viernes, marzo 24, 2017

Cristianos en el mundo, mensaje del opus dei y carta a Diogneto.












ASOMBROSA CARTA DE PRIMITIVA CRISTIANDAD. ESCRIVÁ DECÍA QUE EL ESPÍRITU DEL OPUS DEI ENGARZABA CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS. POR SUPUESTO NO ES ALGO EXCLUSIVO DEL OPUS DEI, SINO DE TODA LA IGLESIA.




Los cristianos en el mundo 
"Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres. 
Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho. 
Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida.Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo.Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida.Los.judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad. 
Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo.El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres. 
El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar."  
De la Carta a Diogneto (Cap. 5-6; Funk 1, 317-321)  
  

miércoles, marzo 22, 2017

Confesar los pecados.










Nunca es más digno el hombre o la mujer que arrepentido de sus pecados, los confiesa en el sacramento de la confesión. Para quienes dicen confesarse directamente con Dios les pregunto ,oís con certeza la voz de Dios que os perdona?. Los que confesamos, tantas veces de las mismas cosas vergonzosas y mediocres, oímos al sacerdote que nos dice Ego te absolvo a peccatis tuis,Yo te absuelvo de tus pecados...

Ya puestos, gato con encanto.

lunes, marzo 20, 2017

Quiero ser un burro bueno.



Ya sé que queda tiempo para el domingo de ramos,




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Jesús mío, en todas partes.




Mercedes Macia
3 h
Cristo conmigo,
Cristo ante mí,
Cristo tras de mí,
Cristo en mí,
Cristo bajo mí,
Cristo sobre mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto,
Cristo cuando me siento,
Cristo cuando me levanto,
Cristo en el corazón de todo hombre
que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo hombre
que hable de mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me escucha. San Patricio.

viernes, marzo 17, 2017

La Misa en la tele; muy claro Navarro Valls.

Y con argumentos jurídicos y no opinione absurdas.









España: polémica de Podemos, con la Conferencia Episcopal por la misa en televisión

La Misa de la TVE2 del pasado domingo casi triplicó su audiencia
Rafael Navarro Valls

Las pasiones violentas  enrarecen los debates. Conviene aislarlas en una zona de silencio, de modo que no pasen por encima de los principios, creando una atmósfera de intolerancia. Me da la impresión de que el debate acerca de los actos de culto retransmitidos por televisión está entrando peligrosamente por esas veredas. Procuraré no transitarlas.
Uno de los núcleos de la cultura es precisamente el “culto”. Nótese que la palabra cultura proviene, entre otros sentidos, de culto, aquello que el ser humano aprecia y venera. Tal vez por ello, la Observación General nº 21 (n.18), referente al Pacto Internacional de Derechos económicos, sociales y culturales,  explícitamente reconoce la religión como un “elemento de la cultura”. La mejor  doctrina jurídica  –comentándola–  concluye que “la marginación de elementos religiosos del espacio público sería una violación del derecho a participar en la vida cultural para un individuo y su grupo “.
Grupos sociales significativos 
El tema es importante, porque las “Observaciones Generales”  al Pacto internacional  son instrumentos utilizados por el Comité Internacional  de Derechos Económicos, Sociales y Culturales con el propósito de prestar asistencia a los 92 Estados –  Partes, incluida España.
Esta es la razón –entre otras– de que en nuestro país  exista el llamado “derecho de acceso” a la radiotelevisión estatal, también para las confesiones religiosas , que deben entenderse incluidas  en el art. 20. 3 de la Constitución , que reconoce a los “grupos sociales y políticos significativos  el derecho de acceso  a los medios de comunicación social dependientes del Estado  “. El hecho de que existan en España  34.  496. 250 de  bautizados en la Iglesia católica  –  que cubrirían el 73% de la población – obviamente permite calificarla de grupo social “significativo”, expresamente mencionada en el artículo 16 de la Constitución  y con la que los poderes públicos mantendrán “relaciones de cooperación”. También las minorías religiosas con “notorio arraigo” y acuerdo con el Estado  –judíos, islámicos y protestantes – participan – junto con la Iglesia católica – del derecho de acceso a la radiotelevisión pública.
¡Sobre estas bases,  la última controversia en materia religiosa que ha estallado en España  versa sobre la retransmisión de la Misa los domingos, de la que se benefician aquellos católicos españoles que, no pudiendo acudir a cumplir el precepto dominical por enfermedad, vejez u otro tipo de incapacidad, ven satisfecho su deseo a través de la televisión pública, la de todos.
Controversias religiosasUna propuesta de Unidos Podemos 
Frente a este hecho objetivo, el grupo  Unidos Podemos exigió en el Congreso:  “Que nuestra televisión pública no privilegie a una parte de la sociedad por sus creencias religiosas o ideología, sino que sea plural, aconfesional y acorde con la Constitución, en particular, una televisión pública sin espacios que privilegien a determinadas confesiones religiosas” . La artillería se centró en la Misa dominical de TVE 2., en base a una rígida y peculiar concepción de la  “neutralidad religiosa”. Sin embargo, una  visión un poco más amplia de la pluralidad y de la aconfesionalidad remite a la “neutralidad ideológica y religiosa” del Estado, como ha señalado el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Con ser un concepto aparentemente sencillo, introduce ciertas complejidades. Y ello, porque la rígida  neutralidad debería  ejercitarse, si se quiere ser mínimamente no discriminatorio, no sólo a la religión, sino a otros fenómenos sociales y otras cosmovisiones. ¿Debe la televisión pública, la de todos, por coherencia eliminar de su parrilla de programación deportes mayoritarios, como el fútbol? ¿Puede, por mor de la neutralidad, eliminar el fútbol, a favor de otros deportes minoritarios, como el hockey sobre hierba? Conviene no olvidar que la televisión pública también ofrece espacios a otras confesiones religiosas (“Buenas noticias TV”, “Culto evangélico”, “Medina en TVE” o “Shalom”, entre otros) y que una rígida  neutralidad barrería el hecho religioso de las ondas, contra lo que es normal en nuestra sociedad: la diversidad. Baste observar las normas sobre derecho de acceso – ampliamente permisivas- en nuestro entorno : Alemania, Portugal, Italia etc.
 La neutralidad objetiva y el laicismo neutralizadorHace unos años, un eminente  catedrático norteamericano, Joseph Weiler, lo explicó de modo sencillo a los jueces de Estrasburgo en un caso que atrajo la atención de toda Europa, aunque estaba limitado a una cuestión bien concreta: la presencia de los crucifijos en las aulas de los colegios públicos italianos. Explicó Weiler que tan falta de neutralidad podría resultar, en algunos países, la pared de un aula con crucifijo, como en otros la desaparición del mismo. La decisión final (s. Lautsi v. Italia )  se inclinó por entender que ese signo religioso no atentaba contra las obligaciones contenidas en el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Y lo hizo, evitando confundir la neutralidad del Estado con una de sus interpretaciones más problemáticas y más controvertidas en el ámbito internacional: aquella que suele denominarse “neutralidad excluyente”, porque tiende a extirpar un factor social, el religioso, de la vida pública como pretendiendo que no exista. Si un Estado debe y puede responder a las demandas razonables de sus comunidades religiosas, entonces lo lógico y lo razonable (lo jurídico también) es la permanencia de la retransmisión de la Misa dominical.
Parece que esta retransmisión televisiva religiosa algo de importancia debe tener, cuando en una especie de “plebiscito” informal, la Misa de la TVE2 del pasado domingo casi triplicó su audiencia, tras anunciarse la posibilidad de que el Parlamento español pusiera en marcha el correspondiente procedimiento para su supresión. Ciertamente, cabe esperar que, en cumplimiento del artículo 25 de la Ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión de titularidad estatal (“La programación del servicio público encomendado a la Corporación RTVE deberá atender especialmente a los colectivos sociales que requieran una atención específica hacia sus necesidades y demandas…”) no se desoigan las solicitudes de aquellos ciudadanos que , por dificultades , no pueden satisfacer por sí mismos las necesidades que corresponden al ejercicio de un derecho fundamental (la libertad religiosa), como así hace el Estado respecto de aquellas personas en situaciones de limitación (lo que en derecho se llama “situaciones de especial sujeción”).  Piénsese en los pacientes de hospitales públicos, de centros penitenciarios o militares, respecto de los cuales la Ley Orgánica de Libertad Religiosa establece: “Para la aplicación real y efectiva de estos derechos, los poderes públicos adoptarán las medidas necesarias para facilitar la asistencia religiosa en los establecimientos públicos, militares, hospitalarios, asistenciales, penitenciarios y otros bajo su dependencia”.
Blindando las ofensas
De entrada, conviene recordar que el Estado se comprometió en su momento, a través de un Acuerdo que ha demostrado ser sólido y firme por encima del paso del tiempo : “Salvaguardando los principios de libertad religiosa de expresión, el Estado velará para y que sean respetados en sus medios de comunicación social los sentimientos de los católicos y establecerá los correspondientes acuerdos sobre estas materias con la Conferencia Episcopal Española”.
Por cierto, este “respeto a los sentimientos de los católicos” nos lleva  a la cuestión de la libertad de expresión artística y la ofensa a convicciones  religiosas. A alguna manifestación de tintes carnavalescos evidentemente molesta para la sensibilidad cristiana , se la ha intentado blindar argumentando  la “ausencia de intención de ofender” , aislándola de cualquier  tacha social, política o jurídica. Es evidente que no me refiero aquí a la posibilidad de una crítica fundamentada en la que el interés público y la relevancia pública de hechos justificara la crítica, incluso dura, contra la religión, sino a la sátira transgresora que carece de más motivo que llevar las cosas hasta más allá de los límites del respeto y la tolerancia hacia los demás. Sobre todo cuando esa sátira se produce en un entorno financiado con dinero público: resulta difícilmente justificable pagar con dinero de todos los ciudadanos un espectáculo que va claramente dirigido a ofender los legítimos sentimientos de una gran parte de ellos.
A estos efectos conviene recordar el criterio establecido por  la justicia europea, a través  del Tribunal de Derechos Humanos.  En dos ocasiones(casos Wingrove contra el Reino Unido y Otto Preminger Institut contra Austria)  no ha dudado en apoyar aquellas acciones estatales dirigidas a evitar el abuso de la libertad de expresión contra los creyentes religiosos. Si sorprende la petición no fundamentada de un grupo político contra la emisión radiotelevisada de la Misa dominical, también sorprende  que el fiscal encargado del caso  Drag Sethlas, entienda que los disfraces utilizados en la sátira para Jesucristo y su Madre o  el desarrollo del número que incluía frases críticas e incluso posturas sensuales y sexuales,   no ofenden el sentimiento religioso.
Loa casos analizados muestran que el hecho religioso sigue siendo apasionante porque, al margen del fragor de los titulares de prensa o las declaraciones “de alto voltaje”, quienes tenemos la fortuna de estudiar las relaciones entre Estado, derecho y religión no dejamos de vernos sorprendidos día tras día  por nuevas manifestaciones in re religiosa de gran vitalidad que merecen, eso sí, el sereno análisis que nos proporciona el estudio y la reflexión académica. Eso se ha pretendido hacer en estas líneas.
Rafael Navarro-Valls , Catedrático y Presidente de las Academias Jurídicas y Sociales de Iberoamérica

