martes, mayo 17, 2005

Matrimonio homosexual????


He escrito bastante sobre este tema en diversos foros, me remito a conclusiones: 1. es inconstitucional, el art. 32 de la Const. española establece una garantía y una reserva en favor del matrimonio heterosexual, el derecho de familia tiene que ver con la diferenciación de sexos y la posible procreación; 2. no es necesario, caben variadas soluciones por el derecho de asociación para las personas homosexuales, contratos de convivencia,uniones legales de las autonomías, pero no matrimonio y no por ser cuestión semántica. No me llamen intolerante como no lo harían con un profesor de derecho mercantil que les diga que la compraventa es diferente al leasing; 3. es una ley injusta, premia algo privado como las relaciones sexuales y el afecto, frente al caso de dos hermanos que conviven, o dos familiares, dos amigos, dos socios en sus relaciones de convivencia. Cabe la objeción de conciencia a celebrar estos supuestos matrimonios porque tal objeción se ampara en el derecho de libertad religiosa e ideológica. En el fondo esta aspiración supone un prestigio del matrimonio frente al amor sin papeles y el amor libre, hasta quienes no pueden contraer matrimonio, aspiran a él.

16 comentarios:

Ardegas dijo...

Yo diría que la principal motivación del "matrimonio" homosexual es escandalizar a los cristianos y las personas decentes. Es preocupante que se utilice el poder del Estado para dar rienda suelta a rencillas anti-clericales.

Anónimo dijo...

No creo que la intención sea escandalizr a nadie. Pero es realmente bueno lo que dice en su post, "hasta quienes no pueden contraer matrimonio aspiran a él".Hasta hace muy poco defendiendo las parejas de hecho, la convivencia sin "firmar papeles rosas para amar" y ahora todos quieren casarse. vivir para ver!!!

antonioantoniogb dijo...
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antonioantoniogb dijo...

En el fondo es una búsqueda del homosexual por una igualdad. Todavía no ha salido a la palestra la pregunta de qué es ser homosexual. El comecome por dentro de buscar una identidad, una aceptación.
Y es que el mundo es imperfecto. Hay que hacer lo posible por mejorarlo. Perfeccionarlo. Nuestro deber. Pero no erróneamente.
La antítesis de la democracia es la demagogia. Y a ella es a la que nos quieren llevar. El hombre masa que se deja malear por la fuerza del que insiste o grite más fuerte acompañado de una buena campaña de imagen que vaya punto por punto arañañando mejores encuestas. Es el "carro del progreso", (que como partido político, en vez del ya desfasado proletariado, lleva a todo el pueblo guiando como lider que se cree necesario para llevarnos al paraíso del hombre mediano), que impone que aceptes o si no quedarte fuera de los dictados de la new culture del buen rollito.
El que sea entendible que el error de no haber querido solucionar antes esta cuestión teniéndola aparcada durante años, no justifica el hacer las cosas equivocadamente.
Por cierto, los registros de uniones de hecho son anticonstitucionales, y quitando Madrid, aquí nadie ha dicho esta boca es mía. Un saludo y, sinretorno, si ladran es que cabalgas.

sinretorno dijo...

Batman, las fotos no salen, help

Anónimo dijo...

Las ideas que expones, sinretorno, hay también que defenderlas en LA CALLE: el 18 de junio todas las personas de bien nos tenemos que encontrar en Madrid, en la GRAN MANIFESTACION. Sinretorno: ¡ahí te quiero ver!

Jessica dijo...

Conclusiones mías (que espero también me permitirán disentir):

1- Si el matrimonio tiene alguna relación con la procreación, en los tiempos que corren, es más bien un arcaísmo.

2- Gracias a la inseminación artificial, no es necesario la diferenciación de sexos para procrear. Es más: he leído estadísticas en las que se presupone que el 75% de las inseminaciones artificiales de éste país se han practicado a lesbianas, la mayor parte de ellas con pareja estable.

