martes, marzo 03, 2015

Corazón de sacerdote.......















Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas en los ojos, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra” (Fil 3: 18-19).
Permitidme que os abra mi corazón y os cuente algunos de los secretos que hay en él.
Para mí, sacerdote de Cristo, los feligreses no son nunca un tanto por ciento o una masa informe a la que hay que atender. Cada uno es una vida, una historia, miles de sufrimientos y problemas, alguien a quien escuchar, encaminar, ayudar, perdonar, dar vida…
Los porcentajes y los cálculos estadísticos son resultados amorfos e impersonales de las Conferencias Episcopales a través de los cuales pretenden ver la salud espiritual de un país. Son meras indicaciones “aparentemente” objetivas y que nos pueden dar una idea de la asistencia al culto, recepción de los sacramentos… y ya es bastante; pero nada más.
Llevo de sacerdote algo más de treinta años. Los últimos diecisiete los he pasado en una zona rural – espiritualmente arrasada- atendiendo varias parroquias pequeñas. En total serán alrededor de cuatro o cinco mil personas. La asistencia semanal a Misa queda reducida a un total de 150 personas (más o menos) entre todas las capillas que atiendo. El número de confesiones semanales se acerca más al cero que al uno; y en cuanto a las comuniones, con un paquete de doscientas formas tengo para cerca de dos meses.
Al cabo del año suelo tener unos veinte entierros, de los cuales han recibido el viático y la unción de los enfermos no más de uno. Casi la totalidad de las personas a las que entierro no las he visto nunca por la iglesia, salvo en algún funeral o en las fiestas patronales. Los familiares del enfermo casi nunca llaman al sacerdote para que vaya a asistirles en los momentos finales de la vida; y en algunas ocasiones hasta he sido echado de las casas o me han prohibido acercarme a ellas. Recuerdo una persona en concreto que vivía enfrente de la Iglesia. Me dijeron que estaba gravemente enfermo de cáncer. En varias ocasiones les ofrecí a los familiares acercarme antes o después de Misa para “saludarle” y siempre me dijeron que ni se me ocurriera; temían de que se asustara al ver a un cura.
En la Misa de funeral que se celebra por su eterno descanso, hay un silencio sepulcral (nunca mejor dicho), nadie responde ni al “Señor esté con vosotros”; sólo se oye el rumor continuo de los hombres que se quedan fumando a la puerta de la Iglesia esperando que todo acabe. Los fieles que asisten a la Misa no saben si quedarse de pie o sentados, ya que la gran mayoría de ellos (unos doscientos) no suelen pisar nunca la iglesia.
Durante diecisiete años les he estado hablando de la necesidad de preparar a los más viejitos para cuando Dios les llame, les he dado catequesis sobre las maravillas del cielo y los horrores del infierno; pero como en la canción de Julio Iglesias: “La vida sigue igual”. Yo sufro grandemente. Sé que mientras le quede el último aliento hay esperanza; pero una vez que se ha expirado la suerte ya está echada. Lo que haya ocurrido entre él y Dios en el último instante no lo sabremos por ahora, sólo se hará público en el juicio final; es por ello que no nos toca a nosotros juzgar, sino rezar y no perder nunca la esperanza. De todos modos, tengo que quitarme de la mente el pensar que esa persona, a la que hoy estoy enterrando, pueda estar ya sufriendo en el infierno para toda la eternidad. Y es que continuamente me acuerdo de palabras que me hacen difícil creer que esa persona se pueda salvar: “Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom 6:8; 2 Tim 2:11). Y también este otro pasaje: “El que no está conmigo está contra mi” (Mt 12:20).
