Estás en un blog espumoso, intimista, paradójico; de lo humano y de lo divino. No soy mejor que tú... Me propongo hablar a la cara y que me hables a la cara, sin caretas, sin retorno, a quemarropa... blog del Profesor Tirapu
viernes, agosto 06, 2021
miércoles, agosto 04, 2021
Intercesores del Opus Dei.
Libro electrónico “Los intercesores del Opus Dei”
San Nicolás de Bari; San Juan María Vianney, santo cura de Ars; San Pío X; Santo Tomás Moro y Santa Catalina de Siena son los cinco santos intercesores de la Obra. En este libro se relata cómo fueron elegidos y las cuestiones encomendadas a cada uno.

Enlaces para descargar gratis “Los intercesores del Opus Dei”
Google Play Books ► “Los intercesores del Opus Dei”
Apple Store ► “Los intercesores del Opus Dei”
Amazon (Kindle) ► “Los intercesores del Opus Dei”
ePub (Descarga en Bubok) ► “Los intercesores del Opus Dei”
Enlace para visualizar el libro
PDF ► “Los intercesores del Opus Dei”
En la presentación del artículo de Studia et Documenta que ahora ofrecemos traducido, actualizado y en forma de libro electrónico, Federico M. Requena, del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer (ISJE) se preguntaba: “¿De qué modo se llegó a la aparición de la figura del «intercesor» en el Opus Dei? ¿Cómo y cuándo se eligió a cada uno de esos santos, que en su conjunto forman un grupo ciertamente heterogéneo? ¿Por qué el fundador nombró intercesores del Opus Dei a un papa italiano, que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX; a un sacerdote secular francés del s. XIX; a un político inglés, padre de familia y conocida figura pública en la Inglaterra del s. XVI; a un obispo del Asia Menor que vivió entre los siglos III y IV; y, finalmente, a una mujer, terciaria dominica italiana, del s. XIV?”. Y él mismo se respondía: “Los cinco artículos del monográfico que ahora se introduce responden con detalle a estas preguntas”.
Enrique Muñiz, encargado de la edición, explica que “además de las necesarias traducciones, pues en la versión original el artículo sobre el cura de Ars estaba en francés, el de san Pío X en portugués, el de santo Tomás Moro en inglés y el de santa Catalina en italiano, los cambios con respecto al artículo de Studia et Documenta son los mínimos imprescindibles: una revista científica tiene muchas notas y un nivel de erudición que no siempre resulta atractivo para el público general, pero en este caso los artículos son breves, y están escritos desde puntos de vista variados, con una mezcla muy sugerente de información sobre el intercesor y las circunstancias en las que san Josemaría le tuvo devoción y decidió su nombramiento. Por otra parte, al ofrecer todas las notas al final y no al pie de cada página, se respeta el riguroso planteamiento original a la vez que se facilita una lectura más ágil”.
Es notable la diversidad de especialidades y de nacionalidades de los autores que han colaborado. Tres son profesores en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma: Johannes Grohe, profesor de Historia de la Iglesia en la Edad Media y especialista en Historia de los Concilios -dirige la revista Annuarium Historiae Conciliorum-, se ha ocupado de la figura de Catalina de Siena. Laurent Touze, profesor de Historia de la Espiritualidad y director del Departamento de Teología Espiritual de la Facultad de Teología, ha escrito sobre su compatriota Juan Bautista María Vianney; Miguel de Salis, profesor de Eclesiología de la misma Facultad y consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, aborda la figura de Pío X. Fuera de ese ámbito académico romano hay que situar a Andrew Hegarty, investigador en la Universidad de Oxford y director del Thomas More Institute (Londres), que escribe sobre el santo y político inglés; y, finalmente, a José Miguel Pero-Sanz, durante cuatro décadas director de la revista Palabra y autor de un libro sobre san Nicolás de Bari, que aborda la figura del obispo de Myra.
Portada del libro “Los intercesores del Opus Dei”En otro momento de la citada presentación, Federico M. Requena recoge algunos ejemplos sobre los santos intercesores: “es posible encontrar citados por el cardenal Roncalli, por Juan Pablo II y recogidos en el Catecismo de la Iglesia Católica, los episodios de la vida del cura de Ars que más impresionaron a san Josemaría. Otro ejemplo: en 1967, Pablo VI anunció su intención de nombrar a Catalina de Siena doctora de la Iglesia, lo que se hizo efectivo en 1970. Juan Pablo II la nombró patrona de Europa en 1990 y, diez años más tarde, nombró a Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos”.