Paz y tranquilidad de las trasparencia.

Gentileza de Javier Cremades


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jueves, marzo 16, 2017

El viejo Profesor y el crucifijo. Tierno Galván.

Tierno Galván era agnóstico. Siendo alcalde intentaron quitar el crucifijo de su despacho, a lo que respondió:

“La contemplación de un hombre justo que murió por los demás no molesta a nadie. Déjenlo donde está.”




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Católicos, con recursos.










 Los católicos, en TVE y en todas partes, llevamos más de 2000 años explicando el camino de salvación según nuestra fe. Multitudes se han beneficiado de este Evangelio, porque así lo ha dispuesto Dios.

¿Qué tiene que ver que haya gente que no piensa igual con el hecho de que se nos pretenda cerrar la boca en aras de lo "politicamente correcto"? Si todo el mundo actuase así, se terminaría la libertad de expresión. Iglesias: menos slogans y mas debates.

Afortunadamente, hoy el que no tiene ideas claras, es porque no quiere. En la era del conocimiento pensar es tan necesario como respirar.

https://sites.google.com/site/veritasliberabitv/

Boticelli; Dios mío, cuánta belleza.





martes, marzo 14, 2017

In pace Javier Mora y Figueroa, sacerdote y marino.



Vengo de velarle. La Obra es el mejor sitio para vivir  para morir, dijo San Josemaría. Fue marino dela Armada, sacerdote y  muchos años Rector de Torreciudad. Le dí un beso en la frente, tantos recuerdos. Hay que estar preparados.



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lunes, marzo 13, 2017

Parlamentario alemán saludando en clave de género.

Fascinante

Cuatro años del buen Papa Francisco.




Hagan lío, Jesús es el camino, las periferias, la propia familia, Iglesia de 24 horas en salida, querer a todos. Mucha oración y unidad. TODOS CON PEDRO A JESUS  POR MARIA.

GRACIAS SANTO PADRE.