Cuando tengo la suerte de visitar a mis queridos viejitos, bien porque me lo ha dicho algún familiar o porque yo me he acercado al saber que estaban enfermos y me han abierto la puerta, me agarro a ellos como un pulpo y no les pierdo ya de vista. Entonces les preparo, confieso, visito semanal o mensualmente… incluso les llevo comida y ropa si lo necesitan. En una palabra, hacemos el viaje juntos hasta que el Señor les llama. El día que me toca visitar a enfermos es para mí el día más feliz de la semana. Con cada uno me suelo pasar un buen rato, les animo, les cuento chascarrillos, y lo más importante, les confieso, les llevo la Eucaristía y les voy preparando el corazón para su encuentro definitivo. En la Misa de funeral les suelo hablar a los amigos y familiares del difunto de cuánto le quería, de la amistad tan grande que se hizo entre nosotros y de las vivencias que teníamos juntos cuando le anunciaba que pronto se encontraría con Jesús y la Virgen en los cielos. De ese modo intento a animar a otros a hacer lo mismo; pero de momento no se ven resultados.
Otro de mis grandes sufrimientos en las parroquias son los niños. Me llegan con seis o siete años para prepararlos para la Primera Comunión. Durante dos años sé que van a ser mis hijos. Cuando los recibo, prácticamente ninguno sabe hacer la señal de la cruz o rezar el Padrenuestro. Ninguno sabe dónde está Jesús en el templo… y a penas lo reconocen por el nombre.
Van pasando las semanas y veo cómo esos niños se van integrando, aprenden a rezar, a tomar el agua bendita cuando entran en el templo, saludan a Jesús poniéndose de rodillas delante del Sagrario… ¡qué maravilla! ¡Benditos ángeles de Dios! Pero esa alegría yo sé que me va a durar muy poco. Los meses que preceden a la ceremonia de la Primera Comunión preparamos todos los detalles, ensayamos, confesamos, ellos reciben el pan por primera vez para que sepan qué tienen que hace cuando tengan al Señor dentro. Hacen la Primera Comunión. Todos felices. Yo incluso más que ellos. Pero ¡ay de mí! ¡Ahí se acabó todo! De los veinticinco o treinta niños que hicieron la Primera Comunión, la semana siguiente aparecen cuatro o cinco a la Misa, y dos semanas después, ya ninguno. Sé que ya no los volveré a ver, salvo algún día que me cruce con alguno por las calles cuando vaya a visitar a un enfermo; o cuando vuelvan a la Iglesia, ya con veinticinco o treinta años para que les bautice el primer hijo. Y bien digo bautice un hijo, pues eso de casarse “ya no se lleva”.
¡Qué dura es la vida de un sacerdote! ¡Qué dura es la vida! Al final uno tiene que luchar contra el desánimo y el desengaño; aunque yo nunca tiro la toalla, pues sé que cada alma ganada para Cristo es un triunfo para Dios. Por otro lado uno sabe que sus días no pueden acabar de otro modo, clavado en la cruz como su Maestro.
De los pocos consuelos humanos y espirituales que ahora tengo, ustedes son uno de ellos; hombres y mujeres hambrientos de Dios, a los cuales abro mi corazón y mi entendimiento, hinco las rodillas en la capilla y por los que pido continuamente. Ustedes han sido y son para mí, un nuevo apostolado. ¡Que Dios les bendiga!
Padre Lucas Prados