Y termina: “Las páginas que siguen ponen de relieve que historias como la puesta en marcha de la Academia DYA, primera manifestación externa e institucional del apostolado del Opus Dei; la construcción de la sede central en Roma; los inicios y la consolidación de la Universidad de Navarra; el intento de hacer comprender la libertad personal de los miembros que actuaban en política durante el régimen de Franco; las relaciones con numerosos obispos de diversos países; la solución jurídico-institucional adecuada a la realidad del Opus Dei; el intento de conjugar claridad y caridad para mantener la fidelidad a la doctrina, al tiempo que se aprovechaban los vientos renovadores del Concilio Vaticano II, etc., todas estas historias, repito, estuvieron ligadas también al relato sobre los intercesores que ahora se aborda.
Con mucho más detalle se pueden seguir cada uno de estos temas en los artículos que siguen. No me queda más, por tanto, que invitar a su lectura”.
martes, agosto 03, 2021
lunes, agosto 02, 2021
domingo, agosto 01, 2021
sábado, julio 31, 2021
viernes, julio 30, 2021
Feliz cumpleaños.
- Monseñor Georg Ganswein cumple 65 años de vida. Nació en Alemania el 30 de Julio de 1956. Ingresó en el Seminario de Fribourg y fue ordenado Sacerdote en 1984. En 1993 llegó a Roma, y en 1995 se convirtió en oficial de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. En 1996 fue transferido a la Congregación para la Doctrina de la Fe por pedido del Cardenal Joseph Ratzinger. Desde 2003 es secretario personal del Cardenal Ratzinger, cargo que se confirma el 19 de Abril de 2005 cuando este asume como Papa Benedicto XVI. Recibe el título de Monseñor al recibir el título de prelado de honor de Su Santidad en Marzo de 2006. Recibió la consagración episcopal el 6 de enero de 2013 de manos del Sumo Pontífice. Sigue ejerciendo como secretario privado del Papa emérito, ambos viven en un Monasterio dentro de los jardines Vaticanos
jueves, julio 29, 2021
Juan Arana.
«Después de 50 años, por fin, he conseguido salir de dudas»
Juan Arana es catedrático emérito de Filosofía en la Universidad de Sevilla. A lo largo de su carrera ha sido profesor invitado en la Universidad de Navarra y ha defendido en múltiples foros la compatibilidad entre fe y razón. Por eso, a muchos colegas les extrañó cuando, el pasado verano, publicó el libro “Teología para incrédulos”, en el que cuenta su camino hacia la fe, que culminó hace un par de años.
¿Cómo resumiría su proceso de conversión?
Hay muchos tipos de conversiones pero para mí son especialmente significativas dos. Por un lado, la conversión filosófica, por decirlo así, que consiste en aclarar con las fuerzas que el hombre tiene y con las ayudas que recibe de forma natural -su educación, inteligencia, los datos que va recogiendo, los maestros que tiene o los libros que lee- las respuestas que se refieren a Dios. Pero no se puede decir que ha recibido ninguna gracia sobrenatural, ni que ha dado el paso hacia una religión verdaderamente vivida al cien por cien.
Una segunda conversión sería la religiosa, que implica recibir una gracia exterior que permite dar ese paso de asumir no solamente que Dios existe, sino que tiene un nombre, Jesucristo, y que su venida está canalizada a través de la Iglesia católica, que él instituyó. A veces las dos se juntan o a veces una opaca a la otra.
En mi caso, nunca he sido ateo. Desde los 18 años tenía muy claro que, aunque la existencia de Dios como un ser personal no se podía demostrar como si fuese un teorema matemático, las pruebas que hay a favor son superiores a las que hay en contra. Pero la conversión religiosa se me resistió mucho más. A raíz de la crisis del 68 y de mi estancia en Madrid en aquellos tiempos, yo tenía unas restricciones mentales que no me permitían decir al cien por cien “sí, creo que eso es así”.
¿Qué tipo de dudas tenía?
Mi búsqueda ha sido intelectual. Eso no significa que niegue lo afectivo, lo sentimental, lo imaginativo, sino que para mí esas dimensiones de la vida humana no eran tan problemáticas. Nací en una familia feliz, mis padres me querían, he tenido hermanos… En el mundo he encontrado mucha más buena gente que mala gente. También encontré una mujer de la cual me enamoré y llevamos más de 50 años juntos. Mi fallo era la parte intelectual.
¿Cuándo diría que comenzó su proceso hacia la fe?
Yo siempre quise salir de mis dudas, desde muy joven. A los 20 años pensé que debía dedicarme a resolverlas, no de una manera tangencial, sino como algo central en mi vida. Y por eso estudié filosofía y he sido profesor de esta disciplina. Con lo cual, he tenido la suerte de que me han pagado por aquello que quería hacer.
Y lo más grande es que, al cabo de 50 años, he conseguido realmente salir de dudas y he pasado de la incredulidad a la fe. En cierto modo, el libro es una especie de dar cuenta de ese largo proceso, no de negación de la fe, sino de la falta de sentimiento de una persona que está en una situación de dudas y que tiene que dar todas las vueltas posibles al tema. No para estar cien por cien seguro, porque esa seguridad no se tiene nunca, sobre todo en las cuestiones realmente importantes. Pero sí de una manera suficiente como para asumir una identidad como creyente.