Nana Daconte, cantante, creo en Dios y voy a Misa




He tenido épocas duras en las que no he creído en Dios, o estaba enfadada con Él. Me gusta ir a misa de niños con mis hijos y oír que Dios es mi amigo, y que si no quedo con Él, se enfría la fe, como en cualquier relación. Dios me da fuerza. Cuando pasan cosas malas, o que parecen imposibles de afrontar, al rezar vuelvo a recuperar la energía y la confianza en Él.  Rezo las oraciones que me sé y hablo con Él de mis cosas. Lo que sí he cambiado ha sido que, en lugar de pedir y pedir, ahora doy gracias a Dios por lo que tengo. Eso me hace tener una visión más positiva y realista de la vida”

11 de marzo de 2017.- (José Antonio Méndez / Revista Misión Camino Católico)  Fue Disco de Oro y sus canciones tienen millones de visitas en YouTube. Pero hace cinco años se atrevió a hablar públicamente contra el aborto, y la oleada de críticas fue tal que decidió alejarse de los escenarios. Tampoco ayudaron los excesos a los que le llevó la fama. Ahora, Nena Daconte prepara su vuelta con un nuevo disco, que no habría salido a la luz sin el apoyo de sus padres, de su marido, de sus hijos… y de Dios.
Que levante la mano quien no haya tarareado “Tenía tanto que darte”, o “En qué estrella estará”, que incluso fue banda sonora de la Vuelta Ciclista a España en 2006. Su autora, Mai Meneses, conocida como Nena Daconte, pasó de ser Disco de Oro al anonimato, tras sufrir una tremenda presión por cantar, en 2012, en un acto a favor del derecho a la vida. Cinco años después y con dos hijos que, dice, “me han enseñado a madurar y a que me importen un bledo las críticas”, ultima su nuevo disco.
Habla como canta: con una naturalidad próxima a la candidez y un optimismo no exento de melancolía. Su familia, la fama, el trabajo, o cosas que nunca había contado en una entrevista, como su fe o los problemas de salud que padeció cuando se le fue la mano“con… de todo” son las notas con que interpreta esta entrevista, salpicada de sonrisas.
- Mi hijo de cinco años no sabe que estudió Derecho, ni que viene de una familia de notarios, pero cuando le planteé qué le preguntaría él, me dijo: “¿Y por qué a ella le gusta cantar?”
- [Ríe] Porque me relaja muchísimo. Cuando tenía seis años empecé a ir a clase de canto, y mi profesora estaba casada con un mulato que se paseaba con un tití en el hombro. Al verlo, pensaba: “¡Oooh, dedicarse a la música tiene que ser guaaay!”. En realidad, hasta que no entré en Operación Triunfo –que para mí fue “Operación Fracaso”, porque me expulsaron la primera de la segunda edición– no tenía ni idea de esta profesión. Para mí cantar es un camino que me hace mejor persona, tanto en bondad como en sabiduría.
- Explíqueme esto mejor...
- He llegado a la conclusión de que, cuanto más cerca estoy de mi interior, más llega lo que canto. A mí me gusta meter voz y hacer virguerías, y resulta que eso no llega, sino que mi música toca cuando meto lo más íntimo.
- Ha sido varias veces Número 1 en ventas, es Disco de Oro, algunas de sus canciones tienen millones de visitas en YouTube… ¿Cuesta mantener la cabeza fría al alcanzar la fama?
- Es difícil. Yo me volví superinsegura. En lugar de pensar en las circunstancias que me habían llevado ahí, escuchaba mis canciones y pensaba: “No son tan buenas; no merezco tanto”. La verdad es que lo pasé mal. Pero el tiempo y la maternidad me ha hecho separarme de todo y volver al escenario con una seguridad que ojalá hubiese tenido antes.
- Acaba de actuar en dos conciertos solidarios, en Aranjuez y en la Universidad Francisco de Vitoria, y colabora con causas benéficas. ¿Por qué?
- Me gusta ayudar, me da alegría y satisfacción. Como artista es lo menos que puedo hacer. No tengo tiempo para ser voluntaria y dedicarme a ayudar sobre el terreno, así que cuando me piden ayuda, investigo qué hace esa fundación o esa ONG, y me implico. Cantaría gratis todos los días, pero hay que comer.
- También cantó en una marcha provida en 2012. Lo políticamente correcto hubiera sido posicionarte a favor del aborto. ¿Por qué se arriesgó?
- Uno de los organizadores de aquel acto anunció que yo actuaría antes de que lo hubiese confirmado. Cuando salió en los medios, mucha gente me llamó para decirme: “¡No cantes! Escribe un comunicado y di que ha sido un error”. Otros, de la profesión, me decían: “Como estás embarazada, invéntate una excusa”. En Twitter me pusieron a parir durante tres semanas. Me dijeron de todo. Ver tantas reacciones contra el hecho de que cantara, me hizo entender que lo que tenía que hacer era, precisamente, cantar. Me parecía increíble que un artista no pudiera defender una causa como esa. Pensé: “Canto y me juego el cuello. Y si por esto hay gente que no me sigue, pues que no me siga”. Y actué. Luego escribí una canción, “Causas perdidas”, que expresa el enfado contra todos los modernos que van de progres y de tolerantes por la vida, y que si no opinas lo mismo que ellos te hunden y te machacan.
- En esa canción comienza diciendo: “Nací en un país dividido”…
- Sí, y nuestra generación no tendría por qué sentir eso. Somos muy jóvenes, hemos nacido con la Constitución, pero en estos temas, sin embargo, no se puede opinar diferente. En el tiempo que hemos estado de elecciones constantes, cuando surgieron Podemos y otros partidos, la gente de derechas estaba muy asustada porque la izquierda se estaba radicalizando muchísimo.
- ¿Qué opina del aborto?
- Abortar es algo malo. Quienes defienden el aborto dan razones desmoralizándolo: “Es una célula, o como si te sacaran una muela...”. Eso no es verdad: ahí hay un ser humano, hay una vida que se interrumpe. Puedo llegar a entender que haya una ley que contemple una serie de causas por las que una madre pueda abortar, y que tenga con su conciencia los conflictos que sea, pero lo que ha hecho sigue estando mal.
- ¿“Tenía tanto que darte” está compuesta tras un aborto?
- Es una canción de amor. Cuando la canté el Día de la Vida lo hice porque sabía que para mucha gente significaba eso. Pero a otras personas les ha servido para poner palabras a sus sentimientos tras perder a un ser querido, o a una relación que no les hubiera gustado acabar. Me gusta explicar ciertas canciones; otras, como esta, tienen muchos dueños y prefiero que cada uno la interprete como quiera.
- ¿Volvería a actuar en aquel concierto?
- Sí. Aunque, antes del parón, me lo habría pensado. Paré porque quería estar tranquila; no me compensaban tantas críticas y ataques. Sé hacer otras cosas, así que me puedo dedicar a algo que no sea la música y que no me haga sufrir. Ahora vuelvo porque me importa un bledo lo que digan en Twitter. Pero ha habido épocas duras.
- ¿A qué se ha dedicado en este tiempo?
- A mi familia. También he estudiado interiorismo y paisajismo, y he tenido varios clientes. Era gracioso cuando algunos me reconocían y se extrañaban al verme, yo que sé, buscando precios de pérgolas. Pero prefiero trabajar haciendo jardines que verme sufriendo por mantener la fama. Además, ¡he aprendido mucho de plantas! [Ríe]
- ¿Se puede hacer un parón profesional para dedicarse a la familia, sin convertirse en la caricatura de una marujona?
- ¡Sí! Yo me he dedicado a llevar y traer a mis hijos al cole, a hacerles la comida, la merienda, la cena… La verdad es que he sido una marujona total ¡y feliz!