3- Lo de que no es necesario... Bueno: quizá los homosexuales no opinen lo mismo. Si a éso vamos, ni siquiera el matrimonio heterosexual es necesario, ya que se puede regular la unión civil mediante contrato como "parejas de hecho", por ejemplo. Si existe la procreación fuera del matrimonio, si existen matrimonios que no desean procrear, y si el matrimonio se reduce finalmente a un vínculo civil, ¿es necesario entonces? Pongamos las premisas por delante para saber de qué estamos hablando en realidad.

4- Dices que es una ley injusta que premia algo privado como las relaciones sexuales y el afecto. Entiendo que, desde tu punto de vista, la diferencia de sexos entre los dos integrantes del matrimonio y la procreación no tienen nada que ver con las relaciones sexuales y el afecto. Es curioso como dos premisas que se supone deben apoyar una misma conclusión pueden ir en direcciones radicalmente opuestas.

5- La objección de concienca no cabe en éste caso, porque está regulada sobre 2 supuestos muy claros: el aborto y el servicio militar obligatorio. La libertad religiosa e ideológica se ejerce en uno mismo: no se impone a los demás. Si estás en contra de los matriomonios entre personas del mismo sexo, no te cases con una persona del mismo sexo. Éso es libertad religiosa e ideológica, pero impedir que otros lo hagan no es libertad: para imponer la tuya no respetas la de los demás.

6- Si se puede ampararse finalmente pudiera ampararse en la objección de conciencia para no celebrar bodas civiles homosexuales, yo objetaría que a mí mi libertad ideológica me impide pagar impuestos a un Gobierno que los destina a comprar armas para el Ejército en lugar de ayudar a los desamparados. Y si Hacienda mi reclama los impuestos, le pienso poner una denuncia que les dejo en calzoncillos por no respetar mi libertad ideológica.

No todo vale.

Saludos:
Jéssica.

sinretorno dijo...

Encantado con tu entrada, gracias. Paso a contestarte: 1 seguramente tienes razón hoy en día con ciertos avances, sexo y procreación están escindidos. Acabemos con el matrimonio como institución digna para procreaer y educar, esto éltimo los avances científicos no lo han superado; 2,lo que dices de uniones civiles de hecho legalizadas, no me sirve, si están legalizadas no son de hecho, si son de hecho se regulan por la voluntad de las partes. Los homosexuales como los heterosexuales pueden no acudir al matrimonio y organizarse de otro modo. Llevo las cosas hasta más extremo, por que no podría casarse un padre con su hija, dos hermanos del mismo o distinto sexo? Por que si vivo con un amigo que no es mi pareja y si otros se cassan van a tener ventajas fiscales y yo no ?. Derecho de familia tiene que ver con heterosexualidad, procreación y educación, fidelidad e indisolubilidad;4 la objeción de conciencia me lleva arespetar las opciones de los demás pero que no me puedan imponer cumplir con una ley que va contra mis convicciones más profundas, en este caso no casar a homosexuales, es dis5tinto el caso del juez que el del alcalde o concejal. En cuanto a la objeción fiscal, es complicado, pero por decirlo así faltan huevos; si debes 10 millones de pesetas a tu banco tienes problema con el bamnco, si les debes veinte mil millones el problema es del banco contigo. Si objetan diez, tienene un problema, si lo hacen cien mil el problema es del Estado. Me gusta tu estilo y fuerza, gracias.

Jessica dijo...

Las parejas de hecho homosexuales y heterosexuales están reguladas por los ayuntamientos. Ése es el "estado civil" que tengo yo con mi pareja: no nos apetece casarnos ni lo necesitamos, no necesitamos hacer la declaración de la renta conjunta porque no nos beneficia, si tenemos hijos podemos educarlos sin necesidad de estar casados... PERO, como en todo, hay un "pero": el piso está a su nombre. Si a él le pasara algo, y no tenemos hijos, pasaría a manos de su familia y yo me podría quedar en la calle. Ni más ni menos. Si no existiera la figura legal de la "pareja de hecho", sólo habría tenido dos opciones: o casarme o modificar la escritura del piso. También la ley de sucesiones me perjudicaría, porque si me dejara el piso en herencia, con lo que Hacienda me exigiría para podermelo transmitir, tendría que vender para pagar los impuestos, cuando estando registrados no es necesario. ¿Entiendes ahora por dónde iba mi razonamiento?