sábado, febrero 28, 2015

Ciudadanía.











Surco > Ciudadania > Punto 301
301 
No es verdad que haya oposición entre ser buen católico y servir fielmente a la sociedad civil. Como no tienen por qué chocar la Iglesia y el Estado, en el ejercicio legítimo de su autoridad respectiva, cara a la misión que Dios les ha con fiado.

Mienten —¡así: mienten!— los que afirman lo contrario. Son los mismos que, en aras de una falsa libertad, querrían “amablemente” que los católicos volviéramos a las catacumbas.(S. Josemaría Escrivá)

jueves, febrero 26, 2015

Cuaresma, doble ración.





oración de petición       Cuarto día de examen. Hoy consideramos nuestra relación con Dios, y lo hacemos, según nos indica el propio Señor, llevando los ojos a nuestra oración de petición.
   Pedid y se os dará (…) Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra? Pedir es propio de pobres y de niños. Somos ambas cosas.
   Sin embargo, hay formas y formas de pedir. Algunos quieren comprar los favores a Dios: «Señor, si me concedes esto, rezaré tantas oraciones y ofreceré tales sacrificios». Otros, más que pedir, parecen darle órdenes a Dios: «Señor, dame esto». Si Dios no les concede lo que piden, lo castigan: «No voy a misa porque Dios no me dio lo que le pedí». Otros piden como si tuvieran derecho a recibir: «Señor, concédeme esto, que yo soy de los buenos, de los que rezan»…
   Tú pide, que estás necesitado. Pide mucho. Pero pide como hijo, con confianza y sencillez. Sobre todo, cuando pidas, acepta la voluntad de tu Padre. Y si, en lugar de lo que pides, te concede otra cosa, recuerda que Él te ama y sabe lo que necesitas y lo que es bueno. Así serás hijo de Dios.



La penitencia se aprende en Nínive

penitencia   Nos examinábamos el lunes sobre caridad, ayer sobre oración… Y hoy, completando la tríada cuaresmal, sobre penitencia. ¿Nos hemos arrepentido de verdad de nuestras culpas? ¿Hemos hecho lo posible por reparar?
   Los ninivitas se convirtieron por la predicación de Jonás. Y aquí hay uno que es más que Jonás. Aquellos hombres no contaban con el sacramento del Perdón. Por eso, todo lo fiaron a sus ayunos y penitencias. Dios se conmovió y los perdonó.
   Nosotros nos hemos confesado, hemos recibido la absolución… Y hemos vuelto a pecar, para retomar ese círculo entre vicioso y virtuoso.
   Si los ninivitas lo fiaron todo a sus ayunos –¡No tenían otra cosa!– puede que nosotros lo hayamos fiado todo al sacramento del Perdón. Pero no hemos hecho penitencia, ni hemos ayunado, ni nos han dolido nuestras culpas. ¡Así nos va! Por eso hemos vuelto a los mismos pecados.
   Pedid la verdadera contrición, ese dolor intenso y dulce de amor por haber ofendido a Dios. Y que ese dolor nos lleve a llorar y a reparar, esta Cuaresma, lo que hasta ahora no hemos llorado ni reparado. No dejemos que el Señor se lleve todo el castigo de nuestras culpas. Algo debería tocarnos a nosotros.

miércoles, febrero 25, 2015

Orar y pedir perdón....






examen de conciencia   Amanecemos este lunes en el desierto. Cada uno de nosotros hemos hecho nuestro pequeño (porque somos pequeños) «plan cuaresmal», con ayunos, penitencias, sacrificios… ¿Y bien? ¿Ahora qué? ¿Qué hacemos en el desierto?
   Lo primero, disfrutar de la soledad con Cristo. Sin Él, la Cuaresma queda reducida a una mera dieta de adelgazamiento. Y, para eso, no hace falta ir a la iglesia. Por tanto, deja que la oración, en estos días, lo ocupe todo.
   Y, más concretamente, en esta primera semana, guiados por el mismo Señor, realizaremos un detenido examen de conciencia.
   Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer… Deja que estas palabras te hieran. Y pide perdón, en primer lugar, por tus faltas de amor.
   ¡Cuántas faltas de amor! ¡Cuántos pecados de omisión! ¡Cuántas personas se nos han pasado por alto! ¡Cuántas deudas de caridad con aquéllos que nos necesitaban! ¡Cuánto daño infligido al prójimo, a veces por descuido, otras veces con intención!
   ¿Y me preguntas qué hacemos en el desierto? Por de pronto, llorar y reparar. Hay motivo. Y pedir la gracia de nunca más herir a Cristo en el prójimo.

domingo, febrero 22, 2015

En la mesa con VISA.





Jamás tan poca gente cocinó y jamás hubo tantos cocineros mediáticos, sicólogos, capaces de conseguir un" aire de jamón", niños concursando, madres concursando...la gula es pecado capital, más con el dinero de la Visa ajena, y es tiempo de ayunar en cuaresma...



