura que piden más control de la inmigración, menos restricciones a las armas o reforzar el gasto militar.
El voto anti-Clinton ha hecho el resto. Según una encuestadel pasado domingo realizada por The Washington Post y ABC News, el 51% de los votantes de Trump declaró que le iba a votar no porque estuviesen entusiasmados con él, sino principalmente porque que querían evitar la victoria de Clinton. No hay que descartar que en el rechazo a la candidata demócrata estuviera incluido el repudio a Barack Obama, cuyos dos mandatos han estado marcados por la fuerte oposición de los republicanos.
Algo más de la mitad de los votantes de Trump dicen que se decantan por él no porque les entusiasme, sino para evitar que gane Clinton
El descontento viene de lejos
La revuelta anti-establishment abanderada por Trump comenzó a fraguarse en 2009, con la irrupción del Tea Party, un movimiento surgido de las bases republicanas como reacción a la subida de impuestos promovida por Obama. Al principio, el aparato del Partido Republicano supo aliarse con él y ayudó a varios de sus candidatos a desembarcar en el Senado y en la Cámara de Representantes. Pero el entusiasmo fue perdiendo fuelle a partir de la crisis del cierre de la Administración, en 2013, cuando los donantes del partido empezaron a exigir a sus líderes que se distanciaran de las tácticas broncas promovidas por algunos grupos del Tea Party.
Aunque las posturas de Trump no coinciden siempre con las de este movimiento, varios comentaristas conservadores coinciden en que el magnate ha sabido aprovechar la furia contra las élites que inspiró este movimiento. Por otra parte, tampoco es tan extraño que el magnate haya centrado su campaña en las preocupaciones de los estadounidenses sin estudios universitarios: como señalan Gerald F. Seib y Patrick O’Connor en un largo análisis publicado en The Wall Street Journal, de los 100 condados más pobres del país, 74 votaron a favor del candidato republicano, Mitt Romney, en las presidenciales de 2012.
Las corrientes populistas no han sido extrañas al Partido Republicano en las últimas décadas (también los demócratas han tenido las suyas). Entre otras, el columnista del New York Times Ross Douthat menciona la “mayoría silenciosa” del estadounidense medio a la que apeló Nixon, los evangélicos del Sur, los demócratas de Reagan, el Tea Party y, ahora, los trumpistas.
Hasta ahora, dice Douthat, las élites republicanas habían acertado a encauzar y contener ese populismo, mientras aprovechaban su fuerza numérica para llegar a la Casa Blanca. Pero ahora, en la era de Donal Trump, parece que los populistas han optado por independizarse, convencidos de que pueden salir adelante sin el apoyo de ninguna élite.
Para Douthat, el establishment republicano habría incurrido en varios errores desde los tiempos de George Bush Jr. en adelante. Primero, “un error de gobernanza y sabiduría”: si hubiera estado más atento a las inquietudes de sus votantes de clase obrera, seguramente no los habría visto irse tras los cantos de sirena de Trump, que ha apelado sin anestesia a sus temores más inmediatos. Segundo, “un error de identificación y autocrítica”. Los intelectuales conservadores no han sabido ver que “Fox News, los programas de radio o los sitios de Internet han hecho al populismo de derechas más poderoso –en comparación con la pequeña élite conservadora– de lo que era en tiempos de Nixon o Reagan”.
Contra la corrección política
Hasta aquí el análisis de Douthat. Pero habría que preguntarse qué parte de culpa han tenido las élites afines al Partido Demócrata. En un momento en que la corrección política impide discrepar sobre un abanico de temas relacionados con las políticas identitarias sin que te tachen de retrógrado o malvado, Trump devuelve la legitimidad perdida a sus seguidores, sostiene Barton Swaim en The Washington Post.
Otra cosa es que, como efecto no deseado, acabe reforzando la corrección política. Es la triste paradoja –añade Swaim– de este año electoral: la incorrección de Trump –que incluye burlas a todo tipo de personas– es tan descabellada que hace parecer razonables los tabúes injustos.
En este contexto tan polarizado, está por ver cuál va a ser el papel de las élites republicanas en la ya inevitable Administración Trump. ¿Quién gobernará al nuevo comandante en jefe? ¿Los líderes moderados a los que los donantes del partido quieren favorecer? ¿O los de mano dura que promovieron el “shutdown” de 2013, el rechazo a la reforma migratoria o a las medidas restrictivas a las armas?
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