1- Las parejas de hecho están reguladas por ley, con derechos y obligaciones. Uno de sus derechos, por ejemplo, es que una de las dos partes de la pareja, es caso de que ésta se disuelva, no puede echar a la otra parte de la vivienda común (como ves, no se la denomina vivienda familiar como en el caso del matrimonio), y no se puede vender sin la aprobación de las dos partes. Entre otras cosas. Tampoco pueden hacer la declaración de la renta conjunta (al menos, de momento).

2- (el punto más importante, a mi juicio): Tampoco es necesario estar casados para educar a los hijos (En casa es que somos todos un poco raros... Mis suegros no están casados, y han educado a 4 hijos...). Cierto que los avances científicos no han hecho que se pueda educar a los hijos sin casarse: lo han hecho los avances sociales. Ahora, por ejemplo, existen lo que se denomina familias monoparentales; antes, a ésto se le llamaba, lisa y llanamente, madres solteras, y eran un gran perjuicio para los niños, pero no por la pericia de la madre para educarlos, sino por la sociedad que los señalaba con el dedo. Los avances de la sociedad han hecho que ahora éstas mujeres puedan educar a sus hijos sin el estigma social que comportaba antiguamente, y los niños crecen fuertes y mentalmente sanos. Antes el que era hijos de padres divorciados o separados pasaba un calvario en el colegio; ahora es uno más en la clase, y nadie le dice nada al respecto. La sociedad ha ido evolucionando.

3- Los homosexuales, cierto, pueden no acudir al matrimonio y organizarse de otro modo. El problema es, como te comentaba anteriormente, los derechos necesarios que debería conllevar otro tipo de organización. Para poder registrarse como pareja de hecho se ha de tener la vecindad civil del ayuntamiento en el que deseen registrarse, ésto es llevar al menos 4 años empadronados en el municipio y tener su residencia habitual en él. No todos los municipios tienen registros de parejas de hecho. Si la ley de parejas de hecho no fuese una ley autonómica, sino estatal, te daría la razón. Pero te recuerdo que el PP, con el inestimable apoyo de la Iglesia católica, se negó a que la ley de parejas de hecho se aprovara a nivel estatal.

4- Y en el caso de la objección de conciencia, me remito a lo dicho anteriormente y añado: tu libertad termina donde empieza la de los demás. Si la ley les otorga derecho a hacer algo, no puedes negarles ése derecho porque a tí no te guste que lo hagan otros. Si no te gusta, no lo hagas; pero no puedes impedir que otros ejerzan su derecho. A mí no me gusta que mi vecino vote al PP: no quiero que mi vecino tenga derecho a votar. Chorra, ¿verdad? Pues es la misma situación: A mí no me gusta que mi vecino se case con una persona de su mismo sexo: no quiero que mi vecino tenga derecho a casarse con una persona de su mismo sexo; si está en mi mano, no lo hará, aunque tenga derecho. Mi vecino podría decirme, tranquilamente: "¿quien te crees que eres? Eres tú quien, como cargo público, está a mi servicio y debe respetar mis derechos."

5- Lo de los hermanos, los padres con los hijos, etc... Es un razonamiento que no entiendo, sinceramente. Los padres ya pueden desgravarse a los hijos y obtener ventajas fiscales por ello hasta los 18. A los 18, si quieres obtener ventajas fiscales, no hace falta que te cases con tu padre: trae un hijo al mundo. Pero me parece que saldrías perdiento: te va a costar más caro de lo que Hacienda te va a "devolver" por él...

Saludos y gracias por contestar:
Jéssica.

sinretorno dijo...