- ¿Cómo le ha cambiado ser madre?
- Me ha dado más peso… ¡en todos los sentidos! Me ha dado madurez y me ha enseñado lo que es el amor de verdad.
- ¿Y el matrimonio?
- Al casarme cerré la puerta de la inestabilidad emocional para estar tranquila y disfrutar de mi marido, de mi familia, de hacernos mayores. Después de casarme dejé de componer canciones dramáticas porque no encontraba esos sentimientos en mi corazón. En mi próximo disco vuelvo a abrir esa puerta porque después de alguna discusión voy guardando el recuerdo de esos sentimientos para poder componer. [Más risas]
- ¿Qué le gustaría que pensaran sus hijos cuando escuchen sus discos?
- Quiero que se sientan orgullosos de su madre. Les podrá no gustar mi música, eso no me importa, pero quiero que puedan pensar: “Mi madre es cantante, o paisajista, o lo que sea, y es una mujer fuerte, luchadora, trabajadora, alegre”.
- Canta a la vida sencilla e imperfecta, pero con optimismo…
- Siempre he tenido mucho sentido del humor y un puntito cínico que me salva de la depresión. Es cierto que me inspira mucho la parte triste de la vida, pero soy como un payaso: aunque tenga dramas por dentro, estoy alegre por fuera.
- Usa expresiones como “levanta la mirada”, “mira alto”… ¿Cree en Dios?
- Sí. He tenido épocas duras en las que no he creído, o estaba enfadada con Él. Pero ahora puedo decir que sí: creo en Dios y voy a misa. Y cuanto más voy a misa, más creo en Dios; y cuánto más rezo, más fe tengo. Me gusta ir a misa de niños con mis hijos y oír que Dios es mi amigo, y que si no quedo con Él, se enfría la fe, como en cualquier relación.
- ¿Qué le da ese contacto con Dios?
- Fuerza. Cuando pasan cosas malas, o que parecen imposibles de afrontar, al rezar vuelvo a recuperar la energía y la confianza en Él.
- Decía san Agustín que “el que canta, ora dos veces”. ¿Reza cantando?
- No. Rezo las oraciones que me sé y hablo con Él de mis cosas. Lo que sí he cambiado ha sido que, en lugar de pedir y pedir, ahora doy gracias a Dios por lo que tengo. Eso me hace tener una visión más positiva y realista de la vida.
- ¿Creer en Dios abre o cierra puertas en el mundo del espectáculo?
- No te abre ninguna. Yo esto no suelo contarlo. En un medio público, te lo estoy contando a ti por primera vez. Es más cool ser ateo y progresista, pero yo creo en Dios, y eso que por mi entorno muestro ser muy moderna. En España parece que no podemos tener creencias religiosas, pero ya me da igual. También he hablado indirectamente de la fe en algunas de mis canciones, sobre todo de los momentos de oscuridad que he tenido.
- ¿En cuál y por qué?
- En “El halcón que vive en mi cabeza” hablo de esa oscuridad, que da miedo.
- ¿Y cómo salió de ella?
- Me costó mucho. Esto tampoco se lo he contado a casi nadie, pero después de vivir en Barcelona, antes de casarme, me volví a Madrid a casa de mis padres porque estuve muy malita.
- ¿Qué le pasó?
- Digamos que en la gira me pasé un poco con… de todo. Eso te descompensa químicamente, y si encima eres una persona de pensar mucho, la cosa empeora. De algo así se sale con tiempo, yendo al médico y haciendo piña con la gente que te quiere de verdad. Yo volví a casa con mis padres... y a Dios. Después de dos hijos entiendo y quiero mucho más a mi madre, porque yo he sido superrebelde.
-La expulsaron a la primera de OT… pero sacó su primer single. Cuando fue a ver a los productores de su último disco la echaron hasta que tuviera 20 canciones más… y volvió con ellas. ¿La tenacidad es parte del éxito?
- La tenacidad, el trabajo y creer en uno mismo. En cualquier profesión, trabajar da resultados. Igual que en la vida: si tienes un problema y lo analizas y lo trabajas, consigues resultados. Luego está hacer lo que te gusta y no escuchar a casi nadie, porque todo el mundo opina diferente sobre cómo hacer las cosas. Está bien escuchar para aprender, pero tienes que tomar tú la última decisión.
- Para terminar: ¿Hay algo que no le haya preguntado y quiera decir?
- Sí. Me gustaría invitar a la gente a escuchar más canciones de mi repertorio, además de “Tenía tanto que darte”. Hay canciones bonitas que pueden ayudar y hacer disfrutar. Para eso canto.

jueves, marzo 09, 2017

Dios existe, explicado por un niño. Dedicado a Celthia.

Una muy extensa entrevista a nuevo Prelado del Opus Dei;su vida, como conoció a la Obra, sus trabajos.


http://www.opusdei.org/es/article/entrevista-palabra-fernando-ocariz-prelado-opus-dei/

Mons. Fernando Ocáriz: “La vitalidad en la Iglesia depende de la apertura total al Evangelio”