Aréchaga de nuevo....

Detalle del cuadro "Los pecados capitales" del BoscoLa lucha contra la corrupción ha puesto de moda el strip-tease de cuentas bancarias o de gastos con Visa de personajes acusados de aprovecharse de sus cargos para gastar alegremente el dinero público en caprichos.  Entre los múltiples lujos permitidos a golpe de tarjeta corporativa, llama la atención el dinero gastado en restaurantes de altos precios, que en algunos casos dan lugar a gastos acumulados de decenas de miles de euros.
Esta inclinación a la buena mesa, a cargo del presupuesto oficial o de la caja de ahorros pública, ha sido compartida tanto por el ejecutivo arrogante como por el sindicalista aupado a consejos de administración a hombros de su sindicato. Da la impresión de que el primer signo de su importancia ha sido ir a comer a restaurantes de lujo.
Solo cambia el disfraz del mantel que cubre la mesa. En unos casos se trata de solemnizar reuniones de negocios, de mostrar la solidez del proyecto por la desenvoltura con que se paga la elevada cuenta. Pero como resultan ser  empresas que luego han terminado en estrepitoso fracaso, cabe pensar que los vapores del alcohol se les subieron a la cabeza hasta obnubilar su inteligencia. En el caso de los sindicalistas es también común disimular  los consumos de feria y banquete como gastos de negociación laboral o de cursos de formación. El hecho de que el derroche sindical se difumine en un colectivo parece dar por bueno el desvío de fondos.
Esta afición a los restaurantes de cinco tenedores resulta más irritante en una época en que el tupper se ha puesto de moda entre los empleados, o cuando los menús de oficina ajustan cada vez más su precio. Por no hablar de aquellos que comen gracias a los Bancos de Alimentos.
Ahora que causan escándalo los caprichos culinarios de los acusados por mala administración de fondos, podría ser también el momento de desmitificar la cultura gastronómica que desde hace algunos años se nos ha subido a la cabeza. No es que haya que despreciar la aportación que supone a la calidad de vida ni el atractivo turístico de la buena cocina, ni negar el talento de los buenos cocineros. Pero que el chef estrella sea nombrado doctor honoris causa, o que haya que ofrecer un añadido gastronómico para atraer al público al concierto o a la exposición, parecen indicar que el interés por la comida se nos puede indigestar.
Aunque nuestra cultura religiosa esté hoy bastante por debajo de la gastronómica, también podríamos recordar que entre los pecados capitales figura la gula. Este afán desordenado por la comida o la bebida no se revela solo en los abusos de un Pantagruel o en la escena de la Mesa de los pecados capitales de El Bosco. También el exceso de sofisticación puede ser una índice de dependencia de la comida.
En una época tan preocupada por los trastornos alimentarios y la obesidad, no estaría fuera de lugar probar la dieta de ponerse algo menos en el plato, y más ahora que don Carnal va a ceder el puesto a doña Cuaresma.
Y, en cualquier caso, que cada uno pague su cuenta, que también es algo que siempre ayuda a moderarse.

viernes, febrero 20, 2015

Silvio Rodríguez, desancantado con el comunismo.




Dedicado a mis sobrinos y a todos los desecantados que buscan el paraíso de Podemos.....