LA BÚSQUEDA DEL INCRÉDULO ES LA BÚSQUEDA DE UN SENTIDO QUE NO ENCUENTRA, PERO QUE POR LO MENOS TIENE UNA CIERTA ESPERANZA DE ENCONTRAR
Como la persona que de repente tiene la corazonada de que tal número va a salir en la lotería y es capaz de apostar todo lo que tiene. Mientras uno no es capaz de dar ese paso de apostar absolutamente todo lo que tiene a un determinado número, en este caso a Dios a través de Jesucristo y a través de la Iglesia católica, no puede decir que es creyente al cien por cien. Yo ese paso solamente lo di hace dos años y desde entonces estoy recogiendo los frutos de toda una vida de trabajo, de dudas, de sufrimientos y también de alegrías.
¿Cuánto ha tardado en escribir todo este proceso?
Este libro no está escrito en un día, ni en un mes. Lo he ido escribiendo a trozos, a lo largo de los últimos veinte años. Poco a poco, a medida que iba resolviendo cierta duda o que tenía cierta experiencia, escribía un capítulo, lo iba redondeando. Y así se ha ido segmentando como si fuese una estalactita, hasta que he vuelto a la práctica de los sacramentos, el paso decisivo hacia la religión.
Te puede interesar. conferencia de Juan Arana en la Universidad de Navarra: "La filosofía en las relaciones entre fe y ciencia"
¿Podría decirse que este es un libro para ayudar a los que no creen?
Es muy difícil totalizar. De la misma manera que hay muchos tipos de creyentes y también hay muchos tipos de ateos y muchos tipos de incrédulos y de agnósticos. Me parece dificilísimo, diría que imposible, dar una receta que pueda valer para todos.
Yo he trabajado prácticamente toda mi vida en una universidad pública y en un ambiente, el filosófico, que es prioritariamente no creyente; porque la mayor parte de la gente que estudia filosofía no ve la religión como la primera alternativa. Y en ese sentido me siento muy próximo a ellos.
Todos tenemos nuestras dudas, nuestras esperanzas y, de alguna manera, nuestra fe. Cada uno tiene que ir saliendo poco a poco de ese agujero y buscar las certezas que sean esenciales para poder llevar a cabo una existencia con sentido. La búsqueda del incrédulo es la búsqueda de un sentido que no encuentra, pero que por lo menos tiene una cierta esperanza de encontrar. Yo le diría a cualquier incrédulo, o a cualquier ateo, o a cualquier persona, que no renuncie a las esperanzas que tiene y que al final la cosa no es tan dura, tan difícil, tan negra, tan pesimista como en los momentos más de mayor decaimiento.

Nietzsche, Marx... La idea de que los hombres creen en Dios para encontrar la esperanza ante los temores y sufrimientos del mundo ha calado mucho en nuestro tiempo. ¿Usted qué respondería?
En la filosofía de los últimos dos siglos la actitud dominante parece que se inclina hacia el ateísmo, o por lo menos a una situación de duda, de escepticismo. Incluso ha generado toda una actitud, que es lo que se llama filosofía de la sospecha, que pone entre paréntesis cualquier presunta verdad o cualquier presunta afirmación.
Creo que esa actitud crítica, en cierto modo es buena, puesto que uno tiene que tener el juicio para valorar cuándo algo es una buena respuesta y cuándo es una pseudo respuesta. Lo que ocurre es que no se puede automatizar y decir “por sistema niego todo lo que se me plantee”. Hay toda una jerarquía de sospechas y de afirmaciones.
Yo opino que lo interesante de la filosofía es la actitud de confirmar que, efectivamente, no es que lo tenga todo absolutamente claro y seguro, pero soy una persona capaz de apostar. Y voy a apostar fuerte por lo que considero que es más probablemente verdadero.
Lo que criticaría es la cerrazón, el poner el “no” por delante. Es mejor estar dispuesto a comprobar si lo que me presentan como verdad resiste mis dudas y también si resiste mi indagación. Cuando honradamente se mantiene esa actitud de intentar ser un poco neutral, al final uno empieza a notar que por dentro las cosas no están tan fosilizadas, tan inmóviles.
Una buena noche estrellada en el campo es un espectáculo tan maravilloso, tan sublime, que te hace plantearte si realmente es posible que eso esté ahí sin más. Tiene que tener un sentido. Entonces ya no es la pregunta de si hay sentido, sino cuál es el sentido. Una vez que uno se pone en esa tesitura, al final llega a la conclusión de que no estamos solos y de que merece la pena hacer esa apuesta importante.