Entrevista al Prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, publicada por la revista Palabra.
ENTREVISTAS
Opus Dei - Mons. Fernando Ocáriz: “La vitalidad en la Iglesia depende de la apertura total al Evangelio”Mons. Fernando Ocáriz con Alfonso Riobó, el director de la revista Palabra.
Alfonso Riobó // Revista Palabra
Tras el fallecimiento de Mons. Javier Echevarría, que ha dirigido el Opus Dei desde 1994, el 23 de enero fue elegido y nombrado nuevo Prelado por el Papa Francisco el hasta entonces “número 2” de la Prelatura, el sacerdote español Fernando Ocáriz Braña. Transcurridas poco más de dos semanas desde entonces, Mons. Ocáriz ha concedido a Palabra esta amplia entrevista.
El objetivo acordado era dedicar buena parte de la entrevista a acercar al lector la persona de Mons. Fernando Ocáriz. El nuevo Prelado del Opus Dei lo ha cumplido fielmente, superando su notable reticencia a centrar la conversación en sí mismo. La reserva es parte de su carácter, como la sobriedad expresiva, aunque no le faltan cordialidad ni apertura. Por lo que se refiere a la sesión fotográfica, fue para él un deber poco grato pero asumido con buen humor.
LA RESERVA ES PARTE DE SU CARÁCTER, COMO LA SOBRIEDAD EXPRESIVA, AUNQUE NO LE FALTAN CORDIALIDAD NI APERTURA.
El encuentro tiene lugar en la sede de la Curia de la Prelatura del Opus Dei, el edificio donde vivieron y trabajaron san Josemaría Escrivá, el beato Álvaro del Portillo y Javier Echevarría. Aunque Fernando Ocáriz pasó al primer plano del gobierno de la Obra en 1994, cuando fue nombrado vicario general (desde 2014 era vicario auxiliar), reside aquí desde hace 50 años, conoce cada detalle de la actividad del Opus Dei y actúa en plena identificación con sus predecesores.
Agradecemos al Prelado esta entrevista, la primera de esta amplitud, apenas dos semanas después de su elección y nombramiento el 23 de enero de 2017.
Primeros años
-Usted nació en París en 1944, de una familia española. ¿Cuál era el motivo de que residieran en Francia?
La guerra civil. Mi padre era militar en el lado republicano. Nunca quiso contar detalles; pero tengo entendido que, por su posición como comandante, tuvo ocasión de salvar a gente, y dentro del mismo ejército republicano acabó por estar en una situación arriesgada. Como no era partidario de Franco, pensó que convenía marcharse a Francia, y aprovechó la cercanía de la frontera de una parte del ejército, y se pasó allí, a través de Cataluña. Era veterinario militar, pero se había dedicado sobre todo a la investigación en biología animal. No era lo que podría considerarse un político, sino un militar y un científico.
-¿Conserva algún recuerdo de esa época?
Lo que sé de esa época es por haberlo oído contar. Cuando la familia se marchó a Francia yo aún no había nacido, y tampoco mi séptima hermana, la anterior a mí (no llegué a conocer a mis dos hermanas mayores, que murieron siendo muy pequeñas, mucho antes de que yo naciera). Los dos menores nacimos en París. Yo nací en octubre, justo un mes después de la liberación por parte de las tropas americanas y las francesas del general Leclerc.
-¿Se hablaba de política en casa?
No tengo recuerdos acerca de París. Ya en España, se hablaba poco; más bien se hacían comentarios sueltos y breves, no favorables, aunque no violentos, al régimen de Franco. De todos modos hay que reconocer que, a partir de esa época, mi padre y la familia llevaron una vida pacífica: mi padre fue readmitido más adelante en un centro oficial de investigación, dependiente del Ministerio de Agricultura, en Madrid, donde trabajó hasta la jubilación.
-¿Y de religión? ¿Recibió la fe en la familia?
EN EL HOGAR FAMILIAR APRENDÍ LO BÁSICO DE LA VIDA DE PIEDAD.
Recibí la fe fundamentalmente en la familia, sobre todo de mi madre y mi abuela materna, que vivía con nosotros. Mi padre era una persona muy buena, pero en aquella época estaba bastante alejado de la religión. Con el tiempo volvería a la práctica religiosa, y llegó a ser supernumerario del Opus Dei. En el hogar familiar aprendí lo básico de la vida de piedad.
-De París, volvieron a España.
Yo tenía entonces tres años, y sólo conservo un vago recuerdo, como una imagen grabada en la memoria, del viaje en tren de París a Madrid.
-¿En qué colegio estudió?
En Areneros, el colegio de los jesuitas. Allí estuve hasta el final del bachillerato. Era un colegio bueno y con una disciplina bastante seria. A diferencia de lo que he oído contar de otros colegios de la época, jamás vi a un jesuita pegarle a nadie, en los ocho años que estuve allí. Es algo que me suscita agradecimiento. Me acuerdo de bastantes profesores, sobre todo de los de los últimos años; por ejemplo, en el último curso tuvimos como profesor de matemáticas a un laico y padre de familia, de apellido Castillo Olivares, una persona verdaderamente valiosa, a la que admirábamos mucho.
Encuentro con el Opus Dei
-Estudió la carrera de Ciencias Físicas en Barcelona. ¿Cuál fue el motivo del traslado?
En realidad, el primer año de la Universidad lo hice en Madrid. Era el “selectivo”, que introducía a todas las ingenierías y facultades de ciencias. Había sólo cinco asignaturas, comunes a todas esas carreras: matemáticas, física, química, biología y geología. Éramos un curso muy numeroso; varios grupos, cada uno de más de cien alumnos.
Ese primer año tuve de profesor de matemáticas a don Francisco Botella [catedrático, sacerdote y uno de los primeros miembros del Opus Dei]. Cuando después se enteró de que yo era de la Obra y de que pensaba estudiar Físicas, me dijo: “¡Cómo haces Físicas! ¿Por qué no haces Matemáticas? Si quieres ganar dinero, hazte ingeniero; pero si es porque te interesan las ciencias, ¿por qué no estudias Matemáticas?”.
Cuando fui a Barcelona ya era miembro del Opus Dei. Viví en el Colegio Mayor Monterols, donde compatibilicé los estudios de Física con la formación teológica y espiritual que reciben las personas que se incorporan a la Obra.
-¿Cuándo conoció el Opus Dei?
Por conversaciones entre mis hermanos mayores y mis padres, yo había oído la expresión “Opus Dei” siendo muy pequeño. Aunque no tenía ni idea de lo que era, esa palabra me resultaba familiar.
ALLÍ SE REZABA, SE ESTUDIABA, SE CHARLABA Y, ENTRE UNA COSA Y OTRA, FUI ASIMILANDO EL ESPÍRITU DEL OPUS DEI
Estando en quinto de bachillerato, fui a un centro de la Obra que estaba en la calle Padilla número 1, esquina con Serrano, y por eso se llamaba “Serrano”; ya no existe. Fui pocas veces. Me gustaba el ambiente y lo que se decía, pero en el colegio ya teníamos actividades espirituales y quizá no acababa de ver la necesidad. También fui alguna vez a jugar al fútbol con los de “Serrano”.
Más adelante, en el verano de 1961, después del bachillerato y antes de la universidad, mi hermano mayor, que trabajaba como ingeniero naval en uno de los astilleros de Cádiz, me invitó a pasar unas semanas allí con su familia. Muy cerca de su casa había un centro del Opus Dei, y empecé a acudir. Estaba de director un marino e ingeniero de armas navales que me animaba a que aprovechara el tiempo: ¡hasta me dio un libro de química para estudiar, cosa que yo jamás había hecho en verano! Allí se rezaba, se estudiaba, se charlaba y, entre una cosa y otra, fui asimilando el espíritu del Opus Dei.