yusnaby-comunismo-silvio-rodriguez
LA HABANA, Cuba.- El cantautor Silvio Rodríguez afirmó en su reciente recorrido por los barrios del país que ha aprendido que “la gente está jodida, muy jodida, mucho más jodida de lo que pensaba” y que sus presentaciones en esas zonas le han servido para “conectarse con la realidad” de Cuba.
Recientemente, Silvio ha estado de gira por el oriente del país y le ofreció una entrevista a un bloguero y periodista holguinero. Las declaraciones aparecieron publicadas hace unas horas en el sitio oficial de la Mesa Redonda, despertando así mucha más polémica.
El fundador de la “Nueva Trova” tocó uno de los temas más delicados en la isla: el acceso casi nulo a la internet:
“Se plantea que tecnológicamente está toda esa discusión del famoso cable de Venezuela, toda esa cosa. Es verdad, hay que crear una infraestructura aquí, que cuesta dinero. Pero los cables telefónicos están desde hace muchos años echados en Cuba y el sistema inalámbrico es una cosa que sí, debe costar su dinero, pero cada vez debe costar menos, cada vez es una cosa más común.”
El gobierno cubano siempre se ha justificado con el Embargo para limitar la conectividad en la isla. Sobre esto, Rodríguez expresó:
“Veremos qué hacer cuando Google ponga en órbita los 180 satélites esos que tiene pensados poner para darle internet a la parte del mundo que no tiene, cubanos incluidos supongo.”
Actualmente, el acceso a internet es prohibido para domicilios (sólo puede ser contratado por extranjeros residentes en Cuba). La única posibilidad de acceder a la red de redes es en las salas estatales Nauta, a un precio de 4,50 CUC la hora (equivalente a la mitad de un salario mínimo mensual).
“Vamos a ver las nuevas generaciones a quiénes les agradecen el internet. Es uno de los grandes problemas que tenemos ahora mismo. El joven que no está pensando en otra cosa que mirar lo que le interesa, en resolver, en conectarse con la página del reguetonero no sé quién, lo que sea, lo que tenga en mente, y que de pronto, de un día para otro haga así, pácata, y con su telefonito se conecte con cualquier lugar del mundo. ¿A quién se lo va a agradecer?: ¿A nosotros?, ¿a nuestro país?, ¿a su gobierno?, ¿o a Google?”, dijo Silvio.
El autor de “Unicornio” reconoció que tiene “una vida mucho más cómoda que la inmensa mayoría de los cubanos” pero no se vira de espaldas: según sus palabras.
En otra parte de la entrevista, Silvio dijo que en todas las sociedades hay personas que quieren “un futuro mejor” y que quieren “progresar” y que muchos cubanos creyeron que ese progreso llegaría con el Comunismo.
“Cuando uno cantaba: Te convido a creerme cuando digo futuro, realmente uno no pensaba que este era el futuro. Uno pensaba que el futuro iba a ser otro.”

miércoles, febrero 18, 2015

Miércoles de ceniza, cuaresma.



cuaresma   La ceniza –salta a la vista– no es confeti. Al recibirla sobre nuestras cabezas, no nos vestimos precisamente de fiesta. Cuando alguien me dice: «¡Qué ganas tengo de que comience la Cuaresma!», me quedo con cara de haba, y casi me da vergüenza responder. La verdad: ganas, lo que se dice ganas… Tengo ganas de comer, de descansar, de irme a la playa y de ver una buena película. Pero de hacer penitencia, comer potaje o (en su defecto) ayunar… No tengo ganas. Y no lo haría si no fuese estrictamente necesario.
   Pero, por desgracia, es estrictamente necesario. Para mí, y –sin perdón– también para ti. Porque hemos pecado, porque nos hemos apartado de Dios, porque hemos desobedecido, porque hemos tomado el camino de la muerte y abandonado el de la vida. Y lo peor que podría sucedernos es que no quisiéramos verlo.
   La Cuaresma es nuestra gran oportunidad. Dios no sólo nos permite volver sobre nuestros pasos para recuperar el camino, sino que Él mismo, encarnado, viene con nosotros y nos alimenta. Adentrarse en soledad en la Cuaresma es locura. Abrazados a Cristo por la oración y la gracia… Hasta el potaje y el ayuno sabrán a delicias celestiales.

http://www.espiritualidaddigital.com/   es una meditación brevísima para cada día, hecha con inteligencia, muy sencilla y práctica del evangelio. Está el enlace permanente entre mis blogs favoritos. No te la pierdas.

lunes, febrero 16, 2015

Plaza del cura Saura.