Las uniones de hecho legalizadas, se regulan por la correspondiente ley de cada comunidad autónoma, no por los ayuntamientos. Claro que capto el problema, pero lo tienes fácil, vete al notario y declarad que la casa es de los dos, no se puede pretender las ventajas del derecho para una institución y ninguno de los inconvenientes de la misma. Las parejas de hecho son más inseguras, la convivencia previa lleva a más divorcio. Un parlamento no puede convertir a un hombre en mujer, ni en matrimonio la unión de dos hombres o mujeres. No dudo de que en tu familia haya buenas experiencias al margen del derecho, matrimonio,pero no suele ser lo normal. Hasta el siglo XVI la Iglesia no exigía requisistos formales para la validez de un matrimonio, bastaba el consentimiento de las partes y punto. Puede que tú ante Dios y tu pareja, estés más casado que los que pasan por vicaría. Pero estoy seguro te da miedo tener un hijo, no acabas de ver si estás comprometida con tu unión, qu cuando se acabe el amor, y qué es el amor, seguirás. En lo laboral el personal quiere contratos definitivos y no contratos basura,no convirtáis el matrimonio en un contrato basura. Abrazos y mis mejores deseos.

Jessica dijo...

Pues no has dado ni una:

Para ir al notario y decir que la casa también es mía hay que adelantar 200.000 de las antiguas pesetas. Registrarme como pareja de hecho es gratis.

Sobre los inconvenientes del matrimonio, no sé a qué te refieres. ¿Hablas de la fidelidad, por ejemplo? Pues también te equivocas. Pero como no estoy segura de a qué te refieres, prefiero no seguir por ésa línea.

Dices que "las parejas de hecho son más inseguras, la convivencia previa lleva a más divorcio". ¿Dispones de alguna estadística que lo avale, o es sólo una percepción? Me gustaría tener acceso a los datos que lo demuestran. Me quitaría el sombrero si tienes razón en éso, pero no lo creo. Percepción particular, nada más.

Dices también: estoy seguro te da miedo tener un hijo, no acabas de ver si estás comprometida con tu unión. Error y error de nuevo.

No tengo hijos porque tengo 24 años. Principalmente. Pero también porque ¡¡sale carísimo!! Y con mi sueldo y el de mi pareja, no nos llegaría. He hecho números, y hoy por hoy, no me lo puedo permitir. Quizá dentro de unos años. Pero miedo, ninguno: al contrario, me hace mucha ilusión, ya lo hemos hablado.

Y en cuanto a lo de que no me siento comprometida realmente, pues verás: Llevo más de 7 años con el que considero mi marido a todos los efectos. No suelo hablar de "mi pareja" porque para mí es mi "marido", independientemente de si estamos casados o no. Estoy completamente segura de lo que siento y de lo que siente él hacia mí. No es un contrato basura porque el amor no lo fortalece un documento matrimonial. El amor que siento por él está firmado a jornada completa y tiempo indefinido.

Lo siento, pero no has acertado ni una.

Saludos y un besote gordo:
Jéssica.

Anónimo dijo...

caraacara......... dmtirapu@hotmail.com

irichc dijo...

El lobby gay y la heterosexualidad degenerada (la homosexualidad siempre lo es) quieren que el sexo sea algo indiferente, neutro, relativo, convencional, intercambiable. Pero el sexo es algo más que echar una cana al aire. En cierto modo es la esencia del hombre, tanto del vulgar y sensual como del extraordinario y espiritual. Ambos se definen en base a su relación con el sexo, sea ésta inercial o racional, obvia o problemática. Negar esta condición constitutiva del sexo es negar al hombre y convertir la humanidad en una especie animal más. Con la diferencia de que, para colmo, se la condena a la más vergonzante y egoísta de las extinciones en el altar de la lujuria.