Acabó hablándome de la posibilidad de tener vocación a la Obra. Yo reaccioné como hacen muchos, diciendo: “No. En todo caso, como mi hermano, que es padre de familia”. Di largas al tema, hasta que me decidí. Recuerdo el momento preciso: estaba oyendo una sinfonía de Beethoven. Naturalmente, no es que me decidiera a causa de la sinfonía, sino que coincidió que estaba oyéndola cuando me decidí, después de haber pensado y rezado mucho. A los pocos días volví a Madrid.
Mons. Ocáriz con una familia, en Roma.Mons. Ocáriz con una familia, en Roma.
-Por tanto, ¿le gusta la música?
Sí.
-¿Cuál es su músico preferido?
Quizá Beethoven. También otros: Vivaldi, Mozart…, pero si hubiera que elegir uno, me quedaría con Beethoven. La verdad es que desde hace años oigo muy poca música. No sigo un plan preciso.
-¿Le importaría describir esa decisión de entrega a Dios?
NO HUBO UN MOMENTO PRECISO DE “ENCUENTRO” CON DIOS. HA SIDO UNA COSA NATURAL, GRADUAL, DESDE QUE ERA PEQUEÑO Y ME ENSEÑARON A REZAR.
No hubo un momento preciso de “encuentro” con Dios. Ha sido una cosa natural, gradual, desde que era pequeño y me enseñaron a rezar. De una manera progresiva me fui luego acercando a Dios en el colegio; allí teníamos la oportunidad de recibir la comunión diariamente, y pienso que eso ayudó a que la decisión posterior de hacerme de la Obra fuera relativamente rápida. Pedí la admisión en la Obra cuando me faltaba un mes para cumplir 17 años, por lo que me incorporé ya con 18.
-¿Qué podría contar de los años de Barcelona?
En Barcelona estuve cinco años, dos como residente en ese centro de estudios y tres como parte de la dirección del Colegio Mayor. Allí estudié los otros cuatro años de carrera, y luego seguí un año más dando clases en la Facultad como ayudante. Todos los recuerdos de Barcelona son estupendos: de amistad, de estudio... Un recuerdo especial son las visitas que hacíamos a pobres y enfermos, como es tradición en la Obra. Muchos de los universitarios que acudíamos nos dábamos cuenta de que el contacto con la pobreza, con el dolor, ayuda a relativizar los propios problemas.
-¿Cuándo conoció a san Josemaría Escrivá? ¿Qué impresión le produjo?
El 23 de agosto de 1963. Fue en Pamplona, en el Colegio Mayor Belagua, durante una actividad formativa de verano. Tuvimos con él una tertulia muy larga, por lo menos de hora y media. Me produjo una impresión estupenda. Me acuerdo que, después, comentamos entre varios que habría que ver al Padre –así llamábamos al fundador– mucho más frecuentemente.
[DE SAN JOSEMARÍA] LLAMABA LA ATENCIÓN SU SIMPATÍA Y SU NATURALIDAD: NO ERA UNA PERSONA SOLEMNE, SINO NATURAL, DE BUEN HUMOR, QUE CONTABA ANÉCDOTAS CON FRECUENCIA; Y A LA VEZ DECÍA COSAS MUY PROFUNDAS.
Llamaba la atención su simpatía y su naturalidad: no era una persona solemne, sino natural, de buen humor, que contaba anécdotas con frecuencia; y a la vez decía cosas muy profundas. Era una síntesis admirable: decir cosas profundas con sencillez.
Lo volví a ver poco después, creo que al mes siguiente. Fui a pasar unos días en Madrid, y coincidió que el Padre estaba en Molinoviejo, así que fuimos a verle desde varios lugares.
En ninguna de esas ocasiones llegué a hablar con él personalmente. Luego, aquí en Roma sí, claro: muchas veces.
Cincuenta años en Roma
-A Roma se traslada en 1967...
Vine para realizar los estudios teológicos, y también conseguí una beca del gobierno italiano para investigar en Física durante el curso 1967-1968, en la Universidad La Sapienza. En realidad, de investigación pude hacer poco, lo indispensable exigido por la beca. Cuando vine, no tenía expresamente la perspectiva de seguir una carrera académica en Teología. Las cosas fueron rodando solas. No tenía planes en ese sentido.
-Su ordenación sacerdotal fue en 1971.
Sí. Me ordené el 15 de agosto de 1971, en la basílica de San Miguel, en Madrid. El obispo ordenante fue don Marcelo González Martín, todavía obispo de Barcelona, poco antes de trasladarse a Toledo.
Decían, en broma, que en la promoción éramos cuatro franceses: dos eran franceses “completos”, Franck Touzet y Jean-Paul Savignac; luego estábamos Agustín Romero, español que estaba en Francia desde hacía muchos años; y finalmente yo, que había nacido en París y vivido allí tres años.
No puedo decir que hubiera sentido desde siempre la llamada al sacerdocio. Cuando vine a Roma manifesté una disposición de principio, y luego dije abiertamente a san Josemaría: “Padre, estoy dispuesto a ordenarme”. Me tomó del brazo, y me dijo, entre otras cosas, más o menos: “Me das mucha alegría, hijo mío; pero cuando sea el momento tienes que hacerlo con total libertad”. Esa conversación fue en la Galleria della Campana, pienso que al terminar alguna de las tertulias que entonces teníamos con él con mucha frecuencia.
-¿Recibió en España alguna tarea pastoral, tras la ordenación?
No. Tres días después de la ordenación dije la primera misa solemne en la basílica de San Miguel, e inmediatamente volví a Roma. Aquí había colaborado antes en las actividades de apostolado con jóvenes en Orsini, que entonces era un centro para universitarios, dando clases de formación cristiana y participando en otras actividades.
Siendo ya sacerdote, en Roma, colaboré varios años en la parroquia del Tiburtino (San Giovanni Battista in Collatino), y después en la de Sant’Eugenio; atendí sacerdotalmente varios centros de la Obra, tanto de mujeres como de hombres; y trabajaba aquí en las oficinas de la sede central. En fin, una trayectoria normal.
-Se sabe que le gusta el tenis. ¿Cuándo adquirió la afición?
Empecé con el tenis relativamente pronto, en Barcelona. Me enseñó mucho un italiano, Giorgio Carimati, ahora sacerdote y ya anciano, que entonces jugaba al tenis muy bien; en Italia había sido casi profesional. Pero ha habido idas y venidas con lo del tenis, porque me lesioné el codo derecho y algunas épocas me dediqué a la bicicleta. Ahora procuro practicarlo; intento jugar todas las semanas. Pero no siempre es posible, por el clima, por las ocupaciones, etc.
-¿Juegan partidos…“de verdad”, a ganar?
Sí, claro. En cuanto a ganar, depende de con quién juegue.
-¿Le gusta leer?
EL ESPÍRITU DEL OPUS DEI ES EL EVANGELIO PUESTO EN LA VIDA ORDINARIA
Sí, pero no hay mucho tiempo… No tengo un autor preferido. He leído también clásicos. Por la falta de tiempo he tardado años en terminar algunos libros grandes; hace ya bastante tiempo tardé un año en acabar Guerra y paz. De Teología he tenido que leer mucho, porque he dado clases hasta el año 1994, y porque también para la Congregación para la Doctrina de la Fe tengo que estudiar temas teológicos.
-En lo teológico, ha estudiado aspectos centrales del espíritu del Opus Dei como la filiación divina. ¿Considera necesario ahondar en esas reflexiones?
Ya se ha hecho mucho en ese campo. Lo que hay que hacer es continuar, y habrá que hacerlo siempre. El espíritu del Opus Dei es, solía decir el filósofo y teólogo Cornelio Fabro, “el Evangelio sine glossa”. Es el Evangelio, puesto en la vida ordinaria; siempre hay que profundizar más.
En ese sentido, no es que haya ahora una nueva época, porque ya se ha hecho muchísimo. Basta leer, por ejemplo, los tres “tomazos” de Ernst Burkhart y Javier López titulados Vida cotidiana y santidad.