En las periferias desde hace mucho tiempo...gentileza del old chap




Puso en marcha la construcción de 1.189 pisos
Vallecas le dedica una plaza al cura de los sin techo
Su impulso sirvió también para concienciar a los responsables políticos de la situación indigna en la que vivían muchas personas en El Puente de Vallecas
Los vecinos se han movilizado para homenajear así a José Luis Saura, sacerdote comprometido con las familias sin viviendas del barrio en los años 70.
Saura, médico aragonés y sacerdote del Opus Dei, dejó una Vallecas socialmente transformada en 1975 para volver a su tierra natal y ser el primer rector del santuario mariano de Torreciudad, en Huesca. Falleció el pasado 17 de diciembre de 2013, víctima de un cáncer.


R.C.
La presidenta de la Junta Municipal de Puente Vallecas, Eva Durán, inauguraró el pasado domingo, a las 13.00 horas, una plaza dedicada a José Luis Saura, sacerdote fallecido en 2013 que impulsó la renovación social de la vivienda en la zona durante los años 70.
En torno a 500 vecinos del barrio se han movilizado para homenajear así al cura de los sin techo, que puso en marcha la construcción de 1.189 pisos a través de la Cooperativa de Nuestra Señora del Cerro para mejorar las condiciones de vida de numerosas personas que vivían en cuevas, chabolas y casas bajas. Su impulso sirvió también para concienciar a los responsables políticos de la situación indigna en la que vivían muchas personas en El Puente de Vallecas, hace ahora 45 años.
Con este reconocimiento, solicitado por vecinos, colegios, entidades juveniles, residencias de ancianos y comercios de la zona, Vallecas agradece el compromiso y la cercanía de Saura con las dificultades económicas y sociales de los vecinos desde la Parroquia de San Alberto Magno.

La plaza, aprobada por la Junta Municipal de Puente Vallecas tras recibir más de 2.240 firmas de respaldo al proyecto, está situada entre las calles Pío Felipe, Mohernando, Humanes y Benjamín Palencia.

domingo, febrero 15, 2015

Para Francisco,Papa emérito Benedicto.














Mons. Ganswein asegura que Benedicto XVI y Francisco son muy diferentes pero tienen en común el depósito de la Fe.

Dos años después de su renuncia, el papa emérito Benedicto XVI , de 88 años, lleva una vida monacal, sigue interpretando a Mozart en el piano y «su cabeza funciona perfectamente», tal y como explicó su secretario particular, Georg Gänswein. En una entrevista publicada ayer por el diario Corriere della Sera, el prelado alemán evoca la retirada del papa emérito alemán en el monasterio Mater Ecclesiae, sobre la colina del Vaticano.
Benedicto XVI «tiene algunos problemas en las piernas», pero «su cabeza funciona perfectamente», dijo Mons. Gänswein. En las últimas semanas «ha vuelto a tocar el piano con frecuencia». «Sobre todo Mozart, pero también otras piezas que le vienen a la cabeza, que toca de memoria», precisó.
El secretario del papa emérito describe un ritmo de vida «muy metódico»: levantarse a las 7.45, «un poco más tarde que antes», misa, breviario, desayuno, oración, lectura, correspondencia, y «a veces, visitas». El resto del día, lo reparte entre paseos, oración, lectura y las noticias de Italia.
Joseph Ratzinger ha elegido «un estilo de vida monacal. Sólo sale cuando el papa Francisco se lo pide. No acepta otras invitaciones», afirmó Mons. Gänswein.

Papas muy diferentes

El papa emérito y su sucesor «son diferentes, a veces muy diferentes». «Pero tienen en común «la sustancia, el «depositum fidei» (el contenido de la fe), que deben anunciar, defender y promover», indico el arzobispo.
Además, volvió a despejar interrogantes sobre la renuncia del papa alemán: «Benedicto XVI está convencido de que la decisión que tomó y comunicó fue correcta. No tiene ninguna duda de ello».