Los homosexuales tienen un vicio por su condición, pero no pecan si no consienten a él. Absolutamente nadie puede ignorar indefinidamente las tendencias viciosas, y ningún mortal está libre de pecado. Ahora bien, ¿qué pensaríais de un obeso que intentase elevar la gula a la categoría de privilegio civil? Una cosa es respetar a los homosexuales y otra muy distinta es reconocer a los gays, capitular frente a la bajeza.

Antes he dicho que el sexo, como valor psicológico, es la esencia del hombre, ya que no hay manera de sustraerse de él mientras se está vivo. Sin embargo, el sexo como valor moral es voluntad de descomposición, de desintegración y de vacío. Es una protesta contra el peso de la existencia. Se opone, entonces, al amor, del que resulta lo contrario: la voluntad de unión, de integración y de lleno, la afirmación de la vida.

Un monstruo no es tal por su carácter improbable, es decir, por la parvedad de casos de su tipo, pues, si así fuera, también serían monstruos los seres excepcionales, Jesucristo a la cabeza. Ahora bien, el fenómeno monstruoso se da cuando un ser está dotado de órganos o facultades que no corresponden a fin alguno, como por ejemplo, tres ojos en un mismo rostro (que rompen el eje de simetría de la visión), la bicefalia (que impide ejercer autónomamente el control sobre los miembros) o la atracción por personas del mismo sexo, destinada a eliminar el amor de la faz de la tierra, como preámbulo macabro a la desaparición de la raza humana.

Primero fue el amor sin descendencia ("libre"), luego el amor sin compromiso (al que habría que llamar "libérrimo"). Ahora sólo queda el "amor" sin amor, entiéndase, la cópula libertina, esgrimiendo el mero goce escatológico del propio cuerpo en perjuicio de cualquier otra consideración. Hay heterosexuales que "aman" así, pero no están obligados a hacerlo. La institución jurídica del "matrimonio homosexual", por contra, crea un paradigma que desecha cualquier forma de relación que no sea la fundada en el banal interés erótico.

No puede haber comunión de ideales ni afirmación de la vida (esto es, familia) desde la perspectiva de la caducidad, como tampoco puede darse la amistad desde la instrumentalización sexual del otro ("Para considerar a una mujer nuestra 'amiga' sería preciso que nos inspirase alguna suerte de antipatía física", dejó escrito Nietzsche). Los homosexuales degradan el amor, rebajándolo hasta el nivel de la amistad, para acto seguido arruinar la amistad, encerrándola en la mazmorra del sexo.

Y bien, el origen de la homosexualidad es sociológico, a saber: una mala disposición del padre para que el hijo se identifique con él. Y como el error engendra error, de familias malas pueden salir familias peores y hasta antifamilias o pseudofamilias. ¿Cuál es el quid del descalabro? Una sociedad débil, egoísta e individualizada daría lugar a esta clase de fenómenos inexplicables.

Hoy los jacobinos, antes iusnaturalistas, olvidan ese límite que el mismo Parlamento inglés se puso: "La ley lo puede todo, excepto convertir a un hombre en mujer".

La medida legislativa que se comenta no ha sido acordada por ser un avance en materia alguna, sino por resultar electoralmente sabrosa. No ataquéis, pues, a la Iglesia, que siempre dijo lo mismo: atacad al partidillo que desde su fundación hasta la fecha ha tardado 125 años en reconocer y proclamar un "derecho inalienable", como parece al fin que lo es el concubinato homosexual. Mas adelantemos algo de teoría.

El buen Estado debe reconocer los máximos derechos, que son finitos y consustanciales, y al menos garantizar las libertades, infinitas y de carácter accidental, en tanto que éstas no frustren a los primeros. Es de notar que los derechos se complementan mutuamente (al integrar la noción de hombre), mientras que las libertades de signo contrario (que constituyen al individuo) se limitan recíprocamente. Los derechos, a su vez, constriñen las libertades adversas a su realización, pero ninguna libertad, ejecutada para el caso, puede disminuir un derecho en general reconocido.