-En un artículo en esta revista, hablando de Mons. Javier Echevarría, ha usado la expresión “fidelidad dinámica”. ¿Con qué significado?
La expresión “fidelidad dinámica” no es una originalidad, ni mucho menos. Se trata de lo que afirmó expresamente san Josemaría: cambian los modos de decir y de hacer, permaneciendo intocable el núcleo, el espíritu. No es asunto de ahora. Una cosa es el espíritu, y otra es la materialidad del funcionamiento en cosas accidentales, que pueden ir cambiando con los tiempos.
LA FIDELIDAD NO ES PURA REPETICIÓN MECÁNICA; ES APLICAR LA MISMA ESENCIA A DIVERSAS CIRCUNSTANCIAS.
La fidelidad no es pura repetición mecánica; es aplicar la misma esencia a diversas circunstancias. Muchas veces es preciso mantener también lo accidental, y otras veces cambiarlo. De ahí la importancia del discernimiento, sobre todo para conocer cuál es el límite entre lo accidental y lo esencial.
-¿Qué parte tuvo en el nacimiento de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz?
No tuve nada que ver en lo jurídico o institucional. Simplemente fui uno de los primeros profesores. Había sido profesor en el Colegio Romano de la Santa Cruz durante bastantes años, en conexión con la Universidad de Navarra, y desde 1980 hasta 1984 di clases en la Pontificia Universidad Urbaniana; como tenía también las publicaciones suficientes, la autoridad competente de la Santa Sede consideró mi cualificación adecuada para entrar directamente como profesor ordinario. Fuimos tres los que entramos como ordinarios, en esas condiciones: Antonio Miralles, Miguel Ángel Tabet y yo.
-¿Quiénes han sido sus maestros, en lo intelectual?
En Filosofía, Cornelio Fabro y Carlos Cardona. En Teología, no sabría decir uno concreto. Por una parte, están santo Tomás de Aquino, san Agustín, y Joseph Ratzinger más tarde. Pero sobre todo señalaría a san Josemaría Escrivá: en otro nivel distinto, lógicamente, no académico; pero sí por su profundidad y originalidad. Si hubiera que poner uno en lo teológico, sería él.
Recuerdos de tres papas
-¿Cuándo conoció a san Juan Pablo II?
En una de las reuniones multitudinarias con el clero en el Vaticano, al inicio del pontificado. Luego le vi en bastantes ocasiones, y acompañando a Mons. Javier Echevarría comí con él algunas veces, junto con tres o cuatro personas más.
También almorcé con él otras dos veces, por razón del trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe.
En la primera ocasión, tuvimos una reunión en el apartamento pontificio en la que estaban, además del Papa, el Secretario de Estado, el Sustituto, el cardenal Ratzinger como Prefecto, y tres consultores. Después de un buen rato de reunión, fuimos al comedor las mismas personas, y durante la comida cada uno iba dando su parecer, por orden, sobre el asunto que se trataba. Mientras tanto, esta vez y también la segunda, el Papa fundamentalmente escuchaba. Al principio pronunció unas palabras de agradecimiento por nuestra presencia, luego dijo al cardenal Ratzinger que dirigiera la reunión, y al final él hizo un resumen sintético y de valoración de conjunto de lo que había oído.
Creo que fue en la segunda ocasión cuando, tras escuchar y agradecer todo lo que se había expuesto, llevándose la mano al pecho, dijo: “Pero la responsabilidad es mía”. Se vio que realmente aquello le pesaba.
-Y a Benedicto XVI, ¿cuándo lo conoció?
[BENEDICTO XVI] ESCUCHABA MUCHO, Y NUNCA ERA ÉL QUIEN DABA POR TERMINADAS LAS ENTREVISTAS.
Conocí al cardenal Ratzinger cuando fui nombrado consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en 1986. Luego coincidí con él con alguna frecuencia, en reuniones con pocas personas. Otras muchas veces he ido a verle para diversos asuntos.
-¿Recuerda alguna anécdota de esos encuentros?
Un detalle percibí siempre en él: escuchaba mucho, y nunca era él quien daba por terminadas las entrevistas.
Recuerdo varias anécdotas. Por ejemplo, cuando el famoso affaire de Lefebvre, yo estuve en las conversaciones con el obispo francés, si no recuerdo mal, en 1988. En una reunión participaban el cardenal Prefecto Ratzinger, el Secretario de la Congregación, el mismo Lefebvre con dos consejeros, y uno o dos consultores más de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Lefebvre había aceptado, pero luego se echó para atrás. Estando yo un momento solo con Ratzinger, le salió del alma decir con pena: “¡Cómo no se dan cuenta de que sin el Papa no son nada!”.
Como Papa, pude saludarle varias veces, pero no tener propiamente una conversación. Después de su renuncia le he visto en dos ocasiones, acompañando a Mons. Echevarría al sitio donde vive ahora: le noté muy cariñoso, anciano pero con la mente plenamente lúcida.
-Ya que ha mencionado el problema de los lefebvrianos, ¿le ve salida?
No he tenido contactos desde las últimas reuniones teológicas con ellos, de hace poco tiempo, pero por las noticias que hay, parece que podría estar próximo a arreglarse.
-¿Cuándo conoció al Papa Francisco?
Le conocí en Argentina, cuando era obispo auxiliar de Buenos Aires. Yo acompañaba a Mons. Javier Echevarría. Volví a verle en 2003, cuando ya era cardenal arzobispo. Causaba la impresión de ser una persona seria, amable, cercana a las preocupaciones de la gente. Luego su rostro ha cambiado: ahora lo vemos con esa sonrisa continua.
Siendo Papa le he visto varias veces. Ayer recibí una carta suya. Yo le había mandado una carta agradeciendo el nombramiento, la prontitud con que lo llevó a cabo y el detalle de una imagen de la Virgen que me mandó ese día. Y me ha contestado con una carta muy bonita en la que, entre otras cosas, me pide que rece por él, como siempre hace.
Prioridades
–En su primer día como Prelado, se refirió a tres prioridades actuales del Opus Dei: juventud, familia y personas necesitadas. Empecemos por la juventud.
ES PRECISO FAVORECER QUE LOS JÓVENES SE HAGAN PREGUNTAS PROFUNDAS QUE, EN REALIDAD, SÓLO ENCUENTRAN PLENA RESPUESTA EN EL EVANGELIO.
En la labor del Opus Dei con la gente joven se comprueba cómo la juventud de hoy –al menos, buena parte– responde con generosidad a los ideales grandes, por ejemplo a la hora de involucrarse en actividades de servicio a los más desfavorecidos.
Al mismo tiempo se percibe en muchos una falta de esperanza, por la ausencia de ofertas laborales, por problemas familiares, por una mentalidad consumista o por distintas adicciones que oscurecen esos ideales grandes.
Es preciso favorecer que los jóvenes se hagan preguntas profundas que, en realidad, sólo encuentran plena respuesta en el Evangelio. Un reto, por tanto, es acercarles al Evangelio, a Jesucristo, ayudarles a descubrir su atractivo. Ahí encontrarán motivos para sentirse orgullosos de ser cristianos, para vivir la fe con alegría y para servir a los demás.
El desafío es escucharlos más, entenderlos mejor. En esto juegan un papel principal los padres, los abuelos y los educadores. Es importante tener tiempo para los jóvenes, estar de su lado. Dar cariño, derrochar paciencia, ofrecer compañía y saber plantearles retos exigentes.
- ¿Cuál es, en su opinión, la prioridad para la familia?