Visto esto, pocos negarán que el trocar una libertad en derecho positivo "erga omnes" equivale a debilitar por un tiempo indeterminado todas las libertades y también todos los derechos naturales que se le oponen (verbigracia, el derecho a la familia). Aquí se une el inconveniente de que con ello no se protege nada duradero que justifique tal gravamen, quedándose la cosa en un mero refrendo "a posteriori" de la voluntad de Zutano y Mengano, privadamente respetable, si bien inútil y redundante en lo público. El individualismo institucional, además de ser una suerte de oxímoron, empobrece la esencia del hombre.

Un Estado que garantice todos los derechos será o bien perfecto, si los armoniza con la libertad, o bien tiránico, si no lo logra. En adición, un Estado que reconozca todas las libertades se destruirá a sí mismo, convirtiéndose en anarquía. Por último, el que sólo reconozca parte de ellas cederá una fracción de su soberanía a grupos de poder, cual oligocracia.

Las parejas estables gays, las poquísimas que hay y que habrá, no dan nada a la sociedad, luego la sociedad no les debe nada en tanto que parejas. Ello aún sin entrar a juzgar su aptitud moral, que, por supuesto, yo también discuto.

El amor, en efecto, es la unión perpetua (o así pretendida) de dos seres y, en el caso de hombre y mujer, unión en cuerpo y espíritu. "Que sean una sola carne": cualquier otra definición lo desvirtúa. Así pues, el amor erótico, a diferencia del amor intelectual o místico, implica que esa perpetuidad se extienda al cuerpo mediante la descendencia. Y no puede decirse que el "amor" entre homosexuales sea místico, pues es carnal. Entonces, al carecer de fines carnales, es falso amor erótico, es mera lujuria y sometimiento a las pasiones, lo cual -si bien no basta para incapacitar o desacreditar a nadie- tampoco debe conceder derechos de más.

La sodomía no tiene ningún fin, ni próximo ni remoto, que no sea la obtención de placer. Rascarse un brazo -se me contestará- tampoco cuenta con fines adicionales, y no por ello entra en la categoría de lo anormal o deforme. Pero nadie consagra una parte importante de su vida a rascarse, ni aspira a edificar algo superior a partir de este fundamento. Por ello es un abuso crear instituciones jurídicas "ad hoc" que, más allá de la protección contractual, amparen derechos inexistentes, como el que puedan tener los zurdos a trepar escaleras violetas. Máxime cuando tales prerrogativas individuales se oponen a derechos inalienables de la sociedad, por ejemplo, el de fundar una verdadera familia.

Pero advirtamos este extremo: El matrimonio civil es el sometimiento del compromiso eterno a la contingencia contractual, la permuta de la fidelidad de dos por la voluntad de uno y otro. Sólo hay un matrimonio: el que nace queriendo durar para siempre; sólo Dios puede refrendar pactos incondicionales, indisolubles en sí y superiores a todo albedrío una vez consumados.

Si el matrimonio civil ha logrado prosperar ha sido dado su parasitarismo con respecto al católico, empezando por el nombre. A pesar de ello, ha supuesto una brecha en la noción sacramental de la familia, que ahora se concibe con los trazos pragmáticos de una sociedad en comandita. No es extraño que ya muchos vean en esa versión descafeinada y falsa de matrimonio, y por extensión también en el matrimonio católico, un "papeleo inútil", prefiriendo a cualquier vínculo formal la ausencia completa de sujeción, el mero estado de facto, la idílica beatitud primitiva.

Viene entonces cuando, en un ataque de inconsecuencia, "el pueblo", el atolondrado pueblo, exige que se legisle sobre las parejas de hecho porque la razón natural y la "igualdad" lo requieren. Salimos, pues, de una regulación para caer en otra. ¿Con qué fin? Protegernos de nuestra propia voluntad, aunque lo hagamos de manera artificiosa mediante la ley, que imaginamos no impuesta, sino emanada de nuestras conciencias.

El "matrimonio homosexual", en fin, es un paso más en este montaje metafísico-jurídico, nacido para vaciar al hombre de sus responsabilidades irrenunciables en favor de un Estado omniabarcante, cuyo proceder no debe cuestionarse ni siquiera en el fuero interno. Se trata en definitiva del sueño de un déspota como Napoleón, perpetuado en el ideario fáustico del ateo.

Además, el placer sexual es una pasión y, por consiguiente, carece de fines propios. Los homosexuales no reinvindican el derecho al amor (eso iba a ser como reinvindicar el derecho a la alegría: una estupidez), sino al placer. La capacidad de amar no puede regularse de forma directa, pues es de naturaleza interna. Sólo se regulan los actos externos, a saber, la consecución de una descendencia, a cuyo núcleo afectivo llamamos familia, o en su caso, la búsqueda del mero goce, a la que nos referimos como concubinato. La homosexualidad queda forzosamente reducida a este último supuesto.

El sexo es siempre promiscuo, el amor es lo único que le pone freno. Y el amor necesita un cauce o fin duradero para no extraviarse ni agotarse demasiado pronto. Así pues, el "amor homosexual", aun si existiese, cosa que niego, no tendría nada que ver con el matrimonio al no contar con fines naturales.

Los gays reclaman el derecho al matrimonio para escarnecer el amor y, mediante su marginación, parecer ellos menos enfermos. Se intenta dar una solución sociológica a un problema psicológico, arrastrándose a todo el cuerpo social en una caída en picado hacia la animalidad.

En resumen:

1) El "amor homosexual" es un acto natural (la cópula) carente de fines naturales (la reproducción).

2) Todo amor busca unir a perpetuidad (el amor entre madre e hijo, padre e hijo, etc. no busca unir a perpetuidad, porque ya nace unido por el parentesco), pero el "amor homosexual" no sólo no lo logra, sino que no puede lograrlo desde sí mismo.

3) Luego, o bien el "amor homosexual" no busca unir a perpetuidad, o bien lo busca sin fruto.

4) Si no lo busca, no es amor.

5) Ahora bien, si lo busca sabiendo que no puede lograrlo, también es engaño.

6) Ergo, se elija lo que se elija, aceptadas las premisas, el "amor homosexual" sólo impropiamente puede llamarse amor.

7) Y, si no se aceptan las premisas, entonces llamad amor a cualquier entretenimiento pasajero, con lo que demostraréis que, para conseguir vuestro cometido habéis tenido que degradar el concepto, tal y como se entiende de ordinario.

Ahora el único freno contra la poligamia es la "dignidad de la mujer", que se esgrimiría como indisponible frente a aquellas a las que no les importase compartir marido. Pero parece que a nadie le preocupa la dignidad de la familia. Es hipócrita: permitimos uniones contra natura, minoritarias en nuestra sociedad, y les negamos a los inmigrantes sus uniones tradicionales que, siendo incorrectas, al menos no carecen de fines.

Debo insistir: los gays no buscan ser naturalmente iguales que el resto de parejas, porque es imposible, ya que su condición física y espiritual se lo niega. Buscan que esas parejas sean iguales a ellos: eso sí es posible, y la ley aquí es sólo un instrumento para perpetuar esa práctica marginal. Por lo común la ley reafirma la costumbre generalmente aceptada; en España se ve que también nace para negarla y pervertirla a golpe de chantaje moral.

No deja de ser sintomático el que muchos os hayáis tomado a modo de cruzada la invención de derechos, queriendo dotar de una dignidad especial a quien de por sí no la tiene. Como el que maquilla a una rana.

Sólo hacer notar que el "amor homosexual", como el supuesto amor de los animales, carece de fines conscientes o inconscientes. Con la misma autoridad con que hoy se casan hombres con hombres y mujeres con mujeres, podrían "casarse" caballos con yeguas y hasta yeguas con novillos, amparándose la extravagancia en la libre voluntad del campesino. Ahora bien, el consentimiento sin derecho no obliga a terceros, pues es pacto entre criminales; y España y Portugal bien pueden dividirse el mundo en Tordesillas, que el mundo seguirá su curso.