Desarrollar lo que el Papa Francisco ha llamado “el corazón” de Amoris Laetitia, es decir, los capítulos 4 y 5 de la exhortación apostólica, sobre los fundamentos y el crecimiento en el amor.
EN NUESTROS DÍAS SE HACE NECESARIO REDESCUBRIR EL VALOR DEL COMPROMISO EN EL MATRIMONIO.
En nuestros días se hace necesario redescubrir el valor del compromiso en el matrimonio. Podría parecer más atractivo vivir alejado de cualquier tipo de vínculo, pero una actitud así suele terminar en la soledad o en el vacío. En cambio, comprometerse es utilizar la libertad a favor de un empeño valioso de gran alcance.
Además, para los cristianos, el sacramento del matrimonio da la gracia necesaria para hacer fructífero ese compromiso, que no es cosa sólo de dos, pues Dios está por medio. Por eso, es importante ayudar a redescubrir la sacramentalidad del amor matrimonial, especialmente en el periodo de preparación al matrimonio.
El actual Prelado junto con su precedesor en un viaje a El Salvador.El actual Prelado junto con su precedesor en un viaje a El Salvador.
-En los viajes pastorales acompañando a Mons. Echevarría, ha conocido muchas iniciativas en favor de personas desfavorecidas. ¿Ha visto de cerca esa necesidad?
Es impresionante la pobreza en el mundo. Hay países que tienen, por un lado personas de altísimo nivel, científicos, etcétera, pero también una tremenda miseria, que conviven juntas en grandes ciudades. En otros lugares, te encuentras con una ciudad que parece Madrid o Londres y, a pocos kilómetros, con barriadas de una miseria material impresionante, que forman alrededor de la ciudad todo un cordón de chabolas. El mundo es distinto de unos sitios a otros. Pero lo que impresiona en todas partes es la necesidad de servir a los demás, de que la Doctrina Social de la Iglesia vaya haciéndose realidad.
- ¿En qué sentido son las personas necesitadas una prioridad para la Iglesia y, como tal, para el Opus Dei?
Son una prioridad porque están en el centro del Evangelio y porque son amadas de un modo especial por Jesucristo.
[SE TRATA DE] AYUDAR A QUE CADA FIEL DE LA PRELATURA Y CADA PERSONA QUE SE ACERCA A SUS APOSTOLADOS DESCUBRA QUE SU VIDA CRISTIANA ES INSEPARABLE DE LA AYUDA A LOS MÁS NECESITADOS.
En el Opus Dei hay como un primer aspecto más institucional: el de las iniciativas que personas de la Prelatura promueven con otras personas para paliar necesidades concretas del momento y del lugar en que viven, y a las que la Obra presta asistencia espiritual. Algunos casos concretos y recientes son, por ejemplo, Laguna, en Madrid, una iniciativa sanitaria para atender a personas que necesitan cuidados paliativos; Los Pinos, un centro educativo situado en una zona marginal de Montevideo, que promueve el desarrollo social de los jóvenes; o el Iwollo Health Clinic, un dispensario médico que ofrece atención gratuita a cientos de personas de zonas rurales de Nigeria. Esas y otras muchas obras similares deberían continuar y crecer porque el corazón de Cristo lleva a eso.
La otra vertiente, más profunda, es ayudar a que cada fiel de la Prelatura y cada persona que se acerca a sus apostolados descubra que su vida cristiana es inseparable de la ayuda a los más necesitados.
Si miramos a nuestro alrededor, en nuestro lugar de trabajo, en la familia, encontraremos tantas ocasiones: ancianos que viven en soledad, familias que atraviesan dificultades económicas, pobres, parados de larga duración, enfermos del cuerpo y del alma, refugiados… San Josemaría se volcaba en el cuidado de los enfermos, pues veía en ellos la carne sufriente de Cristo redentor. Por eso solía referirse a ellos como “un tesoro”. Son dramas que encontramos en la vida ordinaria. Como decía la Madre Teresa de Calcuta, ahora santa, “no hace falta ir a la India para atender y dar amor a los demás: se puede hacer en la misma calle en la que vives”.
Mons. Javier Echevarría y Mons. Fernando Ocáriz conversan en Moscú con dos hermanas de la Caridad.Mons. Javier Echevarría y Mons. Fernando Ocáriz conversan en Moscú con dos hermanas de la Caridad.
- En la sociedad actual la evangelización plantea nuevos retos, y el Papa recuerda que la Iglesia está siempre "en salida". ¿De qué manera participa el Opus Dei de esta invitación?
El Papa llama a una nueva etapa evangelizadora, caracterizada por la alegría de quienes, habiendo encontrado a Jesucristo, se ponen “en salida” para compartir este don entre sus iguales.
EN EL OPUS DEI SE EXPERIMENTAN LAS MISMAS DIFICULTADES QUE TODOS EN LA IGLESIA, Y PEDIMOS AL SEÑOR, QUE ES EL “DUEÑO DE LA MIES”, QUE ENVÍE “TRABAJADORES A SU MIES”.
Sólo puede dar verdadera alegría quien tiene experiencia personal de Jesucristo. Si un cristiano dedica tiempo a su trato personal con Jesús, podrá dar testimonio de fe en medio de las actividades ordinarias, y ayudar a descubrir ahí la alegría de vivir el mensaje cristiano: el obrero con el obrero, el artista con el artista, el universitario con el universitario…
Las personas del Opus Dei -con todos nuestros defectos- deseamos contribuir a la edificación de la Iglesia desde el propio lugar de trabajo, en la propia familia… esforzándonos por santificar la vida ordinaria. Muchas veces se tratará de ámbitos profesionales y sociales que todavía no han experimentado la alegría del amor de Dios y que, en este sentido, son también periferias a las que es necesario llegar, de uno a uno, de persona a persona, de igual a igual.
-Una preocupación generalizada en la Iglesia son las vocaciones. ¿Qué aconsejaría, a partir de la experiencia del Opus Dei?
En el Opus Dei se experimentan las mismas dificultades que todos en la Iglesia, y pedimos al Señor, que es el “dueño de la mies”, que envíe “trabajadores a su mies”. Quizá un reto especial es fomentar la generosidad entre los jóvenes, ayudándoles a comprender que la entrega a Dios no es sólo renuncia sino don, regalo que se recibe y que hace feliz.
OJALÁ EN LA VIDA DE UN CATÓLICO NO FALTE CADA DÍA UN PEQUEÑO GESTO POR EL SANTO PADRE
¿Cuál es la solución? Me viene a la cabeza lo que decía el fundador del Opus Dei: “Si queremos ser más, seamos mejores”. La vitalidad en la Iglesia no depende tanto de fórmulas organizativas, nuevas o antiguas, sino de una apertura total al Evangelio, que lleva a un cambio de vida. Tanto Benedicto XVI como el Papa Francisco han recordado que son sobre todo los santos los que hacen la Iglesia. Por tanto, ¿queremos más vocaciones para toda la Iglesia? Esforcémonos más por corresponder personalmente a la gracia de Dios, que es quien santifica.
-Desde su elección ha pedido con frecuencia oraciones por la Iglesia y por el Papa. ¿Cómo fomentar esa unidad con el Santo Padre en la vida de las personas corrientes?
Me pide un consejo. Todos los que han saludado personalmente al Papa Francisco, y desde el 2013 habrán sido miles, han escuchado esta petición:“Rece por mí”. No es una frase hecha. Ojalá en la vida de un católico no falte cada día un pequeño gesto por el Santo Padre, que lleva mucho peso encima: recitar una oración sencilla, realizar un pequeño sacrificio, etc. No se trata de buscar cosas difíciles, sino algo concreto, diario. A los padres y madres de familia les animo también a que inviten a sus hijos, desde pequeños, a rezar una breve oración por el Papa.