Saludos.

Daniel.


http://www.miscelaneateologica.tk

sinretorno dijo...

Bienvenido Daniel, es de lo mejorcito y más original que heleido. Estás invitado a participar y enseñarnos. Un abrazo, 25 años, converso, chapeau. Aunque reconozco que el elnguaje es un poco oscuro, por el nivel.

Anónimo dijo...

Muchas gracias, sinretorno. Creo que mis escritos tienen algo de antipático para muchos, y ésta es una razón de más para que celebre su aceptación.

En vistas del éxito os copio lo siguiente sobre el derecho natural, también a propósito del mismo tema (hay más artículos, pero no es cuestión de abrumar):

Ulpiano dejó escrito de manera memorable que el derecho natural es aquel que la naturaleza enseñó a los animales, a saber, el derecho a la supervivencia, del que la fe en la inmortalidad no es más que su prolongación lógica en los seres dotados de entendimiento. Ahora bien, lo que en los brutos es mero conato o instinto de conservación, en los hombres es la búsqueda de la felicidad mediante la vida virtuosa.

Determinar qué es virtuoso, independientemente de lo que la ley diga, es el objeto del derecho natural. La ley se contradice, la razón jamás, de donde deducimos la superioridad rectora de esta última. A estos efectos apunta Suárez (De legibus):


Cita:
"... toda vez que este camino de salvación radica en las acciones libres y en la rectitud de las costumbres, rectitud moral que depende en gran medida de la ley como regla de la conducta humana, de ahí que el estudio de las leyes afecte a gran parte de la teología y que, al ocuparse ésta de las leyes, no haga otra cosa que contemplar a Dios mismo como legislador".



No es necesario, pues, presuponer a Dios para conocer lo justo (los juristas paganos son un buen ejemplo), aunque él sea el único que garantiza la justicia en última instancia y el que da coherencia al sistema de lo verdadero, lo bueno y lo bello.

El viejo argumento que han usado los empiristas y defensores de la "tabula rasa" moral alega precisamente que los ordenamientos de los hombres son inconsistentes en el tiempo y en el espacio, por lo que no hay que presuponer ninguna base inalterable en ellos. A esto se contesta con el siguiente paralelismo: que, obviando las normas de jurisdicción, también se da una colisión ideal entre los jueces de un mismo país en la aplicación de leyes idénticas, dictándose sentencias dispares en casos análogos. Con todo, tal extremo no resta un ápice de validez a la norma, por lo que hay que concluir -y así lo hacen nuestros juristas- que al menos una de las resoluciones en conflicto está mal fundamentada.

La voluntad y el consenso tampoco bastan para integrar el poder constituyente. El simple deseo, que compartimos con las bestias, no es el que nos hará llegar a una sociedad justa. Urge, entonces, una definición objetiva de derecho natural, cuya fórmula abreviada propongo acto seguido:

Tenemos derecho a todo aquello que Dios, la naturaleza y la sociedad nos permitan.

En caso de darse un dilema ético entre la voluntad de Dios -la razón- y la naturaleza, Dios predomina; si se produce entre la naturaleza y la sociedad, que es naturaleza segunda, predomina la naturaleza primera, de la que aquélla es imagen e imitación.

Para el primer caso tenemos el abismo que media entre las pasiones, que deben superarse, y las acciones, a las que hay que seguir a pesar de la naturaleza, en vistas a fines potenciales, esto es, intangibles.

Para el segundo caso está la locura de las sociedades que impugnan su propio fundamento, como las comunidades caníbales o las homosexuales. Negándose el derecho caudal del hombre (recuérdese: la supervivencia), ya sea a través de la subordinación del valor sagrado de la vida al pecado de la gula, como es práctica común entre antropófagos, ya haciendo otro tanto con el de la lujuria, a guisa de los invertidos, se niega al hombre mismo.

Saludos.

Daniel.


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superduperone dijo